Eterno Retorno

Thursday, December 31, 2009


Lo había hecho algunas veces en su paraíso uterino (una linda foto de ultrasonido lo delata) pero hoy, en el último día del año, lo ha hecho por vez primera desde que llegó a este mundo exterior. Hoy Iker se ha chupado el dedo. Dijo que su mano supera en delicia al chupón. Lo bueno de vivir en Tijuana, es que mientras en el resto de México van de bajada, aquí vamos de subida. Celebren sus abrazos de Fin de Año que aquí nos faltan dos horas. 2009 fue un año inolvidable y quiero tardarme en despedirlo. Escucho Hawkwind, bebo un Malbec, Iker se porta de maravilla y el 2010 está a la vuelta de la esquina.



Podría decir que por muchas razones el 2009 ha sido radicalmente distinto a todo lo anteriormente vivido, pero miento: no es por muchas razones, es por una sola razón, una razón de tres kilitos 600 y 52 centímetros que ha cambiado para siempre el sentido de la vida. Vaya, la Tierra ya tiene un motivo para seguir adelante con su movimiento de rotación. UN ABRAZO A TODOS. El SEÑOR DEL TRUENO Y SU MARTILLO ESTÉN CON USTEDES. DSB

Wednesday, December 30, 2009






En el Universo Iker rigen otras reglas y hay otra percepción del tiempo. Tal vez por eso hasta este día he reparado en que cambiaremos de década. Yo, con una mente tan obsesivamente cronológica (me confieso un devoto de las fechas), olvidé que mañana acaba un decenio. Tal vez en el Siglo XX regía otro condicionamiento psicológico. Como si de 89 a 90 me resultara más radical el cambio que de 09 a 10. Sin embargo, pasado mañana ya no escribiremos dos ceros en el año. Vaya, obsesionado con la Historia, estaba más preparado para recibir el año del Bicentenario que el primer año de la nueva década.



¿Qué hice de 1979 a 1980? Bueno, tenía cinco años y lo más que recuerdo de ese primer cambio de década fue el Mustang 79 (aunque hoy no distingo un carro de otro y sólo se que tienen cuatro ruedas, siendo muy pero muy pequeño desarrollé un fervor por los automóviles) También recuerdo que salí a repartir una revista o suplemento que hacía mi tía Emilia en cuya portada se leía: “Llegaron los 80” Según recuerdo, algo me pagó por el trabajo de repartidor. ¿El primer sueldo de mi vida? De la pinche letra impresa tenía que haber salido. Eso de los papeles con tinta ha sido el karma de mi vida.


De 1989 a 1990 sí lo tengo muy claro. Dieron las doce y lancé un tiro a la canasta. Encesté. Era un aro de básquet que teníamos en el patio de la casa de Cerrada de Yuridia en la Herradura allá en Huxiquilucan. Eran los tiempos de la invasión a Panamá, del derrocamiento de Ceacescu en Rumania. Toda la regia familia acudió a visitarnos esa Navidad. Me hermano Adrián tenía 13 días de nacido y era aún más pequeño de lo que es Iker hoy, que con sus 22 días es ya un niño grande.


De 1999 a 2000 también lo recuerdo perfectamente. ¿Se vale contar intimidades? Bueno, recibimos el cambio de milenio de la mejor forma posible: cogiendo. Fue la más deliciosa forma de recibir una nueva era en nuestro depita de Playas. Entre los fantasmas de Y2K y los rumores de Apocalipsis llegó el 2000 y nada extraordinario pasó. Ahora caigo en la cuenta de que diez años, son diez años. Éramos taaan jóvenes.


De 2009 a 2010 lo pasaremos girando en torno al Sol de nuestras vidas, el único centro de toda nuestra atención. La duda es si estará dormido o despierto, de lo cual dependerá que nosotros lo estemos. Poco a poco hemos ido aprendiendo a que cuando él duerme, sea la hora que sea, hay hacer lo posible por tratar de dormir nosotros también, porque no sabes cuándo volverás a tener chance de volver a dormir. Hay un malbec, regalo de nuestro amigo Pedro, aguardando su turno en la cava. El fin de la década es un pretexto inmejorable, aunque no descarto recibir el año con un vaso de leche.

