Eterno Retorno

Wednesday, October 18, 2017

Anoche he ido en plan de pepenador a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Fue una pepena Blitzkrieg, un bombardeo relámpago simplemente inevitable en donde en menos de 20 minutos traté de maximizar mi olfato de cazador. La bibliofilia es un vicio muy bravo y he asumido que no me será dado rehabilitarme. Dentro de las distintas manifestaciones de mi adicción, la pepena de ejemplares usados es la más extrema, la más canija. Me gusta perderme entre cerros de libros amontonados en la forma más caótica posible. El caos es un elemento estimulante, pues siempre está latente la posibilidad del diamante en el carbón. He aprendido a desconfiar de las apariencias y a saber que entre medio centenar de ordinarias chafadas se esconde un libro destinado a volarte la cabeza, mismo que no te será dado encontrar en algún otro sitio. Eso es lo fascinante de explorar en esos terruños y por eso las ferias de antiguallas me estimulan más que las librerías modernas. En una librería como Gandhi tienes más o menos claro lo que puedes encontrar desde el momento en que entras. La mayor sorpresa te la puede dar una novedad que haya arribado en tiempo récord, pero en cualquier caso caerá dentro de lo predecible. El orden alfabético de las secciones, la omnipresencia de los empleados y la computadora en plan de oráculo aguafiestas pueden encargarse de matar a priori la posibilidad de una sorpresa. En cambio entre los vejestorios siempre se mantiene viva la chance de ser sorprendido. Lo fascinante está en saber que un libro tan raro e improbable como un monotrema me acecha oculto desde alguna cueva y claro, consciente estoy de que ese encuentro bien puede no producirse si mi olfato no anda tan despierto o si al librajo en cuestión le da por enterrarse entre la marranilla. Me gusta la Feria del Libro Antiguo, una divina utopía impulsada desde hace no pocos años por un divino utopista llamado René Castillo, al que todos conocemos como el Grafógrafo. Al colega le gusta esto del arado en mares y yo soy el más agradecido, pues de esta vendimia que logra traer a Tijuana a algunos mercaderes chilangos capaces de guardar embrujados conejos bajo sus sombreros, proceden algunos de los tesoros de mi biblioteca. Hace un año se instaló afuera de Catedral y ahora, con el apoyo del IMAC, se ha instalado en el Antiguo Palacio Municipal. Anoche topé con La novela luminosa del uruguayo Mario Levrero, editada en Barcelona por Mondadori. Este excéntrico charrúa no suele ser fácil de encontrar por estos rumbos. Ya entrado en la exploración, topé de frente con el Vals de Mefisto de Sergio Pitol en su primera edición de Anagrama, número dos de la célebre colección Narrativas Hispánicas y aunque ya poseo el Vals y Nocturno de Bujara en la compilación Soñar la realidad, no quise desperdiciar la posibilidad de hacerme de este ornitorrinco editorial que hace unos 33 años (lo sé por la vieja etiqueta amarilla pegada en la contraportada) fue vendido en Gandhi por 974 viejos pesos. Para redondear la caza me hice de un viejo ejemplar de El catalejo del francés Patrick Deville. Lo peor es que esto es apenas el comienzo y hay un elevado riesgo de retornar el fin de semana.

Tuesday, October 17, 2017

Mi mayor temor: Días de whisky malo fue todo lo que echó el borracho. El punto más alto de mi narrativa ya se escribió y fue ése. Cuando la última gota de whisky se acabe quedará por herencia la frigidez y el bostezo eterno de la tarde. No me será dado escribir otro libro así o en cualquier caso no está en mí hacerlo. ¿De quién depende entonces? ¿Cuál es la pagana y teporocha deidad que se tomara el trabajo de dictarme las palabras que habrán de construir el desvarío del futuro inmediato? Me cansé de decirle a los jóvenes que la escritura es carpintería, labor de obrero, talacha de albañil en donde sólo vale el esfuerzo y la disciplina. La inspiración, el alucine y la locura son asunto de huevones y desobligados. La escritura es pura esencia apolínea con una pizquita miserable de locura dionisiaca. Eso les dije muy seguro de mí mismo pero les mentí. Fue una vil patraña aunque juro que en la superficie y en el fondo deseaba creerla. Presumí tener el control total en mis manos y los demonios me cobraron muy alta la factura. Tú no escribes ni putas madres. Somos nosotros los que te dictamos. Nosotros incubamos el chip del delirio, el embrujo de tu locura. Sin ella no hay literatura posible. Puedes beber tanto licor como quieras y ahogarte en inciertos whiskys granjeros. Da lo mismo. Por herencia te quedará la gastritis y la blanca estepa de tu mente seca. Si los diablos no te tocan nada podrá brotar. Con ellos todo, sin ellos nada.

