78
Qué fascinante es sumergirse en las profundidades de una hemeroteca. Ayer fui al Archivo Histórico de Tijuana y me di a la tarea de leer ejemplares de El Heraldo de Baja California de noviembre de 1978. No encontré exactamente lo que buscaba, pero a cambio encontré mil y una notas interesantes. En noviembre del 78 Vaselina y Piraña eran las películas de moda y el gran acontecimiento de Tijuana era el concierto de Camilo Sesto en el Auditorio Municipal. La noticia internacional más polémica fue el suicidio en masa de más de 700 acólitos de una secta en Guyana mientras que en Irán la revolución islámica ponía contra las cuerdas al Sha cuyo gobierno se tambaleaba igual que el de Somoza en Nicaragua. En Tijuana la grilla de moda eran los casinos y el Profe Rubén Vizcaíno, siempre tan moralista, les llamaba opio de los turisteros, pasión de pillos y degenerados. La Policía Judicial Federal presumía la detención del narcotraficante Gil Caro Rodríguez, apodado El Chapo Caro y el escándalo nacional era el secuestro de la hija de Pedro Domecq. La Liga 23 de Septiembre desaparecía oficialmente como grupo guerrillero y buscaba la vía política. Todo eso ocurría en noviembre del 78. Habrá quien me diga que los grandes periódicos del mundo hoy tienen hemerotecas digitales muy completas, pero nada se compara a ver y tocar el ejemplar impreso, aunque sea con guantes de látex. No solo es palpar el papel que circuló hace 48 años, sino mirar los anuncios, las ofertas, los edictos, las caricaturas. El espíritu de la época encarnado en un papel con tinta. A lo largo de mi vida he sido un compulsivo explorador de periódicos antiguos, pero confieso que hacía algún tiempo que no daba rienda suelta a este vicio que te permite dimensionar el peso demoledor del Zeitgeist y al mismo tiempo su efímera condición y su absoluta fugacidad.


