Eterno Retorno

Sunday, December 10, 2017

Historia de la Eternidad se llama este libro, queridos colegas. Lo escribió el Georgie Borges y… ¿dimensionan ustedes el tamaño de la palabra Eternidad? Eternidad (así con mayúsculas) significa que esta noche y dentro de un año y dentro de una década y dentro de medio siglo le dirás a tus hijos, a tus nietos, a tus bisnietos y a todo aquel que quiera escuchar esta historia que el TIGRE y su afición levantaron la Copa y dieron una muestra de grandeza, contundencia y humildad en la cancha de la afición más soberbia, pedante y odiosa del país. Sobre un repugnante estadio que lleva el nombre de un banco usurero y que inmoló a decenas de miles de árboles para ser construido, el TIGRE dio una cátedra. Peroren, digan, cacareen. Pasará el tiempo, lloverá, nevará, brillará el sol sobre el Cerro de la Silla y a sus descendientes le dirán que este es el equipo más grande de México y pronto de América y que la primera Final Regia desde 1974 a la fecha fue nuestra. El árbitro (que trabaja en el Sistema Nacional de Creadores) inventó un burdo y asqueroso penal que la rayadita mandó a saludar a las nubes. Lo siento rayaditas. Sobre su cara hay un tatuaje que dice TIGRE y que no se borrarán nunca. Nunca. Tráguenlo rayadas de mierda. Este tatuaje es para siempre. Eso es la Historia de la Eternidad (aunque el Georgie odie el futbol). Nacido en el AÑO del TIGRE, encarnado en azul y oro “En mi vida siempre hubo TIGRES. Tan entretejida está la lectura con los otros hábitos de mis días que verdaderamente no sé si mi primer TIGRE fue el TIGRE de un grabado o aquel”, que se coronó el 10 de diciembre. Ya no hay de otra: me voy a tatuar un condenado TIGRE

Wednesday, December 06, 2017

La noche del 6 de junio de 1944, tras horas estériles de combate a muerte contra la hoja en blanco, Malcolm Lowry, narrador alcohólico en forzada sobriedad, se queda dormido sobre la vieja mesa de pino donde sin éxito intenta dar forma a la cuarta versión de su novela. Aquella jornada pasará a la historia como Día D por cambiar el rumbo de la guerra en Europa pero Malcolm, quien vive al otro lado del mundo, ni se entera. Las únicas batallas que le preocupan, desde un tiempo para acá, son las enfrentadas contra el manuscrito de Bajo el volcán Hace casi cuatro años Malcolm habita con su esposa Margerie Booner en una rústica cabaña de pescadores en la costa de la Columbia Británica canadiense, a donde llegó buscando calma y sobriedad luego de un periplo de mezcal, paranoia y desamor vivido durante sus dos años de estancia en México. Al borde de delirium tremens, engañado y abandonado por su primera mujer, Jan Gabrial, Malcolm se autoexilió a la helada playa de Dollarton en donde intenta reconstruir su vida y su novela junto a Margerie. La calma, el aislamiento y la abstinencia alcohólica le sientan bien en un principio, pero ahora su novela ha caído en una vía muerta.

Monday, December 04, 2017

Helaba en San Nicolás de los Garza aquel 12 de diciembre de 1987. Tigres de Carlos Miloc, ubicado en lugar 17 de la tabla, recibía al Monterrey de Pepe Ledezma, ubicado en la posición 16. Era una temporada malísima para ambos, un miserable ritual de cobija arrastrada en donde la derrota era la norma y el triunfo la chiripa. Fui al estadio con mi abuelo y mi tío José Manuel. Monterrey empezó ganando con un gol del Abuelo Cruz y la caída parecía inevitable, pero rayando el minuto 90 Juan Carlos Paz empató para los Tigres. El punto ya me sabía a conquista, pero en tiempo de compensación ocurrió la apoteosis: Paz volvió a anotar. 2-1 Tigres. Grité, celebré y salté como nunca en mi vida. Aquel triunfo agónico fue como beber de hidalgo una jarra de gloria. Han pasado 30 años, he acudido a cientos de partidos en diferentes países y a la fecha lo recuerdo como uno de los momentos más felices que he vivido en un estadio de futbol. ¿Cómo pude ser un aficionado tan feliz en una temporada tan magra? Esa es la magia y el embrujo del Clásico. Si no lo has vivido no puedes dimensionarlo ni entenderlo. En Nuevo León se ha jugado siempre una liga aparte, un partido entre paréntesis, un duelo fuera del mundo donde nada más importa. Parte de la esencia de ser regiomontano y crecer en Monterrey es asumir que en tu familia, en tu salón de clases, en tu grupo de amigos y en tu lugar de trabajo habrá siempre seguidores de Tigres y de Rayados. Aprendes a pelear, a discutir, a echar carrilla norteña, a tragar sopas de agua y ajo. Durante la segunda mitad de los años ochenta y durante casi todos los noventa fui cada sábado al futbol. Iba al Uni pero también al Tec. Acudí a decenas de clásicos en donde sufrí y gocé. Estoy tentado a hablar como un viejo y decir que extraño los tiempos en que banderas de ambos colores poblaban todo el estadio y las camisetas se mezclaban. Extraño cuando había porras y no barras y cuando un modesto obrero aún podía pagar una entrada al estadio. Cuando había jugadores nacidos y formados en Nuevo León que vivían en una casa como la tuya y ganaban un sueldo propio de un ser humano de carne y hueso. Podría decir que el futbol es cada vez más elitista y excluyente, pero esa etapa ya no la viví, al menos no en mi tierra natal. La última vez que acudí a un clásico en Monterrey fue en marzo de 1999 en San Nicolás. Tigres lo ganó 2-0 (golazo de Joaquín del Olmo). Dos semanas después me marché para siempre a Tijuana. La última vez que acudí a un clásico fue el 14 de enero de 2006, en el estadio del Galaxy de Los Ángeles, final del Interliga. Fue el primer duelo regio jugado fuera de Monterrey. Tigres lo ganó 2-1 y se quedó en el boleto a la Libertadores. Esa tarde en Monterrey murió mi abuelo. Aún no sé si deseo ver soñada final que se juega esta semana.

