Eterno Retorno

Monday, May 20, 2024

TSONDOKU




 Me ocurre (me apena confesarlo) con muchos de los libros que me dan a leer porque los voy a presentar, evaluar o prologar. Me sucede por designio casi fatal cuando un colega me dice muy emocionado “te voy a dar a leer la novela que estoy escribiendo para que me des tus impresiones y me digas qué te parece”. Mmm. Un brutalmente honesto consejo: no lo haga compa. Hay un 92% de probabilidades de que no lea tu novela. Le peor es que no sé decir no y siempre les digo “mándamela con confianza colega” y les juro que a menudo tengo la sincera intención de leerla, pero por alguna razón no me doy el tiempo y su lectura se posterga hasta el infinito. Con las novelas es más difícil, porque al no ser susceptibles de ser leídas en desorden, cuando alguna se empantana simplemente se queda en vía muerta como un vagón abandonado, pero a veces transcurren uno o dos meses antes de que reconozca oficialmente que ya no me interesa continuar. En contraparte, me sucede muy a menudo que abro un libro que ya leí completo en el pasado y de repente, sin saber cómo, lo vuelvo a leer con emoción de la primera a la última página. La relectura fluye de maravilla, a veces mucho mejor que la primera lectura. Podría creer que los mejores libros que me tocaba leer en esta vida ya los leí, pero eso es una falacia. Siempre me topo con algún libro extraordinario capaz de volarme la cabeza. Ese es el gusanito que mantiene vivo y latente el Tsundoku y por eso vuelvo a caer en tentación, porque sé que en una pepena de siete u ocho libros habrá por lo menos uno que me hará volar alto.

Tuesday, May 14, 2024

Alicia de pelo blanco en el sobrio país de la cotidianas maravillas

 


Cartografió su territorio literario en la desolación del Ontario rural. Fue ahí donde esta Alicia de pelo blanco construyó su sobrio país de las cotidianas maravillas. Las granjas y lagos del Este canadiense fueron su Macondo o su Comala, hogar de taciturnas niñas o misteriosas señoras mayores; mujeres engañosamente calmas en cuyo interior estallan tormentas y tormentos. En la erosión del tiempo y la complejidad de las relaciones familiares encontró su tejido narrativo. Sueños aparentemente sepultados capaces de resucitar ante el repentino rompimiento de la rutina y nostalgias que irrumpen sin avisar y todo lo trastornan.

De estirpe puramente chejoviana, fue pez en las aguas del relato corto. El Premio Nobel que no pudo ir a recoger en 2013, es un homenaje a la vocación cuentista, un guiño a los Chéjov y los Carver del mundo que no se achicopalaron ante el matón gigantismo de la novela.

Friday, May 10, 2024

Literatura para el 10 de mayo

 


Aquí una pequeña selección aleatoria para leer en 10 de mayo. Libros que hablan de Mamá o de la experiencia de la maternidad. No son precisamente retratos maternales idílicos, pero aún en el desgarro y el absurdo sobrevive como cimiento un profundo amor. Quizá el que en su momento más me sacudió fue Canción de tumba, de Julián Herbert, uno de los mejores libros que se han escrito en México en el Siglo XXI, pero también es particularmente oscuro Nada se opone a la noche de la francesa Delphine de Vigan. Su primera frase anticipa el infierno que vendrá: “Mi madre estaba azul, de un azul pálido mezclado con ceniza, las manos extrañamente más oscuras que el rostro, cuando la encontré en su casa esa mañana de enero. Las manos como manchas de tinta en las falanges. Mi madre llevaba varios días muerta”.  Delphine narra el progresivo deterioro de la salud mental de su madre hasta desembocar en el inevitable suicidio, mientras Julián narra su azarosa infancia de hoja al viento recorriendo lo más mórbido de México junto a su madre prostituta, todo ello narrado desde el lecho de muerte de la señora de los mil nombres.

