Eterno Retorno

Friday, May 23, 2003


Culpabilidad metalera

Leer el blog de PG Beas me ha redimido en el momento justo. Resulta que yo me siento terriblemente culpable por haber comprado un par de discos hace un momento. Pero leyendo su blog me entero que conoció a un amigo que se compró en una salida 700 discos de música electrónica. Ahí nada más por si le falta algo que oír para el fin de semana ¿Cuanto tardas en es-cuchar 700 discos?
Al leer eso me sentí un humilde franciscano sin bienes materiales. Comparado con él, mis cantidades de discos son el equivalente a la dosis de coca de un dealer de barrio a lado de las miles de toneladas de un Pablo Escobar. Luego entonces dejé de sentir culpabilidad.
De cualquier manera mis gastos se deben reducir al mínimo y debo acabar con la vibra hedonista. Y es que el próximo viernes firmamos las escrituras de nuestra nueva casa. Lo bueno apenas comienza. Lo que antes se gastaba en libros, discos y ríos de vino, se destinará a pisos, alfombras, herrería, cocina y un largo etcétera. Me esperan los seis meses más austeros de mi vida adulta.
El problema es que en mi los libros y discos operan como vías de escape y los requiero como un tecato a la heroína. Cuando deseo uno y no lo puedo adquirir empiezo a sentir síndrome de abstinencia.
Cuando este síndrome me ataca entonces corro el riesgo de saturarme y después me quejo de mi falta de tiempo para leer y escuchar discos como Satanás manda. Pero ha llegado el momento de decir basta. Al menos por hoy. Solo me concederé li-cencia para comprar algún título realmente fuera de serie en la Feria del Libro, lo cual doy por hecho que encontraré en el puesto de la Librería del Artesano de Ensenada que maneja un impresionante catálogo de Anagrama y Taurus.
Y claro, para liquidar otro par de discos que he dejado apartados con los ciruelos. Se trata de un doble de Gamma Ray titulado Blast from the past y el proyecto Demons and Wizards. Para aquellos no doctos en las ciencias metaleras vale la pena aclarar que Gamma Ray nace de la fractura de Helloween en 1991. Kai Hansen y Michaeal Kiske son sus fundadores y desde entonces mantienen una férrea rivalidad con lo que quedó de Helloween, aunque es un hecho que Hansen y Kiske eran el alma de las calabacitas germanas.
Por lo que respecta a Demons and Wizards se trata de un proyecto conjunto entre Blind Guardian y Iced Earth cuyo resultado es un power metal muy ortodoxo si bien la influencia del Guardián Cegatón es más notoria que la de la Tierra de Hielo.
Por lo que respecta a los discos que sí adquirí y que en estos precisos momentos escucho en mis audífonos, se trata de la última producción de Black Label Society, la banda del irreverente redneck Zakk Wylde. El disco se titula The Blessed Hell Ride. La guitarra de Wylde es inconfundible y la vibra de Sabbath se respira en cada nota.
El otro es el Crucible del señor Rob Halford el auténtico Metal God. Después de su salida de Judas, en 1991, la única figura declaradamente gay del heavy metal fundó Fight y después Two, esta última producida por Trent Reznor. En 2000 vuelve al más puro estilo heavy y la verdad es que le va mejor. Su voz sigue siento terriblemente potente y su banda actual (no conozco a ninguno de los músicos para ser honesto) toca realmente bien.
Una coincidencia de ambos discos: Los dos tienen en su portada cruces gamadas. En el caso de Black Label es su sello dis-tintivo y Halford parece adoptarlo. La iconografía de Black Label me gusta mucho Una cruz gamada negra en un fondo blanco con una calavera al centro y a los alrededores la leyenda Forever Strenght Merciless Determination. Me gusta para una camiseta.


