Eterno Retorno

Tuesday, September 27, 2016

Fue la suya una infancia de tierra, pozos y lodazales en donde las manos negras fueron ley y no costumbre. Poco quiso saber Lluvia de muñecas, tele o videojuegos, pues ninguna Barbie ni princesa Dinsney pudo regalarle nunca algo parecido a la emoción de cavar un hoyo con su palita. A los seis años ya le llamaban Lluvia, la niña de la tierra y le fueron colgando apodos como la Terregosa o la Lodazala. Tampoco es que hubiera demasiadas opciones pare divertirse en los rumbos de San Bernabé y la Granja Sanitaria, pero por ruda que fuera la miseria en aquellos años noventa de su niñez, siempre había en los hogares del barrio una tele de segunda y una estirpe de puercas muñecas sin brazos A Lluvia le daba lo mismo. Del magro juguetero de sus hermanitos integrado por carritos sin llantas y monos percudidos de Star Wars, sólo le interesaba aquello susceptible de hundirse en sus túneles. Por años su único juguete insustituible fue la palita de jardinera con la que desafiaba yermos terrones en tiempo de sequía o moldeaba esculturales pasteles de lodo tras las lluvias de primavera

Tuesday, September 20, 2016

En mi regia infancia la circunferencia del horizonte la determinaron las montañas. Antes de saber de Norte y Sur, mi Rosa de los Vientos me enseñó que el amanecer llega por La Silla y el crepúsculo por las Mitras y crecí sabiendo que jamás podría perderme pues bastaba orientarme por los cerros para volver a casa. El patrón para aprender a trazar la M lo dibujó la Sierra Madre antes de los tubos de la Plaza de la Alianza, cuando aún había conejos y coyotes corriendo por Valle Oriente y el umbral del más allá se pintaba de rojo cuando el sol buscaba el punto de fuga en los riscos de la Huasteca. Mis primeros años transcurrieron en el espacio comprendido entre las vías del tren y el Río Santa Catarina, entre el retumbar de madrugada de mil y un trenes cargueros y la dinamita de la pedrera al pie de las Mitras. Antes de tener mi primer reloj, distinguía las seis de la tarde por la puntualísima irrupción del silbar de la máquina anunciando la proximidad del Regiomontano. Mi bicicleta peinó la cartografía posible e imposible, de Villa de García a la Presa de la Boca; de San Nicolás hasta Chipinque; de Santa Bárbara a Fundidora por la vieja ciclopista antes del Gilberto. Subí todos los cerros, deambulé en todos los barrios, caminé la recién inaugurada Macroplaza y dudé en torno a la identidad de los ángeles de La Purísima. Edificamos ciudades con adobe de nostalgia (en penumbra) y tratamos de andar sobre nuestras huellas en las calles de una urbe que ya no existe y que acaso jamás existió del todo. Mi ciudad, nacida de la fuga de unos judíos conversos y un triángulo amoroso, suele mirarme como a un perfecto extraño, un eterno buscador de exilios. Nos une la mutua incomprensión, los largos silencios tras interrupción de un diálogo condenado al naufragio. A veces me cuesta trabajo creer que nací ahí sin admitir que miro el mundo a través de los ojos de agua de Santa Lucía. Extraña relación la nuestra, tan atípica como esta lluvia tijuanense que despide el verano. Esta mañana está cubierta de sombra y no de resolana. También (debo admitirlo) de una bravísima saudade. Felices 420 Sultana mía. A veces me cuesta trabajo admitir lo mucho que te quiero.

