Eterno Retorno

Friday, July 12, 2019

Más de una vez les he dicho que esto de narrar no debería ser diferente de la albañilería, la carpintería o la jardinería y lo digo no solo porque es un oficio en donde debes chambear duro, sino porque al albañil, al carpintero o al jardinero les pagas por su trabajo, sí o sí. Hay un jardinero que viene cada quince días a casa y hasta ahora nunca se me ha ocurrido decirle que podar nuestro jardín le va a dar un chingo de proyección o que no tengo presupuesto pero puedo invitarlo a comer y promoverlo en medios. Una señora viene cada semana a ayudarnos con el quehacer y su trabajo y su tiempo son realmente valorados, por lo que ofrecemos un pago justo y puntual. Nunca se me ha ocurrido escatimarle o decirle que no me asignaron fondos para retribuir su actividad. Miren colegas, llega un momento en que me harto de que se asuma que a mí me encanta trabajar gratis. Francamente estoy hasta la madre. La historia de mi vida es un derroche de proyectos a los que me he sumado por el puro y vil gusto de hacerlo. Tengo la fortuna de disfrutar mucho con lo que hago y en verdad me encanta poder compartirlo. Mi camino existencial me ha dado muchísimas satisfacciones y extraordinarias experiencias por las que no he cobrado un centavo. El problema empieza cuando ya se da por hecho que no se cobra nunca. No soy un mercenario, pero a veces me canso de que ya ni siquiera se cuestione. Está muy bien que me pidas de vez en cuando (y si la ocasión lo amerita) una colaboración para tu revista o para tu portal, pero de eso a establecer un compromiso de día u horario para tener un espacio en un medio impreso o audiovisual a cambio de nada (como tantas veces he hecho) hay un largo trecho. Me da gusto que haya tantísimos colegas que me tengan la confianza para mandarme sus textos literarios, pero de ahí a que me pidas que te haga labor de corrección, tallereo y te de una opinión profesional, cambia la cosa (lo hago con gusto para algunos amigos con los que me une una relación de reciprocidad, pero no para alguien que me acaba de contactar en Facebook). Otros me piden incluso que les prologue sus libros (y ninguno de ellos comienza su petición preguntándome cuánto les cobraría por dicho prólogo o dictamen). Ni hablar de conferencias, charlas, mesas redondas, porque eso es pan de cada día. Es muy diferente cuando vas a una universidad, un taller o sala de lectura en donde todos están leyendo tu libro o conocen bien tu trabajo (como me sucedió hace poco con la maestra Lorena Parra o con Juan José Luna). Así hasta da gusto ir, compartir y convivir. Pero cuando te piden que vayas nada más a llenar el calendario mensual de conferencias de una universidad o institución cultural o que presentes una ponencia porque es el aniversario de Benito Juárez, cambia mucho la cosa. Ni hablar de proyectos grandilocuentes y pretenciosos que nunca llegan a nada, en los que hay muchas juntas, comidas, entrevistas en donde se habla de todo, menos de dinero. Hasta el cogote estoy de eso. Hasta la madre estoy del “me quiero tomar un café contigo para plantearte un proyecto muy interesante” (y dicho café, por supuesto, siempre es en Tijuana o en San Diego en algún lugar que queda lejos y me implica tiempo, desplazamiento, tráfico y estacionamiento. Con gusto me tomo el café contigo, pero por favor ven al café Conrado de San Antonio del Mar, a Real del Mar o por lo menos a Playas o a Rosarito. Más lejos no voy a ir. Esta semana unos cineastas de LA me pidieron un tour didáctico y muy específico por Tijuana y deseando que les dijera “no es nada”, me preguntaron cuánto les cobraría. Cuando dije una cantidad me dijeron que no tenían presupuesto. Pude haberlo hecho, no me costaba nada y tal vez se habría consolidado una buena relación, pero no me dio la gana trabajar gratis. Y como esas hay varias cosas flotando en el aire. Hay personas con las que he establecido relaciones de trabajo muy sólidas y duraderas y la constante en esos casos, es que las cosas fueron claras desde el principio y hubo un respeto profesional. También me he llevado gratas sorpresas con publicaciones muy sencillas o foros e instituciones humildes que por dignidad y por respeto profesional te ofrecen un pago pequeño. En esos casos aprecio su intención y su gesto y aprecio sobre todo que no asuman que todo es regalado. En esos casos saben que se cuenta conmigo a plenitud y que soy puntual y cumplido, pero por favor entiende que si no hay un acuerdo profesional, no me puedes pedir que te entregue a tiempo o que llegue puntual y te dé prioridad. Resumen: hay que fomentar la cultura del pago. Hay que educar a la gente para que pagar se haga un hábito y eso también depende de nosotros. Ustedes también colegas, no anden regalando su trabajo porque a todos nos perjudica. ¿Cuánto es mucho o cuánto es poco? No tengo idea. Sólo sé que uno es más que cero.

