Eterno Retorno

Thursday, May 24, 2018

Raza… ¿Están listos para beber en la Feria de Tijuana el peor de los whiskys habidos y por haber? ¿Quieren catar un licor narrativo pateador y echar lumbre por la boca? Acompáñenos entonces este sábado 26 de mayo a las seis de la tarde en la sala Federico Campbell del Cecut, donde el Master Nayar Juan José Luna, el Señor del Semidesierto Joel Flores y yo merengues estaremos compartiendo con ustedes este granjero tanguarniz. Como maestra de ceremonias tendremos a Elizabeth Gómez. Será la primera vez (e ignoro si la única) que en México esté disponible la edición colombiana de Tusquets, que hasta ahora solo ha circulado en el país cafetalero. Ignoro si las reglas de la feria lo permitan, pero por si las dudas llevaré una garrafa de un whiskocho irlandés que patea más duro que una rola de los Dropkick Murphys para compartirlo con ustedes. Vengan a la Feria raza, vívanla, disfrútenla, háganla suya. El que lee…puede.

Wednesday, May 23, 2018

Desde hace algunos años, cada que hago un viaje de trabajo el motivo es acudir a una feria del libro o a un evento relacionado con la lectura. En lo que va de la década he recorrido no pocas ferias de México y hace unas cuantas semanas tuve la oportunidad de participar en dos de las ferias librescas más grandes de América: la de Bogotá y la de Buenos Aires. Las fiestas de los libros y los lectores se han vuelto parte de mi vida. He estado en ferias macrocefálicas y laberínticas que convocan a diario a decenas de miles de visitantes, y también en pequeñas tertulias donde unas cuantas decenas de lectores conviven en la plaza de un pueblo. Lo que en todos los casos celebro, es estar rodeado de cómplices, de secuaces en esta atípica fechoría y forma de resistencia que es leer libros. Por ello, siempre es significativo para mí cuando arranca una nueva Feria del Libro en Tijuana. Como lector he acudido ininterrumpidamente desde 1999 y desde hace una década o más siempre he participado presentando libros (propios o de colegas) o compartiendo charlas. A diferencia de lo que sucede en otras entidades, la Feria de Tijuana es hecha por los libreros, no por las editoriales. El mayor evento cultural de la ciudad nació en 1980 gracias a la visión de un librero vocacional como es Alfonso López y casi 40 años después el evento se mantiene en pie. Cada nuevo año surgen críticas, casi siempre recicladas. Yo prefiero colaborar con unas cuantas propuestas. Los grandes eventos culturales de la ciudad deben funcionar bajo un esquema de patronato o en el caso de los que son apoyados por el gobierno, tener carácter de partida presupuestal autónoma y no estar sujetas a los vaivenes y recortes de última hora o a las limosnas caritativas al cuarto para las doce como sucede siempre con la Feria del Libro. La Feria, como tal, debería tener su propia partida asegurada y blindada en el Presupuesto de Egresos del Ayuntamiento. Tenemos también que sacarle jugo al concepto mega-región cultural. Salvo esfuerzos aislados como la participación en el Art-Walk de San Diego, o las giras de Intinerarte que organiza el Felino en coordinación con universidades estadounidenses, lo cierto es que nuestros grandes eventos culturales le dan la espalda al público californiano. La Feria del Libro de Tijuana debería de posicionarse en el imaginario colectivo, como la primera feria libresca de Latinoamérica en términos geográficos. Si en el escudo de la ciudad se lee Aquí empieza la patria, la Feria de Tijuana debería explotar algo así y jugar con conceptos como “aquí empieza nuestra literatura”, “aquí empiezan nuestras letras”, “lectores sin fronteras”. Cuando vamos a invertir en traer grandes personalidades para un evento, sería bueno pensar en términos de eco o resonancia. Hay que invertir en traer multiplicadores, periodistas culturales o críticos de prestigio que puedan hablar en sus medios y en sus países de lo que se hace aquí. La gastronomía lo está logrando, pues hay reseñas en los más importantes medios, pero no pasa lo mismo con las artes plásticas, el teatro o la literatura. Son solo unas cuantas ideas.

