Solo al ver la roja y ardiente circunferencia herencia de
mi verruga quemada, brotó de algún escondrijo subconsciente la imagen de la
madre leprosa y su bebé. ¿Era lepra aquella piel llagada? La mujer era una
tecata cubierta de escoriaciones y su bebé era casi un cadáver, un feto
abortado aún con vida, cubierto de manchas purulentas y bubones. ¿Peste negra?
¿Riketzia?
Paseos
ciclistas sobre calles espectro, parques-mentira tragados por una urbana
mancha. Pedales en pantano, omnipresencia del Santa Catacha, recordar finales
inexistentes contempladas desde las cimas de estadios-mole, américaspueblas que
no ocurrieron nunca y el sueño bálsamo, el sueño umbral, reescribir la historia
de un cuerpo reencarnado tras reparar neuronas borrachas. La vida vuelve a
empezar y desea ir construyendo la vereda con pura palabra. ¿Acaso hubo alguna
otra cosa en el inventario? Palabras, puras pinches palabras.
Furtividad
bajo palabra. Ocultar un salero y arrojarlo al otro lado de la casa de los
Milmo. ¿O acaso ocultaba un encendedor en la capillita azul? La barda se
derrumba. