Parecía que su organismo y el universo entero conspiraban contra la escritura
Ánimas, que públicamente se burlaba de la
retórica cursiloide y barata de los libros de superación personal, se auto
motivaba con peroratas que habría utilizado cualquier burdo coach. La llave
está en ti, todo el poder reside en tu interior. Cuestión de ponerse en la
labor con disciplina y objetivos. Estoicismo, concentración, actitud
triunfadora. Nada muy diferente de un Rocky Balboa trepando la nevada montaña
siberiana. Cada día un nuevo desafío, el triunfo está en tus manos y en tu
corazón está el poder de transformarlo todo. Cualquier aspirante a empleado de
mes en Home Depot o a vendedor estrella de una compañía de electrodomésticos
podría haber entendido el sentido de esos auto-lavados cerebrales.
A esas alturas de la vida, Ánimas apelaba a
soluciones desesperadas. La escritura planteaba incluso desafíos
psicosomáticos. Escuchar el suave golpeteo del teclado costaba sangre, sudor y
lágrimas, y era el non plus ultra de la improbabilidad. Parecía que su organismo y el universo entero
conspiraban contra la escritura. Aquello era ya enfermizo. Bastaba empezar a
teclear para sentir una modorra devastadora, un cansancio de siglos, un mareo
con esencia de mil derrumbes. Aunado a sus malestares, la computadora tenía a
bien fallar y crashear cuando la bestia Bartleby ofrecía una mentirosa
capitulación.


