Eterno Retorno

Monday, June 18, 2018

Alemania habita en la zona profunda del subconsciente, ahí donde yacen los traumas ancestrales, y tuvo que venir Chucky, un muñeco de las pesadillas, a desfacer el entuerto y exorcizar al demonio. Cuando fue el 6-0 en Córdoba y el 3-3 de nuestros fallidos porteros Pilar y Soto, yo era aún muy pequeño para dimensionar la cartografía del infierno. Bendita inconsciencia infantil. El Panzer germano aguardaba para coronar el final de mi educación básica. El 21 de junio de 1986, día que me gradué de primaria, Alemania nos eliminó en el estadio de mi equipo, los Tigres de la UANL, la cancha en donde transcurrió buena parte de mi infancia y adolescencia. Imborrable el nombre del árbitro colombiano, Jesús Díaz Palacio, el gol anulado al Abuelo Cruz y los tímidos penales de Quirarte y Servín a las manos de Schumacher. Doce años después, siendo ya un reportero de El Norte, creímos que Luis Hernández iba a lavar la afrenta en Francia, pero el Matador no supo matar y Klinsmann y Bierhoff voltearon la tortilla del lado siniestro. Desde entonces asumimos a Alemania como una encarnación del imposible, una marca indeleble de derrota Hoy, que se ha movido un eje de la Tierra y se ha alterado el orden del Universo, no sabemos exactamente qué hacer y ahora temo que nos sentiremos culpables de ser felices y la borrachera emocional puede ser tan grande, que acaso nos cueste el tropiezo contra coreanos y suecos. Que la boca se me haga chicharrón.

Friday, June 15, 2018

El argentino que más admiró a Islandia y su cultura, fue un anti- futbolero de cepa y sospecho que el partido de mañana no le despertaría interés alguno. En cualquier caso, Georgie es el gran responsable de que los lectores del Río de la Plata tomaran en serio la literatura islandesa y voltearan a ver sus ancestrales sagas. Casi un milenio antes del Martín Fierro y la épica gauchesca, Snorri Sturluson transformó en prosa la Saga de Egil Skallagrímsson y la Edda prosaica. Mi ejemplar de dicha saga forma parte de la colección Biblioteca Jorge Luis Borges y es prologado por él. El “latín del norte”, llama Georgie a la lengua islandesa a la que admiraba. Puede leerse como una novela, sostiene Borges en el prólogo. En Las Kennigar, incluido en Historia de la Eternidad, Georgie diserta profundo sobre las atípicas composiciones metafóricas islandesas. La obra de Snorri es contemporánea del Cantar de Roldán y se anticipa por algunas décadas al mio Cid. Para Milan Kundera, las sagas islandesas son la piedra fundacional de la narrativa en prosa. Podemos afirmar que son los tatarabuelos del arte novelístico. Tanto admiró Borges a Islandia, que en la lápida de su tumba en Ginebra hay una inscripción de la Volusungasaga. Tres veces viajó Borges a tierras islandesas, ya ciego y setentón. En herencia quedan su poema Islandia y el melancólico Hotel Esja, Reikiavik. Qué dicha para todos los hombres, Islandia de los mares que existas Islandia de la nieve silenciosa y del agua ferviente. Islandia de la noche que se aboveda sobre la vigilia y el sueño. ¿Habrá leído Messi ese poema? ¿A quién le iría Borges mañana? ¿A Egil Skallagrímsson o a Martín Fierro? Hagan sus apuestas. PD- Por lo que a mí respecta, debo decir que nueve años antes de visitar por primera vez Argentina, visité Islandia y también padezco de la gran memoria cóncava que no es una nostalgia.

