Eterno Retorno

Friday, November 13, 2009



LOS MITOS DEL BICENTENARIO

Las otras heroínas insurgentes


Por Daniel Salinas Basave

A ver, hagamos una prueba. Pensemos en una heroína de la guerra de Independencia. ¿Quién es la primera que nos viene a la mente? Hasta la pregunta es necia. La respuesta obvia es Josefa Ortiz de Domínguez. Parece que si de mujeres insurgentes se trata, la Corregidora es quien tiene la patente y el monopolio de la participación femenina en el movimiento de liberación. En el cuadro de honor de la historia oficial, doña Josefa es la única mujer que ha logrado
colorase a un lado de Hidalgo, Allende, Morelos y Guerrero, casi en un mismo nivel de importancia. Es también la única mujer cuyo nombre es gritado por presidentes, gobernadores y alcaldes la noche del 15 de septiembre y la que suele ser infaltable en las estampitas escolares. Tal parece que con ella la historia oficial completó su cuota de género para demostrarle al mundo que la Independencia no fue un movimiento machista.

Si el reto fuera mencionar una heroína insurgente que no sea la Corregidora queretana, ahí la cosa se pone un poco más complicada, aunque la apuesta es que algunos mencionarían a Leona Vicario, esposa de Andrés Quintana Roo, que en un lejano segundo lugar, comparte con doña Josefa los laureles femeninos de la lucha insurgente. Por supuesto, no faltará quien por morbo o glamour mencione a la célebre María Ignacia “La Güera” Rodríguez, quien si bien no tiene el calificativo de abnegada prócer de la Patria, sí logró inmortalizarse como unos de los personajes más fascinantes de la época. Después de todo, no cualquiera puede presumir incluir en su currículum amoroso a dos libertadores de América como Simón Bolívar y Agustín de Iturbide y haber sido considerada por Alejandro Von Humbolt como las más hermosa mujer que vio en sus viajes alrededor del planeta. El problema es que fuera de este respetable trío de señoras, la historia oficial se ha olvidado de dar su lugar a los cientos de mujeres cuya participación en la lucha insurgente fue mucho más allá de un papel secundario o de apoyo satelital a la causa. No se trata de restar méritos a la Corregidora de Querétaro, cuyo oportuno mensaje bajo la puerta de la habitación donde estaba encerrada, salvó a Hidalgo y Allende de ser aprehendidos y precipitó el inicio de la lucha insurgente. Vaya, sin doña Josefa simplemente no hubiera habido Grito de Dolores. Sin embargo, justo es señalar que la Corregidora jamás se involucró directamente en la lucha armada ni arriesgo su vida. Cierto, sufrió el encierro en un convento, condenada como consecuencia de sus actividades subversivas, pero jamás conoció el fragor de la batalla. Su muerte se produjo años después de consumado el movimiento, en 1829, a los 61 años de edad, en la comodidad de su lecho.

Otras mujeres insurgentes, en cambio, no fueron tan afortunadas de poder aspirar a una muerte natural en sus hogares rodeadas de sus familias, sino que perecieron en el paredón de fusilamiento. Si bien doña Josefa se llevó los laureles del género femenino en la Independencia, hubo muchas, muchísimas mujeres que tuvieron una abnegada y activa participación en esa guerra de la que se convirtieron en mártires sin alcanzar la gloria póstuma, pues son pocos quienes las recuerdan. Tal vez uno de los casos más significativos es el de la michoacana Gertrudis Bocanegra, venerada en su natal Pátzcuaro, pero marginada del gran retrato oficial. Gertrudis Bocanegra fue una activa militante que se involucró directamente como combatiente en los campos de batalla en donde perdió a su marido y a su hijo mayor, lo cual no la apartó de la lucha. En 1818 fue capturada por los realistas y fusilada en la plaza central de Pátzcuaro. Otro caso emblemático es el de la guanajuatense Tomasa Estévez. Nacida en Salamanca en 1788, esta mujer fue una fiera combatiente que fue capturada y fusilada en 1814 por el futuro libertador de México, Agustín de Iturbide. La cabeza de esta mujer de 26 años de edad fue expuesta por los realistas en las calles de Guanajuato. Antonia Nava, una mujer guerrerense nacida en 1780, fue combatiente en el ejército del Sur de José María Morelos. Cuando su esposo Nicolás Catalán perdió la vida en combate, Antonia Nava se presentó ante Morelos, no para llorar, sino para entregar a sus tres hijos como soldados insurgentes. Rita Pérez de Moreno, natural de San Juan de los Lagos, fue un ejemplo de coraje y resistencia combatiendo codo a codo junto a su marido Pedro Moreno en la defensa del Fuerte del Sombrero que finalmente cayó en manos realistas en octubre de 1817.

