Hoffenheim y Hoffenhaim
Hoffenheim, una improbable ciudad alemana que en
mi duermevelera red era el non plus ultra del futurismo. Primero era la visión
de la duermevelebrya a través de un germánico prófugo o renegado de Hoffelhaim,
poblaco al que no quería volver por orpesivo y deshumanizado. Lo que ante
nosotros había eran lloanuras, estepas, un abierto campo sudamericano (cuando
de repente, detrás de un árbol me
aparezco yo, mezcla rara y linyera y ya sábanas, diría la piazzolana balada
para un locuaz goyenechero). Pero no, ese de pronto o de repente y el árbol y
el yo es un constructo subterfugiado. No, de repente la llanura sudaquera en
Hoffenheim y Hoffenhaim o heim era un gran tubular, un tren al aire libre con
esencia de montaña rusa en carritos individuales y separados, un incredycoaster
en pleno que iba a esa velocidad sobre un tubo cilíndrico de color azul elevado
sobre la galáctica llanura.