Saturday, October 14, 2017

Me llamo Daniel Salinas Basave y soy una catástrofe, pura y vil esencia de derrumbe y desbarrancadero. Según la mirada y las circunstancias podrías concluir que mi vida es la apoteosis del desastre o el éxtasis místico de la realización. Ante tus ojos puedo representar la más mórbida estampa de la ruina pero también la sonrisa socarrona de quien ha empezado a ganarle partidas al destino. Cierto, la facha habla por sí sola y no es favorecedora: soy un gordo zarrapastroso, greñudo y barbón que carga a cuestas 43 años vividos a punta de letras y alcohol. Hay varios miles de cervezas y una tropa de botellas de whisky sonriendo con desparpajo desde mi anatomía. Hubo un tiempo en que el whisky fue malísimo pero desde hace algunos años es bastante bueno en realidad. No siempre he sido panzón, pero siempre he sido zarrapastroso. Claro, con el paso de los años mi vocación por los andrajos ha refinado. Mi imagen puede parecerte el non plus ultra de la decadencia, pero si miras bien podrás descubrir también elevadas dosis de libertad y libertinaje. Tal vez no me espera nada bueno con este peso y estos hábitos, pero eso sí: mal no la he pasado.

Thursday, October 12, 2017

Ya está aquí el Dejá Vu de otoño. Este amanecer lo he vivido infinitas veces y está poblado por mil y un fantasmas que te hablan al oído. Ninguna época del año tiene días tan embrujados como octubre y noviembre. Es como si el entorno entero estuviera infestado de espectros aferrados a mandar mensajes y jurarte que el Mito del Eterno Retorno existe. La sensación es omnipresente: este aire y esta luz son de otro día que transcurrió años atrás. En otoño suelen irrumpir como si nada las vueltas de tuerca y los radicales cambios en la dirección del viento. En Baja California brillan por su ausencia las hojas secas pintado de rojo los caminos, pero a cambio tenemos un cielo de petulante desnudez y atardeceres cómplices de las lunas más redondas.

Sunday, October 08, 2017

Blacamán era capaz de convencer a un astrónomo de que el mes de febrero no era más que un rebaño de elefantes invisibles y de que el whisky tijuanense no es tan malo. Tan milagroso es Blacamán que desfiebra a los palúdicos, desagua a los hidrópicos, visiona a los ciegos y logra que un reportero tijuano-regio se pueda colar a los cinco finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Nos vamos a Colombia señores. Felicidades a Soledad Puértolas, Liliana Colanzi, Federico Falco y Alejandro Morellón. Nos vemos en Bogotá colegas. El triunfo es poder ir a un hermoso país que tanto le ha dado a la literatura y saber que Días de whisky malo estará en cada una de las bibliotecas públicas del territorio colombiano. Iker me dijo hace unos días si ya estaban listos los boletos para ir a Colombia. Carol y él nunca dejaron de creer que era posible. La fe de los míos mueve montañas y libros. Hoy en esta casa suena fuerte el vallenato y traigo bien puesto mi sombrero vueltiao. Es lo más bacán que nos ha pasado en este camino de letras. La furtiva narrativa de la Esquina Norte dice presente. Gracias por siempre Gabo. Vivimos para contarla.

