Puerca, trompuda, bellaca y culerísima
En este mundo se vale ser puerco pero no trompudo. El problema es que la fifa es puerca, trompuda, marrana, corrupta, bellaca y lo que le sigue a hormonalmente culerísima. Una estafadora descarada que te roba sonriendo, la gran ramera experta en aliarse con lo más pestilente de la humanidad. El futbol es la religión universal y la fifa es su sucio sínodo.
Sí, a veces me apena aceptarlo, pero yo soy devoto y feligrés de esta gran religión universal. El futbol ha sido omnipresente en mi vida. Lo siento, no puedo evitarlo ni hay rehabilitación posible para este vicio. Para mí ese juego es una de las creaciones más sublimes de la raza humana. Sí, amo el futbol pero odio cada vez más a su iglesia, la fifa. Claro, no me chupo el dedo, yo sé que esto ha sido siempre un negocio, pero a estas alturas es ya un robo en despoblado, un asalto chido.Si a mi me preguntas ¿pagarías 55 mil pesos para ir a ver un México vs Sudáfrica? La respuesta es NO. Punto. Ni aunque me sobrara ese dinero lo pagaría. Como diría el buen Georgie B, parafraseado por el Indio Solari: en todo lujo palpita un soplo de vulgaridad. Tirar 55 mil pesos en un boleto es algo sumamente vulgar, obsceno. Cada quién gasta su dinero como quiere, pero a mí me parecería sumamente irresponsable. Con 55 mil pesos pago más de un año de colegiaturas en la prepa de Ikercho. Con 55 mil pesos pago tres boletos de ida y vuelta a Japón y hasta me sobra para ir a ver unos cuantos partidos de la liga nipona. Con 55 mil pesos apoyarías a gente que se la está pelando por una cirugía de urgencia como mi amigo el Octa. Y más rabia me daría saber que ese dinero tan útil va a acabar en el sucio y corrupto bolsillo de la fifa. Me sentiría estafado, robado, defraudado. Carajo, yo acudí al Mundial 86 y les juro que no éramos ricos. Vaya, eran boletos un poco más caros que uno de Tigres o rayados, pero perfectamente costeables para una familia de clase media.
Además, más allá del “valor histórico” de acudir a la tercera inauguración en el Azteca, tenemos que aceptar que en lo meramente futbolístico un México vs Sudáfrica es un espectáculo menos que mediocre.
Miren colegas, yo practico y seguiré practicando el turismo futbolero. He acudido a partidos en once diferentes países, pues vivir el ambiente de un estadio en una ciudad lejana es una forma inigualable de adentrarte y fundirte en su cultura. El futbol es mi esperanto, mi lenguaje universal que me hace entenderme e identificarme con personas que en apariencia no tienen nada en común conmigo. A diferencia de la literatura y el metal que son pasiones bastante sectarias, el futbol es una enfermedad que comparto con millones de personas en el planeta.
Por unas cuantas semanas, decenas de millones de seres humanos pondremos un caudal de emociones en perfecta sincronía. En Tijuana y en Río de Janeiro; en Sydney y en Tokio; en Buenos Aires y en Argel; en Cabo Verde y en Viena, miles de personas estaremos haciendo exactamente lo mismo con la mirada fija en una pelota que cual Flautista de Hamelin, hipnotiza y enloquece a las masas. Yo soy parte de esa hipnosis y me da mucha pena aceptarlo, más ahora, pues al menos en ese campo de concentración llamado Estados Unidos, este mundial tiene la esencia y el espíritu de las olimpiadas de Berlín 1936. Es feo sentirse colaboracionista de una burda estafa, pero como dice el gran Diego Armando: la pelota no se mancha y el futbol es bello pese a las toneladas de basura que le rodean.


