Eterno Retorno

Saturday, May 09, 2020

Niebla del riachuelo, diría el tanguero. La mañana de mayo arrastrando su sábana de nubes y el mundo arrastrando la cobija. La ventana abierta de madrugada a petición expresa de Ikercho para conjurar el insomne calor, se transformó en un espectro frío al irrumpir el amanecer. Soñaba con algún concierto de Maiden, yo en primera fila y el predecible ritual de la segunda rola, 2 minutes to midnight con todo y sarcófagos egipcios, cuando hizo su aparición el alba en plan de hada invernal sugiriendo calcetines y tornando impostergable un inoportuno residuo de meada. Imposible retornar al sueño perdido. Imposible fundirme en ficciones sin fe, personajes que no creen en sí mismos, sombras sin sustancia. En cualquier caso, si hay un territorio con un vestigio de fertilidad narrativa, son estos oscuros amaneceres con cinco horas de sueño a cuestas y cierta predisposición a parir fantaseo y creer en cheneques capaces de dictar historias susurrando al oído. Pronto vendrá el sol de la mano del ruido y la furia del día, la dosis de perorata intolerante en las redes, tus pastillitas de verdad absoluta y tu inmersión en mil monólogos de sordos mientras la Parca va separando las piececitas con las que jugará esta jornada.

Thursday, May 07, 2020

Moisés

Pude ser yo, pudiste ser tú pero una aleatoriedad hija de puta encarnada en un bicho que aún no tomamos en serio decidió que fuera Moisés Márquez. Un colega de fierro, echado para adelante, que aún en la adversidad no perdía la sonrisa, el buen humor y la capacidad de relajar el ambiente con una broma. Se ponía la camiseta, trabajaba duro y no bajaba nunca la guardia. Lo suyo era una lealtad a prueba de fuego y también un buen corazón, atípico en las lides periodísticas. Me tocó coincidir con él en el mismo equipo desde 1999 cuando yo llegué a Tijuana a trabajar para Frontera y él laboraba en Mexicali para la Crónica (en los primeros meses nosotros éramos corresponsalía de los mexicalenses). La vida nos volvió a hacer coincidir más de una década después en la noble trinchera de InfoBaja, cuya edición sacó adelante muchísimos años. Un ritual semanal de cada miércoles en la tarde era enviar mi columna a su correo y recibir su confirmación. Lo hice hasta ayer, pues aunque sabía que estaba hospitalizado, yo le seguía marcando copia de cada colaboración que enviaba al semanario. Esta mañana bebo mi enésimo café con la noticia de su muerte. El círculo fatal se va estrechando. Primero se llevó a gente que orbitaba en mi mismo entorno y a la que conocía sin llegarla a tratar a profundidad, como fue el caso de Hebert Axel. Después se llevó a alguien con quien alguna vez coincidí trabajando en la misma dependencia, como Rogelio Palomera. Ahora el virus se lleva por primera vez a un colega de oficio con quien me tocó trabajar muy de cerca y con quien estaba en contacto cada semana. Hoy el café me sabe pura desolación. En los últimos días parecía que Moisés mejoraba y salía adelante, pero la repentina recaída fue fatal. Soy hombre: duro poco y es enorme la noche, dijo don Octa Paz, al reparar en que las estrellas escriben y alguien lo deletrea. Habrá que mirar al cielo y deletrear esta noche. Somos pura efímera sustancia, un soplo de fugacidad. Fuerte abrazo Moisés. Te seguiré enviando la columna allá hasta donde andes.