Friday, May 18, 2018

Escrito desde el abismo...la semana pasada

Hoy mi mundo se fue a la mierda, así, sin escalas, ni matices, ni relativismo alguno. Se fue hasta el fondo de un puto abismo, oscurísimo y pestilente. Aquí no se ve pizca de luz ni rayito de esperanza. Hoy no empieza el resto de mi vida. Lo que hoy comienza es mi proceso de podredumbre y avanza con prisa, como un tren bala hacia un desbarrancadero. Desde la adolescencia me las di de escritor suicida (¿no es acaso un pleonasmo?). Escritor-suicida. Ridícula obviedad. Me mataría antes de cumplir los 30 años, peroraba ante quien me quisiera oír. Los 29 me gustaban para morir. Me parecía una edad elegante y seductora para decir adiós. Unos 700 días de tiempo extra ganado al club de los 27, pero sin tener que soportar la humillación de ser un treintañero. La realidad es que nunca consideré seriamente la opción y ni siquiera caí en la pose del intento fallido. Ni en mis años más atascados de mota, pastillas y alcoholes baratos llegué a plantearme la autoinmolación como una alternativa real. Claro, me encantaba espetarlo, con una actitud de afectado nihilismo rimbombante, sabiendo que no me atrevería a morir por mi propia mano. Hoy, a mis patéticos 44 años, la puerta aparece por primera vez frente a mí. No es una sugerencia o vaga idea sino un impulso incontrolable. Para andar sin metáforas ni figuritas, es la primera vez que tengo un verdadero deseo de matarme a la chingada. Punto. El escritor suicida demoró algunos años, pero ahora está aquí, en la habitación de un hotel límbico. Dentro de lo estereotípico que todo esto resulta, al menos cumplo con no estar en el cuchitril de un motel prostibulario. Dante no vivió para verlo y plasmarlo en su comedia, pero el verdadero purgatorio es un hotelito ejecutivo, limpiecito y austero, sin pretensión alguna. Un hotel City Express en medio de un fallido centro comercial en Rosarito, Baja California, en el corazón de una región donde matan a cinco personas diariamente, junto a una carretera donde suelen aparecer cadáveres desmembrados. Es en este frígido limbo donde por primera vez irrumpe un deseo real de acabar con mi vida. La primavera 2018 ha estado llena de primeras veces. Para hacerlo aún más cursi diría que me creí deslumbrado por resplandorcitos de gloria y ahora estoy bien hundido en el perro infierno, todo en cuestión de días. Lo que podría considerarse el pico más alto de mi magra carrera tiene una diferencia de horas con mi pudrición absoluta e inocultable. Hace dos días era un escritor que acababa de recibir un premio y presentar un libro en una de las capitales literarias del mundo. Hoy soy un cuarentón hecho mierda y a punto de divorciarse que ha acuchillado a su familia y no tiene ganas de seguir viviendo. - Hoy es el día en que más cigarros he fumado en mi vida. Fumador no he sido nunca, pero hoy, a mis odiosos 44, es la primera vez que me acabo una cajetilla en día y medio. A lo largo de mi vida he fumado mucha más mota que tabaco, pero hoy parezco resuelto a empatar la marca. - Hoy es el primer día de mi vida en que de verdad tengo ganas de estar muerto, así, sin poses afectadas a lo Werther de Goethe. - Hoy es la primera vez que duermo en un hotel en la ciudad donde vivo. Un hotel ubicado a escasa distancia de la que hasta ayer era mi casa donde duermen lejos de mi, mi mujer y mi hijo. - Hace una semana publiqué en Argentina mi doceavo libro y el primero cuya primera edición sale de imprenta en un país extranjero. - - Kurt Cobain siempre me pareció sobrevalorado, pero por vez primera estoy encarnando al extremo aquello de me odio a mí mismo y me quiero morir. No hay vuelta de de hoja.

Ser un lector omnívoro tiene sus ventajas. Como suelo devorar de todo y no le niego la capacidad de sorpresa a casi nadie, siempre está latente la posibilidad de esa lectura matadora y rompemadres que desde el librero te acecha lista para saltar sobre ti. Quizá lo que alimenta este irrenunciable vicio de tecato bibliófilo, es intuir la permanente cercanía del libro que te volará la cabeza. Más de una vez he cedido a la tentación de creer que las mejores lecturas de mi vida llegaron hace tiempo y que el futuro solo depara repeticiones y redundancias, pero al final mi apetito y mi curiosidad sin límites echan por tierra esa idea. El hambre es insaciable. El motor que me lleva a no estar nunca satisfecho y desear pepenar siempre un libro nuevo, es la sospecha de que hay una lectura alucinante esperándome en algún lugar. Por lo pronto, la fila de libros con la que despediré el 2018 luce más que prometedora. Entre estos amigos de papel y tinta hay por lo menos uno que me hará volar muy alto. ¿Cuál será? Hagan sus apuestas…

Thursday, April 26, 2018

Hace unos meses, cuando comenzaba el otoño boreal, un barco tripulado por irredentos juglares zarpó de la Península de Baja California con rumbo al puerto Buenos Aires. Cualquiera hubiera augurado un naufragio, pero contra todos los pronósticos, la nave Juglar llegó al Río de Plata y fue del agrado de un jurado integrado por cinco extraordinarios escritores argentinos, que lo declararon ganador del Premio Literario Fundación El Libro. Hoy, este barquito ha salido de la imprenta y ha llegado a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Colegas: les presento el rostro de mi nuevo cachorro, Juglares del Bordo. Es mi doceavo libro y el primero cuyo certificado de nacimiento lo expide otro país. Es también mi primer trabajo que cuenta con un glosario de tijuanismos, pues son historias tan llenas de jerga fronteriza y referencias a lugares y hechos de la región, que consideramos oportuno ofrecer una pequeña guía para los lectores argentinos. Por lo que a mí respecta, si hay un sitio en este planeta donde me resulta significativo alumbrar un libro, es Argentina, cuya literatura, cultura y manera de vivir la vida me han marcado el camino. Hoy el Juglar ya hace de las suyas en la FIL Buenos Aires y yo ya me voy enfilando rumbo al otoño austral para recibirlo y presentarlo con todos ustedes y agradecer personalmente al gran equipo de la Fundación El Libro que hizo posible este sueño.

Tuesday, April 24, 2018

Creo que dos de los cantos más hermosos que han brotado en el mundo del futbol, son el You Never Walk Alone y el Grazie Roma. Cuando Anfield o el Olímpico Romano vibran con esos himnos, es imposible mantener la frialdad y no derramar una lágrima. Dos de los equipos europeos por los que he sentido siempre un mayor cariño son precisamente la Roma y el Liverpool. Me parecen dos de las culturas futbolísticas más auténticas del Viejo Continente. No tienen aficiones postizas, turísticas y artificiales como las de Barcelona, Real Madrid, PSG o los Manchester. Hace mucho que no ganan ligas en sus respectivos países y sin embargo siempre están ahí, con la dignidad de los viejos guerreros. A la Roma tuve la oportunidad de verla en un momento histórico. Carol y yo fuimos a ver a la Loba al Olímpico en mayo de 2001, en el antepenúltimo partido de la temporada en que se coronó por última vez. Era la Roma de Batistuta, Cafú, Samuel y el inmortal Totti, dirigidos por el cerebral Capello. Fue un duelo contra el Atalanta que ganó la Loba 1-0 con gol de Vicenzo Montella. Lo vivido en ese estadio, en ese momento, sigue siendo la experiencia de contagio pasional más extrema que he experimentado en un estadio y mira que he ido a cientos de partidos de futbol en diez países del mundo. Ni siquiera en la Bombonera de Boca viví algo así. A Anfield no he tenido la oportunidad de ir, pero conozco hinchas del Liverpool y he sentido la pasión que irradian. Desde hace años sigo los juegos de los Rojos del puerto y ahora con Klopp simplemente no me los pierdo. El juego que hoy han dado lo recordaremos mucho tiempo. El tridente Salah- Firmino- Mané es de otro mundo. La sensación de letalidad, velocidad y verticalidad me parece más extrema que la de la añorada MSN del Barcelona o a la BBC de Madrid. Al Jürgen Klopp le gusta el Hevay Metal y el movimiento perpetuo, pero Eusebio Di Franceso ha cruzado más de una vez el Rubicón. Liverpool tiene pasta, pinta y garra de campeón, pero la Roma no está muerta. Liverpool tiene las armas y el espíritu para dar la vuelta olímpica y emular la hazaña de 2005 en Estambul. Le hace muy bien a la Champions tener a este par de equipos. Ojalá que alguno de ellos levante la Orejona. En verdad me encantaría.