Friday, September 16, 2016

1-Demasiada tinta hemos derramado narrando la paradoja de empezar una guerra de independencia gritando vivas al nombre del rey del que en teoría nos queríamos independizar. Cada 16 de septiembre volvemos a poner el dedo en la llaga en torno a la inexistencia de palabras como “México” e “independencia” en la arenga del Padre de la Patria. Ya hemos hablado del veneno que Allende preparó para matar a Hidalgo, de los amoríos del gallardo capitán de dragones con la Corregidora doña Josefa, del titubeo inexplicable en Cerro de las Cruces y el carro de artillería estallado en Puente Calderón. Hemos hablado de eso y muchas cosas, pero caray… el espíritu de toda liturgia yace en el mito y no en la verdad comprobable. 2- Cuando hablamos de insurgencia me da por pensar en la historia de lo que pudo haber sido. Me da por pensar en que el virrey Iturrigaray estuvo a punto de concretar la independencia sin disparar un solo arcabuz en 1808; en que el movimiento de Hidalgo en realidad entorpeció y retrasó la liberación de la Nueva España en lugar de ayudarla; en que la Constitución de Cádiz pudo haber creado el mejor de los mundos posibles – una suerte de confederación intercontinental hispana, una Commonwealth de la hispanidad- pero Fernando VII, el déspota reyecito al que Hidalgo dedicó vivas, tuvo a bien echarlo a perder todo. De mil y un hubieras se escriben las efemérides. 3- Me encanta el patrioterismo aferrado a narrar la independencia como una victoria de México contra España. Carajo, si ni siquiera existía México ni existía España. Las revoluciones insurgentes de Hispanoamérica fueron la implosión de un imperio que se desmembró desde adentro. No fue una guerra de españoles contra indígenas, pues apenas hubo europeos peleando en el campo de batalla. Tampoco fue de ricos contra pobres. La carne de cañón en ambos bandos la aportaron mexicanos miserables. El grueso del ejército virreinal estaba conformado por no pocos léperos de las más jodidas castas de la pirámide colonial, mientras que los insurgentes tuvieron no pocos padrinos de gordísima cartera. El Marqués de Rayas, el Carlos Slim de la Nueva España, simpatizaba con la independencia. 4-El movimiento insurgente dio inspiración de sobra a los muralistas y nos nutrió de Pípilas, Niños Artilleros, espadas en prenda y cabezas clavadas en garfios. No niego que me apasiona esa narrativa tarantinesca tan embarrada de sangre y tripa, pero sabemos muy poco de los debates de mi paisano Padre Mier contra Ramos Arizpe, de los cimientos de las constituciones de Apatzingán y 1824, de los mil y un descabellados proyectos de naciones posibles que desfilaron a partir de 1821. En el México embrionario de Victoria, Guerrero e Iturbide se definieron buena parte de nuestras malformaciones pero a esa etapa determinante le solemos dar la espalda. Por lo que a mí respecta, el México de los decimonónicos veinte es el que más me apasiona, pero Cartógrafos de Nostromo no tiene para cuándo pinches carajos publicarse.

Tuesday, September 13, 2016

Vientos de Santa Ana se inspira en un homicidio verídico que ha quedado sin explicación en Tijuana, luego de que el presunto autor material ha cumplido su condena, pero ha quedado en el aire quién le dio la orden de matar al columnista conocido como el Gato Barba. “Celebro la publicación de este gran libro. Para decirlo a secas se ha publicado La Novela de Tijuana, el crimen que se narra en esta obra, el asesinato, elemento medular de la historia cambió para siempre la cartografía de esta ciudad, un comando armado mató al Gato Barba, y ahora para comprender esta ciudad es indispensable entender este libro”, aseguró el escritor Hilario Peña. “Vientos de Santa Ana no cuenta nada nuevo, recupera uno de los acontecimientos más impactantes en la historia de Tijuana”, refirió el periodista Jaime Cháidez. En tanto el ensayista y académico Joel Flores afirmó que “la pregunta dramática que motiva la novela de Daniel es la misma que un medio de comunicación local de Tijuana llamado la X, se ha hecho semana tras semana en el interior de sus páginas, ¿por qué me mataste?”. “Este libro le debe mucho a Federico Campbell, él es sin duda la mayor influencia literaria que tiene Vientos de Santa Ana, de todo lo que he escrito hasta ahorita no hay ningún epígrafe que defina tan bien una novela como el epígrafe de Federico Campbell que tiene que ver con ese momento en que la reporteada topa con pared, cuando la verdad legal no te da nada más.

El término acrofilia suele ser utilizado para referirse a la atracción por las personas de estatura elevada o a la pulsión por el sexo en las alturas, específicamente el popular smile high con que se denomina al deseo de experimentar orgasmos en los aviones, aunque lo de Livio está más asociado a la manía de pureza y pulcritud que a algún vestigio erótico. Su obsesión por los pisos elevados se ha agudizado a la par de su repulsión por lo insalubre y su fobia a moscas, mosquitos, garrapatas y pulgas. Los bichos transmisores de enfermedades no pueden elevar demasiado su vuelo. En la terraza de un rascacielos no es preciso preocuparse por moscardones ni zancudos. También le aterran los personajes de la calle.

Saturday, September 10, 2016

Lo fascinante de arrojar párrafos prófugos dentro de un barquito de papel, es que una vez zarpando la embarcación navega por mares inesperados y puede llevarte a puertos lejanos. Gracias a la confianza y el gran apoyo de mis colegas Omar Nieto y Chary Gumeta, el Viento y los Disparos viajan literalmente al otro lado de México, pues he sido invitado a la Feria Internacional del Libro Chiapas-Centroamérica que coordina José Luis Ruíz Abreu. Algunos kilómetros separan a Baja California de Chiapas y ahora toca sacar a pasear los libros al extremo sur, algo que me tiene en verdad emocionado. Gracias por tenerle fe a estas historias. Este viento apunta a lares australes.