Ociosidad Sanborns

Acudir al Sanborns a ver revistas es un ritual de auténtico ocio que no he podido superar. En las tres ciudades mexicanas donde he habitado lo practico con regularidad. Me gusta ver portadas de revistas, hojearlas y deleitarme riendo con aquellas que nunca compraría.
Me gusta imaginar las revistas como ventanas. De pronto estás frente a la sección donde se encuentran las revistas doñiles tipo Cosmo o Vanidades junto con la GQ o Maxim y otras varias decenas de productos similares y te das cuenta que en la portada de cada una de ellas hay y siempre ha habido una mujer con ese rostro de “no soy de este mundo”, diluido en una imagen de pretendido erotismo e inducida frivolidad, que sin duda ocultan un terrible aburrimiento o un cuerpo crucificado por dietas y cirugías. Desde hace muchos años, semana tras semana y mes tras mes, hay varias decenas de mujeres diferentes contemplando a los ociosos del Sanborns. En todas esas revistas, mes tres mes, hay un artículo de sexo “10 posiciones atrevidas que lo volverán loco” “Como saber si te engaña” “Tips para chicas malas” “¿Enamorada de su mejor amigo?” Los rostros de estas mujeres parecen destinados a perpetuarse en esas ventanas cada semana, cada mes. Cada que visites una revistería habrá decenas de mujeres gritándote desde la prisión de su portada, invitándote a que cambies las tuercas a tu vida comprando esa revista. El teatro de las redundancias también tiene una cara bella, que no por ello deja de ser redundante.

Señales de Welsh

Hojeando quien sabe que revista española, me entero que el escocés Irvine Welsh tiene nueva novela. Se llama Porno y es una continuación de Trainspotting, con los mismos personajes, pero 10 años después. Mark Renton vive en Amsterdam, Sick Boy es table dancer y Begbie está en la cárcel.
Pese a que tengo unos siete años de seguirle la huella a Irvine Welsh nunca había leído una entrevista con él en español o por lo menos no lo recuerdo.
Me agrada Welsh. Juega con el slang como pocos y su vibra es por demás picaresca. Según la entrevista, su acento y su jerga escocesa es casi incomprensible para un gringo. Ya me anda por leer su nueva novela.
En noviembre de 1996, estuve a su ciudad natal, Edimburgo. Viajé con la esperanza de poder entrar a un Escocia vs Suecia en Glasgow, partido eliminatorio para Francia 98. No encontré boleto pero pasé unos días memorables bebiendo en los pubs de ese maravilloso país del que alguna vez llegué a considerarme hijo adoptivo. A veces me pienso como una suerte de escocés hormonal.

A la tierra de Joyce

Mi hermana Ana Lucía se marchará a Dublín el 10 de junio. Me da un gusto enorme conocer la noticia y saber que piensa quedarse hasta noviembre. Es una gran decisión de su parte. Está en la mejor edad para salir y conocer otros horizontes. Me siento orgulloso de ella. Lo común en una regiomontana de 18 años es preferir la aburrida Sultana sobre todas las cosas y quedarse atada al novio y las amigas. Por fortuna mi hermana es muy inteligente y su mente tiene la suficiente apertura como para limitarse a un universo tan insípido como Monterrey.
Ojalá que el año entrante Carol y yo podamos rolar también por la tierra de Joyce y beber Guiness mientras leemos Finnegans Wake. Y claro, ojalá el tío Agustín siga siendo embajador. Ya me anda por viajar. Realmente envidio a mi hermana.

Loop literario

Mirando libros descubro uno de pasta blanca llamado Loop, historia de la música electrónica. Es de autores españoles. Tal vez si tuviera más tiempo que vida, algún día me sentaría a leerlo con música de Ministry o Skinny Puppy de fondo (es lo más electrónico que hay en mi colección) y con una tacha en mi organismo, aunque más bien necesito un ABC del fenómeno rave o un Techno for dummies de bolsillo, pues me confieso un absoluto ignorante en la materia.

Explicity Intense

Finalmente mi única compra fue una revista metalera que hasta hoy era desconocida por mi, llamada Explicitly Intense. Buen producto y muy nuevo (apenas llevan 11 números)
Lo poco que he leído hasta ahora me parece interesante. Las entrevistas profundizan más en temas políticos y religiosos que musicales. A menudo las revistas pasan demasiado tiempo hablando de cuestiones de la disquera y el estudio y no abordan la tremenda carga ideológica que hay atrás de muchas bandas. La entrevista con Napalm Death me parece interesante pues estos británicos hablan de su participación en Liberación Animal y Acción Antifascista, mientras que los suecos de Amon Amarth se refieren a lo que para ellos significa la mitología vikinga.
Pese a que mucha gente ha declarado nuestra muerte, en este mundo se siguen imprimiendo revistas metaleras destinadas a engrosar mi librero. En hora buena. Living for Metal.