Tuesday, October 03, 2017

Cuando la pantalla escupe Apocalipsis

Cual siniestra bola de cristal la pantallita inteligente escupe cada día y cada momento el horror del mundo. En ese diminuto paraje de fibra óptica que cabe en la palma de nuestra mano habitan Donald Trump y Kim Jong amenazando cada día con desatar un holocausto nuclear, pero habita también la cabeza cercenada que alguien arrojó a las puertas de un jardín de niños en Playas de Rosarito. El pequeño Aleph digital nos arroja a cada momento la ya icónica imagen de Mara, violada y asesinada en Puebla luego de abordar por la noche un Cabify y también la fotografía de unos adolescentes quinceañeros masacrados por el narco en Guerrero. Junto a la galería de horror irrumpen un millón de comentarios, verdades absolutas, teorías conspirafóbicas, chistes, burlas, memes, descalificaciones e insultos de toda clase. El infierno habita al otro lado del Pacífico pero también a la vuelta de la esquina. La muerte cruel repta en los pueblos de Guerrero y en las calles de Tijuana. Mientras escribo estas palabras sigo en vivo la sesión plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Trump habla de arrasar Corea del Norte y de romper el acuerdo nuclear con Irán, mientras Emmanuel Macron, el rostro cuerdo del mundo, defiende el multilateralismo y la paz mundial. También hay altas probabilidades de que en este preciso instante, mientras este párrafo toma forma, alguien esté siendo asesinado en Tijuana dentro de una casa de seguridad o la policía localiza un cuerpo desmembrado con su respectivo narcomensaje. Al mismo tiempo, los “líderes de opinión” que intentan mandar en esa descomunal barra de cantina en que se convierten las redes sociales, se destrozan discutiendo si los hombres tienen derecho a participar en una marcha feminista o si una muestra de indignación es auténtica o actuada. El coro vocifera y perora mientras varios miles de personas intentan reconstruir sus casas y sus vidas luego de sobrevivir a un huracán o a un terremoto y los aspirantes al gran pastel del poder afinan sus estrategias de patraña rumbo al 2018. Todo esto ocurre en una sola semana en la agonía del verano de 2017 mientras la vida sigue y se arrastra como si pese a todo tuviera algún sentido. Es fácil caer la tentación de creer que el mundo nunca había estado tan podrido, que los jinetes del Apocalipsis ya cabalgan por el Oxxo de la esquina y la humanidad desciende a los más profundos círculos infernales. Muchas veces en otras épocas hemos creído lo mismo. El detalle es que el gran ágora digital multiplica el horror y la estupidez hasta el infinito. También es fácil sentir muchas ganas de apagar esa pantalla y encerrarse en un cuarto a desentenderse del mundo. En mi caso me gusta tratar de dimensionar este momento observándolo como si fuera yo fuera un historiador que analiza el pasado con un siglo de distancia, de la misma forma que hoy estudiamos la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo se evaluará esta época desde el futuro? ¿Se reirán de nuestro total absurdo? ¿De qué manera dimensionar esta regresión? ¿Habrá futuro para poder considerar estos días como un pasado remoto que desearemos nunca repetir?

Saturday, September 30, 2017

Acaso puedas leer este texto como una confesión desde el abismo. Una tentativa a priori infructuosa por exorcizar el desbarrancadero. Si te digo que mi vida se derrumba o que es en sí misma un derrumbe podrás crearte una imagen estereotípica la cual será, en cualquier caso, mucho mejor a la real, o por lo menos más poética. El estereotipo de un testimonio abismal va a asociado al demacre y al exceso. Debes imaginarme chupado y decadente, escribiendo al filo de la navaja en una vorágine de excesos. Para aspirar a ser maldito debo, ante todo, cumplir con el requisito de la delgadez extrema, ser un cadáver caminante cuya piel sea el mal forro de un esqueleto. Ojeroso, con cara de ángel caído, surcado por las marcas de un hedonismo peligroso. Si te hablo desde el fondo de un barranco debes imaginarme como un huésped del infierno, inmerso en la redentora ilusión de caer en lo más bajo. Yo no tuve ese privilegio.