Thursday, June 14, 2018

Bodrio inaugural

La costumbre hecha ley dice que el juego inaugural tiene a ser soso y carente de emociones. Aun así, mi proustiana memoria identifica claramente en dónde estaba yo y en qué circunstancias al momento de empezar a rodar cada nuevo balón mundialista. En el Italia vs Bulgaria de 1986 estábamos en el patio nuestra casa de Avenida Vasconcelos en San Pedro, a donde acabábamos de llegar a vivir pocos días antes. Todavía con cajas de mudanza, tuvimos el ánimo de convocar invitados a una comida dominical para ver el juego. El gol de Sirakov en los últimos minutos amargó a los italianos.1-1 final y yo estaba a unos días de entrar oficialmente en la pubertad. El Argentina vs Camerún de 1990 lo vi solo en el estudio de nuestra casa en la Herradura EdoMex, inmerso en un martirizante periodo de exámenes finales en el Albatros. Inolvidable el cabezazo de Biyik batiendo a Pumpido y la rabia de Maradona. El Alemania vs Bolivia de 1994 lo vi con mi primo Héctor en el estudio de su casa de calle Río Yaqui. Ni siquiera el gol de Klinsman fue capaz de quitarle la modorra a ese bodrio de juego. El Brasil vs Escocia de 1998 lo vi en la sala de prensa de Palacio Municipal de Monterrey siendo ya un reportero de El Norte. Era mi época de fan ultra de Irvine Welsh, así que yo estaba a muerte con los escoceses que se suicidaron con un autogolazo. Una semana después me encontraría con Carol y nuestras vidas quedarían unidas a partir de ese verano mundialista. El Francia vs Senegal de 2002 lo vimos Carol y yo desde nuestra cama, más dormidos que despiertos, en nuestro depa de Playas de Tijuana. Primer mundial tijuanense. A las cuatro de la mañana lo onírico suele batir a lo racional y por ello coloqué el triunfo senegalés frente a la Galia de Zidane como una alucinación de duermevela. El Alemania vs Costa Rica de 2006 lo vimos desde la sala de juntas de la redacción de Frontera. Yo fui quien puso el desorden y encendió la tele mientras planeábamos la cobertura del día. El Sudáfrica vs México de 2010 lo vimos en el Auditorio Municipal de Tijuana en un evento de campaña de Carlos Torres. La inauguración más pasional que recuerdo. El gol de Rafa Márquez nos salvó del ridículo. El Brasil vs Croacia de 2014 lo vi en esta casa, en calma total, mientras daba los últimos toques a Dispárenme como a Blancornelas. El autogol de Marcelo que inauguró el mundial anticipaba la tragedia brasileña. Si no pasa algo extraño, el Rusia vs Arabia (del que no espero absolutamente nada) lo veré en esta casa, donde ahora mismo bebo el primer café con la primera luz. Si es así, entonces será la primera vez en que se repita en mi vida un sitio para ver el juego inaugural. El futbol es mi magdalena mojada de Proust. Es hora de escribir una vez más mi historia del tiempo perdido viendo rodar un balón.

Wednesday, June 13, 2018

Saudade del juez es como suelo llamar a este sentimiento. Irremediablemente me asalta cuando estoy ante una pila de manuscritos engargolados a los que debo evaluar como jurado de algún concurso literario, sabedor de que la gran mayoría irán a la basura y nunca tendrán una oportunidad real de trascender. Veo el montón de papeles y al menos por un instante creo palpar la ilusión y el delirio yacientes en cada uno de ellos. Hay no pocos trabajos que desde su primera página revelan desparpajo lo inevitable de su naufragio y basta leer unos cuantos párrafos para saber que ni con un derroche de tolerancia y condescendencia se podría hacer algo por ellos. Aun así, nunca pierdo de vista que hasta el más timorato e inocentón de los participantes inscribe su trabajo con la esperanza real de poder ganar y ver su borrador publicado. Tal vez sea real aquello de que aún el más tonto y fallido de los escritores conoce al menos por unos segundos esa ráfaga orgásmica derivada de la entrega total al acto creativo. ¿Por qué en un mundo infestado de por miles de alternativas de evasión, un joven sigue apostando por escribir? ¿Cómo es posible que para un nativo digital siga teniendo sentido invertir largas horas de su hormonal vida en dar forma a una historia construida únicamente con palabras? Nunca pierdo de vista que el mundo de los adeptos a la literatura es chiquitito e insignificante en comparación con lo descomunal de ese universo integrado por quienes nunca han leído ni leerán un libro en sus vidas y para quienes la palabra escrita es monserga pura. Lo increíble es que aún dentro de nuestra insignificancia, sigo creyendo que son muchísimas las personas que desean o han deseado escribir un libro alguna vez en sus vidas. Seres cuyo historial y forma de vida nada tienen que ver con lo literario, se sienten alguna vez inclinados a recurrir a las palabras para intentar liberar alguna obsesión y convertir en arquitectura prosística un deseo oculto o un quebranto no resuelto. Las palabras están ahí, listas para ser moldeadas y acomodadas de la misma firma que la arena en una playa está a disposición de quien quiera ponerse a construir un castillito. Por fortuna a los gobiernos aún no se les ocurre cobrar un impuesto por el uso de ese bien comunal llamado lenguaje. ¿Por qué escribir? Ante todo, por el puro gusto de hacerlo. Aunque profesionalmente sea mi forma de vida, sigo creyendo que la escritura, al igual que la lectura, son un fin antes que un medio. Si la escritura como acto deriva en una forma de catarsis, entonces ha valido la pena intentarlo aunque las palabras escritas jamás vayan a encontrar quien las lea. Yo durante años escribí sin pensar siquiera en buscar algún lector y aún a la fecha sigo garabateando cantidad de párrafos de caligrafía indescifrable cuyo único destino es perderse de mis libretas. Cuando el acto mismo de la escritura representa el final del viaje, uno puede blindarse contra la decepción. Lo triste es cuando aparece el muy legítimo y comprensible deseo de trascendencia, fuente de tantos naufragios y desdichas, matriz de la saudade que me envuelve cuando una vez emitido el fallo (y en esta ocasión el premio fue declarado desierto) tengo un instante de duda antes de arrojar los manuscritos a la basura.

