Eterno Retorno

Friday, March 07, 2003


Un día, busqué entrar sin pollero al país de la literatura...

Autoprologación

Solo una vez en mi vida me ha dado por empezar a escribir mi autobiografía, pues según yo ya había vivido mucho y tenía demasiadas cosas que contarle al Mundo. Tenía 9 años de edad y estaba seguro de poder escribir un libro de miles de páginas. El proyecto de recopilar los años pasado de mi vida no prosperó, pero sí en cambio el de iniciar un diario.
En el orwelliano y heavymetalero año de gloria 1984 inicié la escritura de un diario que hasta la fecha mantengo. Mi diario es más reflexivo que narrativo y la verdad nunca me ha dado por narrar pasajes concretos de mi vida.
Hace poco, mi compañera Camelia García me hizo llegar un texto en el que defendía apasionadamente las lecturas poéti-cas, argumentando el derecho de la gente a la poesía en voz alta.
No la contradigo. Que bueno que en cada rincón de la ciudad hubiera un poeta leyéndonos su trabajo. Simplemente me pu-se a pensar en las razones por las que yo en lo personal no me gusta ser participe de las lecturas de poesía y prefiero leer solo y en silencio que escuchar leer en voz alta.
Pensé en hacer un comentario bloguero al respecto y sin saber la razón, me puse a escribir sobre la ya lejana etapa en que yo pertenecía a talleres literarios y participaba en lecturas de poesía.
De pronto, me di cuenta que había escrito uno de los relatos más autobiográficos que yo recuerde. En fin dudé si debía o no subirlo al blog, pero no se pierde nada. Si resulta demasiado aburrido, pues basta con dejarlo de leer y ya. Es un simple pasaje de la existencia que nunca se volverá a repetir.

