Eterno Retorno

Friday, April 04, 2003





Arte erótico

Mi suegro, Francisco Cabello, estará exponiendo hoy por la noche en el ICBC de Rosarito. Es una exposición de arte erótico. Mi sugerencia de manager es que lleve un cuadro descaradamente pornográfico de vocación hustleriana. Así lograríamos que las mojigatas autoridades panistas lo censuren y ordenen, rosario en mano, no colgar el cuadro y acto seguido, bañarían el recinto en agua bendita. Luego entonces yo armaría un escándalo periodístico de aquellos y lo presentaría ante el mundo como un artista radical y contestatario perseguido por un régimen inquisitorial y por supuesto, el cuadro censurado incrementaría su valor.

Compré la revista Milenio solo por una entrevista con Ricardo Piglia. Hace algunos años compraba esa revista todas las semanas. De hecho en 1998 estuve a punto de entrar a trabajar ahí y si no lo hice, fue porque en El Norte se hubiera tomado como un acto de traición imperdonable.Algo así como cambiar de Tigres a Rayados. Me gusta su estilo de periodismo irreverente. Solo espero que el buen Federico Arreola aún se acuerde de mí. Milenio tiene chispa, pero ha decaído. Aún así anota uno que otro golecito como esta entrevista de Piglia.

He aquí un par de frases textuales:

“Para mi un escritor tiene un modo de ver, incluso un modo rápido. Sabe donde está lo que anda buscando, como los grandes cazadores. Un escritor sabe muy buen lo que busca y no necesita leer todo”.

“Para mí la literatura argentina son ciertos escritores con los que mantenía ciertos diálogos. por ejemplo Macedonio Fernández, un escritor tan grande, que Borges sería una nota al píe de su obra. Fue un escritor extraordinario que nunca publicó en vida”.

Un sueño baboso

Anoche tuve un sueño político- periodístico. Muy baboso el sueño y a la vez bastante irreal. Parecía un chiste, pero estaba yo tan profundamente dormido, que me lo tomé muy en serio. Lo recuerdo casi íntegro. En una mesa, que era la de la sala de juntas del periódico pero que a la vez estaba en el segundo piso de una gran casa, estábamos en un evento con Fox y Bush. De pronto de la nada se armaba una entrevista banquetera con Fox. El preciso estaba dando la nota y decía algo como que aunque nos opongamos a la guerra ahora tenemos que trabajar para Estados Unidos. Pero luego yo veía que una bolita de colegas ya estaba entrevistando a Bush y yo dejaba hablando a Fox. Para cuando me integraba a la bolita, algún achichincle decía: “Last cuestion”. Yo pedía la palabra y cuando me disponía a plantear un cuestionamiento agresivo y sarcástico solo me salió decir: “Mister Bush, we want peace”. El muy hijo de puta se me quedaba viendo con una risita soez y se permitía darme una palmada en el hombro como diciéndome: "pobre pedejo". Y entonces yo reparaba en que estaba solo frente Bush, sin guaruras ni achichincles interpuestos en mi camino y yo mismo me decía ¿Porque no lo mato? ¿Porque mínimo no le zorrajo un putazo en el hocico? Pero no. De mi boca emergía otra pendejada y le decía: “Mister Bush, please finish this war as soon as posible”. Recuerdo que Bush traía una chamarra de cuero negro y creo que una bufanda (jamás he visto que se vista así, pero en mis sueños también soy diseñador de modas) Después yo me reprochaba a mi mismo con coraje ¿Porque fuiste tan pendejo?
El sueño tiene algunos traumas recurrentes para mí. Uno el estar en una gran evento con dos personajes entrevistables, pero apenas hay dos minutos para banquetearlos y tengo que elegir entre uno u otro. Me pasaba a menudo cuando cubría la nota diaria.
Otro, el dosificar tan mal mi agresividad y mi diplomacia. A veces soy muy agresivo sin necesidad y a veces me paso de diplomático con hijos de puta que se merecen unas patadas. En mi sueño me paseé de diplomático con Bush. ¿Que es eso de decirle mister? ¿Que es eso de decirle please? He pensado mil veces los insultos que le diría, suponiendo que no fuera dado azotarle un chingazo. Hey you, little texan mother fucker, how does it feel to be the worst fascist scum of the earth? Eso debí decirle yo mi sueño me reprochaba mi debilidad. Salía a caminar por un jardín y echaba pestes de mi mismo. Después desperté. Eran las cinco de la mañana.