Como un efecto colateral a la pandemia, en las conferencias de Hugo López Gatell se están exponiendo con desparpajo las miserias del periodismo mexicano. De pronto, la cobija arrastrada por el oficio queda en vulgar evidencia y solo entonces parecemos reparar en la deficiente preparación de muchos colegas reporteros. Nada nuevo bajo el sol. La única diferencia es que hoy las pifias están a la vista de todos y son reproducidas una y otra vez. Quienes nos hemos dedicado a la talacha reporteril estamos acostumbrados a ver ridículos monumentales en conferencias de prensa. Preguntas tontísimas o redundantes que tan solo sirven para reflejar que el reportero no está poniendo atención o de plano no entiende un carajo del tema. Lo que pasó con la colega de El Sol es pan de cada día. La típica pregunta amarranavajas por consigna específica de un jefe de información grillo. “Ponlo contra la pared: le vas a preguntar por las declaraciones de José Narro y le vas a cuestionar de frente si le está mintiendo a México. Así, con esas palabras: que si le está mintiendo a México. Lo que te conteste es nota”. Dicen que dijo. Declaración sobre declaración. Lo he visto mil veces. La reportera tendría que haber estudiado el contenido y el contexto específico de lo dicho por Narro, pero he ahí el meollo de asunto: los reporteros casi nunca estudian a fondo. Tampoco los culpo. Las malquerencias e ingratitudes del oficio conspiran en su contra. El reportero es un todólogo con sobrecarga de trabajo y magras ganancias (y mira que los periódicos de la OEM pagan particularmente mal). Los medios de comunicación actúan como maquiladoras y sus reporteros acaban siendo simples mensajeros, trasmisores de una línea de producción. La solidez y la profundidad parecen estar peleadas con su ritmo de trabajo. La opinión pública es una bestia insaciable que exige trague calientito cada 20 minutos. Noticias golpe, encabezados matadores, grilla sabrosa, no más de cien palabras, cero profundidad y a otra cosa mariposa. Aunado a la deficiente preparación académica y a su a menudo nula cultura general, el reportero debe satisfacer las exigencias de su maquiladora improvisando sobre la marcha en temas que desconoce absolutamente. Casi ninguna empresa promueve la especialización o la formación profesional. Qué hermoso sería (como ocurría en The Guardian con Tim Radford) que un medio se permitiera tener un periodista especializado en ciencia. Invertirle en cursos y seminarios y saber que cuando dicho periodista pregunta o escribe, sabe lo que está diciendo. Lo mismo aplica en el ámbito judicial, financiero o cultural. Hay muy pocos profesionales por desgracia. Claro, no son pocos los colegas que se vuelven especialistas empíricos a fuerza de experiencia. Conozco reporteros que son viejos zorros en cobertura legislativa y que a menudo le dan tres vueltas a los patanes diputados. Ojalá las universidades y las empresas se tomaran en serio la formación integral de profesionales y ojalá los consumidores de información se acostumbraran a leer más de dos párrafos. ¿Peras al olmo?

Sunday, May 03, 2020

Apenas desembarcando en el puerto de Acapulco conociste al peor de tus demonios: el mezcal. Aquello sí fue amor al primer trago. Desde el momento en que empezaste a beberlo me di cuenta de la capacidad transformadora de ese licor. Con el whisky y la ginebra eras simplemente un ebrio, pero con el mezcal parecías poseído por mil diablos. El nido donde reencontraríamos nuestro amor estaba en el jardín de la Eterna Primavera, en la hermosa Cuernavaca, pero tú te encargaste de convertir el edén en averno. Ahí tenías frente a ti a tu idealizado volcán y también a tu temida barranca, muy cerca de nuestra casa. México te atormentaba, pero sembró semillas de inspiración. Aquel recorrido que hicimos rumbo a la corrida de toros en ese horrible camión lleno de gallinas desde donde vimos un indio agonizante a la orilla de la carretera, fue la semilla de tu historia. Primero hiciste un cuento en donde yo, o más bien Yvonne, era hija de un cónsul sin nombre, debidamente alcohólico como tú. En tu segundo intento, ya un embrión de novela, tu cónsul se llamó William Erickson pero tu pluma estaba tocada por el Diablo, o al menos eso pensamos cuando poco después leímos en un periódico mexicano la historia de un visitante extranjero llamado William Erikson asesinado en una cantina. ¿Lo habrás marcado para la muerte? México está lleno de embrujos. Tú escribías y naufragabas en mezcal y yo a mi manera buscaba aventuras, lo que a ti te desquiciaba aún más Algunas veces, después de vomitar sangre y arder en fiebre en medio de alguna resaca devastadora, prometías enmendarte pero sólo podías dejar de beber algunos días y después regresabas como más sed que nunca, como si quisieras recuperar el tiempo perdido y la vida no fuera a alcanzarte para beber todo el mezcal. Lo anterior es un fragmento de mi cuento Falso epistolario para Malcolm Lowry. La narradora en primera persona es Jan Gabrial, la primera esposa de Malcolm, inspiradora de Yvonne. Pa que es más que la pura verdad, tengo harto cariño a la antología El caso Lowry a donde fui invitado a integrarme por Martín Solares en vecindad con narradores a los que admiro tanto como Deville, Lumbreras, Villoro, Ortuño y Parra, entre otros. Ya les he dicho que la canija cuarentena me ha arrojado a compulsivas relecturas y así como he navegado en el Pequod buscando a Moby Dick, me he sumergido (una vez más) en las profundidades del Volcán. El detalle es que cuando uno lee a Lowry se le antoja hacerlo con mezcal y lo bueno es que por aquí moran 400 Conejos volcánicos que no se rajan. Carajo, es como escuchar Motorhead y no beber Jack Daniels.