Antología sodomita

Tal como lo prometí hace una semana, he decidido recopilar en este espacio las mejores páginas de sodomía en la literatura. La semana pasada incluí un pasaje de Trilogía sucia de La Habana.
Hoy he elegido a Álvaro Uribe, uno de los prosistas más pulcros y obsesivos que he leído en los últimos años. Uribe es ante todo un erudito. Licenciado en filosofía por la UNAM, coordinador de varios proyectos editoriales del Conaculta, su perfil es más el de un riguroso académico que el de un narrador de historias eróticas.
Por su nombre es una novela exquisita. Cuesta trabajo que sea posible mantener una prosa tan obsesivamente trabajada a lo largo de 306 páginas. Esta novela la leí hace exactamente un año, en mayo de 2002, cuando Carolina y yo viajábamos por Cuba. Dado que el lugar de la lectura imprime su sabor en las páginas leídas, por su nombre tiene para mi un sabor caribeño, pese a que su trama se desarrolla en la Ciudad de México, París y la costa de Jalisco.
Por su nombre es ante todo una novela de amor, muy bien lograda por cierto. Creo que Uribe jamás ha pretendido que la literatura erótica sea su sello distintivo, como sí lo ha hecho Ruy Sánchez. Sin embargo los pasajes que se incluyen en Por su nombre superan al de cualquier aspirante a erotómano light (como es el caso de Ruy Sánchez) o a los incontables falsos émulos de Sade.
Pues bien, este filósofo se permite narrar un acto de sodomía entre sus dos personajes principales que a la postre constituye la cúspide carnal de su platónica relación de casi 30 años.

Con ustedes Álvaro Uribe:

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Nada era todavía irreversible cuando Patricia, para recibirme, se empinó un poco más. Tampoco cuando me le encaramé con la intención de embestirla de golpe. Ni siquiera cuando recapacité y en vez de penetrarla se me ocurrió, con el miembro todavía empuñado en mi diestra, conducir de ida y vuelta el glande a lo largo de su vulva, como si intentara soldar con el cauterio de mi carne la cuarteadura que hendía la de ella. Pero en uno de esos vaivenes continuos, que nos encarrilaban juntos sin llevarnos a ninguna parte, mi sexo lubricado con tantas secreciones resbaló por inercia hasta rozar su culo y yo comprendí en el acto, de un solo envión, lo que azarosa o rencorosamente acababa de decidir.

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Que Patricia no deseaba ni siquiera presentía lo que hice entonces se infiere no solo del aullido que pegó de inmediato, sino también y sobre todo, de la precipitación con que se volcó hacia adelante hasta tenderse de bruces en la cama. En pocas pala-bras, trató de escapar. Yo sin embargo había presentido y tal vez deseado torvamente su fuga. En el instante justo en que se lanzaba contra las almohadas me arrojé sin pensarlo en la misma dirección, de modo que caí encima de ella y con el impulso de nuestra caída simultánea, terminé de empalarla.
Patricia volvió a aullar, quizá con más fuerza que antes. También, con una enérgica flexión de sus piernas, intentó zafarse otra vez. Sólo consiguió levantar la grupa hasta el punto donde yo la agarré de la cintura para inmovilizarla. Después, aprovechando la conveniente inclinación de su cuerpo, la acometí como un perro a una perra.
Desde mi postura ventajosa la oí exclamar de muchas maneras y en tonos de diversa urgencia que la estaba lastimando. Yo sentí por mi parte que a cada acometida me despellejaba un poco, pero un ardor más hondo me impelía a seguir. Podría alegar que el sexo es siempre una forma voluntaria o por lo menos consciente de inflingir y al mismo tiempo padecer sufrimiento.

Álvaro Uribe
Por su nombre
TusQuets Editores

Thursday, May 22, 2003



Y uno vuelve, irremediablemente, a quedar desierto de palabras- También de recuerdos y de sentido-

Leí los textos de Gerardo Ortega e inevitablemente recordé aquel verano de 1993 en que me puse a jugar a la poesía. Aquí, en el lugar más inapropiado, en medio de la sala de redacción, caigo en la cuenta de que hay intentos de poemas de aquella épo-ca que puedo recitar de memoria. Aquí va un par de suspiros prófugos del pasado. Se vale reír-

Nostalgia que impregnas mi alma en tormento, sepultas mi risa, inundas mi averno...
Nostalgia que has desteñido del día un blanco rostro, preparas al alba tu fuga y a la sombra el advenimiento
Nostalgia que sumisos esperamos, abriendo el alma en la penumbra, cobija, Nostalgia suicida, pinta a tras luz la mirada.