El comienzo menos cariñoso posible es el de El verano que mi madre tuvo los ojos verdes de la moldava Tatiana Tibuleac: “Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta como una pordiosera”. Pese a semejante inicio, el libro de Tatiana es una profunda declaración de amor a la madre. Particularmente crudo es Push de Sapphire (Ramona Lofton) que es la historia de Precious Jones, una afroamericana de 16 años habitante del Harlem más marginal que espera su segundo hijo, cuyo padre es…su propio padre. El primero lo tuvo a los doce años. Su madre, a su vez, es una ex reclusa obsesa, cruel y tiránica. Bastante sui generis es Sin arte, del aristócrata húngaro Péter Esterházy, quien narra la historia de su madre futbolera, amante de la generación de oro magiar de Puskas y compañía. Tenemos a la surrealista y onírica la madre erotizada de Georges Bataille o el contraste entre las formas de vivir y padecer la maternidad narrado por Brenda Navarro en Casas vacías, donde una precarizada mujer que desea con todas sus fuerzas ser madre, le roba el bebé a la madre que no deseaba serlo. Incluyo también el descomunal Manuel para mujeres de limpieza de Lucia Berlin en donde algunos de los relatos son narrados con perfecto humor negro desde la óptica una madre golfa zarandeada por la vida. Por alguna razón, tengo la impresión de que hay más literatura inspirada por papá que por mamá. Ustedes colegas ¿tienen alguna recomendación para leer en 10 de mayo? Por lo que a mí respecta, como soundtrack de estas lecturas les recomiendo Mother de Danzig.

Deliciosamente nublado

 


¿Alguien pone en duda que somos the happiest place on Earth? Dicen que es una ciudad violenta, caótica, desmadrosa, la gran Sodoma, bla, bla, bla, pero ya quisieran despertar con esta temperatura en cualquier otro lugar de este país achicharrado en el infierno. Hermoso salir al amanecer a pasear a Pappo con tus 10 u 11 graditos de temperatura en la costa, sintiendo el fresco aire del Pacífico mientras el resto del país se gradúa en la escuela del calor. ¿Alguien lo duda? Tenemos el mejor clima de México. Rafita Saavedra tiene razón: Tijuana makes me Happy

Wednesday, May 08, 2024

Parejas disparejas y fugaces matrimonios Historias de celebridades que se casaron en Mexicali

 





Difícil encontrar una pareja tan abismalmente contrastante.

La imagen de los novios contrastaba hasta lo grotesco. Lo más evidente era la diferencia de edad que sumaba 42 años: En 1945 Gloria Vanderbilt tenía 20 años y su novio, Leopold Stokowski, sumaba 62. Ella, además, era más alta que él.

La pareja dispareja llegó al antiguo Palacio de Gobierno de Mexicali el sábado 21 de abril de 1945 para contraer matrimonio.

La boda se celebró a las 11:00 de la mañana ante unos pocos invitados, según la nota de The Shreveport Journal de Louisiana del 24 de abril.

Según la crónica del periódico,  la ceremonia fue oficiada en español y unos de los invitados fungió como traductor de la pareja, que presentó sus documentos en regla.

Su noche de bodas la pasaron en un pequeño hotelito de Calexico.

Gloria era pintora, diseñadora de modas, la primera gran socialité mediática, heredera desde bebé de una fortuna multimillonaria y la primera aristócrata estadounidense en usar pantalón de mezclilla.

Su padre, el magnate, Reginald Claypoole Vanderbilt, murió de cirrosis  cuando ella tenía 18 meses. Su madre apenas se hizo cargo de ella, pues se la pasaba en viajes y fiestas y la pequeña creció con nanas. La prensa rosa la bautizó como la “pobre niña rica”.

Increíblemente, pese a ser solo una veinteañera, el viejo Leopold no era el primer matrimonio de Gloria. A los 17 años se había casado con Pat DiCicco, representante de actores hollywoodenses, con quien vivió una tormentosa e inestable relación marcada por el maltrato y el abuso  que terminó en peleas irreconciliables y divorcio antes de tres años.