La lista de mujeres insurgentes es inmensa y sin duda hay cientos de ellas cuyos nombres jamás conoceremos. Más allá de las estampas épicas y el romanticismo de las batallas, la guerra de Independencia fue una vorágine que arrastró a decenas de miles de mexicanos en una espiral de caos e incertidumbre. Familias enteras se vieron involucradas en el movimiento, algunas por auténtica convicción revolucionaria, pero la gran mayoría, sin duda, por no tener alternativa, forzadas por las circunstancias. En ese proceso se vieron involucradas muchas mujeres; esposas de soldados, madres de familia, soldaderas y en algunos casos, los menos, auténticas generalas. De ellas tan sólo nos quedan algunos nombres y la historia oficial se ha encargado de santificar apenas a un par.

Thursday, November 12, 2009



Ahí les dejo un texto que escribió mi amigo Ángel Ruiz http://www.la-ch.com/

El Blog pasó de moda

Por Ángel Ruiz

Bloggers en el VII Festival de Literatura del Noroeste

A principios de este siglo se hablaba de un "boom" de bloggers tijuanenses. Aunque en otras proporciones y características, era algo similar a lo que hoy es la comunidad de Facebook, es decir, tener un blog o bitácora era algo que te identificaba como parte de una red social.
En el VII Festival de Literatura del Noroeste estuvieron tres de los protagonistas de aquel "boom" de blogs, de los pocos que han resistido el embate de las transformaciones y evoluciones de la red. Mientras la mayoría ahora usa las redes sociales, el blog no es para cualquiera porque "tienes que alimentarlo", coincidieron los expositores.
Daniel Salinas y su "Cuna de porquería", Manuel Lomelí y su "Chango 100" y Bruno Ruiz y su "Hipertextos", compartieron sus experiencias y puntos de vista sobre la naturaleza del blog y los usos que le han dado.
Los primeros dos periodistas, el tercero escritor, coinciden en que los motiva escribir y leer libremente y para eso están los blogs. No es casual que hayan sido invitados ellos y ¿por qué no otros? Bueno, es que entre esa comunidad específica, ellos se hicieron famosos en Tijuana porque representaban a algunos de los blogs más visitados en aquel "boom" que ahora es sólo recuerdo.
Los lectores de bitácoras los admiraban, los adulaban y les ponían comentarios de felicitación, muchas veces sin conocerlos, sin ser sus amigos como se da ahora en el Facebook. Pero así como les hacían la barba, también los odiaban por escribir lo que escribían.
A Daniel Salinas le llegaron a decir fascista; a Manuel Lomelí lo insultaban todos los días y hasta se salvó algunas veces de ser golpeado en las cantinas que frecuentaba.
Un día un lector supo que Daniel Salinas, en ese entonces reportero del periódico Frontera, tenía un blog y al leerlo escribió indignado a su jefe inmediato para quejarse de lo irreverente que era el periodista cuando escribía en su bitácora personal.
Cierta noche en el bar Turístico de la Plaza Santa Cecilia, tras un intercambio de insultos que duró varios días a través de lo que cada uno publicaba en su blog, Manuel Lomelí fue retado a golpes por otro blogger, el escritor Héctor Martínez.
El escándalo terminó ante el juez calificador, un licenciado en Derecho que no entendía qué cosa era eso de los blogs que los rijosos le manifestaban como el origen de la pelea.
En otra ocasión, Lomelí narró en su bitácora que fue retado en el mismo bar por el escritor Heriberto Yépez. Otra vez, lo que escribía en su blog fue la causa.
Pero al polémico Lomelí no sólo le acarreaba pleitos el que su blog fuera tan leído. "Gracias a mi blog me he cogido a varias morras", comentó Lomelí una vez, también en el ambiente cantinero.
"Como al principio, el blog sigue siendo un territorio anárquico, caótico y como las estrellas siguen naciendo y muriendo", expresó Daniel Salinas en la Mesa de Bloggers del VII Festival de Literatura del Noroeste realizado en el Centro Cultural Tijuana (Cecut).
Comentó que los blogs son "canchas comunales" y libres, donde cualquiera puede escribir, por eso las bitácoras de escritores consagrados son aburridas, ya que se vuelven espacios de autopromoción o repiten la misma fórmula de los periódicos serios.
"En el blog te arriesgas a que te peguen, te ridiculicen, te desnuden... en el periódico lo que escribía se sujetaba a un manual de estilo, mientras que en la Cuna de porquería escribía lo que no se iba a leer en el periódico Frontera", señaló Salinas.
El periodista añadió que lo peor que le puede pasar a la blogósfera es que tenga un censor, ya que la escritura en el blog es un momento único y no se trata de elaborar una tesis de doctorado.
Para Manuel Lomelí la blogósfera se trata de vaciar opiniones personales y la comunidad literaria ha dejado de participar en ella porque pasó de moda.
El escritor Bruno Ruiz indicó que una de las cualidades del blog es que sirve para empezar a escribir y experimentar y de esa manera adquirir un fogueo en el oficio, sobre todo si no se es escritor de tiempo completo.
Recomendó que para que un blog sobreviva y tenga visitantes, lo ideal es la escritura concisa y corta y alimentar el sitio dos o tres veces por semana porque a la gente le gusta entrar y ver qué hay de nuevo, de otra manera dejará de visitarlo.

