El mundo alucinante de la duermevela aún impregna la atmósfera
Soy un cazador de amaneceres. Es una hora embrujada. Es como si el tejido neuronal fuera la arena de una playa aún mojada por la marea alta de los sueños. El mundo alucinante de la duermevela aún impregna la atmósfera y puedes sentirte un perfecto extraño en medio del gran caos universal. Creo que nunca podría escribir a las tres de la tarde, después de comer. A veces escribo en la noche después de una siesta vespertina, pero solo cuando ando retrasado con alguna fecha fatal. Yo jamás caigo en el estereotipo del escritor que aporrea el teclado a la media noche entre el humo del cigarro. Mi mantra sagrado es escribir con café y leer con whisky. Esa es la fórmula. No digo que sea infalible, pero a mí me ha funcionado.