Leopold, por su parte, era uno de los directores de orquesta más célebres del mundo. Nacido en Londres en 1882, dirigió a algunas de las orquestas filarmónicas más célebres del mundo.

Lo increíble es que la pareja no tenía ni siquiera tres semanas de conocerse, según narra la propia Gloria en su autobiografía.

Decidieron casarse en Mexicali para no atraer la atención de la prensa. En cualquier caso, lo cierto es que Gloria, al igual que Rodolfo Valentino en 1922, estaba recién divorciada y aunque las crónicas no lo consignan, no es descartable que la joven ni siquiera hubiera cumplido el plazo legal de un año posterior al divorcio para poder volver a contraer matrimonio ¿Incurrió en bigamia como Valentino? La duda es razonable.

“Para que te des una idea de la importancia de Leopold Stokowski, él inspiró a un personaje de la película de Disney Fantasía. También hay una caricatura muy famosa en donde sale Bugs Bunny molestando a un cantante de ópera y después de disfraza de él, con una peluca blanca y empieza a dirigir una orquesta y todo mundo dice, miren, Leopold Stokowski.

Para no ir más lejos, Leopold Stokowski inspiró la imagen del personaje del doctor Brown en la película Back to the Future,  narra Ernesto Esquivel”, quien ha crecido y vivido en el Centro Histórico de Mexicali y es experto en cine clásico.

Gloria Vanderbilt, por su parte, inspiró la célebre novela Desayuno en Tiffany´s del escritor Truman Capote. Fue la primera gran luminaria social de la historia que sedujo a revistas del corazón, el equivalente a una Paris Hilton antigua pero con mucha más clase, elegancia y cultura.

Se casaron en un momento turbulento de la historia mundial, cuando por la guerra había una terrible escasez de productos en la frontera y una paranoia colectiva que alucinaba con espías nazis y japoneses en cada improbable rincón de América. Una semana después de la boda de Gloria y Leopold,  Hitler se suicidó.

Gloria y Leopold duraron una década casados. Se divorciaron en 1955 habiendo procreado dos hijos: Stanley y Cristopher.

 

Pero Valentino y Natasha Y Gloria y Leopold no fueron los únicas celebridades que contrajeron matrimonio en Mexicali.

Una de las mujeres más extraordinarias de su tiempo, la actriz e inventora austriaca Hedy Lamarr, se casó en segundas nupcias con el  guionista Gene Markey. La boda se celebró en Mexicali el 5 de marzo de 1939.

El periódico New York Times publicó la noticia del enlace en una breve nota. Hedy acababa de llegar a América y apenas tuvo tiempo de conocer a su futuro esposo. Ambos se estaban casando en segunda nupcias.

La fotografía de la boda en Mexicali la muestra con un abrigo negro de pieles (demasiado grueso para el calor cachanilla) y al novio con sombrero y pajarita.

Las crónicas periodísticas no dan cuenta de las razones por las que la pareja optó por casarse en Mexicali.

La vida real de Hedy Lamarr es aún más fascinante y llena de giros e intrigas que sus propias películas.

Nacida en Viena, Austria el 9 de noviembre de 1914 con el nombre de Hedwig Eva María Kiesler, fue hija de un rico matrimonio judío. Su padre era un exitoso banquero y su madre una pianista aficionada. Empezó a estudiar Ingeniería al tiempo que comenzaba una precoz carrera como actriz de cine en Berlín

Su consagración llegó en el filme checo Éxtasis de 1933. Ahí hizo historia y escandalizó al mundo por dos hechos: protagonizó el primer desnudo total en pantalla con una escena en un lago y actuó el primer orgasmo de la historia del cine comercial, narra el periodista Alfredo Serra en InfoBae.

