Eterno Retorno

Saturday, April 25, 2026

Parecía que su organismo y el universo entero conspiraban contra la escritura

 


Ánimas, que públicamente se burlaba de la retórica cursiloide y barata de los libros de superación personal, se auto motivaba con peroratas que habría utilizado cualquier burdo coach. La llave está en ti, todo el poder reside en tu interior. Cuestión de ponerse en la labor con disciplina y objetivos. Estoicismo, concentración, actitud triunfadora. Nada muy diferente de un Rocky Balboa trepando la nevada montaña siberiana. Cada día un nuevo desafío, el triunfo está en tus manos y en tu corazón está el poder de transformarlo todo. Cualquier aspirante a empleado de mes en Home Depot o a vendedor estrella de una compañía de electrodomésticos podría haber entendido el sentido de esos auto-lavados cerebrales.

A esas alturas de la vida, Ánimas apelaba a soluciones desesperadas. La escritura planteaba incluso desafíos psicosomáticos. Escuchar el suave golpeteo del teclado costaba sangre, sudor y lágrimas, y era el non plus ultra de la improbabilidad.  Parecía que su organismo y el universo entero conspiraban contra la escritura. Aquello era ya enfermizo. Bastaba empezar a teclear para sentir una modorra devastadora, un cansancio de siglos, un mareo con esencia de mil derrumbes. Aunado a sus malestares, la computadora tenía a bien fallar y crashear cuando la bestia Bartleby ofrecía una mentirosa capitulación.

Thursday, April 23, 2026

Tiny Desk


 

De un tiempo para acá se pusieron de moda los Tiny Desk Concerts, espontáneas tocadas celebradas entre libreros y escritorios rigurosamente desordenados. Pues bien colegas, creo que de una u otra forma yo siempre he tendido a formar mis siempre caóticos Tiny Desks en los lugares donde he trabajado. Durante diez años, mi escritorio en la redacción de Frontera fue la catarsis de caos, un amasijo de libros, periódicos viejos y documentos varios que formaban una cordillera. El detalle es que desde 2012 a la fecha mi oficina es la cabecera del comedor de nuestra casa. Creo que el 90% de lo que he publicado a la fecha ha brotado de este rincón. A un lado de mi silla tengo un baúl cuyo interior está repleto de libros, mismo quew funge también como mesa que a su vez sostiene un pequeño librero sobresaturado y a punto de vencerse. Como buen Tiny Desk, entre los libros se apilan monitos, llaveros, anillos, plumas, pins y chucherías diversas. Los libros a su vez son recipientes y archiveros, pues sus páginas yacen repletas de tarjetas de presentación, boletitos, servilletas del recuerdo y recortes de periódicos. Varias fotos del Ikercho, una foto de Georgie, otra del buen Pessoa, un llavero del Cerezo Osaka.

No siempre hay rosas, pero libros hay siempre. En cualquier momento, lugar o circunstancia de mi vida hay siempre un libro cerca. No es por un afán intelectual de sabiduría, sino por una compulsión obsesiva. Vaya, cargar un libro conmigo me da paz, como esos niños que no pueden salir de casa sin su osito de peluche o su cobijita sudada. Los libros son mis objetos contrafóbicos. Cuando tengo un mal día o estoy nervioso o encabronado, el mejor remedio es pararme frente a los libreros. A veces ni siquiera hojeo nada. Simplemente veo los lomos o las portadas y con eso me calmo. Jugar a acomodarlos o desordenarlos es una actividad terapéutica con la que puedo lograr una abstracción casi zen.
En fin colegas, este 23 de abril, el mundo celebra al objeto con el que he tenido una relación más pasional a lo largo de mi vida.

Tuesday, April 21, 2026

26 en el XX- 26 en el XXI


 

Este 21 de abril se ha empatado el marcador. 26-26. Hoy puedo decir que he vivido la primera mitad de mi vida en el Siglo XX y la segunda en el Siglo XXI. Eso sí, el primer tiempo transcurrió mucho más lento mientras que el segundo ha sido un tren bala, haz de cuenta el Shinkansen. Hoy juntamos la baraja completa: 52 naipes.

Entre el 74 y el 2000 transcurrió la eternidad y entre el 2000 y el 26 ha sido un soplo, una ráfaga de viento. Desde hace 27 años estoy con Carol y hace 16 Ikercho llegó a nuestras vidas. Cierto, mi cultura, formación y gustos son muy Siglo XX, pero como terco salmón anarco que soy, peleo la contra frente a la gran cascada del XXI y su Zeitgeist tan hostil.

Solo una cosa les digo colegas: la vida se pasa muy pinche rápido, pero ha estado muy chingón vivirla. Mentira que esto sea la mitad. Digamos que si fuera partido de futbol, ya va empezadito el segundo tiempo. Cierto, la rueda gira y se acabó la juventud, pero te juro que físicamente me siento muchísimo mejor que hace un año o hace cinco y el kilometraje de mis tenis vuelve a ser tan abultado como en mis tiempos de estudiante o reportero. Eso sí es novedad. Vuelvo a utilizar ropa que no me ponía hace una década y camino sin problema siete u ocho kilómetros diarios (a veces más) sin sentir cansancio alguno. Ya no bebo ni como tanto, pero aún sé disfrutar de lo poco que entra por la boca. No quiero sonar como un evangelista de la salud (a mí me recagaba que me sermonearan) pero tu vida cambia radicalmente cuando el corazón late a su ritmo y tus piernas pueden doblarse o estirarse a placer y caminar por toda la ciudad o subir un cerro sin pedir esquina.