Monday, April 23, 2018

Estas fotos son del 21 de abril de 1999, el primer cumpleaños que pasé junto a Carol De Hoyos. Desde entonces hemos estado juntos en todos los abriles. Hoy, estas cosas pienso después de darle otra vuelta al Sol. 1- Conforme voy creciendo reparo en que Gardel tuvo muchísima razón: sí, es un soplo la vida y veinte años no es nada. Son apenas una ráfaga de viento. Convertirte en adulto significa acelerar la historia. La infancia es el único tiempo calmo de la vida, cuando los días corren lentos y un año significa eternidad. Hoy los días son destellos, simples suspiros y los años pasan a la velocidad de semanas. Me asusta la naturalidad con la que cuento anécdotas de hace dos décadas como si fueran recientes. La existencia tiene prisa. 2- La mitad del camino de la vida de la que habla Dante o la línea de sombra de Conrad, las he dejado atrás. Cumplí 44 pero no voy a vivir 88, o al menos no estoy haciendo ningún mérito para llegar a esa edad, así que el medio tiempo de este juego ya ha pasado. Hoy estoy más cerca de la muerte que del nacimiento. 3- Ser adulto ha sido muy chingón. En mi adolescencia pensaba que la vida solo era disfrutable en la juventud, que la adultez sería una descomunal piedra de Sísifo y que nada bueno podía pasarme después de los 30 años. Simplemente me equivoqué. La última década ha sido por mucho la mejor y la que más he disfrutado, empezando por la llegada de Iker. De no haber vivido estos últimos años me habría perdido de muchísimo. Tan simple como que hoy soy más libre que a los 18. 4- He aprendido a dimensionar y atesorar la fugacidad de los instantes. Lo más fascinante es que somos efímeros y que cada pequeña ráfaga de amor y felicidad es irrepetible y por eso mismo, eterna. 5- Fuera de los inocultables kilos, tampoco creo haber cambiado tanto. Si platicabas conmigo hace 20 años y platicas este día no encontrarías diferencias significativas. Me apasiona lo mismo. Hace dos décadas me bebería una cerveza y te hablaría, como ahora, de libros, de viajes, de heavy metal, de los Tigres. Tal vez soy menos rabioso y peleonero, menos aferrado a tener siempre la razón y provocar, ligeramente más soportable, aunque tampoco crean que tanto. 6- En donde más se nota la edad es en las facturas que debes pagar el día después. Puedes beber tan a gusto como hace 20 años, pero pagas una cruda cada vez más cara. Lo mismo pasa con las desveladas y los viajes. Sigo siendo un mochilero hormonal, pero el kilometraje ya cuesta. 7- Sigo sin tener un dios y sin embargo me siento bendecido. No tengo a quién rezarle, pero siempre siento la necesidad de agradecer. Gracias es una palabra omnipresente en mi pensamiento y en mi vocabulario. Si hoy fuera mi último día de vida, para el mundo y para quienes me han acompañado en este camino solo tendría gratitud. Gracias cabrones. Les juro que ha valido la pena vivir estos 44.

Friday, April 20, 2018

Un día cualquiera recordarás la mañana aquella de mayo en que Vera Palestina salió de la prisión mientras tú pepenabas en Gandhi una improbable antología de narradores rusos prologada por Juan Villoro y un libro de viajes escrito por Claudio Magris que has leído mil veces sin leerlo y donde escribe (como has escrito tú y un millón de mochileros) que la literatura es viaje, que leer y caminar son la misma cosa. Recordarás que mientras optabas por el Hemingway de Padura y Si viviéramos en un lugar normal te enteraste de la muerte de la madre de tu colega Roxana, apenas unos minutos después de hablar con el guardia tapatío de la librería sobre el helicóptero militar derrumbado en Jalisco y la nueva generación (de narcos, de muertos e indiferentes de toda calaña) y después regresarías a casa y beberías, whisky, mezcal y cerveza, y pensarías que ya ni por puta casualidad o error de cálculo liberas párrafos en estepas blancas y deseaste llamar a tu madre y compartir este exabrupto con alguien y liberar una frase que fuera más allá del machacadísimo aleatoriedades, naufragios, aleatoriedades, yaciente, y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.