En la vida real he estado un par de veces a unos cuantos metros y diez mil guaruras de George Bush, aunque jamás tuve la oportunidad de dirigirle una pregunta. La primera ocasión fue en junio del 2000 en Sacramento California durante la Reunión de Gobernadores Fronterizos. El cerdo acudió todavía como gobernador de Texas, aunque ya era candidato republicano.
Su pull de prensa ocupó tres cuartas partes de la gigantesca sala y por supuesto, las mejores computadoras.
La segunda vez fue el pasado mes de octubre en Los Cabos, concretamente en el Hotel Regina durante la celebración del Foro Mundial de la APEC. Ahí el hijo de puta llevaba diez veces más seguridad que en Sacramento. Todo el Servicio Secreto y el FBI habían tomado el hotel. La guerra en Irak ya flotaba en el aire y el ambiente estaba jodidamente tenso. El cerdo pasó apenas tres horas en Los Cabos. En ese mismo viaje tuve que ir a cubrir a su ahuevante esposa Laura que muy “linda y piadosa”, fue a visitar una escuela de San José del Cabo. Por supuesto la escuela se atiborró de guarros gringos hasta en los baños. La pendeja llegó dos horas tarde. Pasó cuatro minutos acariciando niños para salir en las fotos y sin duda pasó las siguientes tres horas desinfectando sus regordetas manos con alcohol. Para acabarla yo estaba crudísimo, pues la noche anterior había ido a explorar la nocturna vida cabeña (El Nowhere Bais? está chido josoy dicho sea de paso) La cerda no dio entrevista. De haber habido chance, mi primera pregunta hubiera sido ¿Que se siente ser tan malcogida? ¿Cuando fue la última vez que follaste con ese jodido impotente? Quiero pensar que la dama es inteligente y tiene un negro particular entre sus escoltas que le da para sus chicles, pues doy por hecho que Bush se ha de masturbar el culo con misiles de plástico con punta de glande.

La madrugada del jueves desperté como a las 4:00 de la mañana y empecé a bloguear mentalmente en plena duermevela. El blogueo resultó intenso, rico, sumamente creativo. Hay cierta musa que solo destapa su perfume en las madrugadas y se esfuma al amanecer sin dejar rastro alguno. Como el olor de los nardos.

Calamariano dilema

Quien escribirá la historia de lo que pudo haber sido. A menudo escribo esa frase, con la que arranca el disco Honestidad Brutal de Calamaro.
Una frase bella, llena de sentido para mi ¿Quien chingados escribirá la historia de lo que pudo haber sido? Mi vida está llena de historias que pudieron haber sido y la que es, era de las más improbables. Es ahí donde radica su encanto. .

Carol y las flores

A Carolina le gustan las flores. En realidad Carolina ama las flores. A lo largo de mi vida siempre pensé que los ramos eran un vil pretexto para no llegar con las manos vacías a la hora de visitar a una mujer. Pero Carolina realmente es feliz cuando tiene en sus manos flores nuevas. Disfruto mucho llevarla al mercado de flores en la calle 5 y verla eligiendo, comparando y combinando colores. Es tan feliz en las tiendas de flores como yo en las librerías. Luego entonces, es de esperarse que en nuestra casa haya siempre ramos muy bellos adornando la sala y la recámara. En la recámara siempre hay nardos. Me gusta despertar en la madrugada y sentir su olor.

Thursday, April 03, 2003


Viejos camaradas

Hoy fui de rol al Palacio Municipal para saludar a dos tres amigos que hacía algunos meses no veía. Durante más de dos años cubrí la fuente del Ayuntamiento y solo ahora que regreso me doy cuenta de como ha cambiado mi vida. Mis días transcurrían en la sede de los poderes municipales. Mi trabajo consistía estar en el pasillo con un cigarro en la boca con los oídos bien abiertos para recibir altas cargas de grilla política. Esa era mi chamba y bastaba con que estuviera ahí, en el rinconcito de los grillos. Un secretario por aquí, un regidor por allá, el coleguita del Mexicano chayoteando con descaro y los fotógrafos vacunando funcionarios. Yo no los llamaba, todos venían solitos. Dejad que los políticos se acerquen a mi. Y la grilla fluía libre. Y aunque resulte difícil de creer, extraño a cierta gente, muy poca, por esos rumbos. Por supuesto, hoy fumé mi primer cigarro del año y por supuesto fue acompañado de Don Víctor Ramírez y Don Arturo, dos de las pocas personas de esa cueva de grillos que aprecio sinceramente. Por cierto, cuando dejé de cubrir Ayuntamiento, dejé de fumar.


Notas headbangueras

Souless and proud es el nombre del disco de Blackshine que escucho en este momento. Una banda del underground sueco que suena death and roll. Bueno, es un rock and roll corrosivo, aguardientozo pero con rítmo, como para ir pisteando feliz-mente por la calle. Suena como a Mötorhead o Danzig.

En la nave traigo un tape viejísimo que le compré a los ciruelos de puro metal británico de fines de los setanta y principios de los ochenta- Vienen bandas bastante atípicas como Raven, Crucifixion, Jaguar o Steel. Puro rock and roll feeling-

Bueno, rascando un poquito en páginas uno descubre que tampoco andaremos tan pobretones de conciertos. Los suecos de Meshuggah estarán en mayo en un lugar llamado el scene de San Diego. Ignoro donde está el sitio. Meshuggah es tal vez la banda sueca que más rifa en USA. El año pasado abrieron la gira de Tool y yo pude verlos en su breve aparición en el Ozzfest 2002.

Otros que estarán por aquí, concretamente el 4 de mayo en el Cannes son los suecos de Opeth y los italianos de Lacuna Co-il. Opeth es un death progresivo característico por sus rolas que duran de 10 a 15 minutos. Lacuna Coil un gótico metalozo con una cantante Crsitina Sccabia de muy buen ver.

