Eterno Retorno

Saturday, July 31, 2021

Esa catarsis llegaría y sería al mismo tiempo fiebre e interminable eyaculación

 


Ánimas  se aferraba a creer que así como la escultura yace dentro de una burda piedra, así en su interior (alma, subconsciente, tejido neuronal) habitaba una obra superior, un libro que pertenecía a otra escala, a una dimensión que hasta ahora no había podido alcanzar, como si todo lo anterior hubiera sido solo  una preparación o un preludio para llegar a ese arte mayor. Existía, quería creer que lo sentía latir en su interior, pero en cualquier caso la obra cumbre postergaba su irrupción.

Ánimas imaginaba aquello como una suerte de idilio arrebatador, una comunión absoluta con el acto creativo, un desdoblamiento interior  rayano en el viaje astral, una posesión demoniaca. Sustraerse por completo del entorno hasta olvidarse de comer y dormir por estar fundido en su desparrame de palabrería.  ¿Existiría esa magia? ¿Era posible? Claro, sin duda sería posible.  Rocafuerte quería ser secuestrado por su obra, abducido a una realidad aparte en donde todo lo exterior quedaría minimizado o anulado por su fiebre escritural. El verdadero arte debía poder sentirse y debía ser algo nunca experimentado,  la liberadora plenitud de un alpinista que va alcanzando  cumbres nunca escaladas y que de pronto vuelve la mirada solo para reparar que ha trascendido el manto de nubes y que nunca había estado tan cerca del cielo.

Claro, también podría cambiar la altura del alpinista por la profundidad del buceador o el espeleólogo. Escribir su obra cumbre podría parecerse mucho a tocar el  techo del mundo pero también a descender a sus más oscuros e ignotos abismos, como un submarinista que trasciende el recreativo esnorqueleo entre peces multicolores para descender a las cuevas oceánicas, a los negrísimos pozos donde ya ni siquiera se filtra la luz;  fondos casi extraterrestres en donde  aparecen de pronto monstruitos marinos con aspecto de criatura lovecraftiana. Así también podía ser la escritura, una inmersión en sus abismales hoyos ontológicos, las cuevas del subconsciente en donde sin duda habitan  esas bestezuelas de pesadilla. Esa catarsis llegaría y sería al mismo tiempo fiebre e interminable eyaculación, una erupción volcánica que lo dejaría en una letárgica placidez postorgásmica. Una obra mayor habría sido parida y entonces, solo entonces,  se sentiría por primera vez con derecho a descansar o a morir sin experimentar remordimientos. El problema es que la muerte parecía tener más prisa que la esquiva catarsis escritural.

Friday, July 30, 2021

Buen viaje Roberto Calasso. Cadmo y Harmonía te aguardan en el banquete.

 


A veces creo que Roberto Calasso es un prófugo del ágora ateniense, una suerte de renacentista iluminado exiliado a nuestra época. Hizo de la edición una de las bellas artes, pero no conforme con ello fue sublime como ensayista. En este mundo es muy raro que un editor fuera de serie pueda ser también un escritor descomunal. Calasso fue el fundador de dos universos de palabras: las escritas por los cientos de escritores a los que editó y las escritas por su pluma. Fue el auténtico ajolote prosístico, el sabio insaciable que no habría parado de editar y escribir libros. Tienes razón Roberto: los griegos nunca consideraron a la locura una patología sino una suerte de posesión divina, una vertiente de conocimiento y una posibilidad de felicidad. Creo que tú eras un poseído por esa forma de arrebato o perpetuo enamoramiento por la sabiduría, un comensal de aquella última cena, cuando los dioses del Olimpo se sentaron a libar con los mortales. Una de las pruebas más duras a las que he sido sometido en mis años de vagancia libresca fue en la Feria de Guadalajara de 2016. Exactamente a la misma hora que me tocaba presentar Dispárenme como a Blancornelas en el piso de arriba era el homenaje a Roberto Calasso en el salón principal. Confieso que estuve a punto de faltar a mi propia presentación. Hoy despierto con la noticia de su partida. En el azar, en el desafío, en la astucia, en el arte. Buen viaje Roberto Calasso. Cadmo y Harmonía te aguardan en el banquete.

Claro Arriaga, claro que leo por puro goce. ¿Acaso hay otra forma de leer?