Déjame caer en tentación, abandóname desnudo en las garras del pecado,
no me diluí en los cielos arrodillado ante el vacío, pues el elixir del mal contiene gotas sublimes.
Mi piel se desgarra en tu universo, tu boca sabe a catarsis pagana
Sed carnal, mi nombre empapando tu pecho.

Por lo demás, debo aceptar que no soy hombre de poesía, aunque aprecio mucho el poder encontrar un poema tatuaje.
Noche oscura de San Juan de la Cruz, es uno de mis poemas favoritos. El ser ateo y un radical anticristiano, no me prohíbe disfrutar a los poetas místicos. San Juan de la Cruz es un fuera de serie y lo conocí por sugerencia de Pablo Urquiza en un lejano 1989.
Por lo demás, soy sincero cuando afirmo que Un hombre fuma su cansancio, incluido en El árbol de Blake, ya está entre mis poemas de cabecera.

No soy un gran lector de poesía, lo que equivale a acpetar que he leído muy pocos poetas.
Pero me considero un gran lector de mi amigo Gerardo Ortega, lo que equivale a inundarse de poesía. Aquí va una transcripción tomada de su libro Territorio contemplado

Eres el humo de un cigarrillo
Escapas en silencio
Irremediablemente lauramente
Como si no cupieras en mis pulmones
y tuviera que soltarte
verte a trasluz
-qué pálida estás hoy-

Eres ese humo que se pierde
se oxida
que hace gestos y se desvanece
para no volver nunca
nunca más
a mi boca



“Intenten si pueden detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal”. Dice Vila- Matas que decía Rigaut

No sé muy bien lo que me espera, pero, de cualquier modo, iré hacia eso riendo. Strubb, en Moby Dick

Cumpliendo con mi tarea de periodismo narrativo, hay van tres evocaciones nostálgicas recién extraídas de la manga...

Un recuerdo

El recuerdo más antiguo de mi infancia, y sin duda el más fuerte, fue mi primera visión del mar. Habría sido una tarde de agosto, puedo jurar que el 18, desde el puente que une a Puerto Isabel con la Isla del Padre.
Los primeros en impresionarse fueron mis ojos, pues nunca había visto tanta inmensidad. Pero después descubrí que el mar sonaba y me arrullaba en el suelo. El mar sabía a sal y tenía olor. Estaba en todas partes, impregnado en mi cuerpo. Hoy en día contemplo el Pacífico todas las mañanas de mi vida, pero a veces olvido que existe. Y es que este mar no huele.

Un maestro

Imposible no empezar la descripción de Pablo Urquiza por su barba. Aunque al escucharlo leer El lazarillo de Tormes con ese acento cordobés, uno se olvidaba de todo lo demás y se trasladaba con él a ese picaresco Toledo del Siglo XVI. El cuerpo flaco de Pablo Urquiza era la literatura hecha carne. Un día, antes de la mitad del curso, desapareció de nuestras vidas dejando por herencia un altero de libros en nuestra imaginación.

Una ciudad
El olor antecede la visión de las montañas. Químicos y sustancias, para fabricar quien sabe cuantas cosas, brotan de las chimeneas de los altos hornos. Después el rugir de los camiones, la sinfonía del claxon y el retumbar del tren bajo el color naranja del Puente del Obispo. Solo entonces cae uno en la cuenta de que ya está siendo acechado por el Cerro de la Silla.