Leo y escribo con vocación aún más caótica y fragmentaria, pero a menudo me basta encontrar un solo párrafo matador para iluminarme el día. Tal vez por ello leo cada vez más poesía.

No colegas, en verdad no esperaba llegar a estas alturas ni navegar en estas altamares, pero las estoy disfrutando. Si me hubiera muerto joven me habría perdido de muchísimo. Ya no tengo apuro ni obsesión. No tengo prisa por publicar o ganar un premio como antes, pero me sigue emocionando viajar y leer y creo que la vida no va a alcanzarme para tantos libros y tantas ciudades.
Los abriles se acumulan y no hay quien me los robe, pero he aprendido a armar rompecabezas con ráfagas de repentina e improbable felicidad. Al igual que Calamaro, ya guardé el instinto asesino en un cajón. Estamos inmersos en una de las épocas ideológicamente más pestilentes de nuestra historia reciente, pero ya no tengo interés en demostrarle a nadie que tengo la razón y me limito a sentir pena por el fanático.

Vivimos tiempos adversos para los librepensadores como yo. La red está infestada de personas aferradas a restregarte a cada minuto que su dios, su credo, su líder o su partido son supremos e infalibles, pero a mí su ruido ya no me afecta. Allá ellos. A mí no me toca “evangelizarte” y decirte que ser ateo, bibliófilo, heavymetalero y Tigre es la única receta posible para la felicidad. Yo he sido feliz, pero el mundo no necesita otro predicador.

Dicen que chango viejo no aprende maroma nueva y tal vez sea cierto. Creo que si me subo a una máquina del tiempo y me encuentro a mí mismo en un cumpleaños de hace (digamos) 35 años, encontraría demasiados puntos en común conmigo mismo. Vaya, si me voy a 1991, me encontraría leyendo algún libro, garabateando un cuaderno con caótica caligrafía, caminando una calle, juntando monedas para una escapada mochilera, escuchando Metal en casete, acudiendo a una tocada y haciendo cálculos y pronósticos a ver si Tigres alcanza a entrar de panzazo a la liguilla. Eso es más o menos idéntico en mi vida diaria y pocas cosas han cambiado conmigo.

Gracias a quienes se acordaron de mí este día o cualquier otro y a todas aquellas personas con quienes he compartido algún tramo de este camino de vida. Les juro que ha valido la pena una y mil veces caminarlo. 

Monday, April 20, 2026

Un reporterazo andaluz

 


Es andaluz, es un reporterazo jarcor y es (hasta el momento) mi gran descubrimiento literario (o periodístico) del año, aunque no es precisamente una novedad editorial.  Se llama Manuel Chaves Nogales, nació en Sevilla en 1897 y se puso a practicar ese periodismo que supera a la mejor literatura muchos años antes de Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote y Hunter Thompson.

Le debo el tip al siempre agudo radar libresco de Federico Guzmán.  Cuando hablamos de nuevo periodismo en lengua española, siempre citamos a Operación Masacre de Rodolfo Walsh como la piedra fundacional, pero la verdad es que el sevillano Chaves Nogales se anticipó algunas décadas. Su corta vida de 46 años le alcanzó para dejar en herencia una obra que bien harían en leer los colegas reporteros que empiezan a patear calle. Manuel reporteó en la Rusia bolchevique, la Alemania nazi, la Italia fascista, la Francia de la resistencia y por supuesto en la España de la Guerra Civil. Entrevistó a personajes como Haile Selassie, Maurice Chevalier, Charlie Chaplin, Winston Churchill, Alexander Kerenski, Josef  Goebbels  y Alfonso XIII.

La editorial Páginas de Espuma ha reeditado en su solo volumen tres de sus obras imprescindibles: A sangre y fuego, El maestro Juan Martínez que estaba ahí y Juan Belmonte, matador de toros. A sangre y fuego es una crónica del sangriento Madrid de 1937, asediado por los bombardeos franquistas. Lo que más me gusta de este gran colega reportero, es su manera de mirar de frente a la barbarie retratando con cierta ironía la sinrazón, la crueldad y el fanatismo absurdo de ambos bandos. Como buen periodista ajeno a militancias, pinta su raya con rojos y falangistas, afirmando que ambos lo habrían fusilado de buena gana de haber podido.

 El maestro Juan Martínez que estaba ahí, es la historia de un bailaor de flamenco y su pareja que se van de gira a Rusia en 1917 donde son sorprendidos por la Revolución bolchevique. Juan Belmonte, matador de toros, es la historia de vida de un torero sevillano conocido como El Pasmo de Triana, considerado por los expertos como el fundador del toreo moderno. Me cuesta trabajo creer que me haya tardado  tanto en llegar a la obra este colegazo andaluz, pero celebro haber llegado.