Eterno Retorno

Monday, August 31, 2026

Hoy 31 de agosto Julio Ramón Ribeyro cumpliría 97 años

 


 

Julio Ramón Ribeyro escribió casi un centenar de cuentos a lo largo de 45 años. El primero fue La vida gris, de 1949, y el último fue Surf, de 1994. Cuenta la leyenda que murió escribiendo este último relato a los 65 años de edad. Parecen cuentos fáciles, escritos de una sentada y por eso mismo son geniales y complejos en su aparente sencillez. Yo creo que Ribeyro es el más chejoviano de los cuentistas latinoamericanos, aunque también podríamos hermanarlo como el alma gemela de un Raymond Carver. Más que los marginados, sus personajes son los apocados, los grises, los divinamente o catastróficamente medianos. La palabra del mundo contiene en sus 1035 páginas la totalidad de su obra cuentística. Minimalismo, sobriedad, cotidianidad repentinamente quebrada y la grisura de una eterna derrota impregnan estos 96 relatos.

“¿Por qué “La palabra del mudo”? Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra …Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”, escribe Julio Ramón. Su decálogo cuentístico, contenido en el prólogo del volumen, no tiene desperdicio. “Su timidez, su sensación de ser como un jugador de tercera división cuando escribía”, afirma Enrique Vila-Matas.

Sí, La palabra del mudo es una de mis catedrales cuentísticas, pero si yo tuviera que elegir el libro que me llevaría a esa mentada isla desierta a donde dicen que algún día seremos exiliados, yo me quedo con Prosas apátridas, una miscelánea de retazos filosóficos rayanos en el aforismo, textos de no más de media página impregnados de una sutil ironía y un poético desencanto. No exagero si les digo que es uno de los libros de mi vida. Ni hablar La tentación del fracaso, que para mí está entre los más sublimes diarios de escritores, a la altura de El libro del desasosiego de Pessoa, El oficio de vivir de Pavese o el pigliano Emilio Renzi.

Los dos extremos de la cuerda en Miraflores: frente a la grandilocuencia estridente de Vargas Llosa yace la tímida sobriedad de Ribeyro que en su aparente modestia alcanza una profundidad que horada en donde arde, ahí en lo más recóndito del alma.

 En fin colegas: hoy 31 de agosto Julio Ramón Ribeyro cumpliría 97 años y yo lo celebro leyéndolo.