Eterno Retorno

Friday, October 27, 2023

¿Qué trae de México? Traigo siete noches borgeanas.

 


Borges lee a Dante mientras viaja en tranvía hasta la barrial biblioteca donde trabaja. Yo leo a Borges, quien escribe (o habla) sobre su enésima lectura de Dante, mientras hago línea para cruzar a San Diego. Borges se traslada desde su casa en Las Heras y Pueyrredón hasta su trabajo en una biblioteca barrial en Almagro sur, en Avenida La Plata y Carlos Calvo. Yo empiezo a hacer fila atrás del puente de la 20 de Noviembre y a vuelta de rueda avanzo sobre la Vía “Rápida” (cuya rapidez es un chiste que se cuenta solo). Durante esos interminables viajes en tranvía, Borges releyó la Comedia dantesca en tres tomos que alternaban el inglés y el italiano. Eran los tiempos de su casto romance con Estela Canto, cuando el peronismo estaba por irrumpir sobre la Argentina y Georgie iba a ser transformado, por orden de Juan Domingo, en inspector de conejos y aves de corral. De su intensísima lectura de la Comedia brotarían los cuentos de El Aleph, pero esa es otra historia.  Muchos años después, mientras cruzo una frontera,  yo voy leyendo lo que la lectura de Dante produjo en Borges, inmortalizada en Siete noches, el volumen con las siete conferencias pronunciadas en el teatro Coliseo de Buenos Aires entre el 1 de junio y el 3 de agosto de 1977. Siete noches es literatura oral y para entonces Borges ya estaba ciego.  “La Comedia la seguimos leyendo y nos sigue asombrando y durará más allá de nuestra vida, mucho más allá de nuestras vigilias y será enriquecida por cada generación de lectores”, escribe Georgie y yo le creo. Dante vivió seis siglos antes que Borges y pasó más de la mitad de su vida como exiliado, víctima de las turbulencias entre güelfos y gibelinos que se disputaban el poder en su Florencia natal. En su andar errante, con el manuscrito de la Comedia llevado a lomo mula, obvia decir que Dante jamás imaginó que sería leído y reinterpretado seis siglos después por un genio de la literatura universal, habitante de un país que en el Siglo XIV aún no existía, de la misma forma que el poeta Virgilio, quien vivió más de mil 250 años antes del nacimiento de Dante, jamás imaginó que sería leído y transformado en personaje y guía por el mayor poeta del medioevo. Virgilio, quien murió sin alcanzar a contaminarse de teología católica, se preguntaría por qué carajos Dante decidió que no le sería dado contemplar ese tal Paraíso y los confinó a ser guía en el Infierno y el Purgatorio, solo por haber nacido antes de la irrupción de Cristo y sus peroratas. Y ni Virgilio ni Dante ni Borges se imaginaron el vía crucis de cruzar la frontera más congestionada del mundo en el Siglo XXI y mucho menos que el habitante de una caótica ciudad en perpetuo desmoronamiento llamada Tijuana, los evocaría mientras avanza a vuelta de rueda rumbo a la garita. Ellos son mis guías y mis compañeros de viaje en este infierno. El perpetuo cruce de una frontera atascada podría perfectamente ser interpretado como un círculo infernal. Para decenas de miles de tijuanenses ese es su ritual de vida diaria: levantarse de madrugada y empezar a hacer una fila de horas para ir a sus trabajos, así, un día tras otro (todas las mañanas del mundo, diría Quignard). Para alguien que cruza la frontera todos los días durante más de 20 años ¿cuántas horas, días, meses o años de su vida se consumen atrapado en esa absurda fila infernal? ¿No podría considerarse una condena? En cualquier caso, la lectura de Borges logra hacerme evadir el tedio del cruce y conjura los minutos muertos. Cuando tu mundo se torna hostil, siempre habrá a la mano un buen libro para abrir una ruta de fuga. Borges lee a Dante en el tranvía. Yo leo a Borges en mi carro e inmerso en mi lectura una hora y media se ha hecho humo y de pronto ya estoy frente al migra filipino: ¿Qué trae de México? Traigo siete noches borgeanas.

