Eterno Retorno

Saturday, March 07, 2026

No hay 15 malo Giganc


 

Hoy es una de esas noches en que me da por creer que las deidades, los duendes, los cheneques o los espíritus chocarreros que escriben los guiones de los partidos de futbol tienen una elevada dosis de malicia literaria, aunque al final cedan al canijo vicio de los finales felices. Parecía condenado a ser un Clásico exiliado al limbo donde habita el olvido, un choque de garra, tripa y tanates donde Tigres hizo todo el gasto pero parecía no alcanzarle, pero el chenque guionista decidió que el Ser de Luz merecía una despedida a la altura de su grandeza. Colegas: acudí a mi primer Clásico hace exactamente 40 años. He visito, vivido, sufrido y gozado mucho, pero con conocimiento de causa les puedo que alguien como André Pierre Gignac es una anomalía en el universo, un desafío a la lógica, el irreductible galo que resiste ahora y siempre al invasor gracias a una poción mágica que lo hace invencible: el salvaje e incondicional amor a la camiseta Tigre. ¿Es su último clásico? Muy posiblemente y merecía decir adiós así, resolviendo en el minuto 94 y anotándole su gol 15 a la mierda rayada. Pasarán los años y las hazañas del Gordo seguirán intactas. Lo siento femsa: podrás gastar y gastar millones, pero las deidades no se compran. Tráguense la derrota basura rayada. Igual no hicieron nada ¿Se enteraron que jugaban un Clásico? No creo. Les corre y les ha corrido atole en las venas. Hoy, como Asterix y Obelix, celebramos con jabalíes y amarramos al bardo. ¡Arribaaa los Tiguereess!!!

Wednesday, March 04, 2026

DEEPEST PÚRPURA DUERMEVELEBRYO

 


Un concierto con boleto pagado para ver a Deep Purple en Donnington, al aire libre. Basta tomar el metro y llegar, pero no…la onda, la verdadera buena onda se celebrará en Sidney ¿por qué no ir hasta allá? Claro, cosa de agarrar el avión. Sidney está cerca de Londres después de todo. ¿Cerca? Cuando alego que Australia está del otro lado del mundo, alguien me dice que existe un truquito, un atajo aéreo para cubrir esa ruta en minutos. Por herencia solo queda el metro en Londres, de madrugada como marca el canon de la duermevela, con accesos cerrados que solo se abren con una tarjetita color amarillo  de prepago que llevo en mi cartera y que pese a ser del trolley sandieguino ¡milagro! funciona en Londres.
Describiré  ahora la desafiante y presagiosa verticalidad de la torre, con su cúpula de medieval aldea y sin reloj ni utilidad a la vista, pero eso sí, altísima y marcada por la negritud de una profecía. La torre ardería como una vela, se partiría en dos y con ella todo el villaje, pero para hablar del ardor por venir, es preciso describir el retablo en llamas y el carro de mulas pintadas cargado con tres inodoros en forma de trono que Ortiz arrastró desde Sonora atravesando la Rumorosa solo para promover el folklore de su terruño coyotero. En el retablo en llamas bailaban las negrísimas sombras de los demonios y tuve la fatal certidumbre de que la total incineración de la aldea partiría de ahí, y que mi providencial irrupción de bombero salvador estaría condenada a fracasar, pero la manguera cumplió con arrojar con furia su torrente y el retablo ardiente (verso sin esfuerzo), con todo y sus demonios danzantes, fue pronto brasa empapada, humo recién bañado. La misión fue un éxito, pero la fatalidad del incendiario Apocalipsis por venir no había sido conjurada. Ardería, sin duda ardería. 

Soñaba con algún concierto de Maiden, yo en primera fila  y el predecible ritual de la segunda rola, 2 minutes to midnight con todo y sarcófagos egipcios,  cuando hizo su aparición el alba en plan de hada invernal sugiriendo calcetines y tornando impostergable un inoportuno residuo de meada. Imposible retornar al sueño perdido. Imposible fundirme en ficciones sin fe, personajes que no creen en sí mismos, sombras sin sustancia. De cualquier caso, si hay un territorio con un vestigio de fertilidad narrativa, son estos oscuros amaneceres con cinco horas de sueño a cuestas y cierta predisposición a parir fantaseo y creer en cheneques capaces de dictar historias susurrando al oído. Pronto vendrá el sol de la mano del ruido y la furia del día, la dosis de perorata intolerante en las redes, tus pastillitas de verdad absoluta y tu inmersión en mil monólogos de sordos mientras la Parca va separando las piececitas con las que jugará esta jornada. 


Monday, March 02, 2026

aunque no se vea la mano sino el olvido

 


Por herencia queda  el recuerdo del olvido. Recordar qué olvidé algo, aunque no sé qué carajos es aquello que olvidé. Un recuerdito humilde y desamparado. Visitaciones de duermevela, encarnaciones de la cajita negra del subconsciente, y mientras el olvido se va corriendo por la madrugada, yo alcanzo a imaginar el momento en que lo intentaré cazar con esa red para mariposas llamada palabra escrita, la mentirosa jaula de pájaros nombradas Ensayos-Derrumbes y otras mostrencas porquerías  como quien en medio de la ensoñación  intenta verse la mano como aconseja  Juan Matus, aunque no se vea la mano sino el olvido. 
Solo al ver la roja y ardiente circunferencia herencia de mi verruga quemada, brotó de algún escondrijo subconsciente la imagen de la madre leprosa y su bebé. ¿Era lepra aquella piel llagada? La mujer era una tecata cubierta de escoriaciones y su bebé era casi un cadáver, un feto abortado aún con vida, cubierto de manchas purulentas y bubones. ¿Peste negra? ¿Riketzia? 
Paseos ciclistas sobre calles espectro, parques-mentira tragados por una urbana mancha. Pedales en pantano, omnipresencia del Santa Catacha, recordar finales inexistentes contempladas desde las cimas de estadios-mole, américaspueblas que no ocurrieron nunca y el sueño bálsamo, el sueño umbral, reescribir la historia de un cuerpo reencarnado tras reparar neuronas borrachas. La vida vuelve a empezar y desea ir construyendo la vereda con pura palabra. ¿Acaso hubo alguna otra cosa en el inventario? Palabras, puras pinches palabras. 
Furtividad bajo palabra. Ocultar un salero y arrojarlo al otro lado de la casa de los Milmo. ¿O acaso ocultaba un encendedor en la capillita azul? La barda se derrumba. La casa de los Milmo es esencia pura Them. Welcome Home. Alguien me contempla desde otro lado de la barda.
 Recuerdas el vinilo de Mercyful Fate sonando en el tornamesa. ¿Era Come to the Sabbath o Melissa? At the Graves o Never Ending Hill? Sonaba el vinilo. Los alcahuetos espectros cumplían con ser arena entre los dedos, sombras de duermevela.