Capítulo I

Cuando fui poeta

Hace algún tiempo, mucho tiempo, pensé que era tiempo de entrar a formar parte del mundo de la literatura. Yo tenía 18 años y al igual que ahora, escribía y leía compulsiva y desordenadamente.
Alguien, que supongo me debe haber querido mucho, me dijo: “Oye, tu escribes muy bonito, ¿porque no publicas tus tex-tos?”
Fue entonces cuando hice mi primera incursión furtiva al universo formal de las letras. En ese entonces yo acababa de de-jar la facultad de Ciencias Políticas para ingresar a Derecho. En la primera semana de clases, una egresada de dicha escuela, Mara Gutiérrez, llegó al salón de clases para promover el Departamento de Difusión Cultural en donde ella coordinaba un ta-ller de literatura. Yo dije: “esta es mi oportunidad”. Ese mismo sábado me presenté. Yo no tenía la más mínima idea de que era exactamente eso que llamaban taller de literatura. ¿Sería como una taller mecánico en donde se arreglaban libros? ¿Le co-locarían balatas a mis textos? ¿Le checarían el aceite a mis metáforas? ¿Le pasarían corriente a la batería de mi inspiración? Fuera lo que fuera, yo sospechaba que un taller era mi garita obligatoria para entrar a la nación literaria.
El taller era en realidad un club de amigos bastante sui generis. Nostálgicos, melancólicos, cambiantes. Carolina diagnos-ticaría a más de uno como “border” o acaso “esquizo”, aunque todos ellos eran de noble corazón. Generacionalmente eran mayores que yo, pues habían nacido entre 1969 y 1971.
En aquel entonces, al igual que lo había hecho desde que medio aprendí como agarrar un crayola y al igual que lo hago ahora en esta máquina infernal, yo hacía como que escribía narrativa. Ellos eran poetas y me convencieron que algunos de los coléricos accesos vomitivos que se transformaban de manera compulsiva en palabras escritas podían ser considerados como poesía. Yo tenía montones de esos textos desparramados entre mis cuadernos, colados entre los apuntes de Introducción al es-tudio del derecho de García Maynez y el Derecho Romano de Pina Vara.
Aquellos textos eran como rolas de black y thrash metal. Escupían odio en su estado más puro. Oscuridad, depresión y en algunos casos, cierta melancolía de tiniebla. Yo no sabía proyectarle otra cosa al mundo. Empecé a publicar dichos accesos vomitivos en la Sección de Los Talleres, de el periódico El Norte (que a la postre me debutaría como reportero profesional cuatro años más tarde). Publiqué mis textos menos viscerales y aún así eran considerados demasiado oscuros. Mojigato como ha sido siempre El Norte, supuse que no admitiría mis textos donde explícitamente eructaba mi odio hacia o todo lo que olie-ra a cristiano.
El taller lo integraban Mara Gutiérrez, Jorge Sáenz, Alfonso Araujo, Lorena Kawas, Gerardo Ortega y algunos elementos satelitales que iban y venían sin constancia. Yo me lo tomé demasiado en serio y le puse mucha más pasión que a mis estu-dios jurídicos. Por las noches, trabajaba como locutor en la radio y una bicicleta color púrpura era mi medio de transporte a todo lo largo y ancho de Monterrey.
Luego de algunos meses, los compañeros me convencieron para que hiciera yo una lectura.
“¿Una lectura? ¿Pues que diablos es eso?”
“Sí, lees tus textos ante un auditorio”.
“Carajo, pues nunca lo había pensado y ¿no sería mejor repartirles unas hojas y que cada quien los lea a su ritmo?”
“No, esto es todo un espectáculo”
Y en efecto, lo era. Las lecturas del taller de Mara eran todo un performance. Les metíamos demasiado tiempo de prepara-ción. De hecho en sus lecturas, Mara cantaba (era sumamente entonada) actuaba, lloraba y Alfonso Araujo tocaba la guitarra.
Entonces Gerardo Ortega y yo nos animamos a hacer nuestra primera lectura. La preparamos minuciosamente, como quien conspira para cometer un crimen perfecto. No se porque razón ensayábamos afuera del Obispado, pero lo cierto es que era muy inspirador. La lectura se llamó “Nostalgia en Penumbra”, título de uno de mis poemas de aquel entonces que hasta este día soy capaz de recitar de memoria. La Universidad nos dio presupuesto para imprimir unos pequeños libretos y unas invita-ciones. Sugerí imprimir la imagen del cuadro de la Bebedora de Lautrec. Con toda honestidad, quedaron poca madre. Convo-camos a una rueda de prensa dos días antes (azares de la existencia: las primeras tres o cuatro ruedas de prensa de mi vida no las cubrí, las convoqué)
La lectura se celebró el 17 de agosto de 1993 en el Teatro Cervantes de la Unidad de Difusión Cultural de la Universidad Regiomontana. El escenario que montamos fue como un bar en penumbras. La lectura era una suerte de bodas del cielo y el infierno. Gerardo es un poeta en el sentido más puro de la palabra. Es como un Amado Nervo o un Pablo Neruda. Romántico hasta decir ya. Yo en cambio jamás escribí sobre nada que evocara el Eros. Muerte, desolación y sepulcros engusanados in-festaban mis letras. A la lectura acudieron unas 40 personas. Obviamente amigos todos (Que me perdone mi compañera Ca-melia, pero nadie, absolutamente nadie, acude a una lectura por genuino interés literario. En el mejor y más honesto de los ca-sos se acude por el vino) Desde entonces inauguré mi tradición de salir a esta clase de espectáculos mal llamados lecturas, vestido todo de negro y descalzo. Mi pelo por aquel entonces era larguisimo. Gerardo leyó poemas como Sárdica, Tatuaje púrpura, La mañana arrastra, Ashley, Eugenia triste. Hoy, diez años después, puedo recitar algunos de los textos orteguianos memoria. Yo leí Sangre oscura, Muerte es lo que eres, Nostalgia en penumbra, Oscura guarda, Mazmorra encinta.
Nos fue bien. Notitas en las secciones culturales de El Norte, Porvenir y Diario, vino malo, felicitaciones hipócritas y pos-teriormente me largué una caguamiza en la casa de unos punkies de Guadalupe que tuvieron la atención de acudir a la lectura y consumirse todo el vino en un par de sorbos. Celebré mi ingreso al depravado club de la literatura oyendo hard core en una terraza.
(*Dos años después, en ese mismo Teatro Cervantes, el equipo de debate que yo capitaneaba venció a la Escuela Libre de Derecho, con quienes por cierta aleatoriedad caprichosa inicie una amistad más larga y sincera que la que mantenía con los miembros de mi equipo. Seis años después, rentamos el primer departamento que Carolina y yo compartimos por dos meses, que aleatóriamente, estaba justo frente a ese teatro. Como podrán deducir, ese es para mi un sitio con historia*)
Empecé a acudir a lecturas, conferencias, tocadas, exposiciones y de más parafernalia. Mandaba mis textos a revistas, fan-zines y periódicos (nunca a concursos) Dicho en otras palabras, seguí paso a paso el recetario de actividades de todo poetastro pretencioso que chapotea en los residuos del mal vino de institución cultural. Después tuvimos otras lecturas. Recuerdo un performance en el aniversario de la Revista Nave en diciembre de 1993. Yo salí, como era mi costumbre, descalzo y de ne-gro, pero con unas alas de ángel demoníaco. Para ese entonces ya era novio de Patricia y ella tenía cierta repulsión hacia los miembros del Taller y hacia muchas de mis amistades.
En mayo de 1994, previo al Mundial de Estados Unidos, se publicó nuestro libro. Una antología llamada “Después del eclipse”. Ese día rompí con el Taller. El formato y el diseño del ejemplar me agradó, pero para entonces yo ya no era feliz en la literatura. Disfrutaba más empeñando mi tiempo libre en las liturgias erótico-alcohólico- sadomasoquistas con Patricia que escuchando lamentos románticos. La escena cooltural me comenzaba a aburrir soberanamente. La presentación de la antolo-gía fue en el Teatro Lope de Vega, el mayor de la Universidad. Ese día Rayados de Monterrey jugaba un partido amistoso con un Milán plagado de suplentes que aún así los venció. Mara quería que estuviéramos en el teatro desde la mañana. Yo la mandé al carajo y me fui al futbol (siempre ha sido un placer orgásmico ver perder al Monterrey) Llegué unos minutos antes de empezar la presentación con algunas cervezas encima. Mara bebía tequila y sugirió que me echasen a patadas. Al final, a regañadientes, participé en la presentación. Después me largué a la chingada. Ya nada fue igual. Tuve derecho a cinco libros y los demás los debía de pagar (costaban 30 pesos) Regalé todos mis libros. Ya no recuerdo a quien. Solo mi primo Héctor compró uno. Hoy en día tengo en casa un solo ejemplar. bastante maltratado.
Volvía participar un par de veces con el Taller en dos lecturas. De hecho Gerardo Ortega y yo repetimos Nostalgia en pe-numbra y comprobé que nunca segundas partes son buenas. Siempre mantuve una cercana relación con ellos aunque ya no volvimos a trabajar juntos. Solo con Ortega conservé una amistad. Algún día escribiré sobre él. Es sin duda el poeta más ra-biosa y encabonadamente poeta que he conocido. Todos sus actos, sobre todo los más absurdos, eran poesía. Después se casó con una militante zapatista radical y tuvo un hijo. Lo último que de él supe, hace tres años, fue que trabajaba como corrector en Milenio Monterrey.
Mara se casó con un argentino. Jorge no se. Alfonso puso un negocio de computadoras. Yo me hice periodista, deserté de la literatura tallereada y decidí nunca jamás volver a tallerear ni a publicar nada que se pareciera a la poesía. Lo mío es na-rrar. Esa cosa que yo hacía me salía como un vómito. Necesitaba expulsarlo, me sentía desahogado cuando lo largaba de mi cuerpo, pero lo que arrojaba al piso era un aborto hinchado de odio. No se puede poner reglas a los vómitos. Salen como sa-lieron y ya. Sigo escribiendo cosas así, todos los días, infestan mis cuadernos de notas periodísticas, pero son escupitajos que hacen erupción cuando la vida cotidiana me intoxica.
Tampoco volvería a participar en una lectura. No creo en ellas. El mejor tributo que alguien puede dedicarle a un texto es leerlo en silencio, absorberse en él, diluirse, largarse de este mundo. Alguien que en un camión, en un bar o en la soledad de su hogar se logra alejar un poquito de la realidad mientras lee un texto, le está dando al escritor la mayor de las satisfaccio-nes. Yo no creo en la lectura en voz alta. No me concentro y me aburro fácil. Prefiero leer en papel y en soledad, si es con vino, mejor. La lectura es para mi una actividad solitaria y no volverá a ser pública. La lectura es la droga perfecta, pero es una droga autista y silenciosa.
La literatura es mejor disfrutarla que discutirla y para beber vino, disfruto más las cantinas que los eventos coolturales.
Capítulo II Mi maestro el Rayo Macoy....por ahí seguirá


