Eterno Retorno

Friday, September 11, 2026

Dios nos odia a todos

 

La alucinante inspiración retornará con el nuevo milenio. No se trata de imitar descaradamente la obra cumbre del 86 pero sí de emular su espíritu rabioso con una esencia (si esto es posible) aún más blasfema. La energía fluye en el estudio. Hay furia y oscuridad pero también harta precisión. La portada elegida es una biblia ensangrentada y la introducción son versículos del Antiguo Testamento. La censura no se hace esperar y en algunos países el disco deberá salir con una funda blanca. Será su casi White álbum.   El título elegido  no puede ser más contundente: Dios nos odia a todos.  La fecha para la salida al mercado de su nuevo disco ha quedado marcada: 11 de septiembre de 2001. La expectativa es enorme.

Aquel martes no son muchos los que tienen cabeza para dedicar su atención a la salida de un disco metalero. Las Torres Gemelas son derrumbadas por la mañana antes de la apertura de las tiendas de discos. Las letras del disco parecen ser el soundtrack de aquel Apocalipsis, la musicalización perfecta para el Armagedón neoyorkino. El coro de la canción Disciple es un grito de guerra demoledor y pegadizo

God Hate us All,

God Hate us All

You know it's true God hates this place
You know it's true he hates this race
Homicide, suicide…

La canción retumba en mis audífonos a un volumen brutal (diría Barón Rojo) mientras escribo a marchas forzadas en mi cuartucho del Herald Square Hotel en Nueva York. ¿Otra vez he vuelto a inmiscuirme en este relato? Imposible no hacerlo. Ahora soy un reportero de 27 años de edad que ha sido enviado de urgencia a la Gran Manzana a  cubrir las secuelas de los atentados terroristas.

Compró el disco en una Tower Records de Manhattan el 16 de septiembre. Durante el día me doy a la tarea de pepenar historias con la comunidad mexicana y al caer la noche me encierro a escribir en mi hotelucho. El God Hate Us All revienta mis tímpanos y envuelve mi tejido neuronal. Todas las notas que escribí y publiqué están contagiadas por el alma negra de ese disco. A la fecha cada que  lo escucho imagino el vuelo mortal de Mohamed Atta, las torres cayendo, los escombros por donde caminé en plena Zona Cero gracias una apócrifa credencial de rescatista que me consiguió un integrante tijuanense del grupo Topos México. Gracias a esa credencial pude cruzar por un territorio vedado para periodistas. Por primera vez en mi camino de vida como reportero estaba parado en el centro neurálgico de la historia, en el punto exacto donde ardía la humanidad.

¡Waaaaarrr, Waaaaarrrr WAAAARRR!!!

El grito retumba desde la misma noche de los tiempos. En mi cabeza retumban tus riffs mientras voy pisando piedras chamuscadas y fierros retorcidos. Huele a muerto a metal quemado.

Mis neuronas tocan tu guitarra y reescriben una prosa afiliada como mil navajas. Este odio venía de lo más lejano y lo más bárbaro. Era el odio de Dios. ¿Te has dado cuenta?  God Hate Us All tiene la pura  esencia de José Revueltas pero el barbón de Papasquiaro, Durango, escribió Dios en la tierra 65 años antes de que ustedes grabaran ese disco.

Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre de Dios. Dios de los ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y terrible, hostil y sordo, de piedra ardiendo, de sangre helada. La voz profunda y ciclópea de Dios que había pasado por la tierra y nos dejaba por herencia dos fálicas torres hechas mierda. ¿Leíste alguna vez a José Revueltas? Por supuesto que no. Leías sobre todo historias de guerras, de criminales nazis, de asesinos seriales pero nunca a Revueltas.

Dios nos odia a todos Jeff, en eso estamos de acuerdo pero quedamos en que esta es tu historia, no la mía ni de la de Revueltas. Esta es tu historia Jeff, pero a punto de cumplir 40 años estás un poco aburrido y harto de todo. Salir de gira, tocar las mismas putas rolas, ver a cientos de tipos demenciales matándose en un moshpit asesino y después la solitaria noche, los tragos de Jack Daniels que apenas cumplen con embotarte, la puntualidad del insomnio. El cubano retorna para tocar la bataca en la gira y grabar el siguiente álbum. Por primera vez cierran el concierto tocando íntegros los 29 minutos y medio de Reign in Blood y el acto final es una lluvia de sangre que no es sangre.

Cuando 17 minutos después un segundo avión se impactó sobre la torre sur...

 

La mañana del lunes 10 me fui al canal sin haber pegado un ojo y por la noche en el noticiero debí usar una doble capa de maquillaje para intentar disimular mi rostro de derrumbe.

