Eterno Retorno

Saturday, May 01, 2021

Chilpayas garden

 


 

Todos los senderos bifurcaban en un jardín embrujado. Enfrente las vías del tren, la carretera a Saltillo y la lacerada espalda del Cerro de las Mitras. Del otro lado, al final de la calle, el Río Santa Catarina casi siempre seco. Puertas adentro, una biblioteca que también era una casa. El poco espacio que no acaparaban los libros lo ocupábamos nosotros. Ahí transcurrió ese gran sueño llamado infancia.  

Friday, April 30, 2021

tlacuache de la lectura

 


Por supuesto, lector de tiempo completísimo. Lector omnívoro, lector hedonista, lector aferrado. Escritor he sido a veces, pero lector soy siempre y en todo momento. Cuando a mí me preguntan cuál es mi profesión, les digo que soy un lector que me he ganado la vida como reportero y todo lo demás, cualquier otra cosa,  llegó como consecuencia inevitable.  Ahora bien, hay que ser un auténtico  tlacuache de la lectura. Me gustan los tlacuaches porque comen de todo: frutos, carne, huevos, basura, carroña. Igual los mapaches y los coyotes. No le hacen ascos a nada. Así es para mí el lector ideal, alguien que le entra a con fe a cualquier sopa de letras y puede ser tan feliz leyendo un autor de Anagrama,  Sexto Piso o Acantilado como lo es leyendo un best seller  comprado en el súper.  La clave es ser un lector hedonista, leer por puro principio del placer. Leer es un fin en sí mismo, aunque es también un medio. Es el viaje, pero es también el destino. La regla no escrita es que sobre mi buró puede haber obras gourmet en promiscua convivencia con vil chatarra editorial. Un umbral tan amplio de tolerancia acarrea ciertos riesgos inevitables. La probabilidad de tragar textos podridos que inducen al vómito casi inmediato es amplísima, pero acaso el gusanito que mantiene vivo este vicio es la posibilidad siempre latente de encontrar un diamante en la más insospechada piedra de carbón. Por fortuna en esta adicción no hay reglas inamovibles. De la misma forma que un exquisito producto intelectual de vanguardia puede resultar un bodrio, una novelucha de supermercado sin otro propósito que el entretenimiento puede resultar una agradable sorpresa. Lo único que justifica el vicio literario es el disfrute. Si en lugar de disfrutar sufres, es mejor dejarlo. Lo importante es tratar de liberarse de prejuicios a la hora de empezar a leer y dejar que el texto hable por sí mismo e intente defenderse solo. Si el texto acaba por naufragar será como consecuencia de su lectura y no de ideas preconcebidas. Esta condición de lector omnívoro y promiscuo ha dado lugar a improbables vecindades. En uno de sus Seis paseos por los bosques narrativos, Umberto Eco habla de lectores de primero y segundo nivel. El de primer nivel se interna en un bosque siguiendo un camino que lo llevará a un destino específico. El segundo se interna en el bosque para tratar de entender cómo está formado y por qué unos senderos son accesibles y otros no. En el bosque narrativo, el lector de primer nivel sigue un camino deseando saber cómo termina la historia, mientras que el lector de segundo nivel intenta descifrar la arquitectura y las claves del autor. El misterio no es cómo acaba la historia sino cómo está construida. Como soy un lector hedonista que se interna el bosque narrativo por puro principio del placer, no suelo hacer, al menos de entrada, demasiados esfuerzos para acceder al segundo nivel. Avanzo en mi lectura sin prisa por terminar o llegar a destino alguno y mentiría si dijera que leo siempre con los ojos del detective que intenta descifrar una clave. Hay quien disfruta y se entretiene viendo al mago sacar conejos del sombrero y hay quien se pasa la función tratando de adivinar dónde está el truquito. Toma también  el ejemplo de los grandes chefs. Anthony Bourdain era capaz de crear los platillos más suculentos e innovadores porque era todo un vagabundo que iba de allá para acá  y lo mismo lo podías ver en un puesto de tacos en Ensenada que en un mercado popular de Tailandia siempre abierto a experimentar nuevos sabores, igual  de la más humilde comida callejera que de los restaurantes más sofisticados. Qué jodido y limitado sería un chef que dijera “yo solo ceno en restaurantes como el Maxims o el Deus Magots y lo que no está a ese nivel no es digno de mí”. Al contrario, un chef se vuelve mucho más creativo  en la medida que explora nuevos sabores y combinaciones.   

