Eterno Retorno

Thursday, August 13, 2026

Al final la bomba nos dejó esperando (redes duermevelebryas)

 


No pude pepenar juego de Peñarol pero sí uno de Nacional, un dominguito por la tarde en aquel furtivo y marginal Montevideo de rascuaches trenes suburbanos en donde consultaba una guía y preguntaba a transeúntes, solo para reparar en que la información en torno al juego era difusa y que los vagones desembocaban en inciertas estaciones. No recuerdo bien, para ser sincero si las calles y trenes motevideanos olían a petate pacheco.
La escalera del Obispado ¿o era acaso el elevador? La calle cuesta arriba y curveada, la cantera de los muros y las casas. La Obispado,  el ascenso, los muros de cantera, cierta curva, cierta pendiente, un camino extraño y vedado, el presagio de algo más en las alturas, todo para arribar al final a una cabina de radio pobre estilo Imer. De la Obispado descendió el viejo Galaxy rumbo a las bocas de los fusiles guerrilleros.
Dinamitar el tren, más dudas que certezas. ¿Por qué dinamitarlo? Alguna hijaeputez había hecho esa locomotora. ¿Por qué inmolarse en plan de terrorista suicida? Aguardaba, sobre todo, la sordera que dejaría por herencia la explosión, el santísimo putazo, el metamorfosear en pedazo de carbón, pero el tren pasaba de largo y a mí solo me quedaba la urgencia de poner pies en polvorosa, de amontonar metros y metros de distancia entre la vía y mi cuerpo, porque la explosión como quiera se produciría pero yo sería la única víctima mientras el tren correría sano y salvo. Al final la bomba nos dejó esperando.