Friday, December 01, 2017

1- El mejor platillo de la primera ronda, al menos por el espectáculo en la tribuna, será el Argentina vs Islandia. ¿Recuerdan el gran coro de los guerreros boreales en la Euro? Será fascinante verlos frente a las barras bravas. Si la mitad de la población de Islandia fue a ver a su selección a Francia, creo que ahora veremos al país completo en Rusia. 2- Suecia y Alemania son los países con más representantes en mi colección de discos. Suecia, el país del mejor Death Metal melódico, con extraordinarios exponentes Black y Heavy, y Alemania, con su rabioso Thrash teutónico y su gloriosa tradición Power Metal. No sé cuál país elegiría en lo musical. Ahora que si a biblioteca vamos, Suecia está representado con no pocos exponentes Noir (la colección casi completa de Mankell, Ajvide Lindqvist, Lapidus, Lackberg, los Larsson) y el anarco-depresivo Stieg Dagerman. De Alemania hay de dulce, chile y de manteca. Desde mi tótem de pre adolescencia llamado Herman Hesse (es suizo pero escribe en alemán), Mann, Grass, el seminal Goethe, Hoffmann, Safransky. La lista es larga. De Corea no tengo ni un Samsung ni un Kia ni he leído un solo autor y lo que he escuchado de música es una vil mierda. 3- México y Suecia se enfrentarán en Ekaterimburgo, al pie de los Urales, justamente la ciudad donde fue masacrada la familia Romanov en 1918. Ahí se definirá todo. ¿Acabará México acribillado y disuelto en ácido como la familia de los zares? En la mítica Moscú contra el Panzer alemán y a orilla del río Don contra los coreanos. 4- Más allá de teorías conspirafóbicas, lo innegable es que la FIFA siempre consentirá al anfitrión. Eso va implícito. Rusia es un local particularmente débil y desangelado y es preciso asegurar que llegará por lo menos a octavos. Por ello le ponen el rival más débil de toda la copa, que es Arabia y otro que suponen a modo, que son los egipcios, aunque no serán sencillos. Otro eterno apapachado es Brasil, siempre con grupitos a modo en primera ronda. 5- Interesante el clásico de la Península Ibérica. Pueden levantar chispas el Inglaterra vs Bélgica, el Colombia vs Senegal, el Francia vs Dinamarca. Ojo con Serbia (Predrag andará suelto en Rusia con su cachiporra). Ojo con Egipto y Senegal. 6- Si México califica como segundo lugar de grupo, jugaría octavos el lunes siguiente a la jornada electoral, tempranito en la mañana, justo cuando esté la recta final del conteo de votos, entre impugnaciones y proclamaciones de triunfo de los candidatos. Será divertidísimo escuchar las teorías y peroratas de los chairos culpando de todo a la mafia del capitalismo mundial, la FIFA, las federaciones sueca y alemana, Salinas de Gortari, Trump, Putin, el FMI y el Banco Mundial por haber manipulado las cosas para que México juegue la mañana del lunes 2 de julio y en eso se caiga el sistema, funcione la alquimia, se altere el PREP, alinean los astros de Atlacomulco y zas que te zas… Meade triunfador y México al quinto partido. Me voy a reír tanto.