Tuesday, November 10, 2009


La camaleónica y confundida existencia de Encarnación Leydelmonte

Encarnación Leydelmonte me confunde. ¿O será que Encarnación Leydelmonte está confundido? En la primaria, Encarnación fue llorón, mamitozo y berrinchudo como sólo un niño sobreprotegido puede serlo. Obsesionado con presumir el juguete de moda, siempre acababa recibiendo su dosis de zapes y su respectiva pamba loca. Chismoso como era, solía acudir a la dirección a poner dedo a los agresores.

Cuando entró a la secundaria, Encarnación Leydelmonte hizo intentos por vestirse a la moda y ganar popularidad, lo que a medias consiguió, por ser de los pocos, poquísimos mocosos que podía presumir manejar el carro de su papá a los 13 años. Pero ni siquiera llegar al volante del flamante vehículo paterno le permitió ligarse a Ximena, musa infaltable de sus primeras puñetas. Por alguna razón, Ximena prefería los tipos rudos y Encarnación no lo era. Para su desgracia, papá cayó en bancarrota por la crisis y el vehículo de sus ligues tuvo que ser vendido. Encarnación se convirtió en ciudadano de a píe y cada vez le resultó más complicado representar el papel de junior.

La vida de Encarnación Leydelmonte se iluminó cuando a los 15 años conoció a Galaor Zuazua. Galaor era bajista y cantante de la banda metalcorera Vomit From Heaven. En cuestión de gustos musicales, Encarnación había sido hasta entonces bastante ordinario; maná, pop televiso y toda esa porquería que escuchaban las morritas a las que aspiraba a ligarse. Lo más rebelde que había escuchado hasta entonces era Green Day. Galaor en cambio vomitaba rolas furiosas y endemoniadas cuyas letras desparramaban odio. Con orejas y nariz perforada, un par de tatuajes caseros y chamarra de cuero carcomida por los hongos, el vocalista de Vomit From Heaven podía ligarse muchas más morritas que Encarnación en su mejor domingo con carro y ropita a la moda. A partir de ese momento Galaor se convirtió en su guía espiritual.

La transformación de Encarnación Leydelmonte fue más repentina que gradual. Se perforo las orejas con aretes de su abuela, se pintó el pelo morado, ahorró para unas Doctor Marteens y en Navidad consiguió que le regalaran una guitarra que no sabía tocar, lo que no impidió que fuera reclutado como guitarrista de Vomit From Heaven. La banda actuaba en cocheras miserables o terrenos baldíos, rezagada en el lugar número 13 o 14 dentro de carteles con 15 o 20 agrupaciones que tenían nombres como Cabezas Podridas, Cacofonía, Disolución Social (siempre estelar), Sin Autorización y en donde todas, sin excepción, tocaban una rola de odio a la policía y un cover mal ejecutado de Atoxxxico o Massacre 68. Encarnación tomaba caguama caliente en bolsa de plástico y fumaba una mota malísima, bajo cuyos efectos logró ligarse a sus primeras morritas.


Para cuando Encarnación Leydelmonte terminó la prepa y entró a la facultad de Economía, Vomit From Heaven se había disuelto. Galaor se había ido de mochilazo a Europa y a Encarnación, que hasta entonces le había valido un reverendo carajo el mundo en donde vivía, le empezó a dar por el activismo político. Se volvió zapatista y militante antiglobalización y su figura fue infaltable en las manifestaciones contra McDonalds y la Embajada americana. Como activista de izquierda maduro, ya no le daba tanto por el hard core punk y se inclinaba más por la trova, sin despreciar a Bob Marley. La mota que fumaba ya no era tan mala, pues era pura hierbita de invernadero regada con leche. Para quinto semestre, Encarnación consiguió el puesto de vicepresidente de la combativa sociedad de alumnos de Economía.


Su labor como líder estudiantil y activista de izquierda, le valió ser invitado a las juventudes del PRD y cuando egresó de Economía a los 23 años, consiguió un puesto como analista en la Secretaría de Finanzas de su perredista municipio. Con sus primeros sueldos profesionales, Encarnación se olvidó de la cerveza barata y empezó a aficionarse a los buenos vinos. Aunque era progresista y globalifóbico, no estaba peleado con los buenos restoranes a donde llevaba a cenar a Rosalía, su prometida en matrimonio, ni tampoco sintió traicionar las causas populares cuando se embarcó enganchando un jetta del año.


Para el trienio siguiente, Encarnación logró colarse como suplente de regidor en la planilla del nuevo alcalde perredista. Aunque era un funcionario de media tabla, su nueva posición le permitió meter su cuchara en algunos contratos de obra pública y permisos para venta de licor. Encarnación seguía fumando de vez en cuando su motita de invernadero, aunque con sus nuevas amistades era un poco más común el pasecito de coca y los vasos de Chivas en antros lounge donde tocaban musiquita electrónica light. Encarnación se había olvidado de Silvio Rodríguez y era feliz escuchando cosas como Radiohead o Coldplay. Un par de veces viajó al festival Coachella, meca de las banditas alternativas que más disfrutaba. Seguía declarándose indigenista y antiglobalización, aunque hacía muchos años que no se paraba en una manifestación.