Esas escenas sedujeron al fabricante de armas nazi, Friedrich Mandl, quien se enamoró perdidamente de ella y le pidió matrimonio. ¿Un nazi casado con una judía? La pasión todo lo puede y según Hedy, se casó para poder proteger a su familia de la persecución anti judía que ya comenzaba en Austria y Alemania.

En cualquier caso, el matrimonio con el nazi fue un infierno de tiranía y autoritarismo paranoico que la obligó a dejar su carrera artística.

Escapó de su tiránico esposo en 1937 luego de ponerle un somnífero en un té y darse a la fuga con una joven asistente con quien tenía una relación lésbica.

Llegó a París, luego a Londres  y poco después escapó a América.

Ingeniera de formación, Heddy no solo se dedicó a hacer desnudos en el cine, sino que desarrolló una carrera como inventora

Acompañada por su amigo, el compositor de música George Antheil, creó a partir de dos tambores perforados y sincronizados (como las viejas pianolas automáticas), un sistema de salto de hasta 88 frecuencias para interferir los torpedos alemanes y construir otros teledirigidos por radio e imposibles de detectar.

La invención fue aceptada y patentada bajo el número 2.292.387 a nombre de H.K. Markey (Hedwing Kiesler, y Markey por su segundo marido en ese momento), y George Antheil, narra Alfredo Serra.

Ese segundo marido, H.K. Markey, fue el guinista de Hollywood que conoció recién llegada a América y con quien contrajo matrimonio en Mexicali.

Su matrimonio cachanilla duró apenas dos años. Hedy continuó viviendo en Estados Unidos, se casó seis veces y tuvo un sinfín de relaciones lésbicas. Fundó su propia productora de cine y siguió experimentando con inventos. DSB

 

Tuesday, May 07, 2024

Nuevo León cumple dos siglos

 

 


Este día Nuevo León cumple 200 años como estado libre y soberano. Se dice muy fácil y cualquiera pensaría que estamos celebrando la firma de un ordinario decreto burocrático, pero el que hoy mi estado natal exista y se haya convertido en lo que es, no deja de parecerme un milagro de aquellos. Vaya, si analizamos la baraja de posibilidades, nos tocó la más improbable y en apariencia menos favorecedora. Podríamos haber sido una descomunal provincia norestense,  habernos escindido en una republiquita mostrenca o ser absorbidos por los siempre hambrientos Estados Unidos. Cualquiera de esas era más factible, vistas las circunstancias.

Un judío converso de origen portugués llamado Luis Carvajal y de la Cueva llegó en 1582 con la encomienda de colonizar 200 descomunales y desiertas leguas de tierra árida y baldía. Pobló el terruño con migrantes tlaxcaltecas y judíos perseguidos.  Nuestro escudo era un leoncito blanco con fondo rojo, muy similar al que hoy usa el fosfogober Samuel. Dos siglos y medio después, durante el efímero Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, nos convertimos en Provincia Interna de Oriente y territorialmente abarcábamos lo que hoy son los estados de Texas, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León. Un verdadero animalón norteño de cortísima vida. Mucho de lo que hoy somos como República, se definió en los apasionados debates entre mi paisano Fray Servando Teresa de Mier y el Comanche Ramos Arizpe. Tomando en cuenta que el país era como un niñote gigante apenas destetado de la gran ubre imperial española, Padre Mier creía que debíamos mantener nuestra vocación típicamente centralista, pero el Comanche, diputado en las Cortes de Cádiz, regionalista por  vocación  y admirador de la Constitución gringa, creía en el federalismo a ultranza y se pronunció por fragmentar la descomunal provincia en cuatro estados. En el reparto del pastel, por cierto, nos tocó la pieza geográficamente más jodida de todas:  sin salida al mar, sin frontera y sin conexión con el camino real que llevaba a la Ciudad de México. Aislados y encajonados entre montañas,  elegimos a nuestro primer gobernador constitucional, José María Parás (el chozno del Nati), lanzando una moneda al aire, porque la elección en el primer Congreso local la empató con Antonio Rodríguez, quien provisionalmente gobernaba el recién partido territorio. Durante buena parte del Siglo XIX nos mantuvimos despoblados y en virtual aislamiento, rehuyendo las veredas infestadas de bravos apaches y sanguinarios bandoleros. En 1840 fuimos por unos meses República del Río Grande con capital en Nuevo Laredo y con Canales como caudillo. Los gringos pusieron su bandera en el Obispado en 1846 después de una heroica defensa y me sigue pareciendo un milagro que no nos hayan abducido. Con Santiago Vidaurri, el gran enemigo de Juárez, germinó el primer embrión de nuestra revolución industrial que se consolidaría con Bernardo Reyes como gobernador e Isaac Garza como primer gran caudillo empresarial. Nació la fábrica de hilados La Fama, luego una cervecería; luego una vidriera para envasar la cerveza en botellas; luego una acerera para ponerles corcholatas, luego un chingo de sueños guajiros como una planta de autos eléctricos y un nuevo estadio para Tigres que a la fecha no dejan de ser una ficción y el resto es historia colegas. Confieso que me costaría horrores adaptarme a volver a vivir ahí y pienso que la mejor decisión de mi vida fue autoexiliarme, pero aún así le guardo un gran cariño a ese improbable terruño que me vio nacer. Felices dos siglos mi Nuevo León. Aunque mejor de lejitos, pero sabes bien que te quiero un chingo.

