Eterno Retorno

Thursday, October 08, 2026

29 Tanguitos canadienses


 

Anoche fue un buen momento para empezar a bailar estos tanguitos en la total oscuridad. Safo se fue del Mar Egeo al Lago Ontario y ahora desembarcará en Estocolmo. Keats sonríe en su tumba y Rosalía toca un poemario en forma de acordeón. Esta resaca de Motomami le trajo buena fortuna.

Wednesday, October 07, 2026

Esperando a Estocolmo

 



Yo sé que el Nobel lo va ganar algún hermético autor de nombre impronunciable atiborrado de consonantes o alguna extraña oriental (sin duda Can Xue) cuyos libros en Hermida Editores son inconseguibles en México, pero que verás expuesta en la FIL tapatía debidamente cooptada por el voraz e insaciable pingüino que mañana mismo se agandallará los derechos.

Ojalá lo ganara alguien cuya obra me haya dejado alguna huella profunda, como es el caso de César Aira o Enrique Vila-Matas. De los que están en la quiniela, esos dos son mis favoritos, aunque tienen pocas chances.
Si eligen a Aira estarían premiando la emocionante capacidad de crear e inventar sin límite ni atadura y sin que te estrese la coherencia o la geometría perfecta de la trama. El de Coronel Pringles es el más acabado ejemplo de “en el aire las compone”.
Si eligen a Vila-Matas premiarían a la literatura como religión o culto (sería muy feo llamarle secta), la más acabada expresión del escritor para escritores. Para disfrutar a Vila-Matas necesitas ser un Shandy iniciado y padecer el Mal de Montano en grado de metástasis.
Si me piden que elija a una mujer latinoamericana, yo no tengo ninguna duda: me quedo con Leila Guerriero. Para mí es en este momento la mejor escritora de este hemisferio y que me perdonen Samanta Schweblin y Mariana Enríquez. Me dirán que es periodista, aunque para mí escribe como los mejores poetas y si ya premiaron alguna vez a Svetlana Aleksiévich, bien podrían pensar en Leila.
Ahora bien, si tuviera que elegir a otro latinoamericano que nunca ni por remota casualidad estará en las quinielas, yo no dudaría en votar por el cubano Pedro Juan Gutiérrez. Hay quien dice que es una copia habanera de Bukowski, pero sin que me quede nada, a mí me gusta mucho más el Pedro Juan que el Buko. Realismo sucio, sí, sucísimo, pero créanme que Bukowski no habría sido capaz de escribir algo tan profundo como Diálogo con mi sombra.
De los excéntricos que suenan, yo le voy a Mircea Cărtărescu. Imaginación desbordada y hasta juguetona como la de Aira, pero con una prosa chula y pimpolla como pocas.
Por cierto colegas ¿sería muy alucinado pensar en Javier Cercas? Yo no lo descartaría. ¿Y Martín Caparrós? A mí sí me late, pero a Estocolmo posiblemente no.
Y no olviden que el mismísimo José Saramago hizo la profecía de que Gonçalo M. Tavares será Nobel algún día. Tampoco lo descartaría.
Me preguntan que si no le apuesto a Cristina Rivera Garza. Bueno, estaría a todísima madre para la literatura mexicana si ella lo ganara y sin duda habría motivos para festejar, pero si se trata de tirar factos y ser brutalmente honesto, les diré que Cristina no entraría en la lista de mis cien escritores mexicanos favoritos. Lo siento colegas, pero con Nobel o sin Nobel Cristina me aburre un chingo y no consigo terminar un libro suyo.
Pd- Estaría chingonérrimo que lo fuera ganando Ariana Harwicz solo para reírme del coraje monumental y la mega protesta feroz e iracunda que armarían los Palestina lovers.

Tuesday, October 06, 2026

Mi gallo para el Nobel se llama Horacio Castellanos Moya

 


El verdadero “clásico de otoño” es que todos empiezan con sus gallos y sus quinielas para el Nobel de Literatura. Pues bien colegas, este es el mío. Por supuesto, Horacio Castellanos Moya nunca aparecerá ni remotamente considerado en las quinielas de Estocolmo, pero sí puedo decirles que este salvadoreño es de los poquísimos narradores contemporáneos de los que he leído absolutamente tooodo (al menos todo lo que se ha publicado en forma de libro, impreso o en Kindle) y nunca, lo que se dice nunca,  me ha defraudado. Sin recomendación de por medio empecé en 2001 con El arma en el hombre y de ahí pal real. Mi primera impresión fue que Castellanos Moya era el más crudo exponente de la ultraviolencia latinoamericana, pero pronto descubrí que su narrativa explora profundidades  ontológicas mayores. La saga de la familia Aragón es un portento y no es fácil mantener la coherencia y el equilibrio en la historia de un árbol genealógico de tres generaciones que se ha ido publicando en riguroso desorden cronológico. Creo que si quieres entender y dimensionar la herida eternamente abierta y sangrante que significa ser centroamericano, tienes que fundirte en los relatos de los Aragón.  Aunque tiene extraordinarios personajes femeninos (la abuela hondureña de Erasmo, la reportera Rita Mena o la pija de La Diabla en el espejo), creo que la mayor fortaleza de Horacio son los diálogos internos de hombres solos de mediana edad. Tipos que dentro de su perpetua paranoia y su lacerante ansiedad, están siempre poseídos por sus pulsiones sexuales y alcohólicas.