Encarnación se casó con Rosalía a los 30 años y aunque se declaraba agnóstico “open mind”, eso no fue impedimento para tener una boda católica y bautizar a su primer hijo. Su suegro, con buenas conexiones en el Gobierno Federal, lo convenció para renunciar al PRD e ingresar al Verde Ecologista en donde logró colarse como regidor titular en una planilla ganadora en coalición con el PRI. Como regidor verde-priista, Encarnación promovió algunas iniciativas como sacar a los comerciantes mixtecos del centro, penalizar la prostitución homosexual e impulsar apoyos oficiales con recursos públicos para la Fundación Ronald Mc Donald. Los contratos de obra pública con dedicatoria y los permisos para venta de licor con horas extras siguieron alimentando su alcancía. Para entonces era asiduo a los tables caros y sus dosis de Chivas y coca dejaron de ser asunto de fin de semana, para convertirse en pasatiempo diario. Su energía sexual estaba consagrada a un par de teiboleras y apenas conservaba algunas castas caricias para su esposa Rosalía.

Fue un próspero empresario de los giros negros quien convenció a Encarnación de afiliarse al Partido Nueva Alianza, que iría en colación con el PAN para la próxima elección. Para concretar su afiliación al partido de Elba Esther Gordillo, Encarnación convocó a una rueda de prensa en donde se rasgó las vestiduras afirmando que su único compromiso político sería siempre con la educación de calidad para los niños mexicanos. Ya como militante del Panal, Encarnación logró ser incluido como diputado plurinominal. El problema fue que la coca y el Chivas ya le estaban pasando la factura. Taquicardia, hipertensión, diabetes y una amenaza de infarto obligaron al diputado Leydelmonte, de 41 años de edad, a internarse en una clínica cara de rehabilitación en donde pudo superar sus vicios.

Para su fortuna, su proceso de desintoxicación pasó inadvertido a la prensa y pronto pudo retomar su curul en San Lázaro convertido en un hombre nuevo. Ahora Encarnación presume en donde puede su calidad de abstemio y condena con furia a los viciosos. Ha empezado a practicar yoga, budismo zen y se ha convertido en vegetariano, adicto a la comida orgánica, tendencia que está de lo más inn entre la alta sociedad con la que se relaciona. Aunque como diputado sigue siendo gestor de permisos para antros, tugurios y licitaciones irregulares, se ha olvidado de los tables y las teiboleras. Ahora disfruta más estando con Macario, su chofer y escolta, un ex agente de la PFP de 26 años de edad con vientre plano y falo de proporciones respetables. Macario lo acompaña a los restoranes vegetarianos y hasta ha aprendido a hacer yoga, con posiciones que hacen lucir de maravilla su cuerpo atlético. Sus sesiones de meditación suelen concluir en los moteles de la carretera.

