Eterno Retorno

Friday, April 10, 2026

No hay mal que por buen no venga

 


Es muy bueno el mal cuando trae consigo un millón de euros. Vaya, bien dicen que no hay mal que por “buen” no venga y sino pregúntenle a Samanta. Corríjanme si me equivoco, pero creo que es el libro de cuentos escrito en español al que le han pagado un premio más gordo en toda la historia de nuestra literatura.

Ya en serio colegas: polémicas aparte, a mí me parece una noticia alentadora que se le pague un dineral a un muy buen libro de cuentos como es El buen mal, independientemente de dónde venga la lana. Yo hasta ayer nada sabía de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) y su condición de empresa semipública, con un 51% de presupuesto del Estado español, encargada de los aeropuertos y adscrita al Ministerio de Transportes.

Hoy leo a no pocos opinólogos escandalizados de que se le pague una enorme cantidad a una muy creativa cuentista como es Samanta Schweblin, pero en cambio asumimos como lo más normal del mundo que se le paguen millones a deportistas de relumbrón o artistuchas chatarra o que se derrochen cantidades groseras en las necedades que te exige FIFA por albergar cuatro partiditos del Mundial. Vaya, si quieres ejemplos de cómo se tira el dinero de manera obscena, te puedo dar varios miles.

Claro, esta primera edición del premio estuvo un tanto apresurada y chambona en su organización y criterios, sin embargo cumplieron con elegir muy buenos libros como finalistas. Vaya, cuando hay un millón de euros, lo ordinario habría sido ver en la final a puro best seller español e influencers marca premio Planeta. Ya sábanas, entes IA tipo Juan de Val, Sonsoles Onega, Carmen Mola y similares que probablemente ni siquiera escriben (de hecho Carmen Mola ni siquiera existe). Te imaginas perfectamente el millón de euros para la típica novela cinematográfica diseñada a priori para convertirse en serie, pero este no fue el caso. Hoy premiaron Literatura con mayúsculas. Aquí en el Premio Aena, de los cinco finalistas al único que nunca he leído es Marcos Giralt Torrente. A Samanta, a Nona Fernández, a Vila Matas y a Abad Faciolince les sigo la pista desde hace algún tiempo y los cuatro me parecen muy buenos en lo que hacen. A Nona la conozco personalmente y es una persona sumamente creativa, mientras que Vila-Matas es sumo sacerdote Shandy y caballero de la orden de Finnegan.  Además, en un mundo editorial donde los cuentistas son siempre los patitos feos, yo celebro que un libro de relatos cortos haya sido el ganador

A Samanta la leo desde hace quince años y la verdad nunca me ha decepcionado. Es una cuentista de cepa con una tremenda imaginación capaz de jugar con lo extraño, lo bizarro y lo torcido e impregnar con ello una atmósfera aparentemente ordinaria. No la conozco personalmente, pero me parece una persona seria y fiel a sí misma, totalmente entregada a la literatura. Vaya, no me la imagino victimizándose o subiéndose a trenes del mame de falsa marginalidad ni tampoco promoviendo peroratas sectarias tan propias del espíritu de la época. Samanta se dedica a escribir y lo hace muy bien.

Ojalá el premio se mantenga, se consolide, perfeccione sus criterios de selección y amplíe su espectro. Eligieron buenos finalistas, pero no pierdo de vista que los cinco libros son editados por grandes sellos. Le daría una enorme credibilidad al premio si entre los finalistas hubiera habido un Páginas de Espuma, un Candaya un Eterna Cadencia, un Nitro o alguna editorial artesanal. Por ejemplo, el extinto Premio García Márquez, que pagaba 100 mil dólares, incluía lo mismo un Random House que una editorial universitaria o un sello casero (yo mismo fui finalista con un libro editado por la UANL).

Ahora bien, si AENA de verdad quiere promover la lectura, pues que patrocine u otorgue estímulos a clubes, salas o promotores de lectura, a talleres literarios y editoriales independientes. Y bueno, ya que ese es su giro, que atiborre los aeropuertos de bibliotecas o tendidos de libros. Premios para escritores sobran, pero no hay casi nadie que premie a sembradores de nuevos lectores o a bibliotecarios. Ahí te la paso al costo. Cuenteros somos y en el camino andamos

 

Wednesday, April 08, 2026

Cita con mi ciudad


 

Ayer tuve una cita con mi ciudad y me dediqué a caminarla como antaño, desde la 20 de Noviembre hasta Librería el Día, de El Día al Cecut, del Cecut al Centro y luego a la Quinta Contreras para retornar a la 20. Cuando un joven reportero me pide algún consejo para escribir crónica o emprender un reportaje de investigación mi recomendación es siempre la misma: camina tu ciudad, camínala mucho y piérdete en ella. Bájate de tu pinche carro y súbete al transporte público y toma una ruta que nunca hayas recorrido. Pero no solo hablamos de periodismo. ¿Quieres hacerle al cuento o ensayar con el ensayo? La receta es la misma: camínale un chingo. Yo escribo caminando. El teclado es para pasar en limpio la tormenta que me asalta cuando mis errabundos pasos tienen el timón.