Friday, September 09, 2016

Muy buenas noches hijito de dios. Me da tanto gusto saludarte. ¿Ya estás listo para salir mañana a marchar en nombre de la familia? Duerme bien corderito y espero que al menos esta noche no te traicionen esos demonios del subconsciente y de la libido que tan culpable te hacen sentir. No vayas a tener un húmedo sueño que te obligue a confesarte por la mañana. ¿Sabes una cosa, queridísimo tragador de hostias? Yo a ti te conozco muy bien. He convivido contigo toda la vida. Me sé de memoria tu perorata y puedo recitar tu credo al derecho y al revés. Mi ciudad natal está y ha estado llena de gente como tú. Pasé mi niñez viendo muy de cerca a piadosos pseudo-familiares que adoraban a Escrivá de Balaguer y veo que aún con todo en contra se aferran a seguir en la tecla. Te conozco mojigatito. Demasiados años llevas existiendo y ensuciando el mundo y dado que no crees en la anticoncepción, te reproduces como las moscas e igual que ellas contaminas mi entorno con tu ignorancia. ¿Sabes qué es lo más patético de tu perorata, linda ovejita cristiana? Que tienes el puto descaro y el cinismo de hablar en nombre del amor, del bien, de los valores (ay, esa lindísima palabra que tanto te gusta) Ya en serio ¿No te parecería más honesto aceptar el profundo odio que sientes? ¿Acaso no es más digno admitir la repugnancia, la furia y el miedo que te inspira todo aquello que no es como tú? ¿Por qué no reconoces que te da pavor mirar a los ojos del otro, del diferente, del raro, del anormal, del extraño? La bruja, el hereje, el pagano, el librepensador, el homosexual, la lesbiana, el disoluto. Para ellos deseas y has deseado siempre una enorme pira sacrificial. Si vas a marchar al menos se honesto y atrévete a predicar el profundo asco que te causamos. Anda, vomita tu odio, es terapéutico. Te he dicho que llevas mucho tiempo existiendo y sí, por desgracia has contaminado a la humanidad a través de los siglos. Hace algunos años, por desgracia no muchos, eras un inquisidor y te deleitabas torturando y quemando a la gente como yo. ¿A poco no te gustaría hacerlo ahora? ¿A poco no disfrutarías mandando la hoguera a todos esos “degenerados homosexuales” que se creen con el derecho de poder casarse? ¿A poco no te deleitarías achicharrando la carne pecadora de todos esos “asquerosos pervertidos” que se atreven a contaminar tu sacrosanta unión familiar? Por lo menos ten la honestidad de admitirlo y sincerarte. Te causaría orgasmos tener la facultad legal de poderme llevar a la hoguera, pero este hereje país laico no te lo permite y ahora tienes que soportarme. Pobrecito corderito. ¿Y por qué no puedes mandarme legalmente a la hoguera? ¿Acaso porque tu sacrosanta iglesia se reformó y tomó conciencia alguna vez? Para nada. Tu iglesia es la misma vieja ramera de toda la vida. Si hoy vivo en un país donde puedo blasfemar públicamente es porque a tu estirpe inquisitorial la hicimos entender a punta de Ilustración, Siglo de las Luces, revoluciones laicas, reformas liberales. Hormonal y espiritualmente tu iglesia es la misma de Torquemada (y por favor no se me suban a tren, protestantitos de mierda, que ustedes, merolicos de la biblia, hijos de Lutero y de Calvino, mataron más herejes que los católicos). Ya admítelo corderito de dios: te mueres de ganas de poder matarme legalmente, como ardes en deseos de poder condenar a la cárcel, a la hoguera y al fuego eterno del infierno a todos esos “sodomitas pornógrafos liberales” que todavía tienen el descaro de exigir sus derechos. Todo aquello que contradice el modelo de tu perorata oscurantista e ignorante te aterra y quieres destruirlo. Acéptalo ovejita cristiana: tus valores y tus creencias son idénticos a los de un terrorista de estado islámico. La diferencia es que el musulmán lleva a la práctica lo que tú solamente deseas. Ellos matan a los homosexuales que tú odias y desearías inmolar en la piedra de sacrificios. Los hijos de la yihad ponen bombas para masacrar a todos esos “asquerosos apóstatas y ateos” como yo, esos soberbios descreídos que no tienen temor de dios y que tú también deseas asesinar. Te mueres de ganas de matarnos porque nos odias y te damos miedo, un profundo miedo. Sincérate corderito de dios: tus valores son igualitos a los de un combatiente de Mahoma. Idénticos a los valores de la basura protestante que va a llevar al poder Donald Trump en Estados Unidos, todos esos racistas bíblicos renacidos que odian y temen al diferente. Ellos vomitan sus miedos en el migrante y tú los vomitas en el homosexual. Igual son hermanos en cristo. La peste evangélica es la que va a llevar al poder al hombre que desatará la próxima guerra y tú, mi lindo católico mexicano, eres igual a ellos. Después de todo comparten la misma pestilente droga que nubla sus cerebros. Tú y los evangélicos le llaman cristo, los yihadistas le llaman alá, pero te voy a decir un secreto: son la misma mierda, brotaron del mismo desierto y esparcen la misma intolerancia (las minúsculas en cristo y alá no son faltas de ortografía. Sucede que la basura no me merece el menor respeto gramatical). No hay nada que marque diferencias entre las pieles chamuscadas por la inquisición y los cuerpos desmembrados por las bombas yihadistas. Sufrieron