Saturday, November 07, 2009


Los Mitos del Bicentenario

Nuestro Obama insurgente

Por Daniel Salinas Basave

Si bien la afirmación común es que en este país no hay población afroamericana, la realidad es que 179 años antes de que Barack Obama fuese electo presidente de los Estados Unidos, México tuvo un mandatario mulato. El segundo presidente de la historia del país, quien tuvo un efímero y conflictivo periodo de gobierno de menos de nueve meses de duración, fue un descendiente de africanos. Su nombre: Vicente Guerrero.
Decir que la historia no ha hecho justicia a Guerrero podría parecer una afirmación desacertada. Después de todo, a diferencia de Iturbide, este caudillo ha entrado en caballo de hacienda al pandemonio de la historia oficial. Existe una entidad federativa que lleva su nombre, además de los cientos de calles, escuelas y monumentos que lo homenajean. Sí, el sistema beatificó a Guerrero y permitió su ingreso al santoral oficial. Se le considera, de hecho, el único y gran consumador de la Independencia, el bueno de la película, el hombre íntegro y leal del abrazo de Acatempan, por encima del corrupto y ambicioso Iturbide. Cierto, Guerrero ha sido beatificado por los libros de texto, pero da la impresión que su figura se ha quedado petrificada en el bronce de las estatuas o en el oro de las letras que inscribieron su nombre en el Congreso. Nos hemos conformado con pronunciar una y otra vez la más célebre de sus frases, “La Patria es primero”, sin duda una de las más bellas y contundentes del refranero nacional, aunque a la fecha pocos se han detenido a responder la pregunta obvia y fundamental: ¿Quién era este hombre?
Para bien o para mal, casi nadie se ocupa de de dimensionar la obra de Guerrero y su trascendencia histórica, lo que no es poca cosa, tomando en cuenta que la del mulato fue una carrera de más de dos décadas de lucha constante e incansable. Tan sencillo como que la mitad de su vida estuvo consagrada al combate y la resistencia en condiciones en extremo desventajosas. Vicente hizo verdadero honor a su apellido, pues fue un auténtico guerrero, o más acertado sería decir guerrillero, sin que el calificativo sea peyorativo o le reste méritos. El segundo presidente de México fue el padre las guerras de guerrillas en este país. Los suyos nunca fueron ejércitos multitudinarios, como el de Morelos y Galeana, sino gavillas integradas por unos cuantos combatientes que utilizaban el elemento sorpresa y su conocimiento de la sierra para sorprender al enemigo. Guerrero combatió 20 años en las montañas del estado que hoy lleva su nombre, en los mismos agrestes terrenos donde más de siglo y medio después combatirían Genaro Vásquez Rojas, Lucio Cabañas y más tarde surgiría el EPR.
Tal vez la suya no fue la más vistosa de las tropas, pero lo cierto es que fue efectiva y se transformó en un dolor de cabeza para el virreinato, pues jamás pudieron derrotarlo. Para dar una idea de la magnitud de la resistencia de este hombre, tal vez proceda una odiosa comparación: la carrera insurgente de Hidalgo y Allende duró apenas seis meses, mientras que Vicente Guerrero fue el único de los paladines de la Independencia que luchó sin parar los once años, de 1810 a 1821 y aún después de consumado el movimiento, volvió a sus amadas sierras a combatir.
Vicente Guerrero nació el 10 de agosto de 1782 en la población de Tixtla. La suya era una familia de arrieros, labor que desempeñó en su adolescencia, lo que le permitió conocer a la perfección las sierras en donde después combatiría. Su padrino en el movimiento insurgente fue Hermenegildo Galeana, quien lo reclutó en 1810 para la causa de Morelos. Muertos Morelos, Galeana y Matamoros, Guerrero se convirtió en el heredero del movimiento, en el encargado de mantener viva la flama insurgente resistiendo contra corriente cuando todo parecía perdido. Iturbide no pudo derrotarlo y al final optó por pactar con él. De ese pacto, supuestamente sellado con el abrazo de Acatempán, nació el Plan de Iguala y con ello se consumó la Independencia de México.
Indomable por naturaleza, Guerrero volvió a tomar las armas para desconocer al Imperio de Iturbide. En una de las reyertas de esa rebelión, una bala le atravesó el pulmón y aunque lo dieron por muerto, logró sobrevivir, si bien la herida lo hizo vomitar sangre por el resto de su vida. Tras un fugaz retiro durante la Presidencia de Guadalupe Victoria, volvió a las armas, en su calidad de Gran Maestre de la Logia Yorkina para ayudar a sofocar la rebelión orquestada por el vicepresidente Nicolás Bravo, Maestre del Rito Escocés. Fueron precisamente los masones yorkinos quienes propusieron a Vicente Guerrero como candidato presidencial en 1828. Fundador del Rito de York en México y de la Legión del Águila Negra, Guerrero también tiene el dudoso honor de haber encabezado la primera elección presidencial polémica y fraudulenta de la historia, casi 200 años antes del “voto por voto” de López Obrador y la caída del sistema de Bartlett. El triunfo originalmente había correspondido al candidato Manuel Gómez Pedraza, pero el Motín de la Acordada, encabezado por los yorkinos, dio el triunfo a Guerrero. Con la sombra de la ilegitimidad a cuestas y en medio de turbulencias políticas, Guerrero gobernó como pudo y su efímero periodo presidencial pasó la historia por diversas acciones.
Durante su periodo fue derrotada en Tampico la expedición de reconquista española encabezada por Isidro Barradas. También materializó en decreto constitucional la abolición de la esclavitud, redactada 20 años antes por Miguel Hidalgo. Así las cosas, 30 años antes de Abraham Lincoln, el presidente mulato de México inscribía en Ley Suprema la prohibición de tener esclavos dentro del territorio nacional. También materializó el polémico decreto de expulsión de los españoles de México. En diciembre de 1829 una sublevación encabezada por Anastasio Bustamante le arrebató el poder y el Congreso lo declaró imposibilitado para gobernar. Una vez más Guerrero se refugió en sus montañas y tampoco esta vez pudieron derrotarlo, al menos no limpiamente. Para acabar con la vida de este caudillo indomable fue preciso recurrir a la traición. El corsario italiano Francesco Picaluga, fue pagado por Bustamante para capturarlo y con engaños y promesas de alianzas logró llevarlo a bordo de su barco para entregarlo a las autoridades. Guerrero fue fusilado el 14 de febrero de 1831. Lleno de errores, como todos los hombres (y no héroes) que construyeron el naciente país, Guerrero fue ante todo un ejemplo de resistencia, coraje y corazón.