Creo que sí me animaré a ir a Anaheim o a LA para ver a Mótorhead. Quien sabe cuanto tiempo de vida le quede a Mister Lemmy así que hay que aprovechar mientras siga rucanrolleando.


La Ciruela Eléctrica acaba de abrir su nueva sucursal. Está en Bulevar Insurgentes 2120 en el Centro Comercial Gigante. Felicidades y en hora buena


Fe de RATAS

En mi librero se pueden encontrar Clarisa ya tiene un muerto, Más alemán que Hitler y Lodo. Sería hipócrita si dijera que es de mis autores favoritos, pero no dejo de ser sincero al afirmar que ninguno de sus libros me ha decepcionado y que lo considero un narrador mucho más sagaz y malicioso que muchas “luminarias” alfaguarianas. Sin embargo, por alguna incomprensible razón, tengo la manía de agregar una letra más a su nombre. Una N inexistente. Le digo Fan (como fanático) danelli. Y lo peor de todo es que he hecho público mi error. He publicado un par de reseñas otorgando totalmente gratis una letra más a su apellido. Guillermo FaNdanelli. Una disculpa a todas las hordas de Moho por escribir mal el nombre de su gurú. Una letra más o menos en el nombre no es capaz de influir en mis aficiones librescas.
Todos los días se aprende algo.

He aquí la prueba fehaciente del error. No lo recuerdo, pero creo que incluso lo había publicado en este Blog. Por partida entonces la letra de pilón.

Por Daniel Salinas Basave

No hay duda; puedo asegurar que Benito Torrentera se llevaría el premio al mejor antihéroe moderno de la literatura mexicana. Hacía demasiado tiempo que no encontraba un personaje tan bien logrado. De hecho podría afirmar que es el mejor personaje que ha construido Guillermo FaNdanelli en toda su carrera. Torrentera es un hombre que puede hacer reír, rabiar y enternecer al más apático lector. Una de las expresiones más acababas del prototípico “looser”, que como tal se asume en la vida. Un retrato-sátira casi perfecto de un vulgar anacoreta intelectual que de pronto, en el otoño de su existencia, se ve frente a las puertas del placer al que jamás ha podido acceder en medio siglo de vida. En realidad todos los personajes de “Lodo” resultan deliciosos. Torrentera, Eduarda, Copelia y Bolaños son de esas escasas creaciones que parecen correr a través de las páginas con vida propia.
Narrado en primera persona por el profesor Benito Torrentera, “Lodo”, la última novela de Guillermo FaNdanelli, puede leerse como un afortunado matrimonio de sátira y tragedia.
La vida de Torrentera, un apocado ratón de biblioteca cuyos modestos placeres mundanos están en extremo dosificados, se encuentra a sus 50 años de edad a las puertas de la primera aventura erótica de su vida.
Eduarda, una veinteañera que huye de la justicia tras haber cometido en crimen, pide resguardo en la casa del viejo profesor.
La fugitiva ofrece al viejo maestro ilimitados favores carnales a cambio de ser ocultada y el profesor, harto de recurrir a su magra bolsa cuando se trata de tener sexo, acepta el pacto sin dudarlo. A partir de ese momento se inicia una breve aventura que para Torrentera constituye el momento más intenso de su aburrida existencia.
El desenlace trágico de la novela puede conocerse desde la primera página o desde la misma contraportada. Sabemos casi desde un principio que el profesor narra la historia desde la cárcel. Sabemos que su aventura amorosa fue efímera. Sabemos que su mísera existencia ha descendido un peldaño y sin embargo nos adentramos en “Lodo” deseosos de empaparnos de su desgracia. He ahí la sagacidad de FaNdanelli. Es una novela que en el plano meramente anecdótico mantiene siempre niveles de tensión, no obstante su carácter satírico.
Pero lo más delicioso de este “Lodo” no son las desventuras del pobre profesor Torrentera, sino sus disertaciones filosóficas. El maestro nos cuenta su vida de la única forma que sabe hacerlo, es decir a manera de ensayo filosófico. Como si recurriera a una suerte de tratado de lógica para conceptuar la insignificancia, el caos y las jugarretas de un destino de fatalidad griega.
Vaya, se me ocurre que hasta puede leerse como una antifábula. No importa si en la mente humana se acumula un caudal de racionalidad; al final, el instinto más simple, básico y mundano acabará triunfando. La razón es una pesada carga, los apetitos humanos son los gobernantes de toda existencia, la existencia transcurre sin que los hombres puedan participar de ella, el amor es un invento absurdo. Más de 30 años de filosofía se desbaratan frente a la visión de una jovencita de barrio (los estudios no matan las pasiones, aceptará el filósofo al final de la aventura).
Torrentera es un perdedor nato que tiene la virtud de jamás autocompadecerse. Tampoco lucha por superar su condición y se asume a sí mismo sin falsas pretensiones. Asume su derrota con una resignación que tiene mucho más de desidiosa que de estoica. Pero la entrada de Eduarda en su vida toca los desvanes ocultos y hace florecer con toda su intensidad las pasiones demasiado humanas del intelectual. Y aunque jamás abandona su perpetua resignación, Torrentera, como no queriendo la cosa, le abre las puertas a la ilusión del enamoramiento, a creer que el sentido de la vida puede encontrarse en el misterio del otro. He ahí la mayor derrota para un nihilista. Ceder al afán de poseer y entregarse, de celar, de ambicionar y arrojar sobre la amada todos sus ilusiones, complejos e inseguridades. El absurdo erótico en su máxima expresión.