EL TERRORISMO EXISTE

Sí, hoy lo he comprobado. El terrorismo cibernético no es un mito ni un cuento de horror. Las mentes oscuras antiblogue-ras han invertido tiempo, dinero y esfuerzo en destruir el blog de Rafa Saavedra. ¿Porque? Porque saben que un atentado co-ntra Rafa es un atentado contra el mundo bloguita. Su blog y su inmenso directorio de bloguitas hacen de su sitio algo así como las Torres Gemelas del TJBF. Era lógico que los terroristas centrarán en él sus ponzoñosas mentes. Lo más injusto de todo es que el bolg de Rafa es un blog pacífico, que nunca uso el espacio para dañar a alguien. Él más que nadie promueve el pacifismo bloguero y esta acción es una agresión contra todos los que nos expresamos por este medio. Nuestra absoluta soli-daridad y esperemos reconstruir cuanto antes la catedral del TJBF.

Pd- Como bien dice la emblemática rola de Judas Priest:¡ SCREAMING FOR VENGANCE¡


EL TERRORISMO EXISTE

Sí, hoy lo he comprobado. El terrorismo cibernético no es un mito ni un cuento de horror. Las mentes oscuras antiblogue-ras han invertido tiempo, dinero y esfuerzo en destruir el blog de Rafa Saavedra. ¿Porque? Porque saben que un atentado co-ntra Rafa es un atentado contra el mundo bloguita. Su blog y su inmenso directorio de bloguitas hacen de su sitio algo así como las Torres Gemelas del TJBF. Era lógico que los terroristas centrarán en él sus ponzoñosas mentes. Lo más injusto de todo es que el bolg de Rafa es un blog pacífico, que nunca uso el espacio para dañar a alguien. Él más que nadie promueve el pacifismo bloguero y esta acción es una agresión contra todos los que nos expresamos por este medio. Nuestra absoluta soli-daridad y esperemos reconstruir cuanto antes la catedral del TJBF.

Pd- Como bien dice la emblemática rola de Judas Priest:¡ SCREAMING FOR VENGANCE¡

El vampiro de papel

Desde un tiempo para acá soy el primer ser vivo que arriba a esta redacción por las mañanas. Por alguna insana costumbre suelo llegar aquí antes de las ocho de la mañana. Definitivamente la redacción me gusta más así. Desolada, silenciosa, ínti-ma. Entonces sí, me siento parte de ella. Las redacciones son como un animal de sangre caliente. Tienen personalidad. Duer-men, se amodorran, despiertan, combaten, sufren, ríen, se vienen. Una cópula de un día para concebir un efímero producto que vivirá menos de lo que tardó en ser concebido. Un feto que salta del vientre de las prensas y se arranca corriendo por ca-lles, cruceros y cocheras. Un prófugo irreverente tan experto en amargarle el desayuno a las sanguijuelas sociales que se di-cen funcionarios, como en seducir a la vanidosa quinceañera que contempla absorta la foto de su fiesta. Todos los días en esta cancha concebimos un pinche bebé de papel que se traga toda nuestra sangre y energía. Un condenado ser que alcanza el cli-max de su existencia cuando tiene unas horas de nacido y se regodea en las manos de locutores de radio, jefes de prensa, amas de casa y cosas nostras que buscan orgullosos la foto de su último crimen. Pero este chingado engendro vampírico que se chupa sangre y entrañas de nuestras vidas pierde bien pronto su chispa. Para después del medio día yace desecho en algu-na mesa a lado de un café frío. En la noche estará en algún cementerio o se habrá transformado en la gorra de un pintor, en la plataforma que recibe orgullosa las cagadas de un pájaro de jaula o en el arma letal que ciega la vida de una impertinente mosca. En el mejor de los casos, nuestro engendro puede aspirar a que algún nostálgico le mutile una parte y la atesore para siempre dentro de un marco. Lo demás, en polvo se convertirá. Acaso acabe siendo ceniza en la frente de un católico. Pero el vampiro de papel, sepan ustedes, es adictivo. Es peor que la heroína. Chupa nuestras vidas, las va minando progresivamente, nos va transformando en sombras, pero no podemos dejarla.
La redacción tiene su propio biorítmo. Alguna vez he pensado en escribir la biografía de un día de entre semana en una re-dacción. Un Ulises de la concepción de un diario.
Cuatro años, que significan una séptima parte de mi vida, se han diluido en esta redacción. Y apenas me parecen un suspiro ¿o sería más poético decir un pinche eructo?

Thursday, March 06, 2003



Hubiera ido...