Wednesday, November 04, 2009



BIBLIOTECA DE BABEL

La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina
Stieg Larsson

Por Daniel Salinas Basave


El pesadísimo e incómodo lastre de las segundas partes que (casi por definición) nunca son buenas, yace sobre la segunda novela de la trilogía Millenium de Stieg Larsson.
En el anterior número de InfoBaja, reseñamos en Biblioteca de Babel Los hombres que no amaban a las mujeres, primera obra de esta trilogía que está batiendo marcas de lectura en Europa y que llegó este año a México para colocarse rápidamente entre los más buscados en todas las librerías. En medio de un escaparte editorial donde los conspiradores del Priorato de Sión y los Drácula de preparatoria acaparan la pasarela comercial, irrumpe de repente un periodista sueco con una atípica pareja detectivesca integrada por Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, un reportero de investigación y una hacker marginada, versión moderna y disfuncional de unos escandinavos Sherlock Holmes y Watson. Sí, con todo y lo sui generis de sus personajes, la primera entrega de Larsson es respetuosa de los cánones de la novela negra con un típico dilema de habitación cerrada, escenificada en una pequeña isla sueca. Dentro de esta habitación, o dentro de esta isla, está el asesino ¿Quién fue? Como thriller, Los hombres que no amaban a las mujeres es simplemente redonda. Un gran debut, muy complicado de superar. La segunda entrega, titulada en México La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina carga a cuestas con la gigantesca sombra de su antecesor. Si bien la novela tiene asegurados cientos de miles de lectores que llegarán a ella fascinados por esa grata sorpresa que fue el primer libro, esa circunstancia condena a La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina a enfrentarse de entrada a la odiosa y obvia comparación, que para nada le favorece. El inicio de la segunda parte es un tanto más lento y da la impresión de que las primeras cien páginas son de simples preámbulos, como si el autor dudara antes de entrar en materia y agarrar el toro por los cuernos. Para empezar, vale la pena advertir y puntualizar que, si bien son obras diferentes, para leer esta segunda novela es muy recomendable, por no decir necesario, haber leído la primera. No es exactamente una continuación ni se puede decir que el primer libro haya quedado en puntos suspensivos, pero aún así es complicado involucrarse si no se tiene el antecedente. Vaya, en el hipotético caso de que un lector empiece por la segunda parte sin tener idea de lo que sucedió en la primera, le va a costar un poco de trabajo encontrar el sentido de los personajes y sus circunstancias. En el primer número Mikael Blomkvist, un reportero recién condenado por difamación y Lisbeth Salander, una hacker declarada disfuncional y retrasada por la psiquiatría, resuelven un añejo misterio dentro una tradicional familia de empresarios de provincia. En la segunda parte encontramos a Lisbeth Salander autoexiliada en el Caribe, concretamente en la Isla de Granada, entregada por hobby a la resolución de ecuaciones matemáticas. Mikael, convertido en estrella del periodismo de investigación, disfruta de su éxito y se prepara para apadrinar un nuevo reportaje. Si en el primer número su gran reportaje fue sobre las trampas, especulaciones y evasiones fiscales de un célebre industrial sueco, ahora el tema será mucho más espinoso, pues tratará sobre el tráfico de mujeres de los países de la antigua Unión Soviética a Suecia, donde son explotadas como esclavas sexuales. Adolescentes, casi niñas, oriundas de repúblicas bálticas como Letonia o Estonia, llegan Suecia en medio de una red de omisiones y complicidades. El tema, por cierto, recuerda muchísimo a La falsa pista, un gran thriller del también sueco Henning Mankell, consagrado mucho antes que Larsson. El problema es que para llegar al principio de esta investigación, el lector debe atravesar cien páginas entre los pasatiempos matemáticos de Salander. No solo la trama de esta segunda novela es distinta a la primera, sino también la estructura. En lo personal, me agrada que en esta ocasión, Mikael se desempeña más como periodista de investigación que como detective. De hecho, si algo me gusta de esta trilogía de Larsson, es que es una suerte de homenaje al reportaje profundo, al periodismo quijotesco de denuncia y revelación. Larsson fue un periodista y su héroe también lo es. Por obvias razones tratándose de una novela policial, no incluiremos en esta reseña dato alguno que pueda revelar en lo más mínimo la resolución de la trama. Baste señalar que aunque el inicio es un poco lento e indefinido, Larsson endereza el camino y el lector paciente acabará tan hipnotizado como en el primer libro. ¿Segundas partes no son buenas? Tal vez sea una expresión injusta, pues la estructura es diferente, pero es innegable que esta segunda parte no pudo superar a la primera. Como dato curioso, vale la pena señalar que es la primera vez que encuentro una novela cuyo título en español es diferente en España y México. De entrada, la traducción del sueco al inglés fue The girl who played with fire (la chica que jugaba con fuego) En España se editó como La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Con ese título en la portada llegó la primera edición a México, pero vaya sorpresa, en la nueva edición mexicanizada se cambió cerilla por cerillo y bidón por galón. Curiosidades de la edición y los traductores. Si la obra se vuelve de culto, los coleccionistas van a tener tarea para entretenerse.