A los detectives suecos no les regalo letras de más. Bueno, eso creo


Los perros de Riga

Henning Mankell

TusQuets Editores

Por Daniel Salinas Basave

Cuando uno se sienta a leer una novela policíaca, lo menos que espera es que las páginas tengan un imán capaz de atrapar la atención y conducirla por un laberinto de sorpresas.
En ese sentido, el lector de Los perros de Riga del autor sueco Henning Mankell no tendría porque sentirse defraudado. Es una típica novela negra que si bien en lo que se refiere a estructura literaria no aporta grandes novedades estilísticas, sí consigue tomar como rehén la atención del lector.
Aunque los teorréicos puristas de la literatura se han empeñado erróneamente en discriminar al género policíaco enviándolo a una suerte de segunda división de la narrativa, lo cierto es que apostar por los cánones típicos de las historias detectivescas y no resultar trillado, implica por lo menos una buena dosis de materia gris en la cabeza del escritor.
Más que los elementos de misterio y sorpresa, la gran aportación de Mankell en Los perros de Riga es la angustiante materia-lización del sentimiento de ser observado a cada momento por un ojo invisible y omnipresente.
Al más puro estilo de la tradición inaugurada por Sir Arthur Conan Doyle, Mankell tiene su Sherlock Holmes particular: El detective sueco Kurt Wallander, un personaje cuya lupa parece ser una flauta mágica que atrae lectores en todo el mundo y hace traducir las obras de Mankell a 23 idiomas.
El inspector Wallander ya ha sido el protagonista de La quinta mujer, Asesinos sin rostro y La falsa pista y tras un periodo de receso, reaparece en Los perros de Riga.
La novela comienza en alta mar, cuando un par de contrabandistas suecos encuentran dos cadáveres flotando a la deriva en las heladas aguas del Báltico.
Los cadáveres arriban a las playas de Ystad y claro está, caen en manos de un cansado inspector Wallander que por esos días piensa en retirarse de una vez por todas de la Policía para transformarse en guardia privado de una fábrica.
Muy a pesar suyo, Wallander es asignado a la investigación, pero ahora no se desarrollará en las heladas calles de Suecia, en donde el inspector es pez en el agua, sino en los oscuros ministerios de Riga, la capital de Letonia.
Wallander descubre que los dos hombres muertos encontrados en la barca son de nacionalidad letona y el rumbo que toma la investigación, exige que vaya hasta la capital de la caótica ex república soviética.
Y es una vez que Wallander aterriza en Riga, cuando comienza esa infernal sensación de estar siendo espiado a cada momento.
El detective sueco tendrá que moverse desempeñando papales alternos entre una burocracia oscura y criminal formada al más puro estilo de la KGB.
Mankell es fiel al machacado estilo de narrar en tercera persona y transformarse en amo y señor del pensamiento, ideas y sensaciones de su personaje.
Pero tan trillada fórmula logra que el lector se identifique de tal manera con Wallander, que es inevitable no quedar con esa sensación de ser vigilado por un espía oculto en cada página.
El lector sabe que Wallander investiga un crimen colaborando con sus propios autores y siempre tiene la impresión de que hay algo muy oscuro en cada conversación y en cada gesto.
Pero a la vez desarrolla a su propia investigación alterna, que lo convierte en un enemigo de sus colaboradores.
Perros de Riga es un doble juego, con más de un as bajo la manga. Una larga cobija tejida con puros hilos negros.

Wednesday, April 02, 2003


La muerte del tema de moda

Desde un periódico es muy fácil medirlo; Los temas de moda tienen un periodo de vida sumamente efímero. Hace dos semanas el mundo estaba lleno de expertos en bombas y misiles, pacifistas enardecidos y profetas apocalípticos atiborrados de verdades absolutas. Nuestro monitoreo diario de lectores arrojaba records de lectura para las notas de guerra y la primera plana no estaba sujeta a discusión.
Dos semanas después las imágenes de niños iraquíes muertos han pasado a formar parte del baudeleriano “spleen”. Son un elemento más de la monotonía diaria. Las notas bélicas empatan en número de lectores con las de espectáculos o deportes. Mi director editorial empieza a preguntar si tenemos en las alforjas trabajos con carnita que puedan ocupar la primera plana. Los temas de hoy son como chicles que se mascan y acaban por perder rápidamente el sabor. Lástima. Nada más efímero que las noticias. Nada más frágil que la memoria de la humanidad. Al paso que vamos, las notas sobre la reconstrucción de Irak y sus subsecuentes hambrunas y epidemias serán breves de página 10 y nadie dirá nada. Lo peor es que muy pocos dirán pío cuando Bush se reelija en el 2004.