El día que el mundo se acabe yo no voy a darme cuenta. El terremoto me agarró comiendo tacos varios. La gente salió despavorida de Palacio Municipal y Centro de Gobierno. “La Baja California se resquebraja, la falla de San Andrés devastará ahora sí la Península”. Yo ni por enterado me di. Fue, según dicen, el terremoto más cabrón en años con epicentro en el poblado de Guadalupe Victoria en Mexicali. Casi seis graditos. Yo ni siquiera los sentí y no parece ser que los tacos hayan caído particularmente pesados. Si el Apocalipsis de San Juan se ha consumado este día, alguien tendrá que venir a notificarme, pues yo no me he dado cuenta.


Y el mundo comienza a cantar, si das con la palabra mágica
Joseph von Eichendorff. Varita mágica

Fichte, Schiller, Goethe, Schelling. Crecí escuchando esos nombres de boca de mi Abuelo, quien se sumergió profundo en las aguas del Romanticismo Alemán. Tema recurrente en sus libros y conferencias, sólo por debajo de San Agustín y Santo Tomás. De hecho es autor de un libro titulado “El Romanticismo Alemán”, publicado en 1964 (un año antes del célebre Metafísica de la Muerte) mismo que no poseo en mi biblioteca (en mi librero están apenas una cuarta parte de los libros que escribió mi Abuelo)
En el fondo, o mejor dicho en la superficie, soy un hijo de dicha tradición romántica germana, un involuntario discípulo del Werther. Para cerrar el año cae en mis manos “Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán” de Rüdiger Safranski. Un par de gratas experiencias con el autor anteceden a este libro. La biografía intelectual de Nietzsche escrita por este filósofo es el mejor tratado ensayístico que he leído sobre el creador de Zaratustra. Poco después cayó en mis manos “Un maestro de Alemania. Heidegger y su tiempo” y tengo pendiente “Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía”. Creo que cuando de bucear en filosóficos abismos se trata, Safranski es mi mejor compañero. Ahí va una probadita:

“El espíritu romántico es multiforme, musical, rico en prospecciones y tentaciones, ama la lejanía del futuro y la del pasado, las sorpresas en lo cotidiano, los extremos, lo inconsciente, el sueño y la locura, los laberintos de la reflexión. El espíritu romántico no se mantiene idéntico; más bien se transforma y es contradictorio, es añorante y cínico, alocado hasta lo incomprensible y popular, irónico y exaltado, enamorado de sí mismo y sociable, al mismo tiempo consciente y disolvente de la forma. Goethe, cuando ya era un anciano, decía que lo romántico es lo enfermizo…Pero lo enfermizo tampoco era demasiado extraño para él”.

“Hacerse a la mar significaba para Herder cambiar el elemento de la vida, trocar lo firme por lo fluido, lo cierto por lo incierto, conquistar distancia y extensión…Balanceado por los vientos suaves del Mar del Norte, se entrega a la tormenta de sus pensamientos: ¡En cuántas esferas hace pensar una nave que fluctúa entre el cielo y el mar! ¡Aquí todo da al pensamiento alas, movimiento y dimensiones atmosféricas!”

