Eterno Retorno

Saturday, February 16, 2019

Si la intención era sorprenderme, mi amigo el historiador José Gabriel Rivera Delgado lo logró con creces. Anoche recibí de sus manos dos ediciones de Breve historia de la literatura castellana, un libro publicado en 1927 (MCMXXVII) por mi bisabuelo, Agustín Basave del Castillo Negrete. Su sexta edición, corregida y aumentada, se titula Breve historia de la literatura española y es de 1936. Vaya regalo el que he recibido. Mi única certidumbre es que es un hallazgo bastante improbable. Tenaz y paciente explorador de las antiguas librerías de Donceles, Gabriel tiene olfato para dar con las más extrañas reliquias editoriales. Imagínense, mi abuelo tenía cuatro años de edad cuando su padre publicó ese libro. Mi gratitud total contigo Gabriel. Por cierto, medio siglo antes de mi nacimiento, ya había un Basave escribiendo sobre juglares.

Thursday, February 14, 2019

Podría llamar a esta historia las 7 mil y una noches (aunque en realidad son más de 7 mil 300) No elegimos a propósito el día. Fue casualidad que en el San Valentín de 1999 Carol y yo estrenáramos nuestro céntrico y efímero depa, nuestro primer hogar y nuestra primera cama compartida. Nosotros sí tenemos una razón real para festejar este día. Acaso esta sea la única foto en que aparecemos juntos dentro de aquel espacio. Ninguno de los dos teníamos celular: las fotos eran tomadas con cámara réflex y por su ausencia brillaban los selfies. Eso sí, constato que ayer, como hoy, no faltaban nunca las flores y el vino, tampoco la música de fondo para enmarcar nuestra larga charla que no se acaba nunca. Poco después emigraríamos a la esquina Noroeste, y aquí estamos, 20 años después. La mitad de nuestras vidas. Una helada tormenta de tardío invierno cae sobre la costa bajacaliforniana y sí, ya ha llovido mucho desde entonces. ¿Cuánta agua cae en 20 años? Las lluvias, las duermevelas y las lunas sobre el Pacífico, dibujando nuestras 7 mil y una noches.

Friday, February 08, 2019

Uno de mis propósitos del 2018 y también del 2019 ha sido no hablar de política y no contribuir a la pestilencia de este clima de fanatismo e intolerancia que todo lo infesta. Me dan asco estos tiempos. Lo dije el día de las elecciones y lo repito cada que alguien me pregunta mi opinión sobre la cuarta transformación: mi respuesta está escrita en la última página de Nocturno de Chile de Roberto Bolaño. No sé si le sume un nuevo lector a bolañito, pero más de uno fue a consultar y se encontró con “entonces estalla la tormenta de mierda”. Pues eso. La tormenta de mierda ya estalló. Para mí es la frase que describe estos tiempos

Tuesday, February 05, 2019

Cuando pienso en los colegas de instituciones culturales, como mi tocayo Daniel Goldin, que hoy padecen la guadaña retrógrada de la cuarta transformación y encima deben aguantar los insultos proferidos por los coristas del merolico mañanero, me acuerdo que el gran Georgie Borges tuvo que pasar por una humillación similar. En 1946 Borges dirigía la humilde biblioteca municipal Miguel Cané, cuando un gobierno populista, espantosamente similar al de la cuarta transformación, llegó al poder en Argentina. Georgie, quien había hecho pública su oposición a Juan Domingo Perón, debió pagar cara su condición de opositor. Rencorosos y sectarios (como marca el manual del buen populista), los peronistas se la cobraron cara al autor de Otras inquisiciones y ordenaron removerlo de su cargo en la biblioteca para trasladarlo a un puesto de inspector de aves y conejos en el mercado municipal. Bajo la óptica peronista, Borges era un fifí que escribía para fifís y debía pagar caro su pecado de haber nacido un hogar culto y burgués y no apoyar incondicionalmente al empoderado caudillo popular. Daría para un cuento la imagen de Borges, cada vez más cerca de la ceguera, inspeccionando pollos y conejitos en un mercado popular, pero el escritor declinó dignamente el ofrecimiento peronista y prefirió sumarse a las filas del desempleo. Cíclica es la hijoeputez: a unos los mandan a inspeccionar aves de corral y a otros los confinan al sótano. La historia universal de la infamia tiene vocación de eternidad.

Sunday, February 03, 2019

Si me fuera dado inventar una deidad para adorar, entonces crearía al dios de la tormenta inminente y santificaría los instantes previos a la primera gota de agua. Rendiría culto al horizonte cargado de presagios, al plomizo Pacífico surcado por olas de daga desenvainada, al abrazo que da el viento en ese momento exacto. El dios del cielo encapotado cuya liturgia se celebraría en los segundos que anteceden al primer martillazo del gran trueno.