Tuesday, November 03, 2009


LOS MITOS DEL BICENTENARIO

FRANKENSTEIN FEDERALISTA

Por Daniel Salinas Basave


El federalismo, consagrado en la Constitución de 1824, entró como un zapato a la fuerza en los píes de esa recién nacida república llamada México cuando aún no aprendía a caminar sus primeros pasos como nación independiente. El primitivo federalismo decimonónico fue un mal invento, una burda copia forzada y malhecha del sistema norteamericano, que se intentó ajustar a la naciente patria mexicana como una prenda que simplemente no cabía en su cuerpo de tradición centralista.
No se trata de denostar al federalismo o de encabezar aquí una apología del centralismo que, dicho sea de paso, sigue imperando en el país, al menos en el terreno de los hechos. Se trata simplemente de colocarnos en el entorno geopolítico de 1824 y pensar si ese sistema era el que en ese momento más convenía a una nación que intentaba levantar el vuelo. Imaginemos por un momento el amanecer del 28 de septiembre de 1821. Un día antes, el Ejército Trigarante de Iturbide y Guerrero había entrado a la Ciudad de México y había cortado oficialmente el cordón umbilical que nos mantuvo unidos a la metrópoli española durante 300 años. En manos de Iturbide y sus generales estaba el más enorme país de todo el Continente, un territorio que abarcaba desde las montañas rocallosas de Colorado hasta las selvas hondureñas. Pensemos en las comunicaciones de esa época, en los sistemas de información y los medios de transporte. ¿Cuántos de los habitantes de esa inabarcable vastedad tuvieron una conciencia o sentimiento de unidad nacional? ¿Cuánta gente se enteró en el otoño de 1821 que nos habíamos independizado del Imperio Español? Si tomamos en cuenta la totalidad del territorio que abarcaba el virreinato de la Nueva España, podemos concluir que el movimiento insurgente redujo sus acciones e influencia a menos de una quinta parte del país. En Yucatán y en California posiblemente tardaron algún tiempo en enterarse que en el país regía un nuevo orden político y acaso no les haya importado demasiado.
Egocéntrico y narcisista, Agustín de Iturbide cedió a la tentación de convertirse en emperador de México, encabezando un efímero imperio de apenas diez meses de duración. Cierto, la de Iturbide fue una corona fúnebre desde el momento en que le fue colocada en la cabeza. El suyo fue un imperio que nació políticamente muerto, aunque en el terreno de las tradiciones, era más lógico y coherente pensar en una monarquía constitucional para el vulnerable México de aquel entonces, que inventar un Frankenstein federal. ¿Quién se encargó de confeccionar ese monstruo? Las logias masónicas yorkinas, que trataron de ajustar a nuestra realidad el sistema imperante en los Estados Unidos de América.
Hay que decir que, a diferencia de México, en los Estados Unidos de América el federalismo quedó como un traje confeccionado a la medida. En el Norte el federalismo se vivía en los hechos desde los tiempos coloniales. Aunque económica y fiscalmente dependientes del Imperio Británico, las trece colonias inglesas de Norteamérica vivían una parcial autonomía en lo social y en lo religioso. No imperaba un sistema único y cada una de ellas se desarrolló con una relativa autodeterminación. Sin haber sido consagrado en leyes, el federalismo se vivía ya en los Estados Unidos desde mucho antes de 1776. Para Washington y Jefferson, sólo fue preciso reflejar en la Constitución lo que en la práctica existía.
En cambio, nada más alejado de la vocación federalista que la férrea tradición central de los virreinatos españoles. El virreinato de la Nueva España obedecía a una única y todopoderosa figura que era el Rey de España, representado por su virrey y sus oidores e imperaba un único sistema de gobierno y organización social, sin que cupiera el mínimo asomo de autonomía regional o autodeterminación. ¿Cómo enseñar a un país a desarrollarse en un sistema de entidades federativas cuando por tres siglos obedeció y se acostumbró a un régimen centralista? El regiomontano Fray Servando Teresa de Mier, una de las mentes más lúcidas de la nueva nación, advirtió los peligros del federalismo y se pronunció por una república centralista. Nadie lo escuchó.
El 4 de octubre de 1824 se promulgó la primera Constitución Federal Mexicana, pero el Frankenstein federalista, tan celebrado por los liberales yorkinos, pronto tropezó. Antes de doce años, el gran imperio se había desmembrado en rebeliones secesionistas. Tal vez solo Valentín Gómez Farías, dentro de su breve interinato, dimensionó e intentó sin éxito, gobernar bajo un auténtico sistema federal que fuera más allá de caciquiles gobernadores secesionistas. El compulsivo intento centralista de 1837, con la Constitución de las Siete Leyes promulgadas a raíz de la separación de Texas, fue el peor remedio que derivó, entre otras catástrofes, en el intento separatista yucateco.
El Siglo XIX mexicano fue un mar en perpetuo caos. Sin una identidad nacional bien definida, rehenes de redundantes cuartelazos y asonadas, los primeros años de vida independiente costaron caros a ese país adolescente. Es difícil creer que un sistema de control político más férreo y una mayor estabilidad hubieran podido evitar la independencia texana, la separación de Centroamérica y la invasión de los Estados Unidos en 1847. Sin embargo, es evidente que el federalismo mexicano nació en parto prematuro y dos siglos después, aún no podemos vivirlo a plenitud.

