Eterno Retorno

Saturday, December 14, 2019

La serpiente del eterno retorno mordiéndose su cola.

1- Acaso lo más fascinante, sublime y desafiante de Juan Gabriel fue su capacidad de encarnar su rimbombante jotería en santuarios machistas hirvientes de testosterona. JuanGa no cantaba ni cantó nunca en sofisticados y subterráneos ambientes gays. Lo suyo era presentarse a la media noche en palenques atiborrados de judiciales matones, cantarle a bravucones ebrios que se ponían a lagrimear a moco tendido con Amor Eterno. JuanGa se hacía acompañar de mariachis, símbolo de mexicanidad bragada, pero ello no le impedía dar sus brinquitos y sus gritos de jota que enloquecían a su audiencia. Su público lo conformaban machorros que se le cuadraban, a los que ponía a chillar como magdalenas mientras les decía que “a mí desde pequeño eso me enseñó mamá”, porque al final del camino el macho mexicano es un Edipo de lágrima fácil y porque la testosterona patria es directamente proporcional a la homosexualidad reprimida. Pienso que fueron esas las claves del éxito de JuanGa y por ello es un símbolo insustituible de nuestra cultura. 2- Tom of Finland fue un artista visual que supo llevar a la apoteosis el maridaje entre testosterona y putería. Cuero, metal, cadenas, Harley Daividson y sodomía. Machos barbones enfundados en negrísima piel de vaca besándose y felándose entre rudas de fuego. Ron Halford lo entendió perfectamente. Me es imposible no trazar paralelismos entre Halford y JuanGa. El mismísimo Metal God, la pagana deidad de un género heredero de la fiereza vikinga, que salía a cantar Breaking the Law y Hell bent for leather a bordo de su moto. Painkiller fue su canto de cisne, uno de los mejores discos de Heavy Metal de todos los tiempos y de la eternidad por venir. Después se confesó gay. Muchos metaleros entraron en crisis, pero acabamos por admitirlo. El híper-macho y la jota lilonga son extremos que se tocan, la serpiente del eterno retorno mordiéndose su cola. 3- La turba inquisidora que quiere incendiar Bellas Artes por el Zapata jotolón de Cháirez cabría muy bien en un régimen talibán estilo Afganistán o en el Irán del Ayatola donde te pueden lapidar por cometer blasfemia o sodomía. Me encantan mis compatriotas mexicanos. Serían ideales para cualquier teocracia del Medio Oriente. Los zapatistas son dignos herederos de esa intolerancia. ¿Les ofende un Emiliano maricón? Oféndanse por la miseria en que yace el campo mexicano desde hace décadas, por el fracaso histórico del reparto agrario, el ejido y otros mantras del legado zapatista. ¿Afecta mucho la supuesta bisexualidad de Zapata? ¿Han perdido méritos Alejandro Magno o Adriano por sus preferencias sexuales? 4- Los dioses, los héroes, los símbolos sagrados están para ser transgredidos. Lo más fascinante de una biblia es nuestra capacidad de quemarla si queremos. Lo mejor de una “deidad” transformada en estatua es nuestra libertad de cagarnos en ella. Las palomas se la pasan cagando monumentos en las plazas. ¿Por qué carajos no podemos cagarnos nosotros en ellos?

Tuesday, December 10, 2019

Por supuesto todo esto tuvo un principio. Si mi hipotético biógrafo hace la tarea, encontrará alguna partida de nacimiento en donde conste que nací en Aalborg, Dinamarca, en la Noche de San Juan de 1721. Imposible rastrear petulante heráldica o gloriosa estirpe. En mi hogar solo hubo rudos cargadores portuarios y bodegueros encargados de proveer de pendencieros licores a los hombres de mar. Si desde mi temprana juventud opté por embarcarme como grumete por salarios de hambre, fue por evadir el tedio y las miserias de la casa paterna. Bajo las sombras del puerto de Hamburgo, las furtivas luces rojas inmolaron el lastre de mi castidad. Entre náufragas borracheras proletarias y baratas dosis de lujuria no tan ampliamente recompensada, encontré algo parecido al hedonismo vedado a mi familia en Aalborg. Casi de inmediato debí pagar la venérea factura de mis correrías mientras recorría los puertos del Báltico. El pene me ardía, mis músculos se atrofiaban y los mil demonios del mal vodka me hablaban al oído en las insomnes madrugadas de tormenta.