Letras en aguachile

El amante de Janis Joplin
Élmer Mendoza
Tusquets Editores, Colección Andanzas

David Valenzuela es algo así como un Forrest Gump de la sierra sinaloense, un prototípico tonto del pueblo al que la aleatoriedad, o una suerte de sombra fatal propia de tragedia griega, lo toma en sus manos y lo arrastra por un laberinto de improbabilidades.
La vida del pobre David transcurre en Chacala, un pueblo serrano del Triangulo Dorado, en donde vive inmerso en un diálogo interno que sostiene a cada momento con su parte reencarnable y admirando en secreto a la bella Carolta Amalia, la güera de rancho que todos codician y que por supuesto, está en manos del narcotraficante más sanguinario de la región.
La fuerza de su brazo, que lo mismo le permite lanzar una pedrada fatal que conectar una recta imparable de 90 millas, lo convierte en asesino involuntario, prófugo de la ley y prospecto para convertirse en pítcher estrella de los Dodgers de Los Ángeles.
Huyendo de la sanguinaria familia Castro, que quiere a toda costa vengar a la muerte de su primogénito muerto por la certera pedrada, David llega a ocultarse a casa de sus tíos en el corazón de la “Col Pop” en el violento Culiacán de 1971, en donde la guerrilla comunista y los capos de la droga, sostienen, cada uno por su lado, encarnizada batalla contra la Judicial Federal.
A partir de entonces, su vida se convierte en una serie de aventuras y desventuras que lo mismo lo llevan a la antesala de un contrato millonario en las Ligas Mayores que a un encuentro amoroso casual en la cama de la mismísima Janis Joplin, primera y única experiencia amorosa en la vida de David y a la cual mantiene una fidelidad a prueba de la olorosa seducción de Rebeca, una morena de Altata con quien realiza extraños rituales en altamar.
Con El amante de Janis Joplin, Élmer Menoza vuelve a ratificarse como el primer exportador literario de la jerga culichi, algo que había conseguido ya con la voz de su Asesino solitario, que le valió la posibilidad de sacar sus libros de las bibliotecas de la UAS para ponerlo en el escaparate internacional de Tusquets.
En el asesino solitario, Mendoza explotó la fórmula de la primera persona con favorables personajes. Todo el libro es el monologo interno de un sicario sinaloense. En el Amante de Janis Joplin recurre al narrador omniscente alternando con los diálogos permanentes entre David y su traicionera voz interior. Sus personajes, todos invariablemente sinaloenenses (con excepción de Janis Joplin claro está), no niegan la cruz de su parroquia al hablar.
Pese a toda la carga de ficción, la ambientación histórica enriquece la historia, pues Mendoza elabora un bien logrado retrato de una familia sinaloense de clase media en medio de los azares de los años setenta. Un padre beisbolero con un hijo guerrillero y una hija ecologista, pretendida a su vez por un narcotraficante, resulta una combinación por demás interesante.
Con el sello de agilidad que caracteriza a este autor culiacanense, El amante de Janis Joplin es de esas obras que pueden leerse en un par de sentadas. Quizá no tenga la trascendencia del solitario asesino ni sea la mejor creación de su autor, pero al menos tiene la fuerza como para motivar a un nostálgico a comerse unos camarones aguachile mientras en un viejo tocadiscos escucha una voz aguardientoza cantar A little piece of my Herat

