Eterno Retorno

Friday, December 29, 2023

yo ya había visto sangrar y morir sin alterarme y sin derramar una lágrima

 


A una edad en que las niñas todavía vendan a sus muñecas con papel del baño o se encierran a jugar al doctor con el primito precoz,  yo ya había visto sangrar y morir sin alterarme y sin  derramar una lágrima.

Cuando aún no cumplía siete años de edad,  vi a mi abuelo quedarse tieso en el sillón de la sala. Era una tarde de lluvia fría en que me había quedado sola con Papá Lencho  y cuando de pronto  lo vi ahí, duro e inmóvil con el cigarro todavía humeante, supe sin lugar a dudas que estaba muerto.

Fue también en aquel año cuando vi a un compañero morir atropellado afuera de la escuela. Cruzó la calle a ciegas, dos segundos antes que yo y de pronto estaba ahí, boqueando sobre el pavimento, escupiendo sangre y entonces supe que lo único que me quedaba por hacer era taparle la cara con mi suéter escolar.

Ya más grandecita viví de cerca la larga agonía de mi abuela que se había ido a vivir con nosotros. Afectada por una insuficiencia renal,  el final  de Mamá Nacha se prolongó más de la cuenta y como en la familia nadie tenía demasiado tiempo para hacerse cargo de ella ni dinero para pagar a alguien que la cuidara, yo, que apenas había cumplido doce  años, acabé como la única responsable de ayudarla a bien morir.

Aunque la abuela era una monserga a la que mis padres y hermanos preferían evitar, todos en la familia se aferraban a repetir como mantra que pronto se pondría bien y que sin duda la Virgencita haría el milagro de conservarla con vida. Por eso se indignaron tanto cuando un día, como si tal cosa, les dije que se fueran despidiendo de Mamá Nacha, pues ya no llegaría viva al amanecer. No les expliqué si yo había visto algo en particular en su cuerpo o si era simple corazonada. Yo misma no habría sabido definirlo.  Por supuesto hubo reclamos: “tú qué vas a saber chamaca pendeja, estás echando la sal, decir eso es de mal agüero”, pero al final  fui la única que se quedó  a pasar la noche con la abuela para verla morir poquito antes de las cuatro de la mañana. La muerte irrumpió de puntitas y sin aspavientos. Sus ojos me dijeron más que cualquier palabra. Había llegado la hora final.  Simplemente le tomé la mano y la acaricié la cara. Adiós Mama Nacha. Ni siquiera me molesté en despertar a nadie. Le cerré los ojos, le cambié  la ropa guacareada por el vestido de flores que usaba para ir a misa y cuando mis papás y mis hermanos bajaron a desayunar, me limité a decirles que llamaran a quien tuvieran que llamar para el funeral y el entierro.

Tampoco me aterraron nunca las heridas abiertas ni los gritos de dolor. En la parte alta de la colonia Libertad en donde transcurrió mi infancia, era común que las reyertas de cholos acabaran con navajeados o baleados. Mi prueba de fuego fue cuando a mi hermano mayor Radamel, de 17 años,  le vaciaron la cuenca del ojo de un botellazo en una bronca de pandillas. Llegó a casa con un geiser de sangre bañando su cara y el globo ocular aun colgando. Mientras mamá yacía en crisis de histeria y al borde del desmayo, yo, que aún no cumplía los 15, me di a la tarea de limpiarle la cara, desinfectar la herida y llamar a la ambulancia.

Tú estás que ni pintada para enfermera, me dijo papá  la primera vez que tuvimos alguna conversación sobre el  futuro. Mis  hermanos habían salido vagos, mariguanos  y dados a la malandrada, mientras que yo, aunque burrita y desobligada en la escuela, parecía tener mano santa para enfermos y heridos. 


Thursday, December 28, 2023

Coquipelao

 


Ni modo raza. Los pinches Tigres me obligaron a darle cuchillo a una mata de doce años de antigüedad. Resulta que tuve el mal tino de apostar mi greña en la pasada final Tigres vs América. Yo alegué que el juego fue una cochinada, que Azcárraga compró al arbitraje y me resistí por casi dos semanas, pero aquí me tienen, pagando mi deuda como hombre de honor. Extraño mi pelo y siento frío con mi cabeza rapada. Supongo que algún día me acostumbraré.




Wednesday, December 27, 2023

Cazando crepúsculos en nuestro litoral

 


 

Padre, hijo y perro cazando crepúsculos en nuestro litoral. A veces olvidamos que basta caminar unos minutos para irrumpir en la playa más fría, más desolada y más triste del mundo. Playa teporocha, playa desbarrancadero, playa salitrosa eternamente contaminada, playa herrumbre contemplada por las mil y una sombras habitantes de casas fantasmales. Playa post apocalíptica, playa zombie, playa siempre furtiva, pero es nuestra playa y sus atardeceres nos siguen embrujando sin remedio.



Monday, December 25, 2023

Navidad pagana

 


 

“Ponte en pie alza el puño y ven, a la fiesta pagana en la hoguera hay de beber”  canta Mago de Oz en una rolita  que después de todo, podría aplicarse a esta fascinante fiesta pagana llamada Navidad. Así es mis amiguitos monoteístas:  vivimos en un mundo de paganos disfrazados de  monoteístas. A menudo me preguntan si no es una gran contradicción que yo celebre Navidad dado que no creo en ningún dios. El detalle, colegas míos, es que esta fiesta decembrina es bastante más antigua que sus dioses monoteístas. Los símbolos del politeísmo  viven en la inmensa mayoría de nuestras celebraciones que suponemos cristianas y que en realidad son adaptaciones de ancestrales ritos. Como  fiesta la Navidad es mucho más antigua que el  cristianismo, aunque su adaptación como cumpleaños del tal  Jesús se haya dado en realidad más de tres  siglos después de su supuesto nacimiento. Como todas las fiestas paganas, la Navidad tiene que ver con los elementos y la naturaleza y no con entes moralizantes e inexistentes. Lo que los romanos celebraban la tercera y cuarta semana de diciembre, era la Fiesta del Sol Invicto, la resurrección del Sol,  el nacimiento del Sol nuevo o el triunfo del día sobre  la noche. A partir del 21 de diciembre, con el arribo del Solsticio, el día poco a poco empieza a ser más largo. El Sol Invicto era una de las principales  celebraciones romanas. Le llamaban Natalis Invicti  Solis y se prolongaba por varios días. Constantino,  el primer emperador romano que se convirtió al  cristianismo, fue un devoto del Sol invicto y para  él no hubo nada extraño en adaptar la celebración  del nacimiento de Jesucristo en las fechas en que  los romanos tributaban al dios del Sol. Los romanos no fueron los únicos en festejar el Solsticio. De  hecho la celebración romana se amamanta, como  casi toda su mitología, de la celebración griega, si  bien el festejo persa de Mitra es aún más antiguo.  En el norte europeo, los escandinavos celebraban  el 26 de diciembre el nacimiento de Frey, dios del  Sol que triunfaba sobre la noche y era representado  por Yggdrasil, el gran Árbol del Universo. Era costumbre en aquellas tierras adornar pinos y abetos  en invierno para tributar a Yggdrasil y la costumbre perdura hasta nuestros días pues ese arbolito  hermoso que hay en tu hogar, improbable lector de este texto, es la  huella del gran Árbol del Universo. También los  incas y los aztecas tuvieron celebraciones solares  en diciembre. Por cierto, ningún evangelio hace referencia  siquiera aproximada o sugerida sobre la probable  fecha en que nació el tal Jesucristo

Es posible que las primeras navidades cristianas se hayan celebrado en Constantinopla alrededor del año 380, si bien hay quien la remonta al año  350. Durante la Edad Media la Navidad se celebraba  ya en todo el mundo cristiano y era asociada a la  paz y la concordia entre los humanidad, pues aún en  tiempo de guerra se declaraban treguas navideñas.  De hecho, unos de los elementos en el proceso  inquisitorial contra Juana de Arco fue el haber presentado batalla a los ingleses en la noche navideña.  La Navidad ha atravesado tiempos turbulentos y  ha llegado a ser una fiesta clandestina. Las iglesias luteranas radicales la consideraban una fiesta  papista y los puritanos de “lord protector” Oliver  Cromwell prohibieron su celebración en Inglaterra,  si bien fue restaurada con el retorno de la monarquía. Sí, ustedes pinches protestantitos moscos muertos eran anti navideños y no quieran ahora esconder la mano, que ustedes son mucho peores que los católicos.

De hecho los colonos ingleses que llegaron a las costas de Norteamérica en el Siglo XVII no la  festejaban por considerarlo un ritual de la iglesia  romana y en las primeras décadas de Estados Unidos como nación, el festejo de la Navidad estaba  abolido. Paradójicamente fue una obra literaria, Un  cuento de Navidad del celebérrimo Charles Dickens, lo que volvió a poner “de moda” la celebración  de la Navidad entre los ingleses y norteamericanos  a mediados del Siglo XIX. En México la Navidad  llegó con la conquista espiritual y al mezclarse con  los elementos prehispánicos, arrojó una rica y diversa celebración con multiplicidad de elementos  que dio nueva vida a la fiesta. A diferencia de Estados Unidos e Inglaterra, en México la Navidad nunca fue prohibida ni estuvo en desuso. La Navidad es una fiesta riquísima llena de ancestrales elementos  paganos que más allá del nacimiento de un supuesto dios,  celebra el triunfo de la luz y la unidad entre los seres humanos. Aunque yo no creo en ningún  dios, celebro con gusto estas fechas y mucho más  ahora que soy padre de familia. Para mí la Navidad  es la sonrisa de mi hijo Iker frente al arbolito iluminado y creo que son las sonrisas de millones de  pequeñitos alrededor del planeta entero lo que de  verdad ilumina a la humanidad y hace que esta vida  valga la pena ser vivida y esta fiesta sea festejada. Ese es el verdadero triunfo de la luz sobre la oscuridad.  La paz sea con ustedes colegas.