Tu credibilidad se juega en el tono

¿Quiénes suelen ser los mejores contadores de chistes? Coincidirán conmigo en que no basta con contar la historia más divertida para hacer reír. Dos personas pueden narrar exactamente la misma anécdota, con las mismas palabras e idéntico desenlace y al final del camino quien atrapará nuestra atención será el que le sepa dar un mejor tono, el que sepa administrar las pausas, hacer los cambios de voces, dosificar solemnidad e irreverencia. La narrativa oral, el teatro y el cine suelen llevarnos ventaja a la hora de contagiar un tono e impregnar una atmósfera. Un actor puede recurrir a la mímica o a la entonación de la voz para envolvernos en una trama cómica, densa, vulgar, mística, romántica o de plano cursi. El teatro y el cine pueden recurrir a la música de fondo, al montaje del escenario, a los colores, a la expresión del rostro. Tal vez un cuentacuentos sea capaz de trasmitir el tono que queremos dar, pero entre que son peras o son manzanas, nosotros solo tenemos en nuestro inventario un arsenal de puras palabras. Solo eso. Humildes palabras llevadas al papel. Este taller está pensado para atrapar a un lector solitario y no podemos valernos de una banda sonora tétrica, sensual o jocosa ni de una combinación de colores que nos envuelvan en una atmósfera de terror, euforia o melancolía. Nuestro gran reto, nuestro cabroncísimo reto, está en lograr crear esa atmósfera solo con palabras. ¿De qué humor estamos? ¿Desde qué punto de vista estamos narrando este cuento? No pocas veces, la madre de todas las batallas a la hora de contar una historia yace en el tono que le damos a la misma, el estado de ánimo, la atmósfera. Cuando uno lee “La población estaba cerrada con odio y con piedras” o “La muerte estaba ahí, blanca, en la silla, con su rostro”, sabemos que hemos penetrado a un entorno extremo y sin concesiones, a la inigualable atmósfera José Revueltas y su desgarro ontológico. Místico a nivel jarcorero, siempre tremendista. Pero en cambio, cuando entramos al terreno de Ibargüengoitia nos dan la bienvenida a un mundo donde la tragedia puede ser divinamente absurda. Más que una trama, Ibargüengoitia es un estado de ánimo, una sonrisa socarrona. A Mario Bellatin (al antiguo Mario Bellatin, no al actual) le bastan unos cuantos trazos para sumergirnos en una atmósfera oscura e inquietante. Salón de belleza es la máxima encarnación del minimalismo narrativo que consigue lo más con lo menos. Tu personaje debe ser creíble y eso depende totalmente del tono. Ojo, creíble no es sinónimo de realista. Tu personaje puede ser el non plus ultra de lo fantasioso e inverosímil, pero aún en su imposibilidad debes lograr que tu lector crea en él. Tu personaje debe ser fiel a sí mismo, aún en sus contradicciones. Si es un personaje divinamente contradictorio entonces lo debe ser de tiempo completo y me debes convencer de que se contradice a cada momento.

