También era Bloomsday cuando Lionel Messi anotó en Gelsenkirchen su primer gol mundialista. El rival era Serbia y Montenegro y Lio entró de cambio al minuto 74 cuando el marcador estaba 2-0. Entonces los goles cayeron en racimo, cuatro en doce minutos y el sexto fue de Messi, de pierna derecha al minuto 88. Vi el juego con Carol en la vieja tele de nuestro cuarto, la única que hasta entonces habíamos tenido desde que nos casamos en el 99. Estábamos a diez días de festejar nuestro séptimo aniversario de bodas y faltaban tres años y medio para que naciera Ikercho
Eran las 7:00 de la mañana y yo debía irme a mi junta matutina en la redacción de Frontera. Salí de prisa y en el camino, en plena carretera Escénica, a unos metros del Colegio del Frontera, tronó la trasmisión de nuestra vieja camioneta Jimmy. Por primera y hasta ahora única vez, fui auxiliado por la grúa de Capufe a la que tienes derecho como usuario de la carretera federal. Ese Bloomsday murió mi viejísima camioneta. Arreglarla me salía demasiado caro así que la vendí como chatarra.
Ese mismo verano, dos meses después, vi a Messi en vivo cuando el Barcelona visitó a los Tigres en San Nicolás en la fiesta por el centenario de Cemex. Esa vez no se me hizo verlo jugar, pues Frank Rijkaard no le dio minutos, pero lo vi trotar y pelotear, pues los culés abrieron al público su entrenamiento en la cancha Tigre. Ronaldinho era la máxima estrella de aquel Barcelona y Messi era todavía una joven promesa.
Dos años después, el 4 de junio de 2008, vi a Messi jugar a nivel de cancha. Se jugaba un México vs Argentina en el Qualcomm de San Diego a donde yo entré acreditado como fotógrafo sin serlo. Un día antes me habían sacado dos muelas del juicio y esa semana se estaba celebrando la Feria del Libro de Tijuana en la Revu. Para entonces Messi ya era Messi. Argentina goleó 4-1, Lio anotó el tercer gol y yo estaba atrás de la portería. Fue la única vez en mi vida que vi jugar a nivel de cancha y a pocos metros un superdotado, un genio de otra galaxia. Lio mete goles de fantasía y lo increíble es que los hace ver como algo tan fácil, como si fuera lo más natural del mundo. Que 20 años no es nada, dijo el Zorzal Criollo y conforme envejezco cada vez le creo más. 20 años después me deleito viendo a Messi anotar sus goles 14, 15 y 16 en la Copa del Mundo. También estoy con Carol y estamos en la mismita casa, pero no en la recamara sino la sala. Ikercho duerme siesta en el sillón. Es Bloomdsay pero por su ausencia ha brillado la Guiness, los riñones fritos y el whisky irlandés. Eso sí, yo cumplí con arrancar el día leyendo un pasaje del Ulises (Hamlet ou Le Distrait, página 314) al amanecer. El futbol suele marcar la cronología de mi vida. Hace 20 años, que fueron un suspiro, vi en esta misma casa el primer gol mundialista de Messi y hace 40 años, en el Bloomsday de 1986, veía al Brasil de Sócrates y Josimar destazar a Polonia y ahora escribo esto mientras Jordania juega el primer partido mundialista de su historia. A veces me aterra recordar con tal precisión los detalles exactos de lo que estaba haciendo cuando se jugó un partido histórico.
¿Habrá tiempo para recordar el 26 cuando los días de esta ingrata copa sean remotos ayeres?