Me gustaría mucho haber ido al festival de rock progresivo de Mexicali. Sin duda lo disfrutaría un poco más que Cerati. Los ciruelos eléctricos me exhortan a que acuda y afirman que no me arrepentiré, pero ausentarme de Tijuana en estos días, sería materialmente imposible con la carga de trabajo que arrastro. Por desgracia, las bandas que más me interesan tocan en estos días.
En fin, el hubiera es la forma tonta del verbo haber. Dado que es un festival más o menos constante en su realziación, no pierdo esperanzas de acudir el año entrante. Sería una excelente oportunidad para conocer Mexicali (aunque ustedes no lo crean jamás he visitado la capital del Estado)

Reflexiones progresivas

En ocasión a dicho festival, nuestro diario hermano la Crónica saca un artículo especial sobre el rock progresivo, un género muy manoseado y poco comprendido. Yo mismo no se donde empiezan o acaban las fronteras de lo que los eruditos conside-ran progresivo y me vale un carajo para ser honestos.
Ahora mismo escucho una banda prog que le “hubiera” abierto a Blind Guardian el pasado 14 de diciembre (aún hago co-rajes al recordar la cancelación) La banda se llama Simphony X . Las bandas prog o metal prog que me pasan se parecen mucho entre sí y a la vez cada una tiene su corazoncito.
Dream Theatre, Simphony X, Fates Warning son excelentes compañeros de audífonos cuando uno escribe. Permiten dis-frutar la música sin desconcentrarse.
Este tipo de prog me pasa mucho. Todos son hijos que mamaron y tal vez aún mamen de la teta de Rush. Aún así, he escu-chado a radicales seguidores del Teatro de los Sueños, que aseguran que hace muchos años dejó atrás a Rush, una banda que consideran sobre valorada. Yo les recomiendo que acudan a escuchar a Rush en vivo en una noche de otoño para que conoz-can lo que se define popularmente como un orgasmo. La magia de Rush radica en su bataco Neil Peart. La de Dream Theatre en su guitarra John Petrucci. Me gustaría mucho verlos juntos.
Hay quien también considera prog a Stratovarius, una banda de Finlandia que me pasa de sobre manera
Los detractores de Stratovarius, dicen que no es más que una mala copia de los legendarios Rainbow de Ritchie Blackmoo-re y Dio. A mi Stratovarius me llena todas las expectativas.
Hay quien dice que Pink Floyd es el progresivo it self. Para mi Pink Floyd se cuece aparte en el universo. Los más rucan-roleros le atribuyen la paternidad a Emerson, Lake and Palmer y Yes, grupos que mi padre por cierto escucha y me dio a co-nocer en mi adolescencia. Los más ochenteros le prenden su velita a Marilion. Para otros, el Génesis de Peter Gabriel es el no va más. Los pro itálicos dirán que Premiatta y Le Orme son los césares del imperio (Le Orme son palabras mayores por cier-to).
En fin, creo que como distracción estuvo bien disertar un poco sobre este género, pero el asunto es que tengo mucho traba-jo pendiente, no iré a Mexicali y todavía suena en mis oídos Simphony X. Los discos de prog son largos, eso sí que ni que.



Por Daniel Salinas Basave
Nietzsche. Biografía de su pensamiento
TusQuets Editores- Fábula

Las biografías de los líderes políticos o militares suelen tener una importante carga anecdótica y los estudiosos pasan vidas discutiendo sobre un hecho o un acto en específico
En cambio las biografías de los pensadores exigen una indagación mucho más ambiciosa en el entorno abstracto del bio-grafiado.
Y más aún cuando el biografiado es el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, uno de los pensadores más citados y menos comprendidos del mundo contemporáneo.
Es por ello que la obra “Nietzsche, Biografía de su pensamiento” escrita por filósofo alemán Rüdiger Safranski me parece una más que adecuada herramienta para acercarse a la comprensión de las ideas nietzschianas. Aquí el biografiado no es Friedrich Nietzche, sino su mente. Es pues una historia de sus ideas, aunque tampoco puede se le puede dejar de considerar como una biografía ni es exclusivamente un ensayo filosófico.
Nietzsche es el “santo” de cabecera de millones de libre pensadores, ateos, nazistas, revisionistas e incluso cristianos. También es el demonio de radicales mojigatos que han empeñado su existencia en quemar su obra en leña verde. La realidad es que la inmensa mayoría de adoradores, detractores o lectores imparciales, apenas hemos comprendido esbozos de sus pen-samientos. Conceptos como la Muerte de Dios, el Eterno Retorno o el Superhombre han sido manoseados según la conve-niencia de seudo ideólogos o teorréicos de cuarta.
La vida de Nietzsche no alcanza los extremos niveles de monotonía bajo los que vivió Immanuel Kant, un filósofo cuya exis-tencia se consagró 100 por ciento al pensamiento y es nula en anécdotas, pues en sus 80 años de vida apenas salió de Königsberg y su rutina diaria no tuvo la más mínima variación.
Sin ser un derroche anecdótico, la vida del autor de Zaratustra tuvo pasajes cruciales que definieron el rumbo de su pensamiento y obra.
Una biografía simple o morbosa, se conformaría con hablar de la radical idolatría que profesó por Richar Wagner y su posterior rompimiento, el fracasado romance con la enigmática Lou Salome o sus episodios de demencia Turín.
El mérito de Safranski radica precisamente en la capacidad para ir narrando con fluidez la evolución de las ideas del filó-sofo y la manera en que en su gestación y desarrollo influyeron los hechos claves de su vida.
Imposible acercarse a la obra de Nietzsche sin entender antes lo que significó su pasión por la música y la manera en que lo influyó el drama wagneriano.
Imposible comprender la génesis de una obra como El nacimiento de la tragedia sin indagar en la formación filológica de Nietzsche y la influencia que en él tuvo la lectura de Schopenhauer.
Safransky desmenuza grandes conceptos como la ambivalencia entre lo apolíneo y lo dionisiaco para explicar ideas claves como el Eterno Retorno y el paulatino desmembramiento de la religión y el arte que emprendió su biografiado.
No, definitivamente la obra de Safranski no es un “Nietzsche para principiantes” ni es recomendable para quien apenas quiere acercarse a saber quien es y que pensaba el autor de La gaya ciencia. Para eso hay otros textos más adecuados. Pero tampoco es un tratado filosófico dirigido exclusivamente a los eruditos en la materia.
Su libro es ideal para todos aquellos que de una u otra forma hemos intentado explorar la obra nietzschiana y que entre más nos adentramos a ella, más dudas albergamos.
Si de por si asomarse a la obra de Nietzsche es asomarse al abismo, que mejor que descender entre sus tinieblas con una linterna tan efectiva como es este libro de Safranski.