Monday, May 06, 2024

...mientras usted dormía, allá en el bello País del Sol Naciente, un peleador tijuanense

 


 

A ver colegas, ilústrenme porque yo soy un ignorante absoluto en materia boxística, pero aquí pasan cosas que no entiendo. Apenas el sábado escribí sobre esa ceremonia de patetismo y aburrimiento absoluto que fue la publicitadísima pelea del Canelo. Pues bien, resulta que mientras usted dormía, allá en el bello País del Sol Naciente, un peleador tijuanense, Luis “Pantera” Nery, tuvo los tremendos tanates de ir a retar al más cabrón pugilista japonés, Naoya “el Monstruo” Inoue, frente a 60 mil almas que abarrotaron el mítico Tokio Dome donde desde tiempos de Mike Tyson no se celebraba una pelea. Por sana curiosidad, Carol y yo decidimos ver la repetición de la pelea esta mañana y no pinches mames. Eso sí es rudeza jarcorera y desalmada. Miren colegas, ustedes me dirán que me hace falta ver más bax y sí, he visto muy poco, pero creo que cualquier persona con un elemental criterio y sentido común puede concluir que la pelea de Nery contra Inoue fue años luz más emocionante que la del Canelo. Dicen que todo está en la actitud, en la declaración de intenciones y desde los primeros segundos del primer round, tuvimos claro que ahí nadie se iba a tocar el corazón y que los dos se tiraron a matar, con sed de sangre y ganas de rematar la pelea en KO. Cero especulación. Apenas iba un minuto cuando el tijuano mandó a la lona al nipón con santo chingazo, pero el japonés es un hueso durísimo de roer y de inmediato se levantó. Fueron seis rounds de lo más extremos, con muy buenos golpes conectados de ambos lados, hasta que el nipón le sorrajó un chingazo demoledor al tijuano y lo mandó a las cuerdas de manera fulminante. Yo no sé nada de box, pero sospecho que esa sí fue una buena pelea. Me da tristeza que haya perdido el de Tijuana, pero su actuación no desmereció en absoluto. Ahora bien colegas, mi pregunta para ustedes es: ¿Por qué esta pelea no tuvo ni el 5% de publicidad, cobertura y cacareo que le dieron al Canelo? La obviedad es que un lunes al amanecer no es precisamente el mejor horario para una función, que esta pelea fue para el público japonés y la del Canelo para el mexicano, pero carajo, qué diferencia de espectáculos. Retiro lo dicho: el box no es aburrido, el aburrido es el Canelo. Sus doce rounds parecieron un soso entrenamiento de sombras. Canelo salió a no perder, a ganar por decisión sabiendo cómo obtener puntos con su colmillo y a Munguía le faltó malicia para romperle la estrategia. Ojalá el tijuanense le hubiera partido su madre. En cambio Nery e Inoue salieron a matar y a buscar el KO desde el primer instante. Mi pregunta colegas es: ¿Por qué el boxeador más mediático y popular de México es un bodrio aburrido? ¿Por qué hay tanta inequidad en la cobertura y atención que se le da a uno y otro peleador? Y así en tooodas las ramas de la vida. En futbol, en política, en literatura, estamos infestados de reyes desnudos cuyo traje de luces es una gran ficción.