Irremediablemente, vuelvo a hablar de libros. Si algunos vicios quedan atrás, la lectura confirma su incurabilidad. Esta bibliofilia es una enfermedad crónica que no conoce rehabilitación alguna. El año de Iker estuvo rodeado de grandes libros. Mientras aguardaba su llegada, me deslizaba en las nórdicas nieves ensangrentadas. De mi confesa debilidad por Mankell, salté al sorprendente (y acaso más comercial) universo de Stieg Larsson y su Lisbeth Salander. La atmósfera de Millenium contagió la espera de Iker. Para cerrar el año, otra novela negra sueca escrita por otra Larsson que no es pariente de Stieg (apellidarse Larsson en Suecia debe ser como ser González en México). Aurora boreal de Asa Larsson está resultando una grata sorpresa. Ahora la sangre salpica las nieves eternas de Kiruna, una ciudad en el límite del Círculo Polar Ártico donde las noches invernales son eternas. De todo lo que leí este año, si tuviera que elegir una obra únicamente por la prosa, me quedó con Casi nunca de Daniel Sada si bien Réquiem para un Ángel de Jorge F. Hernández, con todo y su confesa vocación de Región más transparente del Siglo XXI, tiene buenas dosis de poesía sin desperdicio. El autor que más leí en el 2009 fue el chileno Luís Sepúlveda. Novelas breves las suyas, algo inocentes y simples, pero entrañables, como el Viejo que leía novelas de amor, la Lámpara de Aladino y Patagonia Exprés. En cualquier caso, lo prefiero a su compatriota Bolaño, de quien este año leí El gaucho insufrible, sólo para seguir preguntándome una y otra vez ¿qué chingados le encuentran a Bolaño que lo han entronizado de esa forma? De verdad, que alguien me explique, porque yo no logro sacarlo del montón. La más alta expresión de un autor sobrevaloradísimo. No es malo, pero Piglia y Vila Matas, que serían comparables en cuanto estilo, lo superan ampliamente. Leí los Papeles inesperados de Cortázar, La cuarta espada de Roncagliolo, el México acribillado de Moreno, el minimalista Seda de Baricco, el Encuentro de Kundera, las Ficciones de la revolución de Solares. Leí Llamadas telefónicas de Caparrós, la Operación masacre de Walsh y el Palacio de la Luna de Auster. Leí El mundo de hoy de mi colega Kapuscinski y La razón de los amantes de Simonetti. Leí y releí, como siempre, mucha Historia y estoy leyendo y releyendo a Shakespeare. El libro que cierra el año y será mi primera lectura del 2010 es uno muy esperado por mí: Invisible de Paul Auster.




Por cierto, este blog cumplió siete años de ininterrumpido desparrame de porquería.