Wednesday, March 05, 2003

Hoy he tenido mucho trabajo. Hasta coberturas para Deportes hice y lo peor es que aún no termino la calumnia. Por un día he olvidado el blog, Ahí van dos historias de reos que encontraron su infierno en la libertad.
"La libertad es la cárcel más grande de todas las cárceles": Javier Corcovado
"La vida es una cárcel con las puertas abiertas": Andrés Calamaro
"Life is a prision without walls": Napalm Death
Encerrados en la libertad

Dos historias de ex reos

Cuando Ramiro Guillén salió del Cereso de Ensenada en el año 2000, empezó su verdadero calvario, algo que según él, ha sido mucho peor que haber estado encerrado.
De haber tenido un trabajo, una compañera sentimental y una hija, al salir de la cárcel Ramiro no tenía absolutamente nada, ni un techo bajo el cual dormir y ni un peso para poder comer.
“Allá adentro comíamos, mal, bien gacho si tu quiere, pero comíamos, cuando estuve afuera la tuve que hacer de limosnero, bien gacho que se siente, yo nunca le había pedido dinero a nadie, ni a mi mamá”, afirmó
Ramiro era chofer de una fábrica y vivía en Ensenada junto con Graciela, su compañera y su hija Cindy de cuatro meses de edad.
En 1996, fue encarcelado luego de haber sido detenido transportando marihuana en su camión. Ramiro reconoce su error, pe-ro asegura que ya lo pagó con creces.
Una vez que ingresó a la cárcel solo vio dos veces a Graciela y nunca más volvió a ver a Cindy. Desde 1998 no supo más de ellas.
Cuando salió de la cárcel, no pudo encontrarlas por ningún lado. En Ensenada nadie sabía nada de ellas. Poco después se en-teró que Graciela se había juntado con un hombre y se había ido de la ciudad, posiblemente a Estados Unidos. Hasta el día de hoy ignora su paradero.
En la fábrica donde trabajaba no quisieron volver a admitirlo, mucho menos después de que uso un vehículo d ela empresa para transportar droga.
Regresar a su natal Ruiz Nayarit no le sirvió de mucho. Su familia, dice Ramiro, se avergonzaba de él y pronto surgieron los problemas.
Hoy en día, Ramiro vive en Ensenada y por las noches trabaja ayudando a un amigo suyo en un puesto de tacos en la Avenida Juárez.
Ha iniciado desde hace tres meses su proceso de rehabilitación de su adicción a las drogas y se ha convertido a la religión cristiana, la cual predica con devoción, aunque él sabe bien que su vida, jamás podrá volver a ser la misma.

Me ven como apestado

“No estoy enfermo, no tengo el Sida, no los voy a contagiar de nada ni los voy a robar”, afirma enojado Jorge Alberto cuan-do alguien le pregunta por su pasado de presidiario.
Su estancia de cuatro años en la Penitenciaría de Tijuana a donde llegó acusado de robo, ha marcado a Jorge Alberto para to-da la vida.
Pese a que en el penal fue un reo que se distinguió por sus deseos de rehabilitarse e incluso fue coordinador de un grupo en el taller de carpintería, Jorge Alberto vive con un lastre a cuestas.
Tres meses después de salir de la cárcel, se divorció de su esposa Angélica Luna, pues según cuenta, ya no era la misma ni podían vivir juntos.
De cualquier manera, él tiene una buena relación con su hijo Brando de ocho años con quien pasa los fines de semana aunque a su ex esposa ya nunca la ve.
No le gusta decir que algún día estuvo encerrado en la cárcel pues según afirma, la gente se aleja de él y lo rehuye, por loq ue prefiere olvidar esa parte de su vida.
Hoy en día, Jorge Alberto es dueño de un taller mecánico en la Colonia Obrera y el negocio le ha marchado bien, aunque con-fiesa que jamás habla de su pasado con los clientes.
“Una vez una señora se enteró, yo no se como, que había estado en el Pueblito y no volvió a venir, que porque le podía robar y eso antes cada mes me traía su camioneta para que se la afinara y le quedaba al tiro, nunca tuvo una queja”, dijo el mecáni-co.
“Si yo me equivoqué una vez, no significa que me vaya a equivocar toda la vida, ya pagué y ahora quiero trabajar, auí me puedes dejar todos los carros que quieras y no los voy a robar ni te voy a cobrar un peso más por un trabajo”, afirmó.



Tuesday, March 04, 2003


La Playa El Vigía
(moriré en el Mar)

La Playa El Vigía es uno de mis sitios favoritos. Me gusta porque su belleza no es pretenciosa. Es una playa descuidada, sí, pero con una virginidad más auténtica que la de Zipolite.
¿Quien piensa en la Playa El Vigía? ¿En que guía turística aparece? Y sin embargo a mi me parece bella. Entre los momentos más Carpe Diem de mi vida se cuentan mis solitarios paseos por la playa tijuanense. La playa de Tijuana me gusta por impro-bable, por disimulada. Algunos de mis familiares en Monterrey no sabían siquiera que Tijuana tiene litoral. El Vigía es como esas mujeres sencillas que no han descubierto que son bellas. Por eso mismo su belleza es más auténtica. Es pura, sin acceso-rios ni pretensiones. Porque la Playa El Vigía no pretende nada ni pide nada. Ahí está, para quien quiera descubrirla.
Cuando estás parado en la 5 y 10 o en el Bulevar Gato Bronco te sería imposible concebir que a unos cuantos kilómetros es-tán esperándote los más bellos atardeceres. Tijuana es una ciudad que da la espalda a su mar. El Pacífico no huele. El centro de Tampico, por ejemplo, no está cerca del mar y sin embargo el Golfo desparrama su hedor en cada una de sus calles y cuarto de hotel.
El mar de Tijuana se esconde. A veces es casi etéreo. Tras la niebla, el Pacífico es solo un presentimiento. Es un misterio y sin embargo está ahí, majestuoso, seductor.
Ayer estuve en la Playa El Vigía al atardecer. Nada mejor que una playa en una tarde de un día nublado de entre semana. Pla-ya, nubes, cercanía de tormenta, soledad. Eso es plenitud existencial. Quiero esos ingredientes para mi muerte. Ya he dicho que quiero morir en el mar. H tenido grandes momentos estando en playas desoladas. Recuerdo el verano de 1993 en Puerto Escondido, un atardecer del otoño de 1996 en una desolada playa de Biarritz, una playa privada de Cabo San Lucas a donde llegué por casualidad, mi Vigía. Hay sitios con alma. Esos sitios me gustan para despedirme del mundo.


