Eterno Retorno

Sunday, May 31, 2026

Un verdejo con forma de pez espada

 


A veces un libro inesperado que no estaba en tus planes ni en tu radar puede resultar una gratísima sorpresa y desbancar a aquellos en los que tenías puestas tus expectativas. En esta casa el cartero no llama dos veces. El ladrido puntual de Pappo nos indica cuando alguien se acerca al jardín. Así ocurrió la semana pasada cuando llegó un mensajero con una caja de la editorial Océano. Nunca pido libros en línea, pero cada cierto tiempo llegan sorpresas a casa. Le di las gracias, abrí el paquete y ahí dentro estaba Principio, medio, fin, el nuevo libro de Valeria Luiselli. La verdad es que yo difícilmente habría comprado ese libro por mi iniciativa. De Valeria yo había leído Los ingrávidos hace unos doce años y me quedé (parafraseando al Santi Motorizado) con un “más o menos bien”. No es que me molestara, pero no sentía que conectara conmigo. Tal vez demasiado millenial y demasiado intelectualita para mis estándares. Vaya, habiendo tanto que leer, difícilmente la volvería a poner en mi ruta de lectura. Sin embargo como su nuevo libro llegó a mi puerta, empecé a leerlo y de pronto, sin darme cuenta,  ya llevaba 50 páginas y la obra dejándose leer muy bien. Como esos vinitos blancos suaves que los sirves con el frescor adecuado en el momento exacto y  te caen de maravilla. No sé si es, como dice Samanta Schweblin, “un animal del futuro con cinco corazones latiendo a la vez”, o si es, como dice Enrique Vila-Matas, “asombrosa, genial, conmovedora destinada a ser un clásico instantáneo”. Para mí es un como una copa fresca de Pinot Grillo o Verdejo que hace química en tus entrañas. Y sí, Valeria Luiselli es bastante vilamatiana pensándolo bien. Su libro, al que cuesta trabajo encasillar como novela, tiene ese rejega esencia de pez enmantequillado que resbala entre las manos de quienes quieren clasificarlo. Y a todo esto ¿de qué trata el libro? De una madre y una hija que por aleatoriedades de un divorcio y unos cuantos quebrantos emocionales acaban en Sicilia bajo el acecho del Etna y sus fumarolas, entre furtivos vestigios grecorromanos y la cabeza de un pez espada que apenas cabe en su refrigerador. Subrayé algunas frases: “Nuestros cuerpos son casas, espacios físicos en donde los rastros de quienes vinieron antes siguen viviendo y rebotando”; “bajo la sombra de un árbol con ramas como trapos exprimidos vemos una estatua borbónica descabezada”; “una danza afantasmada, extraña, un encuentro de dos en absentia”. El libro, por cierto, lo edita Feltrinelli, el sello italiano que le compró Anagrama a Herralde. Yo pensaba que Feltrinelli solo publicaba en italiano y que para el mercado de habla hispana estaban los anagramos, pero al parecer ya le van a entrar con fe a la lengua cervantina y su trío debut, además de Luiselli, lo completan   El doctor Zhivago de Borís Pasternak, En palabras sencillas del gringo Richard Ford y el mega clásico Doctor Zhivago de Boris Pasternak (que yo tengo en la bellísima edición de Galaxia Gutenberg). Como detalle coqueto, los italianos incluyen una linda postal que funge como separador con la imagen del pez espada. El principio cayó bien. Yazco en el medio y veremos qué tal el fin.