Odio

He leído una buena cantidad de opiniones de patrioteros yanquistas pro bélicos que critican las manifestaciones pacifistas por estar motivas por una vocación anti estadounidense y no por un genuino deseo de paz. Les llaman guerrilleros, comunistoides, globalifóbicos, ignorantes, tercermundistas y de más calificativos.
Y yo respondo una vez más: Por supuesto que yo no estoy contra la guerra por auténtica vocación pacifista. Si algo le critico a las manifestaciones pacifistas es precisamente que se han pasado de pacifistas. Ya iría siendo hora de quemar una embajada. Si alguien decide tomar venganza con los marines que vienen a chupar a la Revo vería con gusto la idea. Imaginen. Un estúpido solado que no sabe a que diablos fue a combatir pero dejó caer bombas contra miles de civiles regresa a América y acude a festejar al Papas and Beer de Rosarito. Por la noche, ya ebrio, es secuestrado y asesinado en medio de crueles torturas.
Estoy contra la guerra porque ante todo estoy contra la idea de que un solo imperio gobernado por un enfermo mental con un coeficiente muy inferior al tuyo y al mío tenga agarrado del culo al mundo. Y sí, lo acepto, estoy contra la guerra porque suelo estar sistemáticamente contra Estados Unidos, lo mismo en las Olimpiadas, el Mundial o el campo de batalla. Soy un despreciable antiyanqui con visa laser y visa de periodista que ya una vez se fue a Washington con gastos pagados por la Em-bajada de ese país. Por lo demás, en muchas situaciones apruebo la violencia. La paz no es propia de la condición humana. Pero me gusta la violencia como una reacción espontánea. La violencia que es motivada por el odio genuino. El odio es un sentimiento tan puro como el amor, el hambre o el deseo. Cuando la batalla nace del odio auténtico, la guerra es orgásmica. Sobre todo si la furia se descarga sobre el ser odiado. Descargar el odio contra un inocente es depravación. Pero esos pobres marinos chicanos carne de cañón sienten miedo, incertidumbre, hueva, emoción, pero no odio. Ni siquiera desprecio. En cambio, en las mentes de miles de niños iraquíes quedará sembrada una semilla del odio más puro que algún día germinará como un árbol cuyas ramas serán infinitas. Estados Unidos está sembrando una selva de odio en su contra y no se han dado cuenta.


En la Comisión de Ética del periódico discutimos si debemos presentar fotos crudas. Yo me pronunció por el sí. Solo viendo las desoladoras imágenes de niños destrozados lograremos que los apáticos se den cuenta de la clase de genocidio que están cometiendo nuestros vecinos. Hoy Reforma lleva en sui portada la impresionante foto de una niña muerta con la pregunta ?Bombas quirúrgicas?

La revista Por leer en su número uno que agarré gratis en la Librería El Día trae una interesante entrevista con Augusto Monterroso. Debe haber sido elaborada muy poco antes de su muerte. También trae una charla con Mario Mendoza, el co-lombiano autor de Santanás.


Quería comprar. El idioma de los argentinos de Borges, pero basta ya de gastar dinero. Renacen mis planes de robar libros.

El CD de la revista Rock Hard que me regaló César Romero sí se escucha en mi computadora del trabajo. Excelente la rola Nova Era de los brasileños Angra y la versión en vivo de Overkill de Mötorhead.

Tuesday, April 01, 2003

Sobre los libros viejos

Cuando compro un libro viejo, me entretengo pensando en como habría sido su dueño. Por eso no me gustan los libros vírgenes. Un libro que fue leído, gozado y discutido, tiene anotaciones. Un libro que se empolvó en el librero está inmaculado, desierto, como una vieja solterona.
Todos, o casi todos mis libros están rayados. Tienen mi nombre, tienen subrayados, tienen anotaciones y en la parte de atrás me doy el lujo de escribir historias y cuentos cortos. Coincido con Rafa: El libro es tuyo, no de su autor. Ya lo compraste, lo robaste o te lo regalaron, pero es tuyo, no de su papá cuervo escritor. Así que pártele la madre y no lo tomes tan en serio. No llego al nivel de Mister Phuy de arrancar hojas, pero si les puedo dibujar monitos en ratos de ocio. Con decirles que en una antología del taller de poesía de la Universidad donde aparecía yo en aquella lejana prehistoria en que fui poeta, me divertí como enano pintando bigotes, lentes y cuernos en mi fotografía. Cuando yo muera o me suicide y herede mi biblioteca, alguien se va a divertir mucho con mis jeroglíficos.