Sobre mi nulo apetito cinéfilo

Yo puedo prescindir del cine. Ojo, no es que lo aborrezca. Simplemente sucede que si en el tiempo que me quede de vida, sean dos horas o 50 años yo no vuelvo a ver una película, simple y sencillamente no hay problema. Puedo vivir perfectamente sin el cine y la televisión.
Si me quitan la literatura, el futbol o el rock por más de una semana, me daría un síndrome de abstinencia peor que el de un tecato enmalillado. Si me quitan el cine no hay pedo.
Algunas películas me han gustado, las disfruto, me hacen reír, pero ninguna ha cambiado mi vida ni se ha transformado en emblema como sí sucede con algunas obras literarias. Algunos literatos están enganchados al cine. Pienso en Cabrera Infante por mencionar solo a uno. Hay quien se clava en exceso en las movies y las ve varias veces sin cansarse.
Generalmente voy al cine o rento películas porque el mirar proyecciones es una forma de compartir la vida con los demás mientras que leer, mi actividad favorita, suele ser un poco excluyente. Tampoco me gusta pasarme de estepario. Por supuesto, no se nada de actores, directores o géneros ni me interesa gran cosa saberlo.
Voluntariamente, solo enciendo la tele para ver futbol o resúmenes de futbol. Algunas veces videos de rock, pero no demasiado. Nada de programas, series, shows, caricaturas y de más cagada.
En fin, el cine marcó la cultura del siglo en el que nací y sin embargo a mi, me es absolutamente indiferente. ¿Estoy desfasado con mi época?



Cerati, un buen peor es nada

No estaba en mis planes, pero compré boletos para ver a Gustavo Cerati. Ahora sí que las cosas se dieron. Pasaba yo por el Auditorio, vi el letrero, pregunté el precio, no se me hizo caro, a una cuadra de ahí había un banco y la reunión de toda esta serie de factores matemáticos y supuestos jurídicos, dio como resultado que me animara a comprar un par de boletukos.
No soy fan de Cerati. No me hubiera desvivido por ir a verlo. En el Cosmos del Rock Argentino se me hace una figura muy por abajo no solo de Charly García (quien es el Zeus no solo del Olimpo pampero sino de todo el rock en español) sino también de Calamaro y Fito Páez a quienes iría a ver con mucho más gusto.
Sí, ya se que cualquier conocedor me va a decir que Cerati está mucho más adelantado musicalmente que Calamaro y Fito, pero la música no es una guerra contra el tiempo ni un concurso de complejidad. Que haga música del año 2030. Me da lo mismo. (Desde luego que Radiohead está mucho más elaborado que una oda a la sencillez como es Ramones o Sex Pistols y sin embargo, yo prefiero por mucho a estas bandas sin menospreciar a Radio)
Me gustaba Soda Stereo. Es una gran banda. Tengo todos sus discos y algunos me gustan mucho, aunque tampoco la con-sidero una banda de culto como mi amigo César Romero.
De Cerati en solitario me gusta sobre todo el Colores santos que grabó con Daniel Melero. Bocanada es un muy buen disco que tardé un poco en digerir.
No he escuchado Siempre es hoy, pero varios devotos ceratianos como es el caso de Gonzalo y la revista La Tempestad me han dicho que está más bien tirándole a malito.
En el blog de Rafa Tablado leí acerca del concierto que dio en la Gran Tenochtitlán. Solo dos rolas de Bocanada aunque una que otra sorpresa de Soda. Eso significa que se fletará entero un disco que según dicen no está bueno y que para acabar ni conozco. Mala señal. Pero bueno, creo que nada perdemos con ir. Yo creo que la pasaremos bien. El sábado pasado fuimos a ver la Ópera de Tijuana y me llevé una grata sorpresa. El antepasado fuimos a ver Forvever Tango y supero mis expectativas y el anteante pasado a un grupito de Jazz llamado Otredad que tocó en las cavas de Cetto (ahí lo mejor fue el vino, pues el jazz nomás no me pasa) Así pues, que sigan los espectáculos que para eso es el fin de semana.
En estos momentos empeñaría la piel por un buen concierto metalero. Lástima que en muchas semanas y meses a la redon-da mi telescopio brujulero no ha encontrado uno solo fuera de Black Label Society en abril, que tampoco es para tirar la casa por la ventana, pues además recién los vi en Ozz Fest. Sinceramente, aún no me recupero psicológicamente de la cancelación de Blind Guardian el pasado 14 de diciembre. Eso fue un duro golpe para mí que Cerati, por supuesto, no será capaz de cu-rar. Pero de eso a nada...peor es nada.







Mis metamorfeantes convicciones


Una frase publicada en el blog de Mr Phuy me dejó pensando. Fuera de los Tigres, todas, absolutamente todas mis convic-ciones han mutado o simplemente se han deshecho.
Luego de hacer yo una defensa apasionada y visceral de mi inmutable afición Tigre, Mr Phuy responde textualmente: “Respeto a quien dice "Nunca he cambiado" y tiene la claridad para aceptarlo, pero me da lástima quien dice "Nunca cambia-ré. El confort y la nostalgia, dos palabras para cuidarse como decir sarna y sida. Hay mucho de confort (no de lealtad) en las aficiones que se juran a muerte”.
Después pensé en mi sistema de lealtades y me di cuenta que fuera de mi afición por los Tigres y mi fidelidad matrimonial tras 4 años de casado, he traicionado demasiadas cosas. A igual que Sabrina, personaje de la Insoportable levedad del ser, a veces encuentro un ácido y delicioso saborcillo en la traición. Aquí va una breve historia de mis traiciones.

