Fió, Fede, Fer y Georgie
La
cabecera oeste de la mesa del comedor es el sitio donde transcurre más del 80%
de mi vida activa. En términos industriales esta es mi línea de producción, mi
cuarto de máquinas. Casi la totalidad de lo que he publicado desde 2012 hasta
la fecha ha sido trabajado aquí. Mis rincones de chamba tienden a convertirse
en pequeños altares, caóticos montajes de arte instalación en donde siempre hay
amasijos de libros como omnipresentes compañeros. Cuando volteo a mi derecha me
topo con varias fotos escolares de Ikercho, un par de polaroids familiares, un
Astérix y un Abraracúrsix alzando sus espadas, una hoja fosilizada que me
regaló mi madre y los rostros de cuatro seres que se hablaron de tú con lo
sublime y acabaron interiormente desbarrancados: Nietzsche, Dostoyevski, Pessoa
y Borges. Fió, Fede, Fer y Georgie. Al mirarlos frente a mí, me pregunto:
aparte de la obvia genialidad ¿hay algo que hermane a este cuarteto de mi
altar? Creo que la infelicidad, el temperamento obsesivo, la vocación para no
estar del todo en este mundo matraca. Entre 1899 y 1900 tres de ellos estuvieron
vivos. Borges era un bebé, Pessoa era un niño y Nietzsche un demente que había
perdido el habla y la capacidad de valerse por sí mismo. Dostoievski y Nietzsche
cohabitaron en el mundo entre 1844 y 1881 y entre 1881 y 1888 Nietzsche estuvo
solo. De 1899 a 1935 Pessoa y Borges compartieron época y desde el 35 al 86
Georgie se quedó solo. Fue de hecho el más longevo de los cuatro al sumar casi
87 años mientras que Pessoa fue el que murió más joven, con solo 47. Borges fue
el único que los leyó a todos. Analizó y debatió a Nietzsche, al Dosto lo admiró
en su juventud pero lo denostó en su edad madura y a Pessoa lo descubrió muy
tarde, ya anciano y ciego. Fue Emir Rodríguez Monegal quien se lo leyó. Pessoa
y Borges no tuvieron noción uno del otro mientras estuvieron vivos. Nietzsche
sí leyó a Dostoyevski pero Dostoyevski nunca leyó a Nietzsche (y si lo hubiera
leído probablemente lo habría rechazado). Pessoa sí leyó a Nietzsche (y
escribió bastante sobre su obra) y también admiró a Dostoyevski (de hecho leyó
muchísima literatura rusa). ¿Hay algo más que hermane a este improbable cuarteto?
Bueno, salvo por Dostoyevski, la paternidad les fue ajena. De hecho, es muy posible
que Pessoa, Nietzsche y Borges hayan muerto célibes. Borges se casó dos veces siendo
ya muy mayor y es posible que ni siquiera haya consumado el matrimonio. Eso sí,
aunque el amor carnal no era su fuerte, los tres cumplieron con tener amores
platónicos. Nietzsche se enamoró de Lou Salomé, Pessoa de Ofelia Queiroz y Borges
de Estela Canto, pero los genios no son muy hábiles que digamos a la hora
ligarse morras. ¿Habrían elegido otra vida si les hubiera sido dado? ¿Cambiarían
su obra genial por un poco de burguesa felicidad y preocupaciones mundanas?
Salvo por Nietzsche que daba excesiva importancia a su obra y se consideraba a
sí mismo un iluminado, los otros tres fueron bastante humildes y apocados (si
bien el Dosto sí llegó a creer que como escritor tenía una suerte de misión
ontológica). ¿Me habría gustado a mí vivir sus vidas? No lo creo. ¿Habría
podido ser amigo de alguno de ellos? Lo dudo. Sin embargo los cuatro están aquí
mirándome todo el tiempo mientras me dedico a procrastinar y a escribir ociosamente
estos desvaríos con el aparente afán de postergar eternamente el momento de
entregarme a eso que se supone es trabajo productivo y redituable.