Wednesday, May 21, 2003


Pasos de Gutenberg
Andjela
Vladimir Arsenijevic
Alfaguara

Por Daniel Salinas Basave

Para lograr dimensionar las huellas que un conflicto bélico deja en el espíritu de una sociedad, no hay mejor receta que la literatura.
Una obra narrativa bien lograda y libre de pretensiones didácticas o moralizantes, puede superar los efectos del ensayo o la crónica periodística.
Sin pretender dar explicaciones, respuestas o justificaciones, Andjela, novela del narrador croata Vladimir Arsenijevic, nos entrega un desgarrador retrato de la sociedad balcánica que vivió la guerra civil de principios de los 90.
Si bien la historia no es en modo alguno una crónica personalizada de la masacre fraticida que fragmentó la ex Yugoslavia y apenas hace alusiones indirectas al conflicto bélico, sus personajes reflejan el trauma y la depresión de una sociedad con-vulsionada por la tragedia.
La herida dejada por el conflicto balcánico está abierta y aún sangra. Esta guerra, que le dio el adiós al Siglo XX europeo en el mismo lugar que le dio la bienvenida, modificó el mapa de la Europa central y oriental, además de hacer brotar fantasmas nacionalistas y fanatismos religiosos que se creían sepultados.
Mucho se ha hablado del Sitio de Sarajevo, de Milosevic como criminal de guerra, de la masacre de civiles bosnios, de los campos de concentración, de los bombardeos sobre Kosovo, pero poco o nada se dice de como era la vida de un ciudadano serbio, croata o macedonio durante el conflicto.
A menudo la televisión otorga a las guerras una personalidad espectral, lejana, ajena a todo aquello que pueda oler a cotidiano, haciéndonos olvidar que detrás de los miles de muertos en el campo de batalla, hubo personas con deseos, sueños y frustraciones.
Los personajes de Andjela, habitantes de todos del Belgrado de principios de la pasada década, son seres sombríos y deca-dentes, carentes de expectativas, pero incapaces de asimilar la insignificancia de sus vidas.
Sin saber a ciencia cierta si hay algo que justifique su existencia, en medio de un ambiente hostil y enviciado, Andjela y su esposo se rebelan, inconsciente e irracionalmente, contra el absurdo que los envuelve.
Su panorama es desolador: habitan los suburbios de una ciudad devastada, ambos son desempleados, adictos a la heroína, tienen frecuentes peleas y carecen de expectativas futuras, pero aún así se empeñan con un instinto casi animal en tener un hijo.
Narrada en rigurosa primera persona por el esposo de Andjela, la novela de Arsenijevic deja en segundo plano el aspecto anecdótico par trazar una ruta interior.
Serbia devastada por la guerra y la hambruna, es el telón de fondo de esta ruta íntima. Salvo por la muerte del hermano de Andjela en el frente casi al inicio de la novela, los personajes son políticamente indiferentes al conflicto que transcurre frente a sus vidas como una fatalidad apocalíptica inevitable que envuelve sus personalidades ya de por sí fatalistas.
La voz del narrador plantea desde el primer párrafo sus crudos dilemas existenciales y nos envuelve en su mar de dudas, pero al mismo tiempo profundiza en la descripción de la personalidad de Andjela y el efecto que en ellos tiene el nacimiento de su hija Helena.
“Jamás he logrado encontrar en la existencia algo que, por lo menos parcialmente, la justificara; sin embargo en mi calidad de matrushka más insignificante, tampoco me conformaba con el hecho de que en la construcción universal, yo no significaba nada”, afirma el narrador al inicio de la novela.
Andjela es un personaje complicado y tormentoso, aparentemente insensible, que nunca pierde su condición enigmática. Su esposo en cambio es un ser lleno de dudas e inseguridades. A su alrededor hay toda una serie de seres marginales, viciosos y profundamente desdichados
Queda claro que Arsenijevic no pretende un mensaje político, ni mucho menos lecciones morales Simplemente muestra la crudeza de la guerra tatuada en el espíritu de unos cuantos ciudadanos serbios que inconscientemente se niegan a que sus vi-das acaben de ser destrozadas.
Andjela fue escrita con el apoyo de la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México, un refugio de escritores exiliados y perseguidos en sus países de origen.
Llama la atención que la traducción del serbio al español, misma que corrió a cargo de Dubravka Suznjevic, reproduce ciertas expresiones típicas de la jerga mexicana, concretamente de la capital del país, lo que no deja de parecer simpático. Tan acostumbrados estamos a que los traductores reproduzcan el “slang” de España, que ya resulta extraño el ver una traducción a la mexicana.
Vladimir Arsenijevic nació en Pula Croacia en 1965. Su primera novela, Al fondo de la cala, fue todo un suceso en Europa Central.
Andjela es apenas su segunda novela y parece destinada a ser un punto de referencia, no solamente por el hecho de que su autor sea el primer exiliado en asilarse en la Casa del Refugio Citlaltépetl, sino porque sus personajes le ponen rostro a uno de los conflictos bélicos más crueles del siglo pasado. Quizá junto con el filme británico- macedonio titulado Antes de la lluvia, Andjela se convierta en un hito literario de la pesadilla balcánica.

Tuesday, May 20, 2003



Un calor que no le pide nada a Monterrey se desparrama sobre nuestra ciudad. Bueno, tal vez he olvidado lo que son los infiernos regiomontanos y hoy cualquier medio día de 27 grados en Tijuana es capaz de hacerme sudar.
La mente olvida fácilmente. El cuerpo también.

Intento subir textos. El blog decide ponerme una señal de alto. File not found. The page can not be desplayed. Un demonio cibernético ha decidido condenarme a la agrafía. Ayer ni una sola letra pudo entrar en Eterno Retorno.