Mis endebles convicciones políticas

Cosas de la vida. En el terreno político es en el que más aplico esa frase de Groucho Marx: “Estas son mis convicciones ¿no le gustan? Pues no se preocupe, aquí tengo otras”. Aunque en teoría soy un periodista con más de 7 años de experiencia en cobertura política y dicen que hasta me pagan por hacer una columna sobre el tema, la triste realidad es que mis propias convicciones políticas son un monumento a una esquizofrénica inconsistencia
En 1985, durante la campaña electoral de Fernando Canales en Nuevo León fui un panista rabioso y convencido. Tenía 11 años de edad y ser panista se me hacía lo más cool del mundo (habiendo nacido en un hogar burgués y regiomontano la in-fluencia era grande). Hasta acompañe como voluntario a Alejandro Páez en su campaña por la Alcaldía de San Pedro. No es-taba mal para empezar una carrera política. Empecé más temprano que muchos que ahora son funcionarios. Siendo constante, chance y a los 21 me colaba como regidor en algún Municipio. Pero no.
A los 14 años abrí los ojos y me di cuenta de la basura fascista a la que hasta entonces había apoyado. Tuve un breve pe-riodo de marxismo leninismo declarado que mis padres trataron de combatir a toda costa y después de algunas lecturas bási-cas (por supuesto me flete el Manifiesto pero nunca El Capital) mi mayor involucramiento en movimientos radicales me hizo empezar a adentrarme en Bakunin, Guerin y Malatesta.
Pero a mis 18 años, siendo alumno de la Facultad de Ciencias Políticas de la UANL, tuve el deseo de cambiar al mundo militando activamente en el FJR del PRI. Como siempre se me ha dado cierto don natural para los debates y los concursos de oratoria, allá andaba yo en foros, discusiones y certámenes defendiendo al tricolor. Mi militancia activa duró menos de un año, pero aún así tengo buenos amigos en el PRI de Nuevo León.
En 1994 celebré con beneplácito el nacimiento del EZLN e incluso acudí a algunos mítines de apoyo. Hasta presenté en 1995 en un foro una ponencia sobre la creación de zonas autonómicas. Hoy pienso que hay que salvar a los indígenas de los indigenistas y el moderno zapatismo se me hace, en el mejor de los casos, una reminiscencia que solo alguien muy iluso y romántico se puede tomar en serio. Voté por primera vez en 1994. Mi voto fue para el PRD.
He votado tres veces en mi vida y siempre ese partido en el que jamás he militado y cuyos integrantes me parecen, en la mayoría de los casos, un atajo de zánganos.
Hasta el día en que escribo esto (tal vez en la próxima hora cambie de parecer) solo tengo claro que siempre votaré contra el PAN y que en las próximas elecciones, si tuviera credencial, tal vez le daría mi voto al PRI con tal de meter más duro el freno al cambio y lograr que en 2006 Fox sea echado a patadas de Los Pinos. Siento especial respeto por los anarquistas y anarcoterroristas españoles de principios de siglo (de los pocos seres totalmente limpios que ha arrojado la política) aunque mis textos políticos favoritos son los de la Ilustración (hablando de Historia Universal) y la Reforma (hablando de México). Como quien dice, son mis ideas rectoras. Pero me gusta más la antigüedad que el presente. Yo sentía especial respeto por Anthony Gidens, el politólogo de cabecera de Tony Balir y miren las babosadas que hace hoy en día ese lacayo de Bush.

Mi doble vida futbolera

Para mi el futbol se divide en Tigres y el resto. Con Tigres soy un simple aficionado irracional que es capaz de torturarse con juegos pésimos o simplemente soporíferos y aún así seguir apoyando incondicionalmente a su equipo. Me aficiona quien me convence, dice Phuy. Tigres no me ha convencido en miles de juegos, pero esto va más allá de una afición. En mi fase Ti-gre, no me precio de ser un conocedor, sino un vil hooligan barrabravero que se parte el alma por su equipo.
Con el resto de los equipos del planeta (con excepción de Rayados al que odio con fervor), me precio de ver el futbol con mentalidad de director técnico ajeno a toda pasión.
Por ello disfruto más viendo el futbol de otras latitudes que el de mi país. En promedio, veo más partidos de la las ligas de España, Inglaterra, la Champions y la Libertadores que de México. De ahí el único imperdonable es el de Tigres.
Se que es absurdo empeñar buena parte de la energía y las endorfinas en una camiseta que hace 21 años no gana una liga en Primera División, pero igualmente absurdo es matarse por una religión o por un partido político. La vida en sí, es absurda y el absurdo no tiene categorías.

Mis equipos más admirados

Dentro del resto no Tigre he tenido varios equipos favoritos a los que he admirado única y exclusivamente por su calidad futbolística. Estos son los principales

El Real de la Quinta-
Ame al Real Madrid de la quinta del Buitre. Seguía todos sus encuentros (en ese entonces los pasaba todos Televisa) de 1986 al 90 no me perdí uno. Nunca se me hizo verlos ganar una Copa de Europa. Recuerdo el 21 de abril de 1989, cuando el Milán me amargó mi cumpleaños número 15 con su 5-0 en San Ciro. Para que vean lo endebles que son mis convicciones hoy en día el Real me cae mal y ni siquiera se me hace la octava maravilla. Tiene momentos de inspiración, pero no lo veo como campeón de Europa.

El Milán de los tulipanes.

Era el enemigo a vencer pero confieso que lo admiraba. Aquel Milán de Gullit, Van Vasten, Donadoni, Baresi era una má-quina cuasi perfecta. La bestia negra de Europa a la que era casi imposible hacerle un tiro a gol.

El Ajax del Principito

El Ajax de 1995 fue tan fenomenal como el Ajax de Cruyff. El Principito Litmanen, George, Bogart, los gemelos De Boer y Kluivert jovencísimo.¿Recuerdan ese 0- 3 en pleno Santiago Bernabeu? Kluivert, siendo un mocoso, le enterró el gol a Mi-lán en la gran final de la Champions. Berlusconi se lo llevó y después se volvió un jugador medio torpe. Casi la totalidad de ese equipo acabó vestido de azulgrana.