Sobre Nachón

En el blog de Fernando Morcillo leo que alguien escribe sobre Fernando Nachón. Hacía rato que no escuchaba hablar de este personaje. Este autor cayó en mis manos allá por 1990 cuando mi buen amigo Rodolfo Cruz compró el Diario de un Pendejo. Ese mismo ejemplar yace en mi librero y de vez en cuando es hojeado. Un libro terriblemente divertido. No cual-quier pendejo es capaz de hacer reír como lo hace Nachón.
He de decir que es el único ejemplar de mi librero que interesa a algunos de mis amigos que ni por casualidad son capaces de leer siquiera un cómix.
Lo que aporta Nachón que lo sitúa un escalón arriba de esos escritores empantanados en relatos de pachequeces y cogidas, es la vocación psicoanalítica de sus textos y sus afortunadas citas freudiano- lacaniano. Sus poemas suenan demasiado a Bu-kowsky.
Años después encontré en una librería Los niños bien. Una decepción total. Lo compré con fe ciega en el autor y resultó ser una basura absoluta. Decepcionante. Siempre he querido leer De a perrito. Se que lo editó Fontamara. Nunca lo he visto.
Nachón tiene mérito. A finales de los ochenta aún no se daba en México esa explosión de autores seudomalditos que quieren asustar con textos irreverentes de junkies cogelones y patanes. Sus textos recrean la vida nocturna del DF de la segunda mi-tad de los ochenta, época en que yo llegue a residir a la Gran Tenochtitlán. Antros como el popular Nueve de aquella época y el Rock Stock son reflejados
Una época aburrida y decadente que hoy en día parece taaan antigua.


Sobre la onda

Ya que pienso en esto de los autores seudo marginales, hay que tomar en cuenta que en alguna ocasión, la gente de la Literatura de la Onda fueron consideradas plumas contestatarias y malditas.
La primera vez que leí a José Agustín lo hice por accidente. Yo tendría unos 12 años. Su texto Cual es la onda era le último de la antología El cuento hispanoamericano compilada por Menton. Esta compilación empieza con el cuento El matadero de Esteban Echeverría, pasa por Rulfo, Borges, Arreola, Revueltas, Cortazar, Sinán para acabar con José Agustín como el tope de lo tope del vanguardismo. Su cuento no me agradó. No lo leí en el momento adecuado. Después, ya más grandecito, leí La tumba y ahí empezó a gestarse mi relativo gusto por este autor.
Aunque ciclado en temas y estilo, José Agustín se mantuvo en buen nivel con textos acordes a su edad y experiencia. Aún así hace años que no produce nada nuevo fuera de críticas de rock. Dos horas de sol, su última novela moderna, me pareció muy buena. Ciudades desiertas también me agrada demasiado, sobre todo porque la leí durante una larga estancia en un aburrido pueblito de Nueva Inglaterra.
Cuando yo era un adolescente alguien me recomendó leer a Parménides García Saldaña como el tope de lo tope de la margi-nalidad.
Carajo. Temática y literariamente hablando sus textos son de una inocencia tierna. Paren guión de película de Angélica María con los recursos literarios de un concurso de cuento de primero de secundaria. Lo mismo sucede con Gustavo Sainz.
García Saldaña solo existe hoy en día gracias a la promoción que el propio José Agustín se ha encargado de hacerle narrando los pasajes atascados de su vida y haciendo culto de su muerte relativamente temprana.
Otros han querido seguir sus pasos y se transforman en personajes ilustres de la historia universal del aburrimiento.






Monday, March 31, 2003

Estoy terriblemente crudo. Esto es lo que se llama una resaca y no chingaderas. Existir este lunes me ha costado algo más que horrores. Un fin de semana corto, en el que trabajé demasiado desde casa y en el que batí mi record de más horas dentro de un bar.


Fiel a lo que ya es una tradición de todos los lunes, he aquí la crónica de ese oasis de la existencia llamado fin de semana.