Wednesday, October 25, 2023

miramos como el tren bala del futuro nos deja abandonados en el desierto

 


Muchos años después, cuando el futuro ya ha quedado muy atrás, retorno a Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Cuando yo estaba en segundo de primaria, a principios de los 80, mi madre me leyó este libro. Recuerdo lo que para mí significaban entonces las fechas de los relatos. La primera crónica, El verano del cohete, está fechada en enero de 1999. Entonces faltaban poco menos de dos décadas para el fin del milenio y para mí, con ocho años de edad, aquello significaba el lejano e inabarcable futuro. Nathaniel York emprende el primer viaje en 1999 y la colonización de Marte comienza en 2001. La última crónica,  El picnic de un millón de años, está fechada en 2026, o sea, dentro de tres años. Bradbury publicó este libro en 1950, pero la mayoría de las crónicas las escribió a   mediados de los 40, cuando faltaba medio siglo para la primera expedición de Marte. Acaso Ray realmente pensaba que llegado el Siglo XXI habría colonias espaciales. Yo mismo lo creía en 1981. Hoy Elon Musk está obsesionado con organizar paseos al planeta rojo, pero no sé si le alcance la vida para fundar una colonia por esos rumbos. El ejemplar de Crónicas Marcianas pepenado en la Feria del Libro Antiguo, es una edición argentina de 1974 en editorial Minotauro  prologada por el mismísimo Borges. El gran Georgie habla de la forma en que la edad antigua Luciano de Samosata y Ludovico Ariosto imaginaron los viajes a la Luna y los selenitas. Desde hace milenios fantaseamos con esa ficción llamada futuro. El detalle es que hoy el futuro parece correr más rápido que nuestra capacidad de fantasearlo. El futuro pisa el acelerador cada vez más a fondo. No duran lo mismo 50 años en el Siglo XX que en el XXI.  En la California de la posguerra, Bradbury viajó medio siglo al futuro e imaginó colonizaciones espaciales. Situado en este lugar y en este momento ¿cómo imaginas las crónicas terrícolas del 2073? Tal vez no tenemos que irnos tan lejos. Acaso dentro de una década la inteligencia artificial sea la única responsable de gestionar negocios, administrar servicios y generar infraestructura en un mundo robótico poblado por impresoras de ADN, en donde los cerebros de los ricos tendrán implantes de nanochips y la desigualdad biológica empiece a sentar sus reales  mientras una caterva de primitivos humanos primitivos asilvestrados miramos como el tren bala del futuro nos deja abandonados en el desierto.

Tuesday, October 24, 2023

IORIO

 

Hoy murió un personaje políticamente incorrectísimo, algo así como el anti espíritu de la época encarnado, un provocador vocacional aferrado a darse a odiar. Se llamaba Ricardo Iorio, es el padrino del Metal pesado argentino y aunque cosechó detractores y enemigos, nadie podrá acusarlo de traicionarse a sí mismo. Después de todo, el Metal debe ser así: provocador e incómodo.

“Masticaste en soledad, por no callar verdades”, le cantó Iorio al poeta Almafuerte, en una estrofa que podría perfectamente aplicarse a su persona. Por supuesto, a él no lo verás nunca mencionado en un documental fashionista como Rompan todo y el mainstream del rock argentino fingirá que mira para otro lado para ignorar su legado. Apadrinados por el gran Pappo, su fundacional banda V8 irrumpió en el 82 con el seminal disco Luchando por el Metal. En el Buenos Aires de Muchacha ojos de papel y Seminare, estos antisociales irrumpieron con Destrucción,  Parcas sangrientas y Brigadas metálicas  mientras gritaban “que se mueran los hippies”. Y es que en Argentina el Metal es un asunto verdaderamente marginal y anti sistema con una elevada dosis de crítica política

No es que el tipo me resultara simpático, pero sucede que el  Zeitgeist actual con su invasión  woke me resulta tan cagante, que acabo por sentir cierta nostalgia por boomers odiosos como Iorio

En cualquier caso, como hormonal metalero que soy, le debo muchísimo a sus tres bandas: V8, Hermética y Almafuerte. La historia del Heavy Metal en español no sería la misma sin esos tres nombres.

Sáquense ya la careta
Rompan las ruedas de carreta
Y sin demora ni sospecha
Consuman todo el Heavy Metal


Monday, October 23, 2023

vastísima inmensidad del tejido neuronal siempre oculto

 


Tenía el pez en la red, listo para arrojarlo sobre la hoja y cocinarlo en palabra escrita, pero se escabulló y volvió a las aguas del ignoto mar del subconsciente. Amanecer de un sábado, con la ligera resaquita de espontáneos vodkas que libé en la víspera, surfeando la cresta de una dulce ola onírica que se desvanece si no eres capaz de asirla cuando apenas has despertado. Tu primer acto del día, antes incluso que el primer sorbo de café tan negro como nuestras almas, debe ser  espulgar la red e inventariar la pesca. Qué tan ancho e inabarcable es el océano donde moran todos esos sueños prófugos del recuerdo consciente, vastísima inmensidad del tejido neuronal siempre oculto.

Sunday, October 22, 2023

Hollywood Babylon

 

 

You should've never trusted Hollywood, manda decir System of a Down y no les falta razón. Esta Babel – Babilonia espeta con desparpajo y singular alegría su decadencia. Una de mis tercas manías de viajero es caminar las ciudades al amanecer. Es en la primera luz cuando puedes apreciar un rostro irrepetible y a menudo oculto de las ciudades. El alba revela su cara de recién levantada y su a menudo crudísima realidad y créanme que la cara de Hollywood a las seis de la mañana es mórbida y desapacible. El paseo de las estrellas es como un campo de batalla en donde yacen los caídos del fentanilo, la horda del sueño opioide desparramada en la banqueta. Acaso todo se resuma en la imagen de un mojón de caca humana sobre una estrella. Elegancia gastada. Esta vieja actriz se carga a cuestas más cien añitos no tan bien vividos. La impresión es que su tiempo pasó, que esa ficción llamada futuro no habita por estos, pero la educación sentimental del Siglo XX occidental no sería concebible sin dramas y comedias paridas al pie de estas laderas.

La última vez que estuve por estos rumbos fue en verano de 2008, cuando el Governator Arnold fue anfitrión de la cumbre de gobernadores fronterizos en los Estudios Universales. Lo más destacado de aquella cobertura que hice como reportero de Frontera con mi colega Tizoc Santibáñez, fue cuando el Arnold vistió de Terminaitors a sus colegas Osuna Millán, Bours y compañía. Estados Unidos estaba a las puertas de la gran recesión inmobiliaria en aquel año. Terminaba la era Bush y  comenzaba el tiempo de Obama.   Hoy volvemos a Hollywood por razones harto distintas. Lo que nos trajo hasta acá fue el piano embrujado de Yoshiki y créanme que valió mil veces la pena entregarse a ese hechizo musical. En cualquier caso, pasar dos noches en el corazón mismo de la gran Babilonia te hace meditar algunas cuantas cosas en torno al espíritu de la época. Hollywood en tiempos del baño de sangre en Gaza, donde a la entrada de Beverly Hills  hay una mesa puesta con manteles largos con el nombre de cada uno de los secuestrados por Hamas y en donde  encapuchados onceando banderas de Palestina recorren el por la noche el paseo de las estrellas mientras un predicador cristiano, armado de una bocina profesional,  perora a gritos la inminencia del Apocalipsis y la llegada de los cuatro jinetes por el freeway 5 sin que sus gritos parezcan inmutar a nadie, mucho menos a la horda de hiphoperos que fuman mota de granja y los mil y un personajes que yacen en animada charla o  férreo debate con sus demonios internos. All you maggots smoking fags out there on Sunset Boulevard.

Y con todo, tiene su dosis de magia mirar el atardecer frente a las hieráticas letras de la ladera y bajo un cielo surcado por helicópteros entre coreografías afro y una suavecita brisa otoñal mientras las Californias se engalanan con su vestido de noche.