Eterno Retorno

Saturday, June 20, 2026

Nietzsche. Su música- Seine musik

 


 

El pasado 30 de abril, deambulando por el centro queretano, fui a dar a una galería de antigüedades. Aquello era en verdad un museo. Espadas, uniformes militares de la Guerra de Reforma, óleos decimonónicos, muebles porfirianos, parafernalia de choznos y tatarabuelos. Por momentos me sentí inmerso en una historia estilo Aura de Fuentes. De pronto, desde una mesa de chucherías me sonrió un librito: “Nietzsche. Su música- Seine musik”. No costaba más de cien pesos y lo pepené. Me di cuenta entonces que el librito era el complemento o el acompañante de un disco de 16 piezas tocadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM al final del homenaje Cien Años sin Nietzsche celebrado en el 2000. El disco brillaba por su ausencia en la galería. El librito, que viene en español y alemán, lo leí en el trayecto entre Tequis y Querétaro. Confieso que aunque en mi juventud leí muchísimo al buen Fede, nunca me había adentrado en su faceta de músico. “La música nos habla a menudo más profundamente que las palabras de la poesía en cuanto que se aferra a las grietas más recónditas del corazón”, escribió Nietzsche a los trece años de edad y nada errado que andaba. Lo interesante es que el filósofo no se limitó a hacer de la música una categoría filosófica fundamental y a obsesionarse con Wagner, sino que él mismo se dedicó a componer música. Creó al menos 70 piezas que incluyen coros a capella, música sacra e incluso fragmentos de una misa. Hoy recibo el último amanecer de primavera escuchando en Youtube el disco que debió acompañar al librito. Las piezas nietzschianas son ejecutadas por Gustavo Rivero Weber y Natasha Tarasova al piano, con Lourdes Ambriz como soprano, Encarnación Vázauez mezzosoprano, Leonardo Villeda tenor y Jesús Suaste barítono. Confieso que imaginaba una música desbordada e intensa como la prosa del Fede, pero sus composiciones musicales son calmas, melancólicas, por momentos dulces. Sus primeras composiciones son infantiles y las concluyó a los doce años inspirado por El Mesías de Händel. La filia musical fue herencia paterna. Karl Ludwing Nietzsche, dicen, fue un virtuoso pianista con una notable facilidad para improvisar variaciones. Creo que el único ejemplo anterior de un filósofo que incursionara en la música es el de Rousseau, cuya ópera, El adivino del pueblo, llegó a estrenarse.

La última mañana de primavera arrastra el coro de los pichones que se niegan abandonar el nido (o los nidos) que yacen en nuestra enredadera mientras leo los poemas de Fede en Hiperión.

¡Sí! ¡Sé de dónde procedo!

Insaciable cual la llama

quemo, abraso y me consumo.

Luz se vuelve cuanto toco

y carbón cuanto abandono:

llama soy sin duda alguna

Thursday, June 18, 2026

Recuerdos de Corea

 

 


En cada país del mundo que visito hago siempre lo posible por ir a ver el futbol y Corea, por supuesto, no fue la excepción. Hace dos años fuimos a ver al Suwon FC contra el Daejeon Citizen. Los visitantes ganaron 1-2. Suwon es una ciudad ubicada a una hora de Seúl en donde se ubica la descomunal Fortaleza de Hwaseong. El futbol coreano es rapidísimo. Tal vez no tengan una depurada técnica individual, pero ello lo suplen con una endiablada velocidad. Desde 1986 los coreanos no han faltado al Mundial, pero creo que en los últimos años Japón los ha rebasado. Hace muchos años, en enero de 2002, Carol y yo fuimos a ver un México vs Corea en el Rose Bowl de Pasadena. Los coreanos, que se preparaban para ser coanfitriones del mundial, fueron invitados a la Copa Oro. Aquel partido se jugó bajo un helado diluvio invernal. Acabamos empapados y Corea ganó en penales 4-2. El Tricolor, por cierto,  era dirigido por Javier Aguirre.

Corea es sin duda un país admirable, aunque si nos dan a elegir, Carol, Ikercho y yo preferimos mil veces a Japón. A Corea lo perjudica su excesivo materialismo, su obsesión con la belleza artificial y con las marcas caras. No es casualidad que la narrativa femenina coreana, hoy tan de moda gracias a Han Kang, horade tan profundamente en la inclemente presión social machista a la que son sometidas las mujeres, esclavizadas por inflexibles cánones de belleza.