Saturday, July 06, 2019

War, waaar, waaaaarrr. El alarido gutural retumba en las arenas de la antigua Mesopotamia. Los soldados de Bush el viejo masacran iraquíes mientras escuchan War Ensamble. Yo soy un estudiante de preparatoria atormentado por el examen extraordinario de geometría analítica para el que estudio mientras escucho Seasons in the Abyss. En la televisión mexicana Erika Vexler habla de la inminencia de un holocausto nuclear y yo mismo pienso que no es tan mal negocio si el fin del mundo me evita la pena de reprobar el examen. War, waaar, waaaaarrr. El alarido gutural retumba en las arenas de la antigua Mesopotamia. Los soldados de Bush el viejo masacran iraquíes mientras escuchan War Ensamble. Yo soy un estudiante de preparatoria atormentado por el examen extraordinario de geometría analítica para el que estudio mientras escucho Seasons in the Abyss. En la televisión mexicana Erika Vexler habla de la inminencia de un holocausto nuclear y yo mismo pienso que no es tan mal negocio si el fin del mundo me evita la pena de reprobar el examen.

Wednesday, June 26, 2019

…and yes I said yes I will yes. Con el gran Sí de Molly Bloom concluye el viaje mental más largo de la literatura universal. El 26 de junio de 1999 nosotros pronunciamos el Sí más hermoso, el más trascendente, el más fascinante y el más duradero de nuestras vidas. Un Sí que hoy cumple 20 años. ¿Lo puedes creer? Somos un matrimonio del siglo pasado. Me encanta despertar cada mañana a su lado, abrir los ojos en medio de la madrugada y sentirla ahí, siempre junto a mí. Me gusta mucho besarla, no me canso de besarla, nunca tengo suficiente. Puedo hablar con ella por horas y horas o escuchar música en silencio compartiendo un buen vino (como hicimos justo ayer), podemos bromear, jugar, llorar, fantasear, viajar, caminar infinitas calles, deshojar atardeceres. Así se fueron 20 años y así quiero que sea toda la vida, lo mucho o poco de tiempo que quede.