Wednesday, November 29, 2017

Los desgarros escriturales en torno a la figura paterna podrían ser un género literario en sí mismo. Los entreveros no resueltos con el padre tiránico, promiscuo, alcohólico, frío, ausente o muerto han dado lugar a cientos de miles de páginas de vena cortada. Todos hemos leído más de una. Ya el gran Federico Campbell ha horadado profundo en esta obsesión en su genial Padre y memoria. La galería es descomunal. Ahí están para muestra la kafkiana carta a papá y nuestro seminal Pedrito Páramo por no hablar del fundacional Hamlet como los clásicos de clásicos, pero tenemos también La invención de la soledad del buen Paulino Auster, Mi oído en su corazón de Kureishi, La muerte del padre de Knausgard o La clave Morse del mismo Fede. Si algo nos sobra en el mundo son escritores embroncados con el progenitor. Lo verdaderamente atípico, es encontrar una narración donde papá sea el héroe y se hable de una infancia feliz, plena y poblada de buenos recuerdos gracias a la presencia de un padre cariñoso, comprensivo, empático que siempre estuvo ahí para tender una mano. Por eso me supo a ráfaga de aire fresco leer El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. Si alguien me pregunta en qué modelo de educación creo o qué estilo de paternidad aspiro a ejercer, les diría que por favor lean el libro de Héctor. Yo intento ser como fue su papá. Hoy que en las redes sociales me topo con tantas basuras nostálgicas de la mano dura y el método educativo basado en el terror, pienso en que tener un padre como el de Abad puede encausar una vida plena. Nadie puede garantizar la absoluta felicidad de un hijo o su triunfo en la vida (si es que alguien cree en tal utopía) pero sí creo que de los padres depende crear las condiciones para tener una infancia libre de miedos, violencia, autoritarismos estúpidos e inseguridades. Un gran libro el de Abad Faciolince. Por las circunstancias del país y la época en que les toca vivir, el desenlace de la historia es trágico, pero al menos no triunfan los rencores y los traumas familiares. Aterrador leer la descripción del Medellín de mediados de los ochenta, sobre todo porque me parece que están hablando de la Tijuana actual. Y claro, lo más duro es reparar en la fuerza del olvido, imposible de conjurar pese a todo el amor del mundo.

Monday, November 27, 2017

La conclusión acaba por ser aterradora: no hay escritura sin dolor. No se trata solamente de acomodar palabritas como quien coloca un lego arriba de otro. Nombrar demonios punza y hiere. No se puede ir por la vida desdoblando mundos y pretender que no pasará nada. Escribir tiene (o puede tener) su dosis de hedonismo, pero en cualquier caso es más grande (o por lo menos más probable) el dolor. Todo desparramador de palabrería, aún el más torpe e ingenuo, el más pretencioso e imbécil, conoce algún día aunque sea un destello, una pizquita del éxtasis, la sensación de estarse elevando a alguna cumbre desconocida, la intuición de un desdoblamiento interior, del inminente encuentro con una otredad que saldrá al paso. Puede ser un mentiroso resplandor, pero irrumpe (juro que irrumpe) aunque suele desvanecerse y evaporarse rápido. Al final queda el flagelo y la impotencia, pero acaso ese espejismo sea tan fuerte para justificarlo todo. ¿Por qué somos tantos los que nos arrimamos al desbarrancadero? ¿Cómo es posible que la catástrofe sea tan adictiva?

Friday, November 24, 2017

Escribir sobre la frigidez de las palabras. Escribir sobre un flácido pene narrativo que ya no se pone duro. Escribir sobre un deseo eternamente amodorrado. La escritura como un espejismo en el desierto, una alucinación en altamar, destellos de historias insinuadas como relámpagos en el negro cielo, colas de delfín entre el oleaje un Pacífico insurrecto. Podría cazar al vuelo una idea como quien atrapa un ave sólo para verla transformarse en ceniza mojada sobre la palma de mi mano. Intuyo historias ocultas entre las piedras, pero al final queda el bostezo. De pronto los mil pajarracos se transformado en niebla o humo de cigarro. No hay ya aleteos ni graznidos insinuando una historia desgarradora. Sobre mi escritorio quedan algunas plumas recogidas del suelo y con ellas intento invocar a la prófuga parvada. Es inútil. El demencial cuento que escribí caminando se ha hecho humo. Nada queda entre mis manos. Mis dedos danzan torpes sobre el teclado. Las palabras brotan sosas, burocráticas, vacías insuficientes. En mi inventario sólo tengo eso: palabras-ladrillo, palabras-lego pero hoy no me sirven de nada Escribir una y otra vez que no puedo escribir.

¿Cómo definir el limbo? Como un desfilar de insomnes madrugadas en cuartos de hotel. Mil madrugadas, mil insomnios y mil cuartos que son uno mismo, tomadas por las mórbidas imágenes que irrumpen entre la tropa de minutos zombie. Una habitación en Washington o en Gómez Palacio; en Buenos Aires o en Xalapa. Oscuridades pobladas por amigos imaginarios e inoportunos visitantes. Un caminar sonámbulo por la madrugada juarense en busca de un yogur para beber, un deambular autómata por Paseo de la Reforma a las cuatro de la mañana buscando un elíxir para mi infierno estomacal. Hoteles, aeropuertos, obsesiones e historias nonatas insinuándose como putas petulantes