Eso sí, las bibliotecas de Seúl ya las quisiéramos en México. Impresionante la biblioteca Starfield en Gangnam, pero también las bibliotecas ambulantes en parques, donde dejan sombrillas y canastas con libros para quien quera echarse en la hierba a leer. Bellísima la playa de Gwangalli en Busan y su barrio de Gamcheon.

Veo que los coreanos están felices en Guadalajara, entrándole con fe a las tortas ahogadas. Como son guapos para el picante y para los caldos feroces rebosantes de ajo, le entienden a las mil maravillas al menudo y al pozole.

Este es el único partido de la primera ronda que trae consigo un grado de dificultad para el Tri, pues checos y sudafricanos son unos tristes troncos. Aquí se define el primer lugar del grupo y algo me dice que acabará en empate.

Tuesday, June 16, 2026

Lio en Bloomsday


 

También era Bloomsday cuando Lionel Messi anotó en Gelsenkirchen su primer gol mundialista. El rival era Serbia y Montenegro y Lio entró de cambio al minuto 74 cuando el marcador estaba 2-0. Entonces los goles cayeron en racimo, cuatro en doce minutos y el sexto fue de Messi, de pierna derecha al minuto 88. Vi el juego con Carol en la vieja tele de nuestro cuarto, la única que hasta entonces habíamos tenido desde que nos casamos en el 99. Estábamos a diez días de festejar nuestro séptimo aniversario de bodas y faltaban tres años y medio para que naciera Ikercho

Eran las 7:00 de la mañana y yo debía irme a mi junta matutina en la redacción de Frontera. Salí de prisa y en el camino, en plena carretera Escénica, a unos metros del Colegio del Frontera, tronó la trasmisión de nuestra vieja camioneta Jimmy. Por primera y hasta ahora única vez, fui auxiliado por la grúa de Capufe a la que tienes derecho como usuario de la carretera federal. Ese Bloomsday murió mi viejísima camioneta. Arreglarla me salía demasiado caro así que la vendí como chatarra.
Ese mismo verano, dos meses después, vi a Messi en vivo cuando el Barcelona visitó a los Tigres en San Nicolás en la fiesta por el centenario de Cemex. Esa vez no se me hizo verlo jugar, pues Frank Rijkaard no le dio minutos, pero lo vi trotar y pelotear, pues los culés abrieron al público su entrenamiento en la cancha Tigre. Ronaldinho era la máxima estrella de aquel Barcelona y Messi era todavía una joven promesa.
Dos años después, el 4 de junio de 2008, vi a Messi jugar a nivel de cancha. Se jugaba un México vs Argentina en el Qualcomm de San Diego a donde yo entré acreditado como fotógrafo sin serlo. Un día antes me habían sacado dos muelas del juicio y esa semana se estaba celebrando la Feria del Libro de Tijuana en la Revu. Para entonces Messi ya era Messi. Argentina goleó 4-1, Lio anotó el tercer gol y yo estaba atrás de la portería. Fue la única vez en mi vida que vi jugar a nivel de cancha y a pocos metros un superdotado, un genio de otra galaxia. Lio mete goles de fantasía y lo increíble es que los hace ver como algo tan fácil, como si fuera lo más natural del mundo. Que 20 años no es nada, dijo el Zorzal Criollo y conforme envejezco cada vez le creo más. 20 años después me deleito viendo a Messi anotar sus goles 14, 15 y 16 en la Copa del Mundo. También estoy con Carol y estamos en la mismita casa, pero no en la recamara sino la sala. Ikercho duerme siesta en el sillón. Es Bloomdsay pero por su ausencia ha brillado la Guiness, los riñones fritos y el whisky irlandés. Eso sí, yo cumplí con arrancar el día leyendo un pasaje del Ulises (Hamlet ou Le Distrait, página 314) al amanecer. El futbol suele marcar la cronología de mi vida. Hace 20 años, que fueron un suspiro, vi en esta misma casa el primer gol mundialista de Messi y hace 40 años, en el Bloomsday de 1986, veía al Brasil de Sócrates y Josimar destazar a Polonia y ahora escribo esto mientras Jordania juega el primer partido mundialista de su historia. A veces me aterra recordar con tal precisión los detalles exactos de lo que estaba haciendo cuando se jugó un partido histórico.
¿Habrá tiempo para recordar el 26 cuando los días de esta ingrata copa sean remotos ayeres?