Friday, June 21, 2019

1- Hace nueve años, en el verano de 2010, una concatenación de inesperadas catástrofes políticas y laborales derivó en el primer tiempo libre de mi vida adulta. Por primera vez en década y media no tenía que levantarme al amanecer para ir corriendo a un trabajo. Ese verano (tan nublado y húmedo como el que hoy comienza) me pasé dos meses en casa mientras Iker aprendía a caminar en su andador. Por primera vez en mi existencia tuve horas plenas para escribir en serio y entonces escribí un ensayo sobre la agonía de mi oficio llamado Réquiem por Gutenberg. Lo inscribí a los premios estatales de Baja California y contra todo pronóstico, ganó. El premio estatal es muy pequeño (apenas 25 mil pesos) pero a mí me cambió la vida. Hoy a la distancia puedo decir que sin ese modesto apoyo oficial que llegó en el momento clave, yo no hubiera hecho todo lo que hice después. 2- Dos años y medio más tarde, en enero de 2013, yo estaba de nuevo en casa y entonces recibí la primera y única beca literaria de mi vida, que fue en todo caso un acto de fe. Mi esposa Carol me dijo que en lugar de salir a buscar un nuevo empleo en el periodismo o en la política, mejor me quedara en casa a escribir, pues a ella le estaba empezando a ir bien con sus negocios y podía hacerse cargo económicamente. La sensación de tener toda la mañana libre para escribir era una suerte de catarsis. Toda la escritura contenida, postergada o limitada a borradores incompletos brotó en catarata, como un torrente imparable. Durante año y medio escribí como nunca lo había hecho, ocho o diez horas diarias sin parar. Los frutos no tardaron en llegar y empecé a ganar premios a lo loco (que ya no eran de 25 mil pesos). Fueron seis premios en un lapso menor a un año y medio. Tan solo durante 2016 publiqué seis libros. De pronto mi vida había cambiado radicalmente. Ya después llegarían Colombia, Argentina, mil y un viajes y una vida que hasta hoy, contra viento y marea, sigue consagrada a este oficio. 3- ¿A qué carajos quiero llegar con toda esta historia? A que en este oficio necesitas apoyo. Sin ese primer premio estatal que llegó en el momento clave y sin la beca otorgada por mi esposa, yo en este momento estaría haciendo algo muy distinto y los doce libros que hasta la fecha han zarpado de este puerto no habrían nacido nunca. Una beca puede construir y encausar un camino de vida. La diferencia conmigo es que nunca he tenido una beca oficial. El Fonca no me ha dado un centavo partido por la mitad y me he resignado a que nunca va a dármelo. En contraparte he ganado ocho premios y he sido finalista en otros dos. Cada premio ha derivado en un libro y en dinero que a su vez me permite ahorrar y seguir dedicándome a este oficio. Más de la mitad de los premios pepenados también son apoyos oficiales y eso no dejo de reconocerlo. Si los eliminas o los quitas estás matando o truncando algo. Ojalá hubiera en México empresas o fundaciones que apoyaran carreras y ojalá hubiera más esposas como la mía, pero la realidad es que la mayoría de estos apoyos vienen del sector público y son muy necesarios. 4- Para andarnos sin rodeos: no elimines el apoyo público a la cultura, no lo mates, porque con ello estás haciendo naufragar muchas carreras que hoy están consagradas profesionalmente a alguna actividad artística. Además, toda creación está hecha para compartirse e influir en las vidas de personas, - pocas o muchas- pero te juro que influye. Yo no sería quien soy sin los libros que he leído y la música que he escuchado. Aunque les cueste trabajo creerlo, ser un consumidor de cultura puede transformarte y encausar tu vida. También debemos entender que no es lo mismo ser un aficionado que pinta, compone o escribe en sus ratos libres, a ser un profesional cuya existencia está consagrada por completo a dicha actividad y depende de ella. Sería hermoso que todas las carreras fueran comercialmente rentables (algunas llegan a serlo) y que puedas vivir de la venta de tus cuadros, tus canciones o tus libros, pero para arrancar necesitas un apoyo. Conclusión: no mates al Fonca. 5- Cada quien habla como le va en la feria y a mí en la feria de las becas gubernamentales me ha ido muy mal. Si hablara desde mi propia experiencia, me sumaría al coro de los que hoy quieren quemar en leña verde a los beneficiarios, pero no. Yo defiendo la permanencia del Sistema Nacional de Creadores y del Fonca porque estoy seguro que pese a todos sus vicios y opacidades, es un mecanismo que consolida vocaciones, encausa carreras y nos permite aspirar a tener un país culturalmente más rico. Sin embargo, creo que este sistema debe regirse por normas de transparencia propias de una licitación pública, como si estuvieras concursando una obra con constructoras. Que en una página puedan consultarse todos los proyectos (los aprobados y los rechazados), que los jurados procedan de acuerdo a un puntaje técnico previamente establecido, que su deliberación sea pública y se trasmita en vivo y poner fin o límite a los becarios eternos. Es increíble que en el Sistema Nacional haya escritores que nunca han ganado un premio (o si acaso han ganado alguno regional) y que tienen a lo mucho tres libros publicados. Así debe ocurrir también (supongo) en otras disciplinas. Parece que haber tenido otras becas te hace mejor candidato a repetir y que no haber tenido ninguna opera en tu contra. Para mí sería al revés. Debería haber prioridad para quien nunca la ha tenido y el que ya la tuvo debe ceder su lugar. Muchas cosas pueden mejorar, pero te juro que nada mejora si lo eliminas de tajo. Desde el cristal donde lo miro y dentro de mi humilde experiencia personal esto es lo que pienso y ahora sí, a otra cosa mariposa, que hay cuentos picándome el buche para ser concluidos de una buena vez por todas. DSB