Mientras el delirio vertical horada el cielo con andamios suicidas, los habitantes de la calle improvisan nuevas guaridas y recovecos en los rincones más improbables. A un costado de las vías del tren, una casita de muñecas servía de hogar a un indigente. Tras la mentirosa calma en el breve oasis de Semana Santa, Tijuana recupera su rabia y su perpetuo romance con el caos.
Nuestras escasas y humildes jacarandas no traicionan su primaveral instinto y han hecho suyo un nuevo abril. La abundancia de fruta es palpable, pues en los cruceros sobran vendedores de fresas a precio de remate y entre todos los malabarismos que ofrece la cartografía urbana, a mí el que más me maravilla es la gracia con que las mujeres haitianas sostienen las cajas de fruta sobre sus cabezas. Ayer caminé Tijuana y hoy me topé con un poema de ese gran flâneur que fue Julio Trujillo. Reproduzco algunas líneas en desorden:
“Caminé
Caminé hasta olvidar que caminaba
Caminé entre gente como la gente y fui soltando el fardo de mi nombre
Caminé sin pesar,
apenas separado del concreto
como negándome a hacer tierra
como sintiéndome un circuito de potencia con un voltaje peligroso
Caminé en la confianza
de una metrópolis inagotable,
asumiendo esos cruces y semáforos y cláxones como mi propia jungla,
como si todos esos rostros que sorteaba
fueran pura espesura…
Y caminé mejor sin rumbo y fui aceptando, paso a paso, la ingrávida fatalidad de coincidir conmigo”.
Últimamente leo a poetas que dijeron adiós recientemente. Desde hace unas cuantas mañanas inicio el día leyendo al azar una página de Lupercalia del Oso Miguel Manríquez, pero de eso les hablaré más adelante. Mi sociedad de los poetas muertos.
Ayer pepené El ejército ciego de David Toscana y creo que me lo leeré en un par de días (la primera portada bella que hace Alfaguara en muchos siglos).
Por cierto, no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero en la Educal del Cecut hay un remate de libros a 20 pesos, principalmente de editoriales Almadía y Cal y Arena. Hay muy buenos títulos.
Al caer la tarde, cuando la ultima luz se derramaba sobre la sala Federico Campbell, presentamos la antología Tiempo de espera. El cruce fronterizo narrado por colegas periodistas, académicos y poetas convocados por Víctor Alejandro Espinoza. Ahí están, entre otros muchos, Rocío Galván, Claudia Orozco, Rodrigo Martínez Sandoval, Nylsa Martínez, José Salvador Ruiz, Pedro Ochoa, Jorge Ortega, el Johnny Tecate Rober de Playas Castillo Udiarte, Jonhatan Francisco Ochoa y el poeta maldito de la Cenicienta, Rael Salvador, que dijo adiós hace una semana. No hay quien quiera robarse este abril mientras yo “camino en el gerundio de alejarme y acercarme, de qué y a quién sabe…”

Sunday, April 05, 2026

Será el equivalente a una pieza tocada por la orquesta del Titanic


  

Los neandertales que seremos será el equivalente a una pieza tocada por la orquesta del Titanic. Ya hemos chocado con el iceberg, el hundimiento es inminente, pero a nosotros tan solo nos resta seguir tocando y bailando antes de que el helado océano nos cubra por completo.

Hace exactamente 30 años, justo en el momento en que concluía mi carrera universitaria, leí un ensayo que me sacudió: El horror económico, de Vivianne Forrester

“Vivimos en medio de una falacia descomunal: un mundo desaparecido que nos empeñamos en no reconocer como tal y que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales”, plantea Forrester, quien pronosticó la extinción del trabajo como engranaje de la civilización y la metamorfosis del proletariado en la casta de los prescindibles.

Sin embargo, Forrester no alcanzó a ver la irrupción de la inteligencia artificial y su acelerado desarrollo.

Dos décadas después de Forrester, leí a Yuval Noah Harari advertirnos que la humanidad transita de Homo sapiens a Homo deus. Desde esa futura perspectiva, en menos de cien años nosotros seremos vistos por nuestros bisnietos con la misma lejanía y extrañeza con que nosotros vemos a los neandertales: seres biológicamente frágiles y cognitivamente limitados.

 

Después leí a Mustafá Suleyman, que como fundador de la empresa Deep Mind algo sabe del asunto y va más allá.  En su libro La ola que viene, plantea un futuro distópico que hace poco habría parecido ciencia ficción pero que hoy está a la vuelta de la esquina y está llegando de una manera mucho más acelerada que nuestra capacidad de asimilarlo

“Pronto viviremos rodeados de una inteligencia artificial responsable de ejecutar tareas complejas desde gestionar negocios y producir contenido digital ilimitado hasta dirigir servicios públicos fundamentales o mantener infraestructuras. Habitaremos un mundo de impresoras de ADN y ordenadores cuánticos, patógenos artificiales y armas autónomas, robots asistentes y energía abundante”.

Esto no ocurrirá dentro de un siglo, sino antes de una década. La ola está llegando y ya nos revuelca. La propuesta de Los neandertales que seremos, es fungir como una suerte de visión de los vencidos en clave irónica.