Eterno Retorno

Saturday, November 25, 2023

El fotógrafo borrachón

 


El último gran éxito de la carrera de Radel,  lo habría conseguido  al  captar las mejores imágenes de los goles de Rossi, Tardelli y Altobelli que coronaron a los italianos campeones del Mundo en  la final del Mundial España 82 en contra del pánzer germano.  Sus fotografías superaban en calidad a las de fotógrafos de Roma y Milán e incluso a los alemanes,  que contaban con cámaras mucho más sofisticadas. Para desgracia de Radel, sus históricas imágenes tomadas en el Santiago Bernabeu  no alcanzaron a lucir en las ediciones del día siguiente, porque al momento en que Dino Zoff alzaba la Copa del Mundo, Radel ya estaba demasiado borracho como para darse a la tarea de revelar y hacer llegar su material y cuando los diarios aguardaban impacientes el envío, el veterano fotógrafo yacía ahogado en la crápula noche madrileña celebrando el tricampeonato de la Squadra Azzurra.

En los corrillos periodísticos era bien sabido que Radel entraba a la cancha con una pacha de whisky oculta entre las múltiples bolsas de su descomunal chaleco. Entre lentes y rollos, el veterano fotógrafo siempre tenía un lugar especial para un pomo que iba bebiendo a lo largo del partido y que estaba rigurosamente vacío cuando el árbitro silbaba el final.

Lejos de afectar la calidad de sus fotografías, el licor parecía potencializarlas. Radel sostenía que sus mejores imágenes solían ser captadas cuando los primeros escarceos de la embriaguez empezaban a hacer de las suyas en su cabeza. El fotógrafo borrachón captaba como nadie las pinceladas artísticas del juego que a sus colegas pasaban desapercibidas.  La mala noticia es que sus neuronas alcoholizadas  cobraban la factura a la hora de comenzar con el trabajo posterior al silbatazo final, cuando llegaba el momento  del revelado y el envío.

Thursday, November 23, 2023

DEAD KENNEDY

 


Como no queriendo la cosa, una revista me acaba de hacer recordar que el Dead Kennedy hoy se convierte en sesentón. El tiempo corre a velocidades dispares y aún no sé si 60 años es algo reciente o ya huele a remota antigüedad. En cualquier caso, aún hay demasiada gente en el mundo que recuerda con claridad lo que estaba haciendo ese 22 de noviembre al mediodía. Tan solo imagino lo que provocaría un magnicidio de esas proporciones en 2023: cuántas fotos y videos habría del plomazo de Oswald, cuántos incendios en Twitter, cuántos enlaces en vivo y repentinas teorías de microondas machacadas por patéticos influencers. 60 añitos y los States son un descomunal banquete de pordioseros, un campo de pruebas de desquiciados francotiradores traumados, una nación más pirada y enferma gobernada por un viejo demócrata pusilánime que está a punto de perder el poder ante una horda fascista, mientras el planeta se desangra en Palestina y Ucrania como entonces se desangraba en Vietnam y los herederos de Castro siguen tronando sus chicharrones en Cuba. Los republicanos son cada vez más santurrones, racistas e intolerantes, viles merolicos bíblicos condenando el aborto y enalteciendo el sacrosanto derecho a disparar sus amadas armas mientras los demócratas son cacareadores de la ridícula agenda woke y su cultura de la cancelación. 60 añitos y lo mejor que nos dejó en herencia ese 22 de noviembre fue Libra de Don DeLillo y la música de los Dead Kennedys. Hora de escuchar Bedtime for democracy

 

Sunday, November 19, 2023

Scape to the void

 


 Los saltos al vacío son adictivos. Para qué negarlo. La fuerza de atracción del abismo puede llegar a ser muy cabrona. Hace unos días, varias cámaras filmaron el momento en que un hombre en bata y ensangrentado, recién dado a la fuga de un hospital del IMSS, se arrojó del puente de la 5 y 10 pese a los desesperados intentos de una mujer por salvarlo y pereció sobre el asfalto trastornando el tráfico en el crucero más congestionado de Tijuana. Todos vimos el video. No sé si tengo derecho a afirmar que mis amigos argentinos acaban de actuar como ese pobre suicida, que sin duda arrastraba un infierno existencial y huía de un vía crucis hospitalario. Cuando a la vida le da por morder muy duro y con los dientes afilados, el salto al vacío puede ser visto como una cura o por lo menos como una ruta de escape.

Quiero dejar atrás el vicio de opinar en torno aquello que ignoro. No puedo pensar en cabeza ajena y no camino en los zapatos de un argentino que le otorgó su voto a Javier Millei como para creerme con el derecho de llamarlo suicida. Tampoco es que hubiera razones para no considerar que te suicidabas si votabas por una hecatombe caminante como Serio Massa. Sin embargo, no puedo dejar de sentir que el triunfo de Millei en Argentina es un retroceso.

¿Por qué me importa? Tal vez porque Argentina es un país al que le tengo harto cariño y cuya cultura – literaria, musical y futbolística- forma parte de mi educación sentimental. Vaya, es el segundo país que más veces he visitado en mi vida después de Estados Unidos y por ello me lastima verlos entregarse a un petulante payaso que a priori parece más ridículo que temible, aunque a estas alturas tal vez que haríamos bien en temer sus payasadas. Cierto, la única razón de peso para volver a confiar en el bodrio peronista, era la de no entregarse a los brazos de un tipejo que es una mala broma en el perene show de tiktokero que se ha transformado la política global. En cualquier caso, Millei refirma la supremacía de la gritería sorda y la bravuconada facilona, que son la nueva ley en la política global. Trump y Millei se disputan la copa de los gestos más grotescamente asquerosos de la política mundial. Prohibida la razón, el sosegado análisis y la mesura. A la mierda con la moderación y con el centro. Lo de hoy es el discurso del odio. Gana más el que odia más, el que grita más, el que vocifera, despotrica y hace los gestos más repugnantes. Puede que no tengas muy claro lo que crees (después de todo no hace falta) pero debes tener clarísimo aquello que odias y encarnar en tus palabras el odio de las masas. Qué tristeza que tantos millones de argentinos voten por la supresión del derecho a la salud y la educación pública, por la entrega del bien común a la ciega voracidad el mercado, por la justificación histórica de genocidas.

Libertad, libertad ¿cuántos crímenes se cometen en tu nombre?