Saturday, June 09, 2018

Colegas ¿Aceptan ustedes el desafío de enfrentar un libro rompedor de clichés cuya función es la de un cuchillo afilado contra la anatomía del lugar común? Entonces acompáñenos mañana domingo a las seis de la tarde en la Gandhi Tijuana, donde Oswaldo Zavala presentará su polémico ensayo “Los cárteles no existen. Narcotráfico y cultura en México.” Estamos ante un libro arriesgado, retador, decidido a desangrar mitos. Puedes coincidir o no con el autor, pero no se puede negar que Oswaldo se ha tirado a matar con un planteamiento que desbarata lo ordinario y pone de cabeza la interpretación tradicional que el periodismo y la literatura han hecho de la narco-guerra. Acompañaremos al autor Juan Pablo Anaya y yo mero. La polémica está asegurada. Los esperamos mañana en la Gandhi. Se va poner bueno.

El abismal vacío del hoyo negro. En la mente humana, como en el Universo, hay agujeros negros cuya existencia es inexplicable y cuya profundidad no alcanzamos a dimensionar. Aunque un psiquiatra pueda decir lo contrario, la mente no obedece a designios de ciencia exacta y a veces atraviesa una suerte Triángulo de las Bermudas en donde naufraga y se pierde para siempre. Me seduce la idea del quiebre repentino, del apagón inesperado, del desdoblar sin advertencia de nuestros demonios; tan tercos y omnipresentes, tan fieles compañeros.

Saturday, June 02, 2018

Colegas, los invito a despedir nuestra feria tijuanense en modo Juglar. Me acompaña el gran Eduardo Antonio Parra. Nos vemos mañana en el Bordo.