La Armada Roja de Fergusson

Bueno, el Manchester con Ferggie lleva casi 15 años. Pero al que más admiré fue al de 1999, al que se coronó contra Ba-yern Munich con una voltereta de menos de un minuto en tiempo de compensación (Sherinham y Skolsjaer batieron a Khan)
Lo siento Real Madrid, pero creo que la Armada Roja volverá a levantar en mayo la Copa de las Orejas Grandes y por si fuera poco, lo hará ante su público, en el Teatro de los Sueños

El Boca Juniors de Riquelme

El cuadro Xeneize que venció a Palmeiras y un año después a Cruz Azul para consagrarse bi campeón de América es uno de los cuadros más completos que ha arrojado la liga de Argentina en los años recientes. Riquelme, los mellizos Barros, Sa-muel, Córdoba (a Palermo lo excluyo) hicieron delicias. Se que en 1993 y 1994 el Sao Paulo de Tele Santana y Raí fue una maquiladora de goles, pero fuera de las finales de la Intercontinental no los seguí demasiado, pues en esa época no transmití-an Libertadores.

Recientemente vi dos juegos de Santos de Brasil (contra Cali y 12 de Octubre) y solo puedo decir “ojo con ellos”. Se está gestando un gigante. Ese equipo es una fantasía.

Ya hablaré de equipos mexicanos y selecciones en otra ocasión.


Los orígenes de mi ateísmo

Nací en un hogar Católico y en la infancia cumplí con todos los sacramentos. Tengo insoportables tías del Opus Dei y mis padres son católicos practicantes, aunque no radicales. Mi abuelo es un filósofo seguidor de San Agustín y Santo Tomás y de él heredé la pasión por los libros desde temprana edad. De los libros, principalmente, nacieron mis dudas sobre la existencia de Dios. Desde los 16 años soy totalmente ateo. Nada de que creo en Dios pero no en la iglesia. No. Yo no creo en una puta madre. Considero a las religiones monoteístas, principalmente la maldita trilogía judeocristiana- musulmana como la mayor peste que ha padecido la humanidad. Pero mis convicciones pueden mutar, pero mientras no suceda lo contrario, que se me aparezca la Virgen del Comal o algún milagrito por el estilo, sostendré que ningún dios existe. No voy a discutir aquí de teología. Prefiero hablar de futbol.


Aborrezco las convicciones literarias.

En la literatura no tengo convicciones. Punto. Me gusta, me divierte, me aburre o la aborrezco, pero no la clasifico. Disfru-to lo mismo a Emilio Salgari que a Mario Bellatín y considero que Julio Verne vale tanto como un José Revueltas y me hip-notiza por igual un Rafael Ramírez Heredia que un Ricardo Piglia, y respeto tanto a Tolstoi como a Milán Kundera solo por hablar al azar. Odio a los teorréicos y a los maextrozos. Sufren demasiado haciendo clasificaciones, tanto, que se olvidan de leer y sobre todo, de disfrutar.

La música es mi mejor pasatiempo

De música ya he hablado mucho y no tengo convicciones. El metal es un planeta central en un universo donde giran mu-chos otros géneros. Chavela Vargas, el Piporro, el rock argentino, la música colombiana, el tango y Bach son bienvenidos por igual en mis bocinas.

Monday, March 03, 2003


Bed time for democracy

En las juntas matutinas del periódico se eructan cualquier cantidad de frases, pretextos y perogrulladas que pretenden na-vegar con pasaporte de brillantes ideas.
Hoy por la mañana, cosa rara, escuché unas palabras inteligentes. Cuando un compañero afirmaba horrorizado que Baja California ocupa el primer lugar en abstención electoral, Ángel Ruiz respondió sabiamente: Que bueno, ya nos estamos acer-cando a la anarquía.
Me parece excelente. Esta es la única alternativa para desnudar a la democracia y mostrar sin tapujos sus ridículas carnes.
¿Que harán nuestros señores políticos el día en que nadie vote por uno o por otro? Yo casi siempre he votado. No lo hice en las pasadas elecciones pues mi credencial sigue siendo de Nuevo León, pero si lo hice en las presidenciales. Mi única con-signa es votar siempre contra el PAN y meterle freno al cambio. Eso es inmutable. Pero los panistas pueden estar tranquilos. Este verano tampoco votaré Espero que mi abstención nos acerque un poquito a la anarquía.


Nuestros fines de semana son escapistas y sumamente irreales. En algún momento se hablan de tu con el Carpe Diem. Pe-ro el lunes vuelve irremediablemente a zarandearnos. La misión de la vida debe ser prolongar hasta donde sea posible el más irresponsable de los hedonismos. Nunca como en estas horas veo tan claro el absoluto absurdo y la inutilidad de esta profe-sión periodística.

Pero después de leer el primer capítulo de El Mito de Sísifo ¿Sería lógico que considerase a algún aspecto de la vida libre de la carga absurda? No suelo comprar libros en lunes, pero tenía una deuda pendiente con Camus. Un libro nuevo, aun cuan-do tengo una fila de 10 por leer, siempre hará más llevadero el infierno.
Sospecho que es un libro que no me será indiferente. Algo de huella me dejará. El mito de Sísifo es una metáfora muy so-corrida por mi. Es sin duda el pasaje mitológico que más invoco en mis conversaciones.
De Camus he leído más literatura que ensayo. El extranjero cayó en mis manos a los 17 años y a los 20, mientras atendía la Librería Castillo de la Plaza San Agustín, devoré una a una las ratas muertas que infestan La peste.
La vida es absurda, sí, pero eso no significa que no merezca la pena ser vivida. Uno puede estar bien contentote disfrutando del absurdo y tener plena conciencia de eso. Eso es el Carpe Diem absoluto. Una especie de No Future socarrón.




Ya lo he dicho antes: Los lunes me cuesta demasiado trabajo existir. Opera en mí una suerte de traumático renacimiento. El mundo vuelve a comenzar pero mi ánimo no tiene que ver con el jolgorio de una vida nueva. Está más cerca de la sensación de un feto que abandona el nirvana de la tiniebla uterina para ser arrojado a un infierno helado.