BIBLIOTECA DE BABEL


Mica chueca
Pablo Jaime Sáinz
Fondo Editorial Tierra Adentro

Por Daniel Salinas Basave

Encontrar una voz y una patria narrativa. Vaya hallazgo. Hay narradores que se pasan la vida buscándolas, rodando de acá para allá en desafortunados coqueteos con modas y estilos contrastantes. Pablo Jaime Sáinz, en cambio, parece haber encontrado ambas. Lo suyo, más que un estilo, es una voz y le sale naturalita, tan fluida como brotan las palabras tras la tercera cerveza. Su patria narrativa es un estigma, una cruz de parroquia imposible de negar, un acento tatuado en cada palabra. La patria de Pablo Jaime Sáinz es una dualidad; existe una patria mítica, omnipresente; fantasmal e idealizada. Esa patria se llama Navolato, Polvolato, Lodolato o Navoyork. Pero existe también una patria concreta, gloriosa y odiosamente material; un sueño conquistado que a cada momento le recuerda la sentencia trágica: ten cuidado con lo que deseas. Se llama Huntington Park (entre otras cosas, la tierra de Slayer) Entre dos tierras, dirían los Héroes del Silencio. ¿Cuál de las dos es la prometida?
Desde un tiempo para acá se ha puesto de moda hablar de narcoliteratura. En un país donde la palabra narco se antepone al más improbable sustantivo, la literatura no tendría por qué salvarse. Primero fueron los colombianos y Elmer Mendoza; después llegaron los demás, con mil y un copias de dudosa calidad y procedencia. Hoy en día, hasta los escritores chilangos “made in La Condesa” quieren pasar por sinaloenses. Por fortuna, Pablo Jaime Sáinz no cae en el predecible lugar común del canon “narcoliterario”. El sentido del humor lo ha salvado del odioso paradigma. Sí, la narcocultura está ahí, omnipresente en su mítica patria navolatense, como omnipresentes son las bancas de una plaza, la cantina o la catedral, pero no es aspiración, karma ni horror. Pablo Jaime no quiere espantar buenas conciencias ni tampoco darse golpes de pecho. Lo suyo es más bien la narrativa de la globalización, la voz del migrante. Grandes plumas hay cuya patria es un exilio. Por ejemplo, no podríamos meter a Salman Rushdie en el chaleco de un escritor de la India de la misma forma que Hanif Kureishi no es de Pakistán. Pero ¿podríamos acaso llamarlos narradores británicos? Tampoco. Son la voz narrativa de la comunidad indo-pakistaní exiliada en Gran Bretaña. “Soy inglés…bueno, casi”, nos dice Kureishi en la primera frase de “El Buda de los suburbios”. Es en ese contexto en donde ubico a Pablo Jaime. La perpetua nostalgia de un culichi exiliado en Los Ángeles. Tras el grato sabor de boca (sabor a aguachile por cierto) que me dejó “Corrido norteño. Relatos para la plebada”, cae en mis manos “Mica chueca” un libro que es “happening” puro, néctar de voz migrante. Las calles de Huntignton Park y Juliana; la high school y Juliana; las troconas y Juliana; la eterna caza de una mica, de un social security number y Juliana. La Pacific y Juliana. Sueño y nostalgia perpetua; aspiración y desarraigo; existencia migratoria, saudade eterna. Mica chueca son pedazos de vida cotidiana, conversaciones inconexas, pensamientos al vuelo, estampas en el ir y venir de un autoexiliado cuyo santo grial es una “green card”. Cuando leí “Corrido norteño” identifiqué a Pablo Jaime como un discípulo hormonal de Elmer Mendoza. Tras leer Mica chueca encuentro en este narrador una innegable e inocultable vena Crosthwaite. Toda comparación es odiosa, dice Cervantes pero esa suerte de happening-saudade de Pablo Jaime me remite irremediablemente al “Gran pretender”, sin que ello signifique falta de originalidad. Mica chueca incluye en su segunda parte algunos de los escritos presentados en “Corrido norteño” como el divertidísimo “Cómo escribir un narcocorrido” e “Historia completa de la guerra del 92”, éste último a mi juicio, lo mejor que ha hecho Sáinz. Pablo Jaime se ha hecho muy pronto de un sello, de una marca registrada. Trazó su camino y lo definió claramente. Cierto, cuesta demasiado trabajo imaginar a Pablo Jaime fuera de este contexto, apostando por una novela no hablada en sinaloense y desarrollada fuera del ambiente chicano. Acaso lo mejor sea mantenerse fiel a su microcosmos. Si Faulkner pudo encontrar el infinito en Yoknapatawpha, Pablo Jaime puede seguir girando eternamente en la Pacific de Huntington Park mientras añora al espectral Navolato. Después de todo, la buena narrativa no requiere ser cosmopolita ni apostar por un kaleidoscopio estilístico para aspirar a la trascendencia.

PD- Crónicas chúntaras. La música de la plebada
Pablo Jaime Sáinz
Colección Divulgación Cultural. Centro Cultural Tijuana

Aquí Pablo Jaime simplemente se quedó corto. Apostó por lo fácil, por lo más cómodo y falló. Conociendo su creatividad e ingenio, la verdad es que esperaba mucho más que una simple recopilación de artículos en donde todo son loas y halagos. El tema daba para la crónica sabrosa, para explotar la vena ensayística, pero el autor simplemente se conformó. Se fue por el comodísimo recurso de sacar un libro recopilación de artículos publicados en alguna revista, con un poco más de nivel que un furia musical cualquiera, pero con evidente cortedad de miras. Cierto, muchísimos narradores han caído en esa tentación. El problema es que Pablo Jaime se vio complaciente y autocomplaciente. Lo traicionó su vena de fan y produjo un compilado prescindible. Además, hasta en la música chúntara hay categorías, niveles y divisiones. Vaya, una cosa es escribir sobre auténticas leyendas como Los Tigres del Norte, de quienes hasta los ajenos a esta música reconocemos el altar que merecen, a deshacerse en flores para una auténtica basura de bajísimo y corrientísimo nivel como jenny rivera o los tucanes (mal llamados de Tijuana) La verdad no creí que Pablo Jaime cayera tan bajo.

