Dios nos odia a todos
La alucinante inspiración retornará
con el nuevo milenio. No se trata de imitar descaradamente la obra cumbre del
86 pero sí de emular su espíritu rabioso con una esencia (si esto es posible)
aún más blasfema. La energía fluye en el estudio. Hay furia y oscuridad pero
también harta precisión. La portada elegida es una biblia ensangrentada y la
introducción son versículos del Antiguo Testamento. La censura no se hace
esperar y en algunos países el disco deberá salir con una funda blanca. Será su
casi White álbum. El título
elegido no puede ser más contundente: Dios
nos odia a todos. La fecha para
la salida al mercado de su nuevo disco ha quedado marcada: 11 de septiembre de
2001. La expectativa es enorme.
Aquel martes no son muchos los que
tienen cabeza para dedicar su atención a la salida de un disco metalero. Las
Torres Gemelas son derrumbadas por la mañana antes de la apertura de las
tiendas de discos. Las letras del disco parecen ser el soundtrack de aquel
Apocalipsis, la musicalización perfecta para el Armagedón neoyorkino. El coro
de la canción Disciple es un grito de guerra demoledor y pegadizo
God Hate us All,
God Hate us All
You know it's true God hates this place
You know it's true he hates this race
Homicide, suicide…
La canción retumba en mis audífonos a
un volumen brutal (diría Barón Rojo) mientras escribo a marchas forzadas en mi
cuartucho del Herald Square Hotel en Nueva York. ¿Otra vez he vuelto a
inmiscuirme en este relato? Imposible no hacerlo. Ahora soy un reportero de 27
años de edad que ha sido enviado de urgencia a la Gran Manzana a cubrir las secuelas de los atentados
terroristas.
Compró el disco en una Tower Records
de Manhattan el 16 de septiembre. Durante el día me doy a la tarea de pepenar
historias con la comunidad mexicana y al caer la noche me encierro a escribir
en mi hotelucho. El God Hate Us All revienta mis tímpanos y envuelve mi tejido
neuronal. Todas las notas que escribí y publiqué están contagiadas por el alma
negra de ese disco. A la fecha cada que
lo escucho imagino el vuelo mortal de Mohamed Atta, las torres cayendo,
los escombros por donde caminé en plena Zona Cero gracias una apócrifa
credencial de rescatista que me consiguió un integrante tijuanense del grupo
Topos México. Gracias a esa credencial pude cruzar por un territorio vedado
para periodistas. Por primera vez en mi camino de vida como reportero estaba
parado en el centro neurálgico de la historia, en el punto exacto donde ardía
la humanidad.
¡Waaaaarrr, Waaaaarrrr WAAAARRR!!!
El grito retumba desde la misma noche
de los tiempos. En mi cabeza retumban tus riffs mientras voy pisando piedras
chamuscadas y fierros retorcidos. Huele a muerto a metal quemado.
Mis neuronas tocan tu guitarra y
reescriben una prosa afiliada como mil navajas. Este odio venía de lo más lejano y lo más bárbaro. Era el odio de Dios.
¿Te has dado cuenta? God Hate Us All
tiene la pura esencia de José Revueltas
pero el barbón de Papasquiaro, Durango, escribió Dios en la tierra 65 años
antes de que ustedes grabaran ese disco.
Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre
de Dios. Dios de los ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y
terrible, hostil y sordo, de piedra ardiendo, de sangre helada. La voz profunda
y ciclópea de Dios que había pasado por la tierra
y nos dejaba por herencia dos fálicas torres hechas mierda. ¿Leíste alguna vez
a José Revueltas? Por supuesto que no. Leías sobre todo historias de guerras,
de criminales nazis, de asesinos seriales pero nunca a Revueltas.
Dios nos odia
a todos Jeff, en eso estamos de acuerdo pero quedamos en que esta es tu
historia, no la mía ni de la de Revueltas. Esta es tu historia Jeff, pero a
punto de cumplir 40 años estás un poco aburrido y harto de todo. Salir de gira,
tocar las mismas putas rolas, ver a cientos de tipos demenciales matándose en
un moshpit asesino y después la solitaria noche, los tragos de Jack Daniels que
apenas cumplen con embotarte, la puntualidad del insomnio. El cubano retorna
para tocar la bataca en la gira y grabar el siguiente álbum. Por primera vez
cierran el concierto tocando íntegros los 29 minutos y medio de Reign in Blood
y el acto final es una lluvia de sangre que no es sangre.

