Hoy 31 de agosto Julio Ramón Ribeyro cumpliría 97 años
Julio
Ramón Ribeyro escribió casi un centenar de cuentos a lo largo de 45 años. El
primero fue La vida gris, de 1949, y el último fue Surf, de 1994. Cuenta la
leyenda que murió escribiendo este último relato a los 65 años de edad. Parecen
cuentos fáciles, escritos de una sentada y por eso mismo son geniales y
complejos en su aparente sencillez. Yo creo que Ribeyro es el más chejoviano de
los cuentistas latinoamericanos, aunque también podríamos hermanarlo como el
alma gemela de un Raymond Carver. Más que los marginados, sus personajes son
los apocados, los grises, los divinamente o catastróficamente medianos. La
palabra del mundo contiene en sus 1035 páginas la totalidad de su obra
cuentística. Minimalismo, sobriedad, cotidianidad repentinamente quebrada y la
grisura de una eterna derrota impregnan estos 96 relatos.
“¿Por qué “La palabra del
mudo”? Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida
están privados de la palabra …Yo les he restituido este hálito negado y les he
permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”, escribe Julio
Ramón. Su decálogo cuentístico, contenido
en el prólogo del volumen, no tiene desperdicio. “Su timidez, su sensación de ser como un
jugador de tercera división cuando escribía”, afirma Enrique Vila-Matas.
Sí, La palabra del mudo es una de mis catedrales cuentísticas,
pero si yo tuviera que elegir el libro que me llevaría a esa mentada isla
desierta a donde dicen que algún día seremos exiliados, yo me quedo con Prosas
apátridas, una miscelánea de retazos filosóficos rayanos en el aforismo, textos
de no más de media página impregnados de una sutil ironía y un poético desencanto.
No exagero si les digo que es uno de los libros de mi vida. Ni hablar La
tentación del fracaso, que para mí está entre los más sublimes diarios de
escritores, a la altura de El libro del desasosiego de Pessoa, El oficio de
vivir de Pavese o el pigliano Emilio Renzi.
Los dos extremos de la cuerda en
Miraflores: frente a la grandilocuencia estridente de Vargas Llosa yace la
tímida sobriedad de Ribeyro que en su aparente modestia alcanza una profundidad
que horada en donde arde, ahí en lo más recóndito del alma.
En fin colegas: hoy 31 de agosto Julio Ramón
Ribeyro cumpliría 97 años y yo lo celebro leyéndolo.