Friday, February 01, 2019

En mi librero hay Paz y también Revueltas

En mi librero hay Paz y también Revueltas. Conviven como buenos vecinos y si me apuras te puedo decir que a la hora de la lectura sus libros se llevan de cachete y nalgada. Uno no excluye ni devalúa al otro (y ya sabiamente anotó el Cartujo José Luis Martínez en su columna que en vida Paz y Revueltas se respetaron mutuamente). A veces me da por poner mis libros de Paz a un lado de los de Bolaño o Yépez. Es parte de la naturaleza mestiza y tolerante de ese territorio del caos llamado biblioteca. En mi librero conviven Bernal Díaz del Castillo y La Visión de los Vencidos; Vargas Llosa y Galeano (tengo casi todo Galeano, debo confesar); Taibo y Krauze; Salmerón y Fuentes Aguirre. Puedo disfrutar Patas arriba o el Manual del idiota latinoamericano y ambos me dejan algo por herencia. Lo siento, pero soy de los que creo que Miramón, a su manera, fue tan patriota como Juárez. No creo que en este país deba haber menos Paz y más Revueltas. Al minimizar, censurar o bloquear siempre se pierde, pero estos tiempos son de radicalismos y opiniones terminantes. O estás conmigo o estás contra mí. Debes elegir. Si estás contra Maduro entonces necesariamente estás con Trump y llevas tu gorra de Make América Great Again. Si cuestionas a la cuarta transformación, entonces eres priñanietista, fascista, chayotero y fifí. Esa es hoy en día la lógica de no pocos amigos y colegas a los que respeto y aprecio sinceramente. Muchos de mis colegas lanzan terminantes amenazas de borrar a todos sus contactos que critiquen a su tlatoani tabasqueño. Si yo me pusiera en plan de borrar pejistas, me quedaría con menos de la tercera parte de mis contactos, pero por fortuna no cojeo de ese pie. La mayoría de mis contactos no comparten mis ideas. Este ágora facebookero vale la pena por su diversidad, aunque a veces muchos de mis amigos actúen como talibanes dictando fatuas desde una mezquita de Afganistán. No les cabe en la cabeza que puedo estar contra Maduro y también contra Trump. Que no me gustaba Fidel Castro como no me gustaba Pinochet. Que no me gustan los dictadores ni los totalitarismos ni los dogmas de fe, punto, sean de izquierda o de derecha. ¿Cuesta mucho trabajo entender eso? Si soy y he sido reacio a las religiones y me proclamo ateo, es porque no acepto dogmas incuestionables y porque mi naturaleza tiende a la duda perpetua, al cuestionamiento sin límites, no a la verdad absoluta. No acepto la existencia de un dios como no acepto la infalibilidad de un presidente con complejo de pontífice, ni soy capaz de sepultar el sentido común y la lógica elemental en pos de mantras fantasiosos. Eso, creo, es ser liberal y habitar en el jardín de las dudas donde habitó Voltaire y los filósofos de su estirpe. En ese jardín me resguardo en estos mojigatos tiempos de cerrazón e intolerancia hasta que la luz de la razón vuelva a asomarse.

Thursday, January 31, 2019

Fascistas, conservadores y neoliberales

Me queda muy claro que a los defensores de la cuarta transformación no se les da muy bien que digamos la terminología en materia de teoría política, pues sus insultos a menudo suelen encerrar contrasentidos. Inmersos en este clima regresivo que todo lo corroe, se ha puesto muy de moda descalificar al adversario denostando su supuesta tendencia política y exagerando en torno a ella con expresiones peyorativas. En no pocas ocasiones, el presidente se ha referido a sus detractores (o simplemente a aquellos que no creemos ciegamente en su discurso) como conservadores, fascistas mezquinos y neoliberales. Un buen diccionario de teoría política no vendría nada mal en estos casos. Por ejemplo, llamar a alguien fascista neoliberal encierra un terrible contrasentido. El auténtico fascismo obedece a una categoría histórica. Fascistas eran los seguidores de Benito Mussolini en la Italia de los años veinte y treinta, mientras que el neoliberalismo, pese a lo amplio del término, tiene como eje rector la liberalización de la economía con un limitado intervencionismo del estado y un fomento al libre comercio global. La gran paradoja, es que los fascistas eran enemigos del neoliberalismo y el comercio internacional. Tanto fascistas como nazis, al fin y al cabo nacionalistas a ultranza, creyeron firmemente en la producción y el consumo de mercancías propias y en la regulación estatal del comercio. Tanto Hitler como Mussolini hicieron esfuerzos para favorecer el mercado interno y fomentaron el consumo de bienes hechos en Alemania o en Italia. Las importaciones no eran lo suyo. El fascismo tradicional se caracteriza por la supremacía del estado y la unión y movilización incondicional de las masas en torno a un líder todopoderoso. El fascista suele ser un nostálgico del pasado y tiende a buscar referentes y figuras de culto en caudillos de la antigüedad. El auténtico fascismo, por cierto, no era aristocrático o elitista. Vaya, no era propio de fifís, utilizando la expresión del presidente. Mussolini, de formación socialista, fue muy querido entre la clase obrera italiana. Acaso la primera gran réplica del fascismo italiano que tuvimos en América fue el régimen de Juan Domingo Perón en Argentina, mientras que en México, el gobierno con más tintes fascistas que hemos tenido es sin duda el de la cuarta transformación, aunque por supuesto jamás lo aceptarán. Otro de los epítetos que con más frecuencia suelen utilizar los seguidores de Morena para atacar a sus adversarios es “conservador”. El conservadurismo, como su nombre lo indica, busca conservar tradiciones, valores morales y estructuras jerárquicas. El conservador suele ser religioso y moralista. En el México de la Reforma a los conservadores se les llamaba cangrejos, porque caminaban para atrás. La gran paradoja es que un presidente obsesionado con la moral, que se alió con un partido evangélico radical, que desprecia abiertamente los últimos 30 años de neoliberalismo para retornar al nacionalismo revolucionario y que pugna por volver a usos y costumbres del pasado, llama conservadores a sus enemigos. Caray, aquí parece haber alguna contradicción. Hay calificativos e insultos que hacen morder la lengua a quien los profiere ¿Quién es el conservador en este país? ¿Quién ha metido freno de mano para empezar a caminar hacia atrás? Un diccionario de teoría política no vendría nada mal.