Eterno Retorno

Wednesday, May 20, 2026

Los villanos de Birmingham


 

En el barrio de Aston, entre el hollín de las fábricas acereras, nació el Heavy Metal. En esas calles cubiertas de óxido crecieron, durante la hostil postguerra, unos niños llamados Tony Iommi, Geezer Butler, Ozzy Osbourne y Bill Ward. Ahí estaba la fundidora donde Iommi se rebanó los dedos antes de crear su riff inmortal. Ahí, en el Villa Park, se despidió del Mundo el Príncipe de las Tinieblas, Mister Ozzy Osbourne. Sí, Birmingham es una ciudad muy metalera. Sus criaturas más célebres son Black Sabbath y Judas Priest, pero también de ahí salió Napalm Death, Extreme Noise Terror, GBH, Benediction, Godflesh. Vaya, The Moody Blues, la banda favorita de mi madre y cuya música fue el soundtrack de mi infancia, también es de la capital acerera y obvia decir que yo prefiero por mucho a las bandas metaleras de Birmingham sobre las poperas de Manchester. Del barrio de Aston son también los Peaky Blinders y sus boinas con navajas que tanto me gusta usar. Tal vez por esa razón me pone contento ver al Aston Villa levantando una copa europea después de 44 años de sequía y cobija arrastrada. El Aston Villa fue un cuadro enorme en los años veinte, precisamente los tiempos de los Peaky Blinders y contra todo pronóstico, en 1982 levantó una Orejona. Tiene esencia de equipo barrial, rudo y peleonero y eso me cae bien. Claro, sin que me quede nada, la neta es que en esta final contra el Friburgo esperaba un juego ligeramente más épico y reñido, pero los de la Selva Negra se pasaron de inocentes y apenas dieron batalla, si bien le perdonaron una expulsión al Villa. Faltan por jugarse la Conference y la Champions y yo voy con el Rayo Vallecano y con el Arsenal. Por cierto, hay altas probabilidades de que las tres copas de Europa queden en manos de técnicos españoles. Algo están haciendo bien en mi segunda patria

Monday, May 18, 2026

Origami


 

Tantísima es nuestra nostalgia por los Highboru bar nipones, que Carol mandó pedir dos típicos tarros de Suntory Whisky para regalármelos de cumpleaños. Los Jaiboles japoneses invariablemente se sirven en ese tipo de tarro. No en vaso whiskero ni en copa. El Highball se sirve en tarros de Suntory, todos con el mismo escudo amarillo con la respectiva firma de Shinjiro Torii, el legendario fundador de la destilería y padre del whisky japonés. En un típico Izakaya japonés, un tarro de whisky vale lo que una chela. Algunos le agregan rodaja de limón amarillo y jengibre. Nuestros tarros atravesaron el Pacífico y hoy llegaron a nuestra casa. Pero el detalle más lindo que hace toda la diferencia, es un origami acompañando la carta de agradecimiento del vendedor con su respectivo sello de sakura para una simple venta en línea. El origami (o papiroflexia) es el arte japonés de plegar papel para crear figuras tridimensionales. Su premisa fundamental es no usar tijeras ni pegamento, transformando una hoja de papel en formas de animales, flores u objetos mediante una secuencia de dobleces. Alguien al otro lado del Pacífico, se toma el tiempo de doblar un papel y crear un pájaro con sus manos. Algo tan sencillo puede ser algo tan lleno de significado. La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario es a menudo pequeño detalle.