América entera podría arder bajo un enjambre de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar
Ni la paternidad
ni el Apocalipsis resultan ser tan potentes como la modorra inducida que te
aplasta esta mañana. Acaso tus recién nacidas gemelitas podrían
dejar de respirar en sus cunas y América entera arder bajo un enjambre
de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar. Cuando el Boeing 767 de
United Airlines impacta en la torre sur del World Trade Center, yaces
despatarrado en el sillón de tu sala, inmerso en tu primer sueño profundo de
septiembre.
Cediste a la
tentación de tomar medio barbitúrico poco antes del amanecer, cuando las dos
bebés dejaron por fin de llorar y consumaron el milagro de un sueño compartido.
La pastilla cumplió con noquearte y para cuando la primera torre fue impactada,
tú estabas en un estado parecido a la total inconciencia. Pasados 17 minutos,
cuando el segundo avión se estrella, los gritos de tu suegra y el ring del
teléfono taladran alguna zona de tu cerebro.