Monday, December 09, 2019

Hoy Iker agrega un dígito a su edad. Atrás quedan a partir de este día los números solitarios. Hoy nuestro pequeñito acaricia el metro y medio y todo hace indicar que pronto rebasará en altura a su mamá. Antes de su llegada no sabíamos lo bella que puede ser la lluvia de diciembre ni intuíamos que el sentido de la vida entera podía caber en su mirada. Verlo emocionarse, brincar, abstraerse y de pronto bombardearnos con mil preguntas nos lleva a reinventar la razón por la que gira el mundo y lo infinito de sus misterios, siempre cuestionados por su vocecita que pronto empezará también a cambiar. Esta década, la mejor de nuestras vidas, ha sido ráfaga de viento en el mar. Un tiempo cuya rapidez parece habitar en sus piernas cada vez más largas, en sus manos casi adolescentes, en esa expresión donde se intuye ya el rostro de un muchacho. Diez años, 3 mil 652 días. El tiempo tiene prisa. Felicidades Ikercho. Te amamos.

1- Una vez me dio por inventar una organización ficticia llamada Bibiliocleptómanos Anónimos fundada por un tal Luciano que en su juventud fue un compulsivo ladrón de libros. Tras ser detenido por la policía y en una muestra de falso arrepentimiento, decidió emprender la organización que en los hechos es tan solo una chapuza dedicada a bajar recursos de programas culturales. Bibliocleptómanos Anónimos aparece dentro del cuento Península Jano y creo que de buena gana admitiría como miembro distinguido al embajador mexicano en Argentina. 2- ¿Qué puede llevar a Óscar Ricardo Valero Recio Becerra a robarse una biografía de Casanova que vale diez dólares? Digo, si al menos hubiera sido el Kafka de Reiner Stach que te cuesta tus 2 mil pesitos en Acantilado. Como personaje este embajador me parece fascinante por lo absurdo. Un personajazo de cuento, aunque sería mejor una suculenta pieza de periodismo narrativo. El derrumbe de una carrera diplomática por un libro barato. Lo grotesco y lo morboso del asunto es la imagen del hombre formal y distinguido cometiendo la forma más básica y directa del hurto. Tomar algo que no es tuyo y escondértelo. Claro, miles de hombres vestidos con trajes caros que jamás pancharían un libro de diez dólares oculto en el saco, cometen todos los días robos mucho más sofisticados que al parecer no nos ofenden tanto. Vaya, cuánto dinero no se ha robado desde el gobierno en nombre de los libros, declarando precisos infladísimos de ediciones gubernamentales que nunca salen a la calle. Por cierto, Iván Farías incluye un capítulo dedicado a los ladrones de libros en sus Crónicas desde el piso de ventas y alguna vez Vianett Medina me dijo que los libros de Bolaño eran siempre los más robados, tanto, que prefería no llevarlos a la feria de Tijuana. 3- Supongo que Valero Recio es un hombre culto. Alguien que se roba un libro es porque lo aprecia. Al menos creo que sería interesante charlar con él. He visto decenas de escritorios de empresarios o políticos, que ni por casualidad leen, en donde yacen carísimas ediciones envueltas para la eternidad en el plástico original, resignadas a que jamás serán leídas. Ya saben, esos libros conmemorativos de arte editados por bancos, objetos destinados a hacer bulto y adornar oficinas. 4- El Ateneo es una librería para tomarse la foto, un santuario para turistas, no para bibliófilos. Aunque se ve inmensa, está lejos de ser la librería mejor surtida de Buenos Aires. Su acervo no me impresiona ni me suelo sentir cómodo ahí. He tenido hallazgos mucho más interesantes en librerías de Corrientes como Losada o Hernández o hasta en el mismo Parque Rivadavia, aunque mi santuario se llama Eterna Cadencia, que con brutal franqueza se lleva de calle al Ateneo. 5- Creo que al menos un par de veces me han robado libros en presentaciones. No me ofendo y con gusto le pondría una dedicatoria al ladrón. 6- Que todos o muchos de los que estamos inmersos en este mundo libresco lo hemos hecho, sí. Hay quienes desarrollan una auténtica maestría como Bolaño y Papasquiaro o el amante platónico de Cicatriz de Sara Mesa que roba libros carísimos que le regala a la mujer a quien quiere seducir. Por cierto, Iván Farías incluye un capítulo dedicado a los ladrones de libros en sus Crónicas desde el piso de ventas. Si me preguntas si lo volvería a hacer, mi respuesta es no, por la simple y sencilla razón de que hoy dimensiono el heroísmo de los libreros, auténticos salmones a quienes los lectores debemos mucho y a quienes me sentiría muy mal de perjudicar. Justifico que le robes a un Sanborns (y tal vez al Ateneo, que es una librería para turistas), pero no a la librería de tu ciudad que con tan esfuerzo se mantiene en pie.