 


Lee. Sé un lector omnívoro y hedonista. Lee de todo y hazlo por puro y vil principio del placer. Solo por placer, nunca por obligación. Lo único que justifica esta pasión es el disfrute. Lo importante es tratar de liberarse de prejuicios a la hora de empezar a leer. Lo otro es adoctrinamiento, catecismo, enajenación mental. Claro Arriaga, claro que leo por puro goce. ¿Acaso hay otra forma de leer? ¿Te parece un acto odiosamente burgués, puro y vil consumismo capitalista? Pues lo tuyo apesta a lavado cerebral, a “la letra con sangre entra”, a enajenante evangelización. Leo tus conceptos e imagino a millones de estudiantes chinos perorando como autómatas el libro rojo de Mao o a mojigatos evangélicos recitando sus biblias, sus ridículas cartillas morales o sus credos merolicos. Claro que leer es un acto de emancipación. Tan emancipado estoy gracias a la lectura, que no caigo en la trampa de dioses, caudillos mesiánicos o peroratas populistas. Soy lector y anticipo siempre la perpetua duda frente al dogma. No olvides nunca que el lector es el personaje más fascinante y enigmático del universo literario. Siéntete orgulloso de ser lector. Ser lector es lo más emocionante de esta aventura. La lectura es el verdadero acto de embrujo, el viaje que nunca termina. Leer es un fin en sí mismo, aunque es también un medio. Es el viaje, pero es también el destino. Aunque leer no sirviera de nada yo leería, porque el placer no requiere justificar su utilidad. Ser lector en México ha implicado siempre un desafío, un navegar a contracorriente enfrentando la censura o el espíritu de la época. Ser lector en México era un acto subversivo; ahora es una extravagancia. Los lectores somos una estirpe de tercos y aferrados. ¿Por qué en 2021 una persona opta por leer un libro cuando a su alcance hay mil y una alternativas de entretenimiento y evasión? ¿Por qué un bibliófilo sigue pepenando libros cuando su biblioteca está sobresaturada y sabe que no le alcanzarán dos vidas para leer todo su acervo? ¿Sabes por qué Marx? Porque leemos por puro goce, por puro y vil placer. Porque somos una estirpe de hedonistas, no unos merolicos adoctrinados. Porque la pasión por la lectura derrumba cualquier barrera. Cada lector es un enigma y este aferre por tomar las veredas de furtivas palabras renace en los entornos y en las formas más adversas e improbables, como esas matitas verdes que de la nada y contra todo, surgen de pronto en medio del cemento.

Wednesday, July 28, 2021

Thanks Mixar López. Come and read

 


When I listen to this riddle of Zen masters in jeans and boots –to help develop lateral thinking, formulated by the accordion of Lupe Tijerina and the voice and bass sixth of Homero Guerrero–, I cannot stop thinking about the books by Daniel Salinas Basave (Monterrey, 1974), especially in ‘Requiem for Gutenberg’ (CONACULTA, 2012), which rehearses precisely on the page and its apparent obsolescence due to the widening of the digital library; or ‘Vientos de Santana’ (Random House Literature, 2016), which narrates the adversities of journalism and its reporters in Mexico, where their murders are the ritual of everyday life and where proving the truth is not only impossible but useless. There is also ‘Shoot me like Blancornelas’ (Nitro / Press, 2016), winner of the 2014 Ciudad de la Paz National Short Story Award, which addresses the dilemma of the journalist who aspires to be a writer, a career to reach fame among tragicomedy and the leading role; ‘Bad Whiskey Days’ (UANL, 2016), “Gilberto Owen” National Prize for Literature, stories written from the trench of absurdity; ‘Under the light of a dead star: towards the extinction of the hedonistic reader’ (Fondo Editorial Estado de México, 2016), Unique Essay Prize in the International Literature Contest “Sor Juana Inés de la Cruz” 2015, an essay on everybody we, the readers: “the last combatants in the burning trench of the written word. It is a story of the deceased that we refuse to assume ourselves as such and we bathe every night in the light of a dead star ”. And more recently ‘El samurai de la Graflex’ (Fondo de Cultura Económica, 2019), a novel between biography and fiction that narrates the life of Kingo Nonaka, a Japanese immigrant who arrived in Mexico, acquires an important role in the Mexican Revolution, first as Head of Nursing of the Francisco Villa Battalion and later as a photographer, when documenting the Insurgency, until his story “Hour of the Angelus”, in the anthology ‘Monterrey 24’ (UANL, 2018), about the violence in this city -whose Idyllic editorial design was carried out by Futuro Moncada–: “the Angelus marks the crossing of a threshold, the border towards the final hours”. The book is one and one is written; It has been a long time since the life of Daniel Salinas Basave began another page, a set that is mirror and reflection. The narrative of this author is a reading laboratory, in order to understand not only the functioning of literary creation, but also what is hidden in language, structure, shadow. A portrait that unfolds in front of the page. Daniel Salinas Basave thinks that stories tend to be capricious: “sometimes they insinuate themselves and hang around us for years; they wink at us, touch our legs under the table and give us glimpses of how extraordinary it would be to narrate them, but it all boils down to a game of seduction, an idyllic mental castle from which a first stone never springs ”, so he finishes off stories and authors as if it were an obsessive romance, “suddenly I grab a nail as an author and I exhaust it.”