Fotografías

Frente a mi la fotografía de Carolina vestida de sweter gris, al atardecer, sentada frente a una mesa de manteles blanco con verde. Atrás se lee simplemente Pizzeria. Una garrafa de vino a la mitad y delante de ella un vaso recién servido. Las pizzas seguramente en camino. Es Florencia, algún día de mayo de 2001. La fotografía la tomé yo.
Carolina con blusa celeste, yo con la camiseta con la imagen de la Guernica. Atrás la Torre de Pisa y un par de ciclistas a nuestras espaldas. Es mayo de 2001
Dentro de un marquito de madera hay otras tantas fotografías. Carolina y yo en una prototípica estampa con la Torre Eifel de fondo en el lugar donde millones de turistas se han tomado la misma foto. A lado, Carolina y yo en contra esquina con el Ar-co del Triunfo. Ella son sudadera negra, yo con camiseta del Arsenal. Es el 21 de abril de 1999, día en que cumplí un cuarto de siglo.
Carolina y yo en un prado de tulipanes en el Vondel Park de Amsterdam. Mayo de 1999- La aventura apenas comenzaba.
Instantes, gestos, colores, pedacitos de Carpe Diem eternizados, yacen aquí en mi escritorio, recordándome a cada momento los infinitos horizontes que aún nos quedan por explorar.
Ni modo. En el 2003 no viajaremos. La casa nueva consumirá nuestros recursos. Ahí será para el año entrante. Irlanda o Ar-gentina los destinos más probables. Me deprime no viajar, pero más deprimente ha de ser pasar la vida entera pagando renta. Hay tantos países, tantos libros, tantas y tantas cosas. Hay un Aleph allende el horizonte y yo aquí sentado en un espacio tan reducido. Hay más mundo y más libros que años de vida.



Adán Buenosayres posa su gordura frente a mí. Páginas y páginas de letras pequeñitas, atiborradas de píes y asteriscos. Tan solo la introducción y los comentarios del editor consumen más de 130 hojas. Pero aún así el comienzo de la novela es fluido, rítmico, simplemente agradable. El problema es que tengo la certeza absoluta de carecer del tiempo necesario para concluirla. El único ejemplar de esta novela que he visto en Tijuana está en la Biblioteca Benito Juárez. Se trata obviamente de una edición argentina, chaparrita, gorda y maciza como un ladrillo. Cuenta Leopoldo Marechal que lo de Buenosayres es la forma en que los chicos del campo se referían a él cuando iba de vacaciones y le llamaban con el nombre de la ciudad.
Las calles son arterias principales en estos cuerpos literarios. Reconquista, Rivadavia, Sarmiento, 9 de Julio- Ah como me gustaría ir a Buenos Aires. Las próximas vacaciones iremos ahí-
Quiero conocer esa ciudad, más que ninguna otra en el mundo.

Breviario cultural sobre Adán Buenosayres cortesía de Pedro Orgambide:
“Novela de Leopoldo Marechal publicada en 1948. Salvo el comentario elogioso de Julio Cortázar (que intenta, al mismo tiempo, una crítica rigurosa de la obra) y la opinión favorable de algunos pocos escritores, la novela de Marechal pasa inadvertida en aquel tiempo. No sería ajena a esta circunstancia, la posición política del autor, identificado con el peronismo. Por otra parte, la crítica pudo verse sorprendida por la aventura formal que proponía la novela, por los procedimientos narrativos y de lenguaje que hoy son lugar común en la novela latinoamericana. Sean cuales fueren las causas de este primer desencuentro, lo cierto es que veinte años más tarde los escritores de las nuevas promociones reconocen en Adán Buenosayres a una obra precursora”.


Una de tantas creaciones que hace esfuerzos sobrehumanos por no nacer. Tengo vocación de abortista-

En el cielo nocturno, en la oscura mirada, buscar, que tu grito encuentre el desgarramiento y el pavor del último sueño, volver de hielo la caricia reptante y sucumbir, embriagarme de lodo hasta sangrarlo. DSB