(Pero bueno, acaso estoy cometiendo un grave pecado de parcialidad como reseñista. Me confieso un fiel y eterno devoto de Su Majestad El Piporro y puedo cantarte de memoria más de 50 auténticos corridos revolucionarios. Me gusta la música de los Invasores de Nuevo León y con todo y su detención, no niego ni negaré a Ramón Ayala. Pero eso, señores, es Norteño con mayúsculas. Primera División. ¿lupillo rivera? ¿el recodo? ¿los tucanes? Letrina absoluta, lo más bajo y corriente de la cultura sinaloense. Lo siento, pero ni un arsenal de tolerancia y empatía pueden hacer que aguante semejante podredumbre).

Tuesday, December 29, 2009


El Invierno me ha dado en cara. Antes, el Invierno tenía su lado místico con ese toquecito romántico de ver llover sin mojarse. Caminar en medio de la noche sintiendo la helada caricia de mar podía resultar inspirador. Hoy, con un bebé en casa, todo ha cambiado y ya cuento con ansia los días para que llegue la Primavera. Iker ha sido un niño invernal que ha pasado sus primeros 21 días de vida entre cobijas y edredones. Estoy harto de los calentadores, de la humedad, de las ventanas empañadas y de tener noche cerrada a las 17:30. Hoy más que nunca agradecería un poco de Sol.


Iker ha transformado la percepción del tiempo. Aún no se si estos 21 días han sido un suspiro o una eternidad. Miro su carita y caigo en la cuenta de lo mucho que ha cambiado. Ya no reconozco al pequeñito que vi salir del vientre en el quirófano. 24 horas en su vida significan demasiado tiempo. Iker cambia cada día. Dado que ocupa el centro de nuestros pensamientos, hay demasiadas cosas que han pasado a un lejano tercer plano. De pronto me parece que he estado fuera del mundo por algún tiempo. Algunos factores que integran eso que podría llamar mi vida diaria han quedado en el olvido lo que irremediablemente se refleja en este espacio. Incluso en el trabajo funciono con una suerte de piloto automático. Estoy, pero no estoy. Sin decir agua y sin tocar la puerta llegó la Navidad y ahora, como si tal cosa, se acaba el año. Muchísimo me hablaron de la falta de sueño, de las noches en blanco, del cansancio crónico, pero a todo se acostumbra el cuerpo y el alma humana. Físicamente me siento bien. No son sueños reparadores, pero basta un buen café para echar a andar la maquinaria. Los bebés no son muñequitos con instructivo a cuestas. Cada persona me dice sus teorías, me cuenta sus experiencias y me da tal o cual consejo. Haz esto, no hagas lo otro. Cada uno posee sus leyes universales en el complicado arte de cuidar a un recién nacido. Agradezco todos los tips y las experiencias compartidas. Algunas han sido de utilidad, sin embargo, me queda claro que cada bebé es un universo aparte y es tarea de los padres irlo descubriendo.

La energía de una madre es propia de record olímpico. La fuerza de Carolina no deja de sorprenderme. Sólo hasta ahora reparo en que tener un bebé cambiado, recién comido, con burbuja echada y profundamente dormido a las 3:00 de la mañana, es todo un trabajo de ingeniería. Vaya, una obra de arte para acabar pronto.


Iker es un bebé de la era del facebook. Sus abuelos se han encargado de subir y etiquetarme decenas o acaso cientos de fotos desde el día de su nacimiento hasta esta su tercera semana, cosa que agradezco, pues de esta forma amigos y familiares que están lejos pueden ver a nuestro hijo. Confieso que yo todavía no subo la primera foto. La verdad soy terriblemente apático para eso de las redes sociales y a menudo olvido que tengo un facebook. Soy algo más que un desastre para las relaciones sociales. El facebook refleja mi catastrófico sistema de amistades. Jamás me verás mandando saludos, mensajes en cadena, cariñitos, pensamientos, respondiendo a trivias o haciéndome fan de cosas. Nomás no se me da. Que me escupan en la cara si a alguien alguna vez en la vida le he mandado una cadenita o un chistecito por mail. Lo que tengo que expresar lo vomito únicamente en este blog y lo demás me sale sobrando. El facebook lo uso como álbum de fotos y paren de contar. No interactúo por ese medio. Aclaro lo anterior porque tarde he descubierto que algunas personas apreciadas por mí se comunicaron conmigo por esa vía, pero la realidad es que jamás en la vida reviso la bandeja del facebook. De hecho jamás abro los mails de cadena o aquellos que van enviados con copia a muchos contactos. Tal vez mi propósito del 2010 sea tratar de ser, en la medida de lo posible, un poquito amigable. De cualquier manera, yo agradezco sinceramente y con toda mi brutal honestidad a aquellos que han estado cerca de mí y han enviado sus buenos deseos para Iker y Carolina. Eso es algo que aprecio inmensamente.


