Eterno Retorno

Saturday, April 27, 2019

Serotonina

1- A veces cierta narrativa confirma su condición de vicio masoquista. De pronto la lectura es una navaja desollando entrañas. En un avión a oscuras, atravesando el país de Cancún a Tijuana, concluyo la lectura de Serotonina de Houellebecq. Me costó el arranque de esta novela. Houellebecq sabe demasiado a Houellebecq y a veces no estás de humor para tragos amargos, pero uno vuelve irremediablemente a abrevar en sus estanques de veneno favoritos. Subrayo, garabateo y de pronto el libro parece mirarme a los ojos y horadar en lo más profundo. Sí, el pinche libro está tocándome donde duele. 2- Por alguna razón, la costumbre hecha ley es que en las primaverales escapadas a la Riviera Maya me da por leer autores franceses y casi todos dejan huella. Hace cuatro años, la lectura de Limónov de Carrère en Playa del Carmen fue una canija catarsis. De las mejores experiencias de comunión con un libro que he tenido en último lustro. Al año siguiente leí el de Oona y Salinger de Beigbeder y al siguiente Basada en hechos reales de Delphine de Vigan (otra experiencia casi mística fue leer Prosas apátridas del peruano Julio Ramón Ribeyro, pero de eso ya hablaré). Tal vez por el gran recuerdo de Limónov, mi gran apuesta del viaje era Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, el ensayo sobre Philip K. Dick escrito por Carrère. No soy ni de cerca un feligrés en la iglesia de los androides y las ovejas eléctricas, pero me encanta la forma en que Carrère traza perfiles de seres bipolares. Bien entrado estaba en mi lectura, cuando ocurrió la tragedia: el libro sobre Dick me fue robado junto con mi celular y la Teoría King Kong de Virgine Despentes. En ausencia de Emmanuel recurrí a Serotonina 3- Los personajes houellebecquianos son odiosamente fieles a sí mismos. No esperes nada nuevo bajo sol. Hombres maduros y hechos mierda, deprimidos hasta la pinche médula. Lo cierto es que nadie como el de la isla Reunión retrata con tal desparpajo y crudeza la irremediable condena de Occidente. Aquí ya ni siquiera se puede hablar de decadencia. En los libros de Michel el occidental es un condenado a muerte, un enfermo desahuciado. 4- El abominado invierno sexual produce monstruos. Me es inevitable tender puentes entre los personajes de Houellebecq y el Philip Roth tardío. Los del narrador de New Jersey suelen ser más viejos, ya bordeando la senectud, mientras que los del francés son cuarentones. En cualquier caso, los hermana la obsesión o la saudade por la pérdida del jardín de las delicias sexuales. Cuando todo haya acabado quedará la pulsión erótica como último vestigio de vida en una anatomía moribunda. 5- Al final, siempre cedo a la tentación de una contra-lectura de Houellebecq con cierta moraleja: el occidental está irremediablemente condenado al naufragio porque ha perdido sus valores. Al final solo el amor podría aspirar a salvarte. Sí, a veces creo que el nihilista de nihilistas es, pese a sí mismo, un romántico incurable.

Friday, April 26, 2019

Cazador de albas y sargazo

El sueño de la razón y la furtiva cacería de albas caribeñas producen monstruos. También el exceso de sargazo puede inspirar historias alucinantes. Catherine Davenport, turista canadiense, buscó desesperadamente una pluma para escribir un poema que no podía esperar. El poema se llamaría Sargazo Zen, pero en lugar de pluma Catherine encontró cuatro dedos cortados dentro de un cajón. De eso y otras cosas platiqué en Playa del Carmen con mi colega Octavio Martínez García, quien ha tenido el detalle de escribir esta nota en el Novedades de Quintana Roo. Nada errado andaba Hemingway: se vive como se escribe en el Caribe.

Thursday, April 25, 2019

Cazador de amaneceres

Si alguien me pregunta a qué me dedico hoy en día, diré que soy un cazador de amaneceres. A mucho más ya no puedo aspirar. Insomne incorregible, salgo de la habitación antes de las 5:30 am. Voy al sport bar 24 horas a pepenar el primer café de la mañana. Sobre la barra yacen los últimos abanderados de la resistencia borracha, una pareja que se aferra a sus tragos mientras a la madrugada le sobre un retazo de oscuridad. El barman solitario pierde la mirada en las diez pantallas que en silencio escupen repeticiones de partidos de fútbol. Por los pasillos del hotel cruzo con los ebrios amanecidos y los empleados que a toda prisa limpian las albercas. Tipos que no duermen por la noche, diría Patricio Rey y el señor de Tlaxcala. La oscuridad aún lo cubre todo y las palmeras están borrachas de luna. En la playa los mosquitos están en plan particularmente voraz. Sobre los camastros yacen vasos medio vacíos de los que hace no mucho vinieron a consumar su furtiva cogida playera. Una uña de luz destella en el horizonte. La luna aún brilla, pero pronto se ocultará en la laguna. El alba hace coincidir a seres improbables: los últimos sobrevivientes de la juerga y los atletas despertadores de gallos. Los súper fitness hard core con su actitud Rocky Balboa y su petulante superioridad moral, y los borrachos como vampiros en retirada a ocultarse junto con la luna. Irrumpen los primeros niños tempraneros con el corazón cargado de energía y sus desmañanados padres caminando varios metros atrás. El sol caribeño empieza a abrirse de capa. El gran monstruo dormido poco a poco abre los ojos. Algunas furtivas historias han brotado de estas cacerías de amaneceres. Sargazo Zen es una de ellas. Por ahora solo he podido liberar esta dispersa palabrería. Así las cosas con la primera luz del Sábado de Gloria, el último día de mis 44 años. Tiempo de ir por los cafés y retornar a la habitación con Carol De Hoyos e Iker. Morning has broken. Este cazador de amaneceres ha cumplido su misión.