un castigo por atentar contra tus sagradas creencias, contra tu modelo de mundo, de humanidad y de familia que no admite ni admitirá la diferencia. ¿Tanto trabajo te cuesta reconocerlo? ¿Y sabes qué es lo peor de todo mi adorable mojigato? Que en mi modelo de vida no tienes nada que reprocharme. Soy heterosexual porque así se ha desarrollado mi cuerpo. Tengo una familia como las que tú bendices, de mujer y hombre, unidos en legal matrimonio civil. Soy monógamo por convicción, por deseo, porque me nace serlo, pero no tendría ningún complejo ni prejuicio en aceptarme homosexual y tener como pareja un hombre si esa fuera mi naturaleza. En los hechos y en el rol de quehaceres diarios, tu vida y la mía se parecen mucho. Doy los buenos días a todo mundo, pido por favor y doy las gracias. Sí mi amigo, soy agradecido y por si fuera poco ya ni siquiera salgo de noche. Ya no cierro los bares ni hago tantos excesos, diría Sabina. Casi siempre me duermo temprano y suelo llevar la fiesta en paz. En los hechos no tienes mucho de qué acusarme, pero hay una pequeña cosita que nos separa como un abismo: yo acepto las diferencias y tú no. Es más: hasta te acepto a ti y si te encuentro en la calle te saludo con educación. Aceptar las diferencias significa respetar al que tiene costumbres sexuales que contrastan con las tuyas pero también (aunque a veces me cueste mucho trabajo) convivir con quien trata de imponernos a chaleco el modelo de vida inspirado por un amigo imaginario y por un libro retrógrada y asesino escrito hace tres milenios que en el mejor de los casos sirve como fuente para estudiar el mundo antiguo. Admitir la diferencia a mí me implica aceptarte a ti, pero tú en cambio llevas siglos matando y condenando al diferente y mañana vas a salir a marchar porque odias a quien no es como tú exiges. A diferencia de ti y de tu inexistente dios, yo admito que en el terreno de la afectividad, de las relaciones humanas y de la sexualidad hay muchas formas de amar y vivir una vida en plenitud, pero a ti eso no te entra en la cabeza. Tú quieres imponer a chaleco y con la fuerza de la ley el modelo de humanidad en el que crees y no eres capaz de admitir otro. El concepto otredad te aterra. Pequeñas diferencias nos separan mi adorable monoteísta. En los hechos tienes pocas cosas que reprocharme pero hay un detallito por el que con gusto me mandarías chamuscar: yo no creo en tu dios y ya no sólo me conformo con la simple apostasía. Si quieres que sea honesto empieza a colmarme la paciencia. Tú me exiges respeto y cuando empiezo a blasfemar peroras que respete tus sagradas creencias, que no insulte aquello que para ti es divino, pero tú llevas dos milenios esparciendo ignorancia y oscuridad en el planeta. A ti, primorosa ovejita pentecostal, hay dos cosas te definen: la hipocresía y el miedo. Miedoso e hipócrita, Eso eres y has sido siempre. Tú, sobre todas las cosas, eres un hipócrita, un doble cara. Te encanta hablar de amor cuando sientes un odio profundo, enfermizo, pero sobre todas las cosas tienes miedo, muchísimo miedo. Tienes pavor y lo sabes. Pavor a tu cuerpo, pavor a tus deseos, pavor a tus masturbaciones culpables. Pavor y culpabilidad de saber que mandas a tus hijos a escuelas de curas pederastas y degenerados. Pavor a que la sociedad se entere que tus hijas van a abortar a clínicas texanas; pavor a tener un hijo gay o aceptarte tú mismo como tal; pavor a que se hagan públicas tus infidelidades matrimoniales; pavor a tu naturaleza. Hipócrita, eso es lo que eres. Cómplice en tu silencio frente a los niños violados por Maciel y sus legionarios; cómplice por los millones de muertos de sida en África, inmolados en nombre de los condones prohibidos por tu genocida papa polaco. Cómplice de los negocios fraudulentos de tu madrecita Teresa (¡estás tan feliz de que la canonicen!). Admítelo carajo, admítelo por una puta vez en tu vida. Esa basura es la que vas a defender mañana que marches. Yo no me ando con hipocresías ni dobles caras: yo rechazo a tu iglesia, rechazo a tu dios, pero te admito a ti y admito tu marcha porque sobre todas las cosas creo en una sociedad libre y tolerante, pero si quieres un consejo te lo voy a compartir: mata a tu dios, comete deicidio. Yo lo maté desde los 16 años y no he vuelto a caer en esa mala droga. Me dijeron que era rebeldía adolescente, pero sucede que conforme pasan los años no solo me convenzo más de mi ateísmo, sino que cada vez veo con mayor claridad el daño que el dios monoteísta (sea jehová, cristo o alá) le hace a la humanidad. Mata a tu dios, déjalo bien muerto y si por casualidad se le ocurre resucitar al tercer día, vuélvelo a enterrar. Tienes miedo ovejita cristiana, mucho miedo, porque sabes que al final la ciencia te va a ganar la batalla, que los hombres acabaremos haciendo las cosas que hoy le atribuyes a tu dios y la historia te juzgará y te recordará con profunda lástima como el retrógrada oscurantista que eres. Tienes miedo porque sabes que la luz de la razón mata la perorata de tu amo imaginario. Huelo tu pavor corderito, porque tu miedo empieza al momento de aceptar tu propia naturaleza. Duerme bien corderito, que yo ya he terminado. La paz de la razón esté contigo. Démonos fraternalmente la paz. DSB

