Eterno Retorno

Thursday, July 23, 2026

España es, ante todo, una filosofía futbolística


 

Ganó la nación que inventó la lengua romance más hermosa del mundo, la lengua que por segunda vez en 92 años es hablada por los 22 jugadores en la cancha. La lengua que es odiada a muerte por el repugnante tipo que gobierna el país sede. Ganó el equipo que practicó el mejor fútbol asociación en todo el torneo, el que hizo del juego una ceremonia colectiva de once, sin depender de individualidades despampanantes ni genios extraterrestres. Once obreros, cada uno entregado a su labor. España es, ante todo, una filosofía futbolística, una idea plural, una manera de practicar la colectividad, porque españoles somos todos 

Vamos a tomarnos la del estribo. Ahora sí colegas: la última y nos vamos



1- Al final queda la sensación de que el Mundial tuvo un final feliz. Contra todo pronóstico ganó el fútbol y la pelota no se manchó al premiar al conjunto que mejor jugó. Ganó la labor de equipo, la colectividad, el engranaje perfecto de una filosofía futbolística plasmada en cada minuto del partido y en cada rincón de la cancha. Ganó España y eso es una excelente noticia para el mundo del fútbol y para quienes amamos este deporte.
2- Pienso en quiénes han sido los jefes de estado más repugnantes en entregar una Copa del Mundo. Pienso en Mussolini en 1934, en Videla en 1978 (Díaz Ordaz no entregó la del 70). Para mí Trump está inscrito en esa impresentable galería y tengo fe en que más temprano que tarde la memoria colectiva lo coloque en el basurero de la historia donde le corresponde estar.
3- Es obvio que Trump no quería darle la copa a una nación no subordinada como España contra la que ha despotricado una y otra vez. Como sus caprichos son órdenes sagradas para Infantino, llegué a pensar en que veríamos un robo de antología y una cuchillada por la espalda contra los españoles. El problema es que para inventar un penal al menos hay que pisar el área rival y Argentina ni siquiera se acercó, pues estuvo arrinconado 120 minutos. Pensé que Trump haría algún desplante a la hora de entregar la copa, pero se tragó el orgullo.
4- Hoy reparo en que lo más admirable de Argentina, lo que siempre he amado de ese gran país, es justamente lo que Milei está destruyendo a paso veloz. El sólido sistema de educación pública, ejemplo para toda América, sus universidades, sus librerías, sus editoriales, la cultura que puede respirarse en cada rincón. Es injusta la manera en que están juzgando y satanizando al pueblo argentino, pero en el fútbol se refleja el estado de ánimo de un país. Los valores de Milei son la soberbia, los gritos, el insulto, el despotismo, el triunfo a costa de lo que sea, el escupitajo del mal perdedor. Es la ética del capitalismo motosierra, el credo de los que prostituyen la palabra libertad, de los predicadores de basura estilo padre rico, padre pobre. El letrero de protesta no debió ser “las Malvinas” son argentinas”. Debió ser la educación pública es argentina, las universidades son argentinas, la seguridad social es argentina. Recuperen eso. Las islas de nada les sirven. En todo caso larguen a los gringos y a los israelíes de la Patagonia e impidan que su ridículo presidente se arrodille ante el sionismo genocida.
5- Qué gran milagro es España como país. Qué improbable fortuna es que tú y yo nos expresemos y entendamos en esta hermosa lengua tantos siglos después. La España de los reinos de Taifa, la de los guerreros almogávares. La de los aragoneses, navarros, leoneses, castellanos, catalanes que ya cargaban un milenio de sangre y cultura fenicia, cartaginesa, romana, celta, visigoda y magrebí. Hace mucho que dejé de leer a Pérez Reverte como novelista, pero como periodista y estudioso de la historia me encanta. Una historia de España es irreverencia pura, divertida, realista e irónica. Y es por esas divinas contradicciones, por ser esa caótica licuadora de razas, lenguas e ideales que amo tanto a España. Su triunfo es el triunfo de la Nación plural e incluyente en donde cabemos todos. El Mundial tuvo el final más feliz posible.

¿Existe riesgo de que la ficción sobre crimen organizado termine normalizando ese fenómeno o ya sucedió?

 

1.     


Por supuesto que ya sucedió. Forma parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra narrativa costumbrista. Sería imposible no reflejarlo. Tampoco es algo nuevo. El México de 1850, por ejemplo, también era profundamente inseguro. El camino de México a Veracruz estaba infestado de gavillas de bandoleros integradas muchas de ellas por militares en desgracia o caudillos derrotados en los múltiples cuartelazos y rebeliones que asolaban la naciente República y eso lo vemos reflejado en la literatura.  Por ejemplo, El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, tiene como personaje principal al jefe de una sanguinaria gavilla de bandoleros de Yautepec que seduce a Manuelita, una joven de alta sociedad. El Zarco representaba al crimen organizado de entonces y el propio Altamirano refleja cómo muchas veces los bandoleros acababan integrando tropas de liberales o conservadores por igual. En la novela de la Revolución vemos lo mismo. El Rodolfo Fierro de la Fiesta de las Balas de Martín Luis Guzmán o los personajes descritos por Nellie Campobello en Cartucho no le piden nada a cualquier capo de los Zetas o el CJNG. En algún momento también fueron muy populares las novelas de piratas, pero aunque Emilio Salgari los romantizó, los modelos de Sandokán, el Corsario Negro o el Pirata Morgan eran tipos bastante sanguinarios que no solían tocarse el corazón.