Encontrando Escondido

La aventura comenzó el viernes. Serían las ocho de la noche. Yo estaba atrasadísimo con el trabajo. Tenía pendiente la columna y el vaciado de una entrevista. Un par de juntas o “estira y afloja” nocturnos en la oficina de Raúl. La primera con la flamante unidad de reportajes especiales que integramos Omar Millán y yo. La segunda para discutir sobre como diablos hacer para traer más lectores a la columna.
En eso estábamos cuando Abraham mandó la nota del soldado tijuanense muerto en Irak. Como era de esperarse, pidieron que investigáramos obra y gracia de la familia del muerto. La familia vive en Escondido. Eran las 20:30 horas. En la redacción estábamos el fotógrafo Omar Martínez y yo. Abraham, que conoce bastante bien San Diego, se hizo guey de forma muy diplomática y entonces levanto la mano: “Yo merito voy”. Había que ir hasta allá, tomar fotos de toda la familia, entrevistar-los, reflejar su dolor y todo eso que gusta tanto a los lectores cursilones. Raúl prestó su carro. Cuando hay situaciones de emergencia no duda en facilitarlo.
Y ahí voy yo al volante. A prisa logramos imprimir un mapa de yahoo y tuve la precaución de traerme una buena selección de casets para el camino. El carro, un sentra blanco, es de esos que apenas acaricias el acelerador y ya vas corriendo. Acos-tumbrado como estoy a mi dura camioneta, un carro tan blandito me dio una inicial desconocida. Unos 45 minutos de línea y el migra sospechando de nosotros pues a la hora que me pidió que abriera la cajuela no encontraba yo la palanca y me bajé a abrirla con la llave. Una vez en el 805 pisé el acelerador, puse un caset de Dark Angel y llantas pa que os quiero. Ahí íbamos a más de 150 kilómetros por hora en carro ajeno con el placer de saber que no habría baches en el camino. Yo iba prendido en el volante y creo que hubiera podido seguir manejando hasta Seattle. Solo que Omar no resultó un buen copiloto. Debimos salir en el 15 y de pronto ya andábamos en Oceanside. Salimos al azar. Preguntando en la gasolinera nos recomendaron tomar el 7/8 al Este. Dimos con él y al cabo de un rato llegamos a Escondido. Pero ahí sí que empezamos a sufrir. Dimos vueltas y vueltas. Un perdidón de aquellos. Íbamos oyendo Mötorhead. El Omar nervioso. Yo con cara de no hay pedo. Había perdido mis esperanzas de encontrar la casa, hasta que dimos con la dichosa calle. Claro, Otra cosa fue dar con el depa, pero lo encontramos. Eran las 23:30 horas. La familia celebraba algo así como un funeral en la sala. En la puerta la fotografía de Jesús Alberto Suárez del Solar, tijuanense de 20 años muerto en Irak en circunstancias aún no aclaradas.
Pensé que con justa razón seríamos corridos a patadas pero el padre del soldado nos recibió amablemente. Y aunque las lá-grimas lo traicionaron más de una vez, hizo un relato coherente y bastante crudo. Yo esperaba encontrar un despreciable pocho patriotero, pero no. Era un tijuanense que se expresaba muy correctamente y que por fortuna estaba contra la guerra. Cuestionó al Gobierno americano y le echó en cara a Bush la muerte de su hijo por una guerra comercial.
Yo no pudo lamentar la muerte de un soldado. Después de todo nadie lo obligó a ir. Pero sí aborrezco la idea de que sean mocosos mexicanos de 20 años los que tengan que morir por los caprichos capitalistas de unos cerdos republicanos. Unos bastardos que sin duda discriminarían a un joven como Del Solar, del que solo se acuerdan cuando se necesita carne de cañón. La entrevista duró como media hora. A las 12:00 agarramos de regreso. Todo el 15 y luego el 5, ahora sí vuelto madre pues queríamos alcanzar a entregar la foto. Íbamos a más de 160 escuchando Black Sabbath. Llegamos al periódico como a las 12:30. La foto no entro ese día, pero yo tenía en mis manos una buenísima historia para deleitar a nuestros lectores.

Sabbath blody sabbath

Dormí pesado. Literalmente como un tronco que cae en la cama por su propio peso. Soñé que volaba. Se que es un sueño común, pero siempre es delicioso. Estaba yo en algún cuarto y de pronto me elevaba. En el fondo sabía que estaba soñando pero también sabía que el vuelo dependía absolutamente de mí. Me elevaba sobre unos bosques como impulsado por una fuerza y luego me deslizaba. A las 8:30 de la mañana sonó el teléfono. Una llamada equivocada. Desayunamos deliciosamente. Después me puse a trabajar en el vaciado de la entrevista con el papá del soldado mientras escuchaba Blind Guardian y Rainbow y bebía unas Samuel Adams. A las 14:00 a iniciativa de Carolina nos pusimos shorts y chanclas y salimos a lavar la camioneta. Modestia a aparte nos quedó muy bien. A las 15:00 sagrado ritual. Duelo de felinos en San Nicolás Tigres vs Pu-mas. Empezamos jugando poca madre. Golazo de Irenio que madrugó a la barrera. Fallas, más fallas y empate unamita. La Bola González. Medio tiempo me bañé y rasuré a toda prisa.. Segundo tiempo. Presión, llegadas tiros de esquina, más fallas. Tiro libre, Bernal suelta, Hugo Sánchez remata, golazo Ya los teníamos. Justo triunfo de 2-1. Minuto 3. Yo me comía las uñas y le chiflaba a la tele a ver si el árbitro pitaba de una vez. Tiro de Fonseca, le rebota en las nalgas a Hugo Sánchez y mierda, mierda y recontra mierda. Empataron los pinches unamitas. Odio que nos empaten en el último minuto y eso ha sucedido tres veces en esta temporada. Contra Pachuca, Santos y ahora Pumas había triunfos amarrados. Seis puntos se nos han ido de las manos. Preferí no pensar más en eso. Salimos de casa vestidos y alborotados. Fuimos en busca de un misterioso restaurante argentino que está dentro de unos depas pero que al parecer no funciona más, aunque tiene un letrero amarillo. Acabamos en el café Saverios. Carpaccio, pizza mediterránea y botella de tinto. Deliciosa cena. Después fuimos al Ruben Hood, un sitio que no acostumbramos visitar demasiado. Tres negras modelo y unas palomitas. De pronto entró Víctor Magdaleno, un editor que acaba de salir en el último recorte. Me levanté a saludarlo. Bebió una cerveza y se fue. Tengo la impresión de que mi presencia lo incomodó.
Después nos fuimos a la Plaza Río. Pensábamos hacer una compra en Dorians y luego seguir la parranda en la Plaza Fiesta. Pero los aromas y los vientos primaverales nos motivaron a un espontáneo y delicioso sexo en el carro al más puro estilo teenager. El lecho matrimonial no es el único espacio sexual de las parejas casadas y cambiar de cancha es muy sano. Cuando tiene sexo en un lugar público estás muy pendiente de todos los que pasan a tu alrededor. Y nunca la gente se ve tan terriblemente pendeja como en esos momentos. Tu los observas desde la ventana del vehículo esperando que ellos no te vean a ti. Ellos están ocupados haciendo sus compras, cargando sus bolsas, arreando a sus escuincles y nosotros, sus observadores, tenemos muy claro nuestro objetivo en la vida en ese preciso momento: Tener y procurar un orgasmo. Conseguido el objetivo, nos dimos cuenta de que no hacía falta ir a ninguna parte más y nos fuimos de ahí sin haber descendido del carro a seguir la parranda en casa. Compramos unas botellas de Casillero. El vino era oscuro, denso, seco a más no poder. Parecía sangre recién sacada. No terminamos la botella. Antes de las 12:00 ya dormíamos plácidamente.


