A ver colegas, arrojemos un poco
más de literatura al tema de moda del 26. Este domingo es un buen día para darle
una repasada a este par de librazos: Bestiario tropical, del bogotano Alfredo
Iriarte, y Hablando con el diablo. Entrevistas con dictadores, del colega
reportero italiano Riccardo Orzio.
El libro de Iriarte, que pepené
en la feria de Bogotá, nos presenta los
perfiles de ocho dictadores latinoamericanos de los siglos XIX y XX. Aquí
aparecen el ecuatoriano Gabriel García Moreno; los bolivianos Mariano Melgarejo
y Agustín Morales; el venezolano Juan
Vicente Gómez; el dominicano Rafael Leonidas Trujillo (inmortalizado por Vargas
Llosa en su Fiesta del Chivo); el guatemalteco Jorge Ubico; el salvadoreño
Maximiliano Hernández y cierra con la infausta dinastía de los Somoza en
Nicaragua. Bestiario tropical es en verdad un agasajo de prosa. Iriarte es
irónico, un tanto socarrón y derrocha malicia narrativa. Los retratos de los
dictadores son tragicómicos y esperpénticos, como Calígulas o Nerones de los
trópicos: mesiánicos, siniestros, megalómanos hasta la indigestión. Todos
derrochan anécdotas a un mismo tiempo escalofriantes y ridículas. Acaso por eso
mismo te acabas riendo, porque al final estos retratos reales son tragicomedias
del más negro humor.
El segundo libro, Hablando con el
diablo, es 100% periodístico. Lo pepené en un tenido del Fondo de Cultura a
solo 60 pesitos. Como buen reportero de oficio, Riccardo Orizio permite que
sean los propios dictadores entrevistados quienes se narren a sí mismos, mientras
que él se limita a describir las circunstancias que rodearon a cada entrevista y el contexto en que se realizó.
Riccardo entrevista a “Big
Daddy”, Idi Amin Dada, dictador de Uganda; a Mengistu Hailé Mariam, el Mao de
Etiopía; a Nexhmije Hoxha, la viuda del Stalin de Albania, Enver Hoxha; el yugoslavo Slobodan Milosevic;
el polaco Wojciech Witold Jaruzelsk y el haitiano Jean Claude Duvalier. Cierra
con una carta del panameño Manuel Noriega que se negó a ser entrevistado cara a
cara. Confieso que lo compré sobre todo por Hoxha y Milosevic (ya saben, mi filia
balcánica), pero ninguna de las entrevistas tiene desperdicio.
Si algo hermana a dictadores
latinoamericanos, africanos y europeos, es que tooodos sin excepción se sentían
redentores de sus respectivos pueblos, abanderados de una misión casi divina.
Todos se llegaron a sentir todopoderosos e intocables y de una u otra forma se
sintieron traicionados.
Aquí va una tercia de reflexiones
finales:
La primera, es que aunque en teoría
fue electo “democráticamente”, Donaldo Trumpas cabría perfectamente en estos
esperpénticos perfiles por su personalidad narcisista y megalómana. Está que ni
pintado para aparecer en estos bestiarios.
La segunda, es que las esposas de
algunos dictadores son más cabronas que bonitas. Nexhmije Hoxha, Elena
Ceausescu son ejemplos siniestros y bueno… parece que Cilia Flores no canta
nada mal las rancheras y es el puño de hierro tras el bobalicón Maduro.
La tercera y última es que la
caída de dictadores es tierra fértil para el empoderamiento de personajes absolutamente
grises e improbables. Por ejemplo, en Dominicana nadie daba medio centavo por
el presidente fantoche, el apocado Joaquín Balaguer, que fue el tonto útil y el
gran ganón tras la caída de Trujillo y acabó sumando 26 años como presidente
dominicano en tres periodos distintos. Pues bien, hasta el día de ayer ni tú ni
yo habíamos escuchado el nombre de la tal Delcy Rodríguez, pero hasta ahora
parece ser la tonta útil del Trumpas y la gran triunfadora de esta historia.
Pd- Sountrack recomendado
para leer. Dictator de The Clash, Dictatorshit de Sepultura, Tyrant de Judas
Priest, Los Dinosaurios de Charly García