Es obvio que el escritor austriaco Thomas Bernhard es una influencia fundamental en la narrativa de Castellanos  y por lo que puedo leer, el homenaje del centroamericano  a su padrino literario no se ha limitado a su novela- tributo  El asco. Thomas Bernhard en San Salvador.  El ritmo Bernhard, marcado por repeticiones compulsivas de frases y monólogos obsesivos y paranoides, es el sello de su prosa.

 Durante el verano leí de un jalón las dos novelas que me faltaban, La diáspora y Cornamenta, la primera y la última, separadas por casi 40 añ0s. Cornamenta podría ser una precuela de La sirvienta y el luchador, una secuela de Tirana memoria y un lado B del Desmoronamiento. Ahora le toca ser personaje principal a Clemen Aragón, que aparecía como secundario en las novelas arriba mencionadas. Vaya manera de retratar la psicología de un líder del Alcohólicos Anónimos. De verdad Clemen es un personajazo, de los mejores que ha construido. Además, según he leído, es la real la historia de que en los años setenta, generales golpistas y gobiernistas de San Salvador coincidían en las reuniones de AA. Alguna vez me tocó ir a una presentación suya en la FIL Guadalajara y como suele suceder con la mayoría de los escritores, en persona me pareció parco y aburrido, pero sus libros, que es lo verdaderamente importante, son Jarcor en estado puro. 

Monday, October 05, 2026

Quien no conoce a Aguilar a cualquier Gredos se le hinca


 

A ver colegas, ilústrenme: ¿qué onda con el repentino auge de Gredos? ¿Me estoy perdiendo de algo? ¿Es realmente la octava maravilla editorial? ¿Qué es lo que hace especiales a esos libros? Desde hace unas cuantas semanas mis contactos chilangos traen un furor con la pepena de los Grandes Autores de la Literatura en editorial Gredos que venden en los puestos de revistas y periódicos. Me he enterado que los acaparadores los ocultan y luego los andan ofreciendo al doble o al triple de su precio oficial. Como dice mi colega Iván Farías, ya se los agarraron como si fueran las roscas del Costco en 6 de enero o el bolillo de fin de año, un producto que se pone de moda y de un día a otro es la última coca cola del desierto. Yo aquí en Baja California me la pelo, porque ni siquiera llegan esas colecciones y por eso les pregunto: ¿qué hace tan deseable a Gredos? Luego me dicen que quema mucho el sol, pero yo en varias publicaciones les he comentado que quien no conoce a Aguilar a cualquier Gredos se le hinca. Miren colegas, con ciertos libros se vale ser lo más austero posible, pero yo creo que a las obras imprescindibles vale la pena invertirles y tenerlas en una edición clásica y pimpolla. Por ejemplo, veo que ofrecen Tragedias de Shakespeare en Gredos y la neta, sin que me quede nada, no creo que supere a las Obras completas en Aguilar. Dos tomos, más de 2 mil 350 páginas, papel biblia, doble columna, un estudio preliminar de 130 páginas que es un libro en sí mismo y absolutamente tooodo el desparramadero escritural del Bardo de Avon. Cierto, hoy mis ojos demandan una letra un poco más grande, pero Aguilar sigue siendo el clasicazo insuperable. Por ejemplo, veo que hay una alta demanda del volumen de Cuentos de Poe en Gredos, que cumple con ofrecer la traducción de Julio Cortázar, lo cual está muy bien, pero francamente no creo que supere al Cuentos completos de Páginas de Espuma, que incluye 67 relatos, cada uno con un comentario de un autor distinto (y con traducción de Cortázar, of course). Tengo a Poe también en Porrúa, Alianza y Bruguera, pero el Espumoso es el mejor. Ni hablar de Dostoyevski donde sin duda el campeón son las obras completas en Galaxia Gutenberg, papel biblia con un ensayo introductorio de Augusto Vidal de 180 páginas. Eso sí, las del Dosto en Alianza también rifan. Quijotes tengo varios, pero mi consentidazo es el que me regaló mi abuelo en Ediciones Castilla, con pasta y caja de cuero. Pero bueno colegas, en cualquier caso y sea como sea, siempre es una grata noticia saber que en estos tiempos hay tanta gente disputándose un Shakespeare o un Cervantes y voceadores haciendo negocio con el néctar de la mejor literatura.