Se acabó el 2009. En estas fechas se acostumbran los recuentos, los top 10, las listas de propósitos. Yo no tengo cabeza para ello. El 2009 fue simplemente un año radicalmente distinto a todos los demás. Digamos que del 2000 al 2008 los años marcharon más o menos uniformados y cortados por la misma tijera. Sí, viajábamos a sitios distintos y en 2003 nos mudamos de casa, pero el 2009 ha sido el auténtico antes y después. La frontera entre el A.I. y el D.I El antes de Iker y después de Iker. Todo lo demás, está de más. Las noches caen y el tiempo corre. Podría decir que en 2009 pasaron cosas que jamás imaginé, pero cualquier hecho queda eclipsado por la paternidad. Podría decir que en 2009 el periodismo dejó de ser por primera vez en 12 años mi modus vivendi de tiempo completo. Lo sigo ejerciendo de forma satelital, pero hace once meses dejó de ser mi actividad primaria. Recuerdo que en 2009 conocí el continente asiático y que fue en la carretera entre Kunshan y Nanjig cuando me enteré que Iker vendría con nosotros.


Hay vicios y pasiones que me han acompañado siempre. Otras simplemente quedan atrás y se extinguen silenciosas. Durante años compré uno o dos discos cada fin de semana y la llegada del viernes significaba un ejemplar más para mi colección. Estas eran fechas en las que solía atiborrarme de música nueva, pero desde un tiempo para acá he olvidado el asunto. Desde hace unos tres años, la única forma en que escucho música es vía iPod y los pocos discos que han caído en mis manos, casi todos memorables, me los han regalado para reseñas. Y no, no es que haya dejado de escuchar música, algo que hago varias horas al día. Lo que ha cambiado es la forma en que lo hago. Sí, la era digital ha matado demasiadas cosas y debo admitir que tengo discos que desde hace años yacen en sus cajas, pues la única forma en que los escucho es vía iPod. Terrible confesión. Slayer y Megadeth han sacado nuevos discos este año. Anteriormente hubiera comprado sus álbumes el mismo día de su lanzamiento al mercado. Ahora los he escuchado completitos en YouTube y no tengo ninguna prisa por adquirirlos.

Pasiones que quedan atrás. Acaso la paternidad y la edad adulta acaben por volverme una especie de abstemio. Un buen vino, una buena cerveza o un vaso de Jack Daniels fueron por años compañeros habituales de fin de semana, pero también eso está pasando a la historia. El 2009 ha sido el año en que menos he bebido en mi vida. ¿Por qué? Porque simplemente ya no me cae. Uno bebe por placer y cada vez le encuentro menos placer al asunto. No esperes de mí una mierda de redención cristiana o una historia plañidera de rehabilitación en donde me rasgue las vestiduras hablando de mi fuerza de voluntad y la luz de un dios que me ayudó a superar el alcoholismo. Nada de eso. Estoy dejando de beber porque simplemente empieza a aburrirme, a caerme pesado, a dolerme la cabeza. La cuestión es que los tragos simplemente dejaron de caerme bien al organismo. La cabeza y el estómago pasan de inmediato una rapidísima factura que no estoy dispuesto a pagar. No creo que algún día llegue a ser un abstemio total que ande por el mundo sermoneando y presumiendo a gritos ser libre del alcohol. Eso me parece el colmo de lo patético. Sin embargo, creo que los días de la parte dionisíaca de mi ser van quedando poco a poco atrás. Quiera o no, lo apolíneo gana terreno lentamente.