Llegando a casa me esperaba un campo de batalla. Pilas de pañales, cobijitas vomitadas y biberones a medias desfilaban desde el comedor a la recámara. Rosamar y Marisabel parecían competir por ver quién lloraba más fuerte mientras mi madre y mi suegra se enfrascaban en una estéril discusión y Rosalía lloraba en silencio con el rostro pegado a la almohada. Fue la peor noche de todas y cuando estaba decidido a emprender la fuga e irme a refugiar a un hotel, sobrevino el milagro de tener a las dos gemelitas dormidas poco después de las cuatro de la mañana. Cedí a la tentación de tomar media pastillita que me hizo caer despatarrado sobre el sillón para conseguir mi primer sueño profundo desde el día del parto. Fue entonces cuando el Boeing 767 de American Airlines se estrelló contra la torre norte del World Trade Center.

Cuando 17 minutos después un segundo avión se impactó sobre la torre sur,  los gritos de mi suegra retumbaron en mis pesadillas. Instantes más tarde, una llamada urgente del dueño de la televisora acabó de despertarme y aquí estoy, dispuesto a atascarme de Apocalipsis frente a las cámaras.

América entera podría arder bajo un enjambre de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar

 

Ni la paternidad ni el Apocalipsis resultan ser tan potentes como la modorra inducida que te aplasta esta mañana. Acaso tus recién nacidas gemelitas  podrían  dejar de respirar en sus cunas y América entera arder bajo un enjambre de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar. Cuando el Boeing 767 de United Airlines impacta en la torre sur del World Trade Center, yaces despatarrado en el sillón de tu sala, inmerso en tu primer sueño profundo de septiembre.

Cediste a la tentación de tomar medio barbitúrico poco antes del amanecer, cuando las dos bebés dejaron por fin de llorar y consumaron el milagro de un sueño compartido. La pastilla cumplió con noquearte y para cuando la primera torre fue impactada, tú estabas en un estado parecido a la total inconciencia. Pasados 17 minutos, cuando el segundo avión se estrella, los gritos de tu suegra y el ring del teléfono taladran alguna zona de tu cerebro.

Wednesday, September 09, 2026

Hoffenheim y Hoffenhaim

 

Hoffenheim, una improbable ciudad alemana que en mi duermevelera red era el non plus ultra del futurismo. Primero era la visión de la duermevelebrya a través de un germánico prófugo o renegado de Hoffelhaim, poblaco al que no quería volver por orpesivo y deshumanizado. Lo que ante nosotros había eran lloanuras, estepas, un abierto campo sudamericano (cuando de repente,  detrás de un árbol me aparezco yo, mezcla rara y linyera y ya sábanas, diría la piazzolana balada para un locuaz goyenechero). Pero no, ese de pronto o de repente y el árbol y el yo es un constructo subterfugiado. No, de repente la llanura sudaquera en Hoffenheim y Hoffenhaim o heim era un gran tubular, un tren al aire libre con esencia de montaña rusa en carritos individuales y separados, un incredycoaster en pleno que iba a esa velocidad sobre un tubo cilíndrico de color azul elevado sobre la galáctica llanura.


Sunday, September 06, 2026

Bien pinche Undead

 

Bela Lugosi is Dead? Undead, Undead, Undead…Bien pinche Undead. Sueños estereotípicamente nosferateros en el sacrificial septiembre. Lo que la duermevela arroja es un ataúd en un sótano. Un ataúd habitado por un No Muerto y a mí me emocionaba la idea de que la caja tuviera vida adentro, de que el muerto rengueara y pataleara y claro, alguna invocación o conjuro me aventaba onda bien acá bien Secrets of the Black Arts y la tapa del ataúd de abría y luego una segunda cubierta, pero el muerto no era un Nosferatu de cara blanquecina y ojos enrojecidos como Mina Harker o Lucy Westerna, sino un cuerpo estilo juego de anatomía de primaria, con sonrisa Colgate y musculatura numerada y clasificada. Después corríamos y nos apresurábamos a cerrar con llave el sótano, una llavecita pequeña y una cerradura circular. El muerto quedaba ahí encarrado y nosotros corríamos escaleras arriba en donde también, of course my horse, pasaban cosas, chingaderas diversas, acontecimientos al estilo Zizek. Confessions of a spankfloor. Hoy el Nosferatu mi alegría cumplió con pararme a las 4:27 am.

Sabbathiembre Sabbathryonal

 

Sabbathiembre Sabbathryonal. Así mi Sabbath Bloddy Sabbath de tener que vérmelas con la resaca a las 5:44 am. Rezacorrya Sabbathiana una banda que se llame, mientras me dirijo a hablar el idioma universal de la masacre de calorías. Vamos al Esperanto a esperar algo de la pinche vida, atravesar la ciudad cuando aún duerme y luego de ir de cacería y pepena libresca y si ya sábanas pa qué cobijas.