Eterno Retorno

Friday, May 15, 2026

La primera gran atracción de Tijuana fue la fiesta brava.

 



Su nueva morada en nada se parecía a Madrid o a Ciudad Real. Oficialmente, Tijuana había sido fundada en 1889, junto a la mojonera y el pequeño río que marcaban el límite con Estados Unidos.  La Tijuana de 1941 era una pequeña ciudad fronteriza de 21 mil habitantes cuya explosión demográfica se había dado durante la década de los veinte como consecuencia de la prohibición del alcohol en territorio estadounidense.  Sin embargo, años antes de las cantinas, los prostíbulos, el hipódromo y los casinos, la primera gran atracción de Tijuana fue la fiesta brava.

Cuando aquel yermo andurrial fronterizo aún se llamaba el rancho de la Tía Juana, ya se celebraban corridas de toros y los estadounidenses viajaban muchas millas para poder verlas.

El primer coso taurino del que se tiene memoria fue edificado en 1903 en la que después se llamaría calle Sexta, en el centro de la ciudad, justo en el sitio donde 50 años después se construiría el Cine Roble. La Tijuana de ese entonces era un rancho que ni siquiera sumaba 500 habitantes y cuyas únicas atracciones eran las aguas termales y las corridas de toros.

Cierto, no eran grandes carteles los que se ofrecían en aquel fundacional ruedo tijuanense, pero hay testimonios que hablan de visitas del mítico Francisco Alonso Paquiro, originario de Palencia y descendiente de una mítica estirpe de matadores.

Paquiro había destacado toreando en Ciudad Juárez y al parecer llegó a visitar Tijuana en la primera década del Siglo XX.