Friday, June 01, 2018

Los dos sentidos de la palabra. Publicado en Juárez Hoy por César Graciano

César I. Graciano.- La palabra “bizarro” tiene dos acepciones: puede ser “valiente o arriesgado”, y también es un adjetivo para señalar algo “generoso, lucido, espléndido”. Estos dos significados son, quizá, los que menos se usan. La influencia que tiene el inglés en nuestro idioma ha deformado muchas palabras que usamos y creado nuevas. Al menos en la frontera “mapeamos” los pisos y andamos en una “troca”. De igual manera creemos que lo bizarro se refiere a lo extraño o inusual, y es así, pero en inglés y en francés. O al menos ese es el resultado que arroja el diccionario de Oxford al consultar el significado de la palabra “bizarre”. En la traducción se perdió todo: bizarre se volvió bizarro, pero no debería ser así. Al menos un pequeño diccionario Larousse de traducción inglés-español sugiere que “bizarre” sea “extravagante, extraño”, y “bizarro” debería ser “brave; magnanimous”. Tener una palabra como “bizarro” puede ser de ayuda, por ejemplo, para describir algo que es “arriesgado, lucido y extraño” a la vez, como por ejemplo “Días de whisky malo”, de Daniel Salinas Basave (que hablando de traducciones, qué bueno que prefiriera el término “whisky” en lugar de “güisqui”, que es la voz correcta en español). “Días de whisky malo” ganó el Premio Gilberto Owen 2014 en la categoría de cuento, fue publicado por la editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2016 (una edición bastante bonita, dicho sea de paso), y en 2017 fue uno de los cinco finalistas del Premio Internacional de Cuento Gabriel García Márquez. El libro se compone solo por seis cuentos, pero en total tiene 246 páginas, por lo que hablamos de cuentos largos, cuando no son novelas cortas, lo cual es muy bizarro, muy generoso: son pocos los libros de cuentos que, sin ser una antología o los “cuentos completos”, sean tan largos (aunque hay sus excepciones, como “Las mil y una noches”). Lo que más se puede encontrar en la prosa de Salinas Basave es humor, uno muy extraño, casi negro, casi irónico. Las historias son contadas desde el filo del absurdo, pero todo es creíble. Por ejemplo, en “Saurio Sangrante”, la pieza que abre el libro, narra desde la perspectiva del protagonista la agonía espiritual de un hombre a quien le amputarán una pierna y con eso perderá uno de sus tatuajes: el más preciado para él. Con ese breve espacio de acción, el cuento se comienza a llenar de retrocesos en el tiempo que llevan a la explicación de cómo consiguió sus tatuajes, su primer amor, el desamor y el infortunio de crecer (o, al menos, de no poder ser adolescente por siempre). Por el tema, se podría encajar como un cuento de “crecimiento”, en el que el protagonista muestra qué lo convirtió en el hombre que es, pero los recursos que se van empleando durante la narración, como los flashbacks que son el hilo conductor de toda la historia, los guiños a ciertas escenas del México actual (el cuento se desarrolla en Ecatepec) y pasado (con, por ejemplo, una breve mención a Santa Anna), el relato se vuelve un paisaje en claro del México de los ochentas a la fecha. Más cercano a nuestra realidad inmediata, Juárez, está el cuento “Corona de muerto”, en el que se narra cómo es que Acadio Borregastre, juez municipal de Tijuana, recibe en la puerta de su casa una corona fúnebre, lo que no puede significar otra cosa que un aviso: la muerte próxima. La tranquila, pero aburrida y sinsentido, vida de un pequeño burócrata se trastoca cuando el narco pone la mira en él; Borregastre solo espera que la muerte, esa que no se cansa de imaginar, lo libere. El libro contiene una alta dosis de cosmopolitismo, incluso con todos los regionalismos norteños que se escriben en él. El lector viaja de Ecatepec a Tijuana, de Kazajistán a Italia, y de ahí a Tecate o a un pequeño pueblo de Estados Unidos, donde un hombre que vive del recuerdo de su juventud como rockstar de pueblo, “acosa” a una estrella pop, que antes fue su pareja. En “Infortunios de un ovejero kazajo”, un pastor intenta degollar una oveja en una cancha escocesa, como parte de un ritual que le ayuda a su equipo a ganar el partido, de lograrlo haría que su equipo de futbol entrara a la Champions League. Por mucho, el más hilarante de los relatos, y quizá el más absurdo (aunque la selección de Irak ya ha hecho un ritual parecido). También se puede leer cómo un burócrata cultural de Tecate quiere llevar a la cuidad a Lila Azam, a la que considera la escritora más hermosa del mundo. En este cuento, “Ella es nabokoviana”, no solo se relatan los pensamientos del burócrata, quien fantasea con Azam, sino que, de manera sutil, también es una crítica a la corrupción de los sistemas de gobierno en México. En “Dilemas de zurdos y fachos” pone frente a frente a un hombre de derecha con uno de izquierda, ambos amantes del futbol, pero de equipos contrarios, rivales. Salinas Basave desvanece sutilmente las diferencias entre un “zurdo” y un “facho”, para mostrar cómo las ideologías son más una unión que una separación. Así, lleno de humor y de absurdo, extraño, generoso en su prosa, estimulante y ágil, arriesgado en sus planteamientos y en su extensión, Daniel Salinas Basave terminó por escribir un libro “bizarro” y “bizarro”. graciano.cesar@hotmail.com