Sunday, December 08, 2019

Dado que a mi esposa Carolina le gusta mucho la cocina y somos muy dados a curiosear por las mil y un ofertas gastronómicas de nuestra riquísima Baja California, he establecido ciertos involuntarios paralelismos entre cocina y literatura. ¿En qué consiste la buena cocina o la cocina de vanguardia? En saber combinar ingredientes, en apostar por mezclas innovadoras e improbables, en revolucionar un sabor con especias extrañas. La diferencia la marcan tiempos de cocción, añejamiento, frescura. Con los chefs puede pasar lo mismo que con los penales a lo Panenka. Si te sale el experimento o la marcianada el resultado es sublime y eres un genio, pero la falla puede fácilmente derivar en bodrio o mamarracho impresentable. He visto muchos hípsters con complejo de chef preparando platillos incomibles que te venden a precio de oro. En contraparte, a veces el platillo más sencillo puede proveerte la cena más deliciosa. Piensa en un buen taco de aguacate. Así, sencillito, sin nada más que una simple salsa como acompañamiento. Si la tortilla está calientita y el aguacate está en su punto, en el verdor exacto, el platillo puede ser delicioso. Un taquito de frijoles puede hacerte el día cuando está bien preparado. No necesitas piquillos de cangrejo ni paté de erizo o caracoles escargot. La pura tortilla con frijolito o aguacate puede hacerte feliz. Pero eso sí, que la tortilla no esté vieja, que el frijol no esté rancio. Pues bien mis colegas, exactamente lo mismo aplica para la narrativa. Antes de intentar ser un chef, pon todas tus energías en preparar el mejor taco de aguacate posible. Así, sencillito, sin extravagancias. A veces, las narraciones y las cenas más disfrutables pueden ser las más simples. Puedes contar una historia de la forma más básica y conseguir algo muy disfrutable. ¿Quieres experimentar e innovar? Adelante, hazlo, no le tengas miedo a experimentar. Echando a perder se aprende. Solo te pido que tengas la humidad de reconocer cuándo lo has echado a perder. A veces la innovación está en algún detalle. A doña Sabina en la Guerrerense de Ensenada, le bastan sus innovadoras salsas para conseguir tostadas sublimes. Si a ello sumamos lo improbable del erizo o el abulón, pues aquello ya es revolucionario, pero a veces el puro condimento hace la diferencia. Un corte de carne con salsa mexicana molcajeteada acompañado de cerveza tiene una vibra muy distinta a la de ese mismo corte con chimichurri argentino y vino tinto. Es el mismo Rib Eye, pero sus acompañantes hacen la diferencia. Pues bien, lo mismo con la narrativa. Jugar con una expresión coloquial e irreverente introducida de pronto en medio de un párrafo en apariencia solemne, pude cambiar de golpe el sentido de un párrafo. Saber maridar elementos contrastantes en el momento exacto puede hacer la diferencia, lograr introducir un personaje inesperado, absurdo, contradictorio y al mismo tiempo creíble. Hace poco me dieron a probar un maridaje de tequila y chocolate. Uno está acostumbrado a chupar limón con sal, pero ¿chocolate después del caballito? Jamás hubiera imaginado que esos dos elementos podrían llevarse bien y sin embargo me supo de maravilla. Pues bien, atrévete a juntar tequila y chocolate en un cuento.