Pd- Yo sé cuál fue la clave del triunfo de Inoue. El Panera Nery subió al ring a ritmo de reguetón y el japonés irrumpió con tremendo solo de guitarra heavymetalero. Metal vs reguetón. Desde ese momento empiezas ganando la pelea. Una declaración de principios de superioridad. Ahí se definió todo.

Sunday, May 05, 2024

Un cigarrito a la salud del Flaco Menotti

 

 


 

 

Ocurrió una noche de la piazollana primavera porteña de 2005. Carol y yo cenábamos en el restaurante Pepito, en la calle Montevideo en pleno centro de Buenos Aires. De repente, a media cena, escuché esa ronca voz de fumador empedernido saludando al capitán de meseros. Podría jurar que lo reconocí por la voz, pero fue al mirar hacia la puerta del restaurante cuando ya no tuve dudas: ahí estaba esa figura prófuga de un cuadro de Remedios Varo dominando el entorno con su 1.93 de estatura mientras se quitaba la gabardina y jalabauna silla. César Luis Menotti acababa de llegar a cenar.

Suelo ser respetuoso del espacio y la intimidad de las personas, pero no todas las noches de tu vida cenas junto a un campeón del mundo. Lo único que traía a la mano para estampar una firma era el libro Boquita de Martín Caparros que acababa de comprar un par de horas antes. Y ahí me puso su firma en la primera página mientras yo le decía: Flaco, usted es el más grande, vuelva a México por favor. Lo extrañamos. Y sí, sin duda lo vamos a extrañar.

Es el santo patrono de los entrenadores filosofales, capaz de crear una esencia y una mística de juego. De filias izquierdistas, le tocó entrenar y hace campeona a la

albiceleste bajo el más sanguinario régimen de terror que ha conocido la Argentina y levantar la Copa del Mundo a mil 300 metros de ese campo de concentración y exterminio llamado Escuela de Mecánica de la Armada. Buen bailarín de tango, romántico empedernido, bohemio y explorador de la noche porteña, fue amigo personal de Joan Manuel Serrat, Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo. Los meseros del pepito, elegantes señorones de pelo muy blanco, me dijeron que el Flaco era un comensal habitual y que siempre elegía la misma mesa. Fue también un gran lector y solía citar una frase de Borges: "Desde el orden, toda la rebeldía", porque "el fútbol es orden y aventura, no entregarse cobardemente a lo que propone el medio". De estirpe Canalla como Fito Páez, hizo del Huracán de Parque Patricios del 73 el primer equipo artesanal de autor. Fue su trampolín para la Selección Argentina. Me habría encantado que lo dejaran llevar a México al Mundial del 94. Era un gran momento, una alineación de astros irrepetible y él un gran psicólogo grupal capaz de sacar el máximo de cada jugador. Como los grandes fumadores aferrados y chacuacos al puro estilo de Cruyff y Gainsbourg, pagó el precio en sus pulmones hasta decir adiós esta mañana, pero sospecho que disfrutó cada cigarro fumado y cada gol esculpido en una danza colectiva. Grande Flaco César Luis Menotti.