Thursday, September 08, 2016

El libresco camino de vida atraviesa mil y una aleatorias estaciones pero al final del día todo desemboca en el lector. Los años pasan y yo cada vez siento una mayor gratitud hacia esa extraordinaria e improbable persona que se da el tiempo de recorrer la vereda de los párrafos liberados. Cada libro pertenece a su lector y es por él que todo esto tiene sentido. Además, siempre que salgo a presentar un libro ocurre algún detalle extraordinario o me llevo alguna grata sorpresa y anoche en la sala Federico Campbell me llevé muchas. Para mí es muy significativo que me acompañen y compartan conmigo estos pequeños rituales. Ocurre siempre en las presentaciones que al final me disperso o me abstraigo dedicando algunos libros y de pronto caigo en cuenta que no me despedí personalmente de muchos de ustedes. Fue un honor ver en primera fila a la maestra Guadalupe Kirarte, al gran Genaro Nonaka, al tenor Marco Antonio Labastida, a Ruth Vargas Josefina y a Rodolfo Pataky, a Octavio Méndez, a Araceli, Eduardo Flores, Flor Cervantes, Natalia, Enrique Briceño, Oralia, Rosa Pizaña y tantos secuaces de los que no me alcancé a despedir. El gran detalle de la noche fue que mis amigos Ricardo Villareal y Blanca Margarita se armaron de valor y desde el norte sandieguino agarraron camino y cruzaron la frontera solamente para estar en el lanzamiento del ventarrón santaanero o mi brother de mil batallas Pedro Beas, quien adelantó su ensayo para poder estar ahí. Grato fue compartir la mesa por enésima vez con Jaime Cháidez, por segunda vez con Hilario y por vez primera con Joel Flores. Gracias colegas. Ustedes simplemente rifan. Inverosímil la aparición de Gabriel con un pedazo de absoluto underground libresco como es la antología Diarios del fin del mundo. Me dijo, “hace seis años, en una presentación, me estabas dedicando este libro pero te distrajiste y dejaste la frase medias”. Un sexenio después completé la dedicatoria. Gracias también a Pedro, Lorenzana, Karla, Mara y todo el extraordinario equipo del Cecut por el apoyo. Las chelitas en el Dandy supieron a elíxir divino y no me dejaron pagar ni una. Yo no merezco tanto. Gracias por acompañarme, gracias por estar y gracias por tenerle fe a la literatura hecha en Baja California. Hay noches como la de anoche en que tienes plena conciencia de no estar arando océanos y te asalta la plena certidumbre de lo mucho que ha valido la pena emprender este camino de vida. Gracias por compartirlo conmigo.