 A lo largo de mi vida me he topado con muchísimos lectores selectivos. Hay quienes se ponen en plan de eruditos mamones y te dicen que solo leen clásicos y que después de Shakespeare y Cervantes no hay nada digno de ser comentado. Por el contrario, hay quienes dicen que solo lo ultra moderno los divierte  y que los clásicos y los decimonónicos son soporíferos y aburridos, pastillas para dormir ideales para vejestorios.  Hay quienes se presumen post –todo y se regodean en sus narradores contra culturales de nombres impronunciables y otros son felices con Stephen King. A mi manera de ver, si eres un lector excesivamente selectivo tú eres el que te estás perdiendo de algo.

Tuesday, April 27, 2021

Efrén

 


Un domingo cualquiera, Efrén, un niño de trece años, sale a jugar al parque que está frente a su casa en la colonia Crosthwaite de Rosarito. A  las 23:00, al ver que no regresa, reportan su desaparición. Esta mañana encuentran su cuerpo en un arroyo con el rostro desfigurado por los golpes.  La única certidumbre es que el chico fue asesinado con saña. Las contusiones reflejan brutalidad extrema. Si viviéramos en un lugar normal,  este crimen por lo menos indignaría y generaría alguna  reacción.  Si viviéramos en un lugar normal al que le quedara un poco de humanidad en el arsenal del alma, este asesinato sería en este momento portada de todos los portales de noticias locales  y motivaría un pronunciamiento de las autoridades, pero aquí en Baja California parece entrar dentro de lo que se considera cotidiano, vil ritual de lo habitual. Tan solo en lo que va de abril se han cometido más de 150 homicidios en Tijuana y proporcionalmente Rosarito no se queda tan atrás. Este crimen llama un poco más la atención por la edad de la víctima, pero al final del camino lo único seguro es que no habrá seguimiento y que pasado mañana será olvidado. Rosarito es el lugar donde transcurre nuestra vida diaria y donde estudia nuestro hijo. Anoche, mientras dormíamos, un niño era asesinado a golpes a una corta distancia de nuestra casa.  Me temo que esto no puede ser achacado a la guerra de cárteles o a la gente que viene de fuera y anda en malos pasos. La perorata histórica de la autoridad (morenista, panista y priista) es que las víctimas de homicidios en Baja California son personas que están hundidas en el pantano del narcomenudeo y los homicidas gente que viene de otros estados. Diez impresentables candidatos, incluida la actual alcaldesa, aspiran a gobernar Rosarito y ninguno dice nada. Lo sorprendente es la poca o nula información que aporta la nota policiaca actualmente. Qué mal reporteadas están. Con excepción de Frontera, en donde mi colega Carmen Gutiérrez se tomó el trabajo de ir a la colonia y entrevistar a vecinos y familiares, el resto de los medios subieron, cuando mucho, el triste parte policiaco de tres párrafos donde se dice que encontró el cuerpo “al parecer sin vida”. Otros ni siquiera llevan la nota. Todo se limita a boletines chayoteados de Marina del Pilar y la patética grilla del Campestre. Es verdaderamente desolador asomarse hoy en día  a la prensa local, como desolador es comprobar una vez más lo poco que importa la vida humana por estos rumbos.

Monday, April 26, 2021

Evadir la esterilidad de la polémica

 

Hace algunos años, en mis tiempos de reportero jarcor y en las épocas de las blog-wars,  te habría dicho que la polémica revitaliza y que la ira es energía. Me gustaba pelear, me gustaba ofender y resultar chocante.  Hoy en día, después de muchos ejercicios de autocontrol, he aprendido a evadir la esterilidad de la polémica y no porque le saque la vuelta a los trancazos, sino porque pierdes un montón de tiempo y nadie te paga por ello. Es aterrador cuando reparas en todas las horas arrojadas a la basura en zipizapes facebookeros sin sacar ningún provecho. El espíritu de la época apesta. Vivimos una era sectaria y fundamentalista, llena de mojigatos del pensamiento único y eternos ofendidos aferrados a  sus dogmas de fe.   Twitter es un nido de inmundicia y mala entraña. Para mí, que soy volteriano y creo en la supremacía de las dudas sobre las certezas y en el eterno cuestionamiento, me resulta inconcebible que alguien pueda adorar ciegamente a un dios o a un político (sea de izquierda o de derecha). A cada minuto te topas con una barrabasada en redes y sientes el inmediato deseo de intervenir, pero luego respiras profundo, piensas en todo el tiempo que perderás y decides pasar de largo. Al final concluyes que fue mucho mejor.