Eterno Retorno

Wednesday, July 15, 2026

La argentinidad al palo o Selling England by the Pound


 

1- Casi 180 años antes de la guerra de las Malvinas, cuando Argentina todavía no era Argentina, el Imperio Británico intentó apoderarse del Virreinato del Río de la Plata y arrebatárselo a la Corona Española. Envalentonados por Trafalgar, en 1806 y 1807 los ingleses entraron a sangre y fuego en Buenos Aires. Las tropas virreinales se rindieron, pero el pueblo rioplatense se defendió arrojando ollas de aceite hirviendo y cacerolas de mierda desde las ventanas. Finalmente, William Beresford se rindió ante Santiago de Liniers. Los ingleses habían sido derrotados y los argentinos descubrieron que podían solos y para nada necesitaban a los españoles

2- La segunda invasión inglesa se produjo a finales del Siglo XIX. Por su ausencia brillaron los cañones y las cacerolas de mierda, intercambiados ahora por bombas de libras esterlinas. El Imperio Británico no necesitó disparar un tiro esta vez, pero para 1900 controlaba el 70% de la economía argentina. Tenía más de 33 mil kilómetros de tendido ferroviario construido por sus ingenieros; poseía hectáreas de pampa rebosantes de ganado y plantaciones; poseía los frigoríficos repletos de la mejor carne y controlaba el puerto por donde salía exportada. Poseía los tranvías donde se movían las familias porteñas, poseía los bancos donde la naciente clase media obtenía los préstamos y poseía unas islas desoladas en el Atlántico sur que nadie importaban un carajo. También poseía un naciente juego llamado futbol.
3- Los primeros balones que rondaron sobre lodo o pasto argentino, fueron pateados en el último cuarto del Siglo XIX por señoritos británicos que fundaron clubes como el St. Andrew's (ganador del primer torneo en 1891), Old Caledonians, Lomas Athletic, Flores Athletic y el célebre Alumni, de la English High School de Buenos Aires.
4- El 25 de junio de 1904 ocurrió algo histórico: un equipo de futbol británico, el Southampton, desembarcó en Buenos Aires para jugar una serie de partidos. El primer partido, entre el Southampton y el Alumni, se jugó ante 8 mil espectadores entre los que estaba el Presidente de la Nación, Julio Argentino Roca. En ese entonces, la mayoría de los jugadores eran británicos, pero pronto los criollos rioplatenses aprendieron a jugar ese juego de inglesitos y lo hicieron con su propia técnica y estilo, sin pedirle permiso a nadie. Frente a la fortaleza pusieron agilidad, gambeta y picardía. Pronto, los clubes barriales porteños rebasaron por la derecha y por la izquierda a las escuelas británicas.
5- Podría hablar del 9 de mayo de 1951 en Wembley cuando las selecciones de Inglaterra y Argentina se enfrentaron por primera vez en toda la historia (Argentina fue apenas la segunda selección nacional en visitar el pasto sagrado después de Escocia). Podría hablar de La Rancagua en 1962 y de Wembley en el 66 (y de la gran paradoja de que Ubaldo Rattín muriera justo el pasado 11 de julio, cuando un nuevo capítulo de la guerra quedó confirmado). Podría hablar un chingo por enésima vez de la Mano de Dios y del Barrilete Cósmico en Santa Úrsula, pero no diré nada que no haya dicho Andrés Burgo en su librazo. Podría hablar del Spice Boy en Saint Ettienne o en Sapporo, o de que Carolina y yo estábamos en Buenos Aires el día que se jugó el último Argentina vs Inglaterra antes de Atlanta (un amistoso jugado en Suiza en 2005 que ganaron los ingleses por 3-2), pero hoy no hablaremos más de futbol.
6- Un día, su maestra de primaria encargó al grupo de Mafalda que dibujaran las invasiones inglesas. Sus compañeritos (lo recuerdo bien, aunque no tengo el dibujo a la mano) dibujaron soldaditos con la Union Jack y reprodujeron la escena de las ollas de aceite hirviendo, pero Mafalda reprodujo la verdadera invasión inglesa de los 60: un disco de los Beatles sonando en la tornamesa.
7- Corríjanme si me equivoco colegas, pero creo que en ningún país de América la cultura británica ha arraigado tan fuerte y se mantiene tan viva como en Argentina. Por alguna razón, Argentina ha sido siempre el país más Stone y más Bealtlemaniaco del mundo. Hasta Keith Richards y Mick Jagger se sorprenden de ver la cantidad de bandas rolingas que hay en Buenos Aires, todo un subgénero del rock en sí mismo. Vaya, Ratones Paranoicos suena más Stone que los Stones. Pega el rock británico, pero también su literatura y su cine.
8- La gran paradoja es que la máxima joya de la literatura argentina sea alguien que odiaba al futbol y amaba a Inglaterra. Un escritor casi casi británico llamado Jorge Luis Borges. Porque aunque Georgie se clavó en Macedonio Fernández y Evaristo Carriego, lo suyo lo suyo, su verdadera obsesión, era Shakespeare, Stevenson, Kipling, Chesterton. Creo que ni el más erudito de Oxford, se avienta las conferencias sobre literatura británica que ofreció Borges en la Universidad de Buenos Aires.
9- Neta colegas, corríjanme si estoy diciendo una estupidez, pero creo que en Argentina están obsesionados con Inglaterra y tienen una relación bipolar con la Isla. Una pequeñísima muestra de esa bipolaridad es su sui generis reacción frente a Iron Maiden. Todos los Maidenlovers del mundo sabemos que el inalterable ritual de Bruce Dickinson a la hora de cantar The Trooper, es ponerse un traje de soldado de la Reina y ondear la Union Jack. Bueno, eso ocurre en tooodos los países del mundo menos en Argentina. Cuando a Bruce se le ha ocurrido sacar la Union Jack en Buenos Aires, de inmediato lo empiezan a abuchear y le gritan “Maradooo, Maradoooo”.
10- Ya fue muchísimo choro. Solo diré que más allá de filias y fobias, Argentina e Inglaterra encarnan las dos culturas futbolísticas más interesantes y profundas del mundo. Creo que las dos ciudades más tradicional e intensamente futboleras del planeta son Londres y Buenos Aires con sus respetivos suburbios. Más allá del color y el desmadre, lo más fascinante para mí es que en casi cualquier barrio hay una cancha o un estadio viejísimo y casi en ruinas en donde juega un club con más de 100 años de antigüedad que tiene una afición sufrida y fiel y una historia propia. No me refiero a Boca y River o a Arsenal y Chelsea, sino a Chacarita, Sportivo Barracas, Banfield o Quilmes. Me refiero a Millwall, Charlton, Queens Park Ranger o West Ham.
11- En fin colegas, disfruten este excepcional platillo, el clásico de clásicos del futbol universal. Será intenso, será único y se hablará de él cuando hayan pasado muchísimos años y de nosotros no quede ni el olvido que seremos. Mi único deseo es que sea un gran juego y que el equipo ganador, sea quien sea, pierda el domingo contra España y sea un digno subcampeón.