Sunday, June 14, 2026

El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo: 40 años sin Borges

 



El 14 de junio de 1986, minutos antes de la s ocho de la mañana, Jorge Luis Borges falleció en Ginebra. Había entrado en coma el día anterior. Las únicas personas que estuvieron a su lado fueron María Kodama y el escritor Héctor Bianciotti, que viajó de urgencia desde París. Semanas Borges antes había estado internado en el Hospital Universitario Cantonal de Ginebra por un enfisema pulmonar. Tras recibir el alta, se hospedó temporalmente en el Hotel L'Arbalète, pero al momento de morir estaba en un departamento rentado en el casco viejo de Ginebra en la calle Gran Rue 28.

Los últimos meses de Borges siguen siendo un gran misterio. Para muchos de sus amigos, empezando por Bioy Casares,  resultó sorpresivo y extraño que Borges y María Kodama decidieran repentinamente irse a Europa a finales de 1985 sin avisarle a nadie, máxime tomando en cuenta la deteriorada salud de Georgie y su deseo, muchas veces expresado, de morir y ser enterrado en Buenos Aires.  Extraño resultó que se fuera sin despedirse. El 27 de noviembre vio por última vez a su amigo Bioy en una exposición de sus primeras ediciones. Roberto Alifano me contó que esa mañana todavía trabajó con él como era su costumbre, dictándole poemas y haciendo correcciones en el departamento de la calle Maipú. También desayunó con su hermana Norah. A ninguno de los dos les dijo que horas más tarde volaría a Europa para no volver jamás. ¿Por qué?

Los meses pasaron y mucho más extraño resultó a sus amigos enterarse por rumores, que Borges y María Kodama se habían casado el 26 de abril. De acuerdo con la biografía escrita por Lucas Adur, fue el abogado Osvaldo Vidaurre quien se encargó de gestionar una extraña licencia matrimonial en Paraguay, pues Borges no estaba oficialmente divorciado de su primera esposa, Elsa Astete Millán.  Más sospechoso aún fue que esa misma semana, el mismo Vidaurre, con un supuesto poder firmado por Borges, iniciara las gestiones para vender su departamento en la calle Maipú y trasladar su biblioteca a Ginebra. También estaba gestionando un permiso de residencia permanente en Suiza.

La cofradía anti Kodama es numerosa y radical. Roberto Alifano me dijo que aquel matrimonio no fue legalmente válido y que Borges estaba ya demasiado enfermo como para tener plena conciencia. Él piensa que Kodama arregló todo a sus espaldas. Sin embargo, Lucas Adur anota que después de la austera y disimulada boda, Borges afirmó: “Ahora sé que existe el paraíso porque me casé con María”. A sus casi 50 años, Kodama era dueña de una elegante y enigmática belleza. Entiendo que Borges se haya enamorado de ella, pero como albacea literaria fue una inflexible tirana. De hecho, la inflexible tiranía de Kodama tuvo efectos en mi humilde camino de vida escritural. En 2018 yo gané un premio en Argentina llamado Fundación El Libro. Mi amigo Oche Califa me dijo que la idea original era llamar a ese galardón Premio Jorge Luis Borges, pero Kodama, por supuesto, no lo autorizó. Habría sido hermoso tener en mi hoja de vida un premio con el nombre del escritor que más admiro. Horas después de que el mundo conociera la noticia de la muerte de Jorge Luis Borges, la selección de Argentina estaba sentada en las gradas del Estadio Azteca viendo el partido Paraguay vs Inglaterra de donde saldría su próximo rival. Lineker despedazó a los guaraníes y ese día la albiceleste se enteró que le esperaba la guerra de las Malvinas en Santa Úrsula. La Pérfida Albión estaba lista. No creo que nadie en la concentración argentina haya tenido tiempo para pensar en la muerte de Borges. Asumo que el único que lo habría leído era Jorge Valdano. Cuando a Maradona le preguntaron qué pensaba de Borges, preguntó que en qué equipo jugaba.

Cuando murió Borges yo tenía doce años de edad y solo había leído un cuento suyo: Los dos reyes y los dos laberintos. Mi imagen infantil de Borges era la del escritor ciego al que le emocionan los laberintos. Tres años después leí El Aleph y desde entonces no dejé de leerlo y ya me hice a la idea de que lo leeré hasta el último día de mi vida.

Esta mañana, mientras veo a Curazao plantarle digna batalla al Panzer germano, leo al azar poemas de Los conjurados, su última obra.

Todos los ayeres un sueño: El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo. Interminablemente.