Eterno Retorno

Thursday, July 23, 2026

¿Existe riesgo de que la ficción sobre crimen organizado termine normalizando ese fenómeno o ya sucedió?

 

1.     


Por supuesto que ya sucedió. Forma parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra narrativa costumbrista. Sería imposible no reflejarlo. Tampoco es algo nuevo. El México de 1850, por ejemplo, también era profundamente inseguro. El camino de México a Veracruz estaba infestado de gavillas de bandoleros integradas muchas de ellas por militares en desgracia o caudillos derrotados en los múltiples cuartelazos y rebeliones que asolaban la naciente República y eso lo vemos reflejado en la literatura.  Por ejemplo, El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, tiene como personaje principal al jefe de una sanguinaria gavilla de bandoleros de Yautepec que seduce a Manuelita, una joven de alta sociedad. El Zarco representaba al crimen organizado de entonces y el propio Altamirano refleja cómo muchas veces los bandoleros acababan integrando tropas de liberales o conservadores por igual. En la novela de la Revolución vemos lo mismo. El Rodolfo Fierro de la Fiesta de las Balas de Martín Luis Guzmán o los personajes descritos por Nellie Campobello en Cartucho no le piden nada a cualquier capo de los Zetas o el CJNG. En algún momento también fueron muy populares las novelas de piratas, pero aunque Emilio Salgari los romantizó, los modelos de Sandokán, el Corsario Negro o el Pirata Morgan eran tipos bastante sanguinarios que no solían tocarse el corazón.