Domingo suizo

Desperté ahuevado. Tenía trabajo que hacer. Escribí un poquito y después volvía a dormir como hasta las 11:00. Nuestro amigo César Romero habló para proponer plan de ir a desayunar. Seguí escribiendo. Carolina había cocinado chicharrones con salsa pero se quemaron. César llegó como a las 13:00 horas. me trajo de regalo una revista española de metal con disco incluído. Pero mierda mierda mierda, el disco venía defectuoso y ni el estereo ni la computadora lo quisieron tocar. Lástima porque traía material interesante de Saxon, Kreator, Sodom y Blackshine. Me quedé con las ganas. Salimos como a las 13:00. Cesar había propuesto el Yogurt Place, pero Carol y yo lo consideramos muy sano para nuestros estándares. Requerimos altas dosis de colesterol para vivir. César propuso comer en el Sótano Suizo. Aunque de vez en cuando acudo a ese lugar, nunca me había tomado la molestia de preguntar que había de comer. Llegamos antes de que abrieran. Fuimos los primeros clientes en entrar poco antes de de las 14:00. Pedimos jarra de cerveza oscura. Caracoles al ajillo y salpicón de botana. Un hot dog gigante para comer. Una delicia En la tele daban América vs Atlas y los goles llovían a racimos. 4-4 final. Llegó la segunda, la tercera y la cuarta jarra y la conversación fluía. Con Cesar el tema suele ser Monterrey. Es un regio nostálgico que evoca con añoranza los años de juventud en la Sultana. A él lo conocí en 1992, cuando ambos estudiamos efímeramente Ciencias Políticas en la UANL. En realidad por él conocí a Carolina que entonces era una bebé de 14 años que estudiaba preparatoria. Casi todas las conversaciones con César se remontan a las amistades de esa época. Yo ya no extraño Monterrey ni quiero volver a vivir ahí. Ya me hice tijuanense. Lo que más extraño de Monterrey son las tardes en el Estadio Tigre y nada más. Su gente y su clima son de hueva. Yo me quedo aquí. Tal vez algún día Tijuana tenga un equipo de primera división, pero se ve muy difícil que algún día Monterrey tenga mar, un clima decente y una sociedad cool capaz de mearse en la iglesia, en los apellidos y su pinche texanismo mierdozo. Por ahí de las 18:00 de la tarde llegó el suizo René acompañado de un polaco llamado Esteban. Se unieron a nuestra conversación. César se lleva de cachete y nalgada con el suizo y aunque yo casi no lo había tratado, me acabó por caer muy bien. El tema giró en torno a la guerra y dedicamos un buen rato a blasfemar contra Bush. El polaco, que por cierto llegó en una moto amarilla, resultó ser un apasionado antisemita. Yo no podría declararme a mi mismo un antisemita, aunque sí un franco enemigo de Israel y del sionismo que practica Sharom, así que tuve muchas concordancias con mi interlocutor. Después el suizo se fijo que en mi camiseta con el estampado de la Guernica de Picasso y la conversación giró en torno al cuadro. Me dijo que el había mandado hacer una Guernica gigante en la sala de su casa y yo saqué a colación el motivo anti bélico que dio origen al cuadro en 1937 cuando la Falange desangraba España. Para entonces me había cansado de beber cerveza de barril y pedí Guiness. No había, pero el suizo me recomendó una cerveza irlandesa llamada Murphys. No lo hubiera hecho. Creó un monstruo. La cerveza estaba deliciosa, espesa, amarga a más no poder. Debo haber bebido cinco o seis. Tan animados estábamos, que el suizo nos invitó a cenar una pasta que acababa de cocinar su mujer. Abrió una botella de grapa y mandó traer el espagueti y la ensalada. La grapa nos calló fuerte. La cena fue deliciosa, aunque modestia aparte, Carolina prepara pastas tan ricas que superan a cualquiera, incluso a las que probamos en Italia.
Pasadas las 10:00 de la noche, luego de pasar más de ocho horas dentro del bar, (una jornada laboral entera) y haber bebido litros y litros de cerveza, César, Carolina y yo abandonamos el Sótano Suizo totalmente ebrios.
Como era de esperarse, este lunes se cobró la factura con una cruda demencial. El costo que paga uno por ser tan com-prometidamente dionisiaco.