Thursday, June 20, 2019

1- Cuando Rafael “el Chivo” Leonidas Trujillo quería crucificar políticamente a alguno de sus ministros, simplemente mandaba a sus columnistas y testaferros a calumniarlo, ridiculizarlo y exponerlo ante la opinión pública como un indeseable. En teoría el dictador dominicano no movía un dedo ni se manchaba las manos. Simplemente dejaba que sus tinteros y locutores hicieran el trabajo sucio para que fuera el “pueblo bueno” quien repudiara al caído en desgracia e hiciera leña con él hasta que su impopularidad fuera tal, que a Trujillo no le quedaba más remedio que cortarle la cabeza. Eso es lo que le sucede en La fiesta del Chivo al papá de Urania Cabral. 2- El que quiera entender que entienda: las campañas negras nunca brotan espontáneamente. Hoy el caído en desgracia, el árbol del que se quiere hacer leña, son los becarios culturales. Los perros de caza encargados de hacer el trabajo sucio son San Juana, Jesusa y una legión de paleros menores. Millones de mexicanos ni siquiera tienen (o tenían) idea de la existencia de esas becas. Hoy ya lo saben y Notimex se encargará de que el “pueblo bueno” odie a los becarios. El inocente pópulo, armado de picas y antorchas, pedirá lapidación y hoguera contra los parásitos chupasangre y el magnánimo patriarca, siempre atento a la voz de las masas, procederá en consecuencia. 3- En teoría yo tendría razones para ponerme del lado de los detractores. Después de todo soy un marginado del sistema cultural. Ni un centavo partido por la mitad he obtenido de becas. Lo mío son los premios, que según yo tienen más mérito. Yo escribo libros, no proyectos de becario. Pese a ello, defiendo la permanencia del Sistema Nacional de Creadores. Sin embargo, creo que este sistema debe regirse por normas de transparencia propias de una licitación pública, como si estuvieras concursando una obra con constructoras. Que en una página puedan consultarse todos los proyectos (los aprobados y los rechazados), que los jurados procedan de acuerdo a un puntaje técnico previamente establecido, que su deliberación sea pública y se trasmita en vivo, poner fin o límite a los becarios eternos. Esas son y han sido mis propuestas, mucho antes de este sainete. 4- Al menos tengo mi conciencia tranquila de hoy y siempre haber votado contra el populismo. En 2006 y en 2018. Conmigo no hay confusiones, dobleces ni medias tintas. Ayer y hoy orgullosamente anti-chairo y en mi trinchera me mantengo, pero creo recordar que más del 85% de mis colegas del mundo cultural y de las letras que hoy vociferan y se rasgan las vestiduras, yacían embobados por una ridícula perorata propia de pastor cristiano. También los escuché hablar de votar por un cambio necesario e impostergable para el país y bueno, aquí lo tienen. Este es el resultado de su voto. ¿Mierda es lo que querían? Mierda es lo que tienen amiguitos. Muy feo se siente equivocarse y que les vean la cara de pendejos. Sad but true. Disfruten su cuarta colegas. Mi conciencia está en paz.

Sunday, June 16, 2019

Algo debemos agradecerle a los padres tiránicos o ausentes: la sublime y desgarradora literatura que han inspirado. Desde Hamlet a Pedro Páramo para que vayamos calando la calidad de la melcocha. La sombra del padre hace de las suyas en Dinamarca y en Comala. La historia nos ha mostrado no pocas veces cómo un padre aborrecible puede inspirar una catarsis narrativa. Muy a menudo los monstruos paternos acaban - contra su voluntad- moldeando a geniales escritores. Pregúntenle a Kafka, Vargas Llosa, Federico Campbell, Paul Auster o a Joel Flores, por mencionar solo un quinteto. Los cinco están hermanados por la presencia de un progenitor fallido, a veces frío, otras descaradamente cruel, melancólico, errático, alcohólico o simplemente ausente. La lista en realidad es inmensa y creo que no acabaría nunca. Borges y Kureishi debieron lidiar con crepusculares progenitores que vieron florecer en sus hijos el talento literario que a ellos siempre se les negó; Bukowski (al igual que otros cientos) padeció a un desempleado golpeador; Philip Roth encuentra su lugar en la vida al cargar con la cruz del padre moribundo. Son legión los que padecieron a un alcohólico y mejor ahí le paramos. La creación literaria es un infructuoso intento de armisticio con nuestros demonios y éstos a menudo habitan en un limbo amarillento llamado álbum familiar. Escribir es rajar con un bisturí la caja negra del subconsciente; dejar que una herida, en apariencia cicatrizada, vuelva a sangrar. Esa sangre invisible materializada en tinta puede hacer catarsis. En las dinámicas de constelación impulsadas por el alemán Bert Hellinger, la familia entera representa un sistema. A los padres se les honra, pero también se les carga y se les padece. Si tuviera que elegir dos libros cuyo tema central es la relación padre-hijo, me quedo con La carretera de Cormac McCarthy y El olvido que seremos de Abad Faciolince. El primero, contado desde los ojos del padre, lo leí cuando Iker acababa de nacer y de pronto me sacudió como una revelación lo que significa la misión de proteger a tu retoño en medio de un mundo hostil y devastado. El segundo, contado desde los ojos del hijo, representa acaso la forma en que yo quisiera ser recordado como padre, si es que a uno le fuera dado elegir su posteridad. Supongo que uno escribe sobre aquello que le genera bronca y le pica el buche como un diablo terco. Escribir es exorcizar cheneques, pero yo (creo) no tengo nada que exorcizar. Nunca he sentido el impulso ni la tentación de escribir un solo párrafo sobre mi lugar como hijo ante la sombra del padre. Simplemente no me inspira ni me mueve. No tengo nada que agradecer ni que reclamar. Supongo que llevo la fiesta en paz, porque hasta ahorita ni un mostrenco parrafito me han inspirado.

Sunday, June 09, 2019

1- No existe poder político sin liturgia. El chapoteo en miasmas de Narciso constituye la apoteosis de un gobernante. En el teatro yace la esencia de gobernar, porque no existe historia donde no hay histrionismo. Es comprensible que el montaje del poder sea mucho más trascendente para el poderoso que el ejercicio práctico del mismo. Para legitimarse, el gobernante emplea los mismos elementos de cualquier reyecito medieval: plaza pública, nobleza y masa; autoridad eclesiástica y militar, pues preciso es que los señores de dios y los señores de la guerra legitimen al príncipe. (Vientos de Santa Ana) 2- Como puesta en escena no fue la más favorecedora. Para la gran liturgia chaira eligieron un punto de Tijuana que tradicionalmente ha sido utilizado para mítines. Desde los tiempos de Salvador Rosas Magallón la calle Segunda ha sido escenario de cierres de campaña panistas, por lo que tenemos suficientes parámetros como para dimensionar y poner en perspectiva la convocatoria del circo de ayer y mi conclusión, a ojo de buen reportero, es que la asistencia fue magra. Si tomamos en cuenta el nivel del cacareo, el acarreo de grupos organizados, la cantidad de gente que vino de otras partes de la república, las invitaciones “voluntariamente a la fuerza” y la supuesta trascendencia histórica del performance, mi conclusión es que fue un fracaso. No creo, con franqueza, que hayan juntado más de diez mil personas. Cualquier cierre de campaña de un candidato a la alcaldía te junta esa cantidad de gente en Segunda y Constitución. 3- Ayer la cuarta transformación quiso escenificar la celebración de un triunfo histórico. “La diplomacia mexicana se ha cubierto de gloria”, peroró uno de tantos paleros ridículos. Suponiendo que en verdad “ganamos”, ¿cuál es nuestro gran trofeo? Evitar que un chantajista profesional nos castigara aplicando una tasa arancelaria del 5% a los productos mexicanos. Dicha tasa cero, según sé, es un logro del TLC salinista, el gran becerro de oro del neoliberalismo mexicano. Ahora resulta que la cuarta transformación es capaz de inmolar su dignidad y pisotear su propia política migratoria para conservar las grandes ventajas que nos ha dado una negociación neoliberal. Pero el neoliberalismo, según entiendo, es el gran villano de esta película. ¿Por qué entonces luchar por conservar sus frutos? En teoría nos basta y sobra con nuestro mercado interno, el pueblo bueno no necesita acuerdos comerciales con los cerdos capitalistas y para celebrar tratados ahí están nuestros hermanos venezolanos, cubanos y bolivianos. ¿Cómo es que el gran triunfo diplomático de la cuarta es mantener a flote los beneficios de un acuerdo neoliberal? 4- Desde la tribuna presidencial, un ridículo pastorcete evangélico se permite afirmar que “dios guió e iluminó al gobierno de Estados Unidos y de México”. “Demos gracias a dios todopoderoso”. La concurrencia aplaude. ¡Viva el estado laico mis chairos! Ya en serio ¿no sienten asco y horror al escuchar algo así? ¿Acaso no se dan cuenta que este empoderamiento evangélico significa una profunda e histórica regresión?