Eterno Retorno

Thursday, April 23, 2026

Tiny Desk


 

De un tiempo para acá se pusieron de moda los Tiny Desk Concerts, espontáneas tocadas celebradas entre libreros y escritorios rigurosamente desordenados. Pues bien colegas, creo que de una u otra forma yo siempre he tendido a formar mis siempre caóticos Tiny Desks en los lugares donde he trabajado. Durante diez años, mi escritorio en la redacción de Frontera fue la catarsis de caos, un amasijo de libros, periódicos viejos y documentos varios que formaban una cordillera. El detalle es que desde 2012 a la fecha mi oficina es la cabecera del comedor de nuestra casa. Creo que el 90% de lo que he publicado a la fecha ha brotado de este rincón. A un lado de mi silla tengo un baúl cuyo interior está repleto de libros, mismo quew funge también como mesa que a su vez sostiene un pequeño librero sobresaturado y a punto de vencerse. Como buen Tiny Desk, entre los libros se apilan monitos, llaveros, anillos, plumas, pins y chucherías diversas. Los libros a su vez son recipientes y archiveros, pues sus páginas yacen repletas de tarjetas de presentación, boletitos, servilletas del recuerdo y recortes de periódicos. Varias fotos del Ikercho, una foto de Georgie, otra del buen Pessoa, un llavero del Cerezo Osaka.

No siempre hay rosas, pero libros hay siempre. En cualquier momento, lugar o circunstancia de mi vida hay siempre un libro cerca. No es por un afán intelectual de sabiduría, sino por una compulsión obsesiva. Vaya, cargar un libro conmigo me da paz, como esos niños que no pueden salir de casa sin su osito de peluche o su cobijita sudada. Los libros son mis objetos contrafóbicos. Cuando tengo un mal día o estoy nervioso o encabronado, el mejor remedio es pararme frente a los libreros. A veces ni siquiera hojeo nada. Simplemente veo los lomos o las portadas y con eso me calmo. Jugar a acomodarlos o desordenarlos es una actividad terapéutica con la que puedo lograr una abstracción casi zen.
En fin colegas, este 23 de abril, el mundo celebra al objeto con el que he tenido una relación más pasional a lo largo de mi vida.