Thursday, October 29, 2009


Cargado de presagios e impaciencias, el Otoño camina entre cielos huérfanos de nubes y Santa Anas fríos. Hay cierto azul otoñal que sólo puedes ver en los horizontes de octubre y noviembre, mientras un viento habitado por fantasmas y recuerdos sopla en nuestras caras.

Victoria cumple cuatro días en este mundo. La vida se reinventa y por ello vuelve a ser emocionante y misteriosa. Un corazón empieza a latir, un alma empieza a absorber el mundo. Es tan mágico e incomprensible. Iker, mientras tanto, se prepara en posición de clavadista y nos recuerda que lo suyo no es estarse quieto. La cuenta regresiva es un reloj de arena que corre en tiempos irregulares. A veces creo no haber dimensionado lo que nos espera en toda su fascinante intensidad. Nos aguarda la más radical revolución de nuestras vidas. Nuestra vida pasada está llegando a su fin.

Iker recibe regalos e infinitas muestras de cariño. Hay gente que te sorprende por sus detalles. Yo, que a menudo soy el non plus ultra de la hostilidad y el individualismo, me veo sorprendido por la calidez de quienes menos hubiera imaginado. Que alguien piense en mi hijo y le haga un regalo es algo que me puede en lo más profundo. Por lo que a nosotros respecta, ahora sí que estamos esperando bebé, reloj en mano, aguardando los días que faltan para su llegada.

Hoy, a la distancia, mis padres celebran su aniversario de bodas, su primer aniversario como abuelos, así que este 29 de octubre es para la historia. Mi padre en Cozumel atendiendo el Bandana, mi madre en Francia cargando a Victoria. Hoy google decidió festejar el 50 Aniversario de Asterix y Obelix que luego de muchos años tienen nuevo número. Victoria ha nacido muy cerca del Parque Asterix en donde acaso crezca el muérdago que nos de la nueva poción mágica. Nunca he sido afecto a la cultura del comix y la historieta. El manga y todas esas deidades del Comicon sandieguino es una subcultura que desconozco y me es absolutamente indiferente. Sin embargo, desde los seis años de edad profeso una incurable adicción por Asterix. Recuerdo a la perfección los primeros tres números que tuve, comprados (créalo usted o no) en el Súper 7 de Calzada San Pedro: Asterix en Hispania, La Hoz de Oro y La Vuelta a la Galia. Esos fueron los tres primeros. ¿Mi favorito? Acaso Asterix y los Normandos, Asterix Legionario, Obelix y Compañía y Asterix en Bélgica. La primera colección llegaba hasta el número 24. Después hubo una segunda tanda que inició con La Gran Zanja. La primera colección es insuperable. Algunos números (casi todos en realidad) los he leído decenas o acaso cientos de veces. En casa tengo un muñeco de Obelix que me regaló Ana Lucía y que por supuesto, será heredado a Iker. Me gustaría poder recuperar la colección para leerle cada historia.

La semana pasada se celebró la Feria del Libro Usado. Para mí, es por mucho el evento libresco del año en Tijuana. Infinitamente superior a nuestra sosa feria del libro oficial. Sin tanta publicidad, sin promoción ni inauguración con funcionarios, esta improvisada feria underground es capaz de hipnotizarme. Sí, son apenas seis o siete puestos colocados en los jardines ubicados entre Palacio Muicipal y Centro de Gobierno, pero puedo pasar horas abstraído en ellos. En la feria del libro de la Revo (y ahora de la Plaza Río) la capacidad de sorpresa está muerta. Ya sabes lo que encontrarás. Es un simple sanborns ampliado, sin variedad ni tesoros ocultos. La Feria del Libro usado en cambio es una máquina del tiempo, un viaje a las profundidades del subconsciente. Crecí en una enorme biblioteca, una casa donde no conocí el color de las paredes, pues estaban tapizadas por libros. Amontonados, desordenados, cayéndose algunos en pedazos, encuentro en las mesas libros de extintas colecciones cuyos dorsos vi toda mi infancia. Acaso mi cielo sea una infinita biblioteca atiborrada de libros viejos. Hoy, hay menos tiempo y espacio que libros. Apenas restan minutos en mi día y centímetros en mis libreros. Releo y redescubro Shakespeare, pero no suelto a Larsson y al mismo tiempo me sumerjo en una Historia de la Lectura de Manguel y llevo en la mochila los nuevos libros que me han traído mis compañeros de Síntesis. Mientras tanto, un narrador tan ebrio como caprichoso, escribe la historia de nuestras vidas