La entrevista quedó pactada para las 6:30 de la tarde y después de batallar cuatro días para que le tomaran la llamada, no le extrañó nada que la voz, que se identificaba tan sólo como “un amigo”, eligiera una cantina del área del puerto como el lugar en donde Trym estaría esperándola.
Si se hubiera tratado de un caso diferente, seguramente habría puesto peros por la incomodidad de la hora que obligaría a retrasar el cierre de edición, pero pudo comprender con certeza que acaso nunca más en la vida podría haber nuevas alternativas de hablar con el más cercano compañero de Mercedes y sabía sin duda que nadie podría nunca acercarse más a dar una versión tan real de su muerte.
Maniática como era de reafirmar dos veces antes de colgar el lugar y la hora de la cita, no pudo soportar la idea de que “el amigo” dijera una sola vez el nombre del sitio y colgara sin dar lugar a confirmaciones. Por supuesto que pensó en la alternativa de mandar todo a la mierda y evitar estar sentada en una cantina por más de una hora para al final salir con las manos vacías, pero no podía tirar a la basura la única oportunidad de retomar el asunto Mercedes desde un ángulo que nadie había explotado.
No fue fácil convencer al equipo editorial de la revista de la necesidad de retrasar el cierre hasta donde fuera necesario por la realización de una incierta entrevista con un perseguido de la justicia, contactada con una persona que ni siquiera había querido identificarse, pero existían elementos reales para creer la versión de que Trym se encontraba en la ciudad y estaba dispuesto a hablar.
Caminar al atardecer por los bares y prostíbulos del puerto podía ser algo inspirador, aunque no dejaba de ser incómodo para una mujer sola.
Para colmo, poco antes de las seis, se desató un feroz aguacero que la obligó a resguardarse bajo la mampara de una tienda de artículos sadomasoquistas.
Pensó en Mercedes y en su gustó por el cuero negro y el metal, e imaginó que de ser ciertos los rumores de sus visitas a la zona, probablemente habría entrado o por lo menos contemplado el aparador de la tienda que hoy le servía de resguardo.
Recordó la última presentación de Baudelaires Mayhem en Hamburgo el primer día de la pasada primavera en una vieja bodega de la periferia. Fue la tercera y última vez que pudo ver a Mercedes y le sorprendió la palidez que había en su ya de por sí blanco rostro. Trato de recordar como era Trym, pero parecía imposible concebirlo sin los lentes oscuros y ese pelo casi blanco de tan rubio que le cubría a cada momento la cara. Faltaban menos de 15 minutos para la cita, la lluvia no amainaba y el bar en donde fue citada estaba a tres cuadras de ahí, así que optó por correr bajo el aguacero y resignarse a llegar empapada a él encuentro. Pensó que la lluvia sería aliada de la discreción que “el amigo” había solicitado para la entrevista pues no había un alma en las calles de la zona.
La cantina también estaba semi desierta. Apenas unos cuantos ancianos solitarios bebían en la barra y no parecieron inmutarse por su presencia. Eligió una mesa cercana a la ventana, pidió una Guiness y aunque estaba más tranquila, le pareció absurdo pensar que Trym pudiera aparecer por esa puerta y sentarse a hablar con ella. No pudo evitar mirar el reloj y cuestionarse si el nombre de la cantina sería el correcto, si habría entendido bien que la cita era hoy, si la hora y el lugar habían sido elegidos por el amigo, o sí el propio Trym los habría señalado, si vendría solo o acompañado, si sería cortante en sus respuestas y evadiría preguntas. No podía imaginarlo.
Miró por la ventana. La tarde había muerto y el último vestigio de luz había desaparecido, cuando a su mesa se sentó un hombre flaco, con la cabeza totalmente rapada, cuyo rostro, de cadavérica expresión, le provocó un mal disimulado escalofrío.

-¿“Tu eres la que quieres hablar de Mercedes” ?-, preguntó el hombre.
Pensó de inmediato que se trataba de algún enviado de Trym o del “amigo” que había acudido a cancelar la entrevista.
-“Sí, yo soy, Martha Sammer”, respondió.
- “ ¿Y que es lo que quieres saber de Mercedes que yo pueda comentarte?”, dijo el hombre.
- “Son muchas cosas, me informaron que podría tener una entrevista con Trym, me gustaría mucho hablar con él”.
- “Yo soy Mathias Soryxjta, Trym”, respondió el hombre.
Definitivamente las personas podían pasar desapercibidas debajo de un escenario, pensó Martha. Ese hombre rapado y decrépito estaba lejos de corresponder a la imagen del rubio Trym que con sus lentes oscuros laceraba al mundo tras los teclados. Pero sí, era él, algo le decía que no podía estar mintiendo. Se quitó su chamarra y en sus brazos desnudos y flacos pudo reconocer los tatuajes abstractos que había visto alguna vez en las en el escenario y en las fotografías. Cuando lo vio por primera vez a los ojos, sintió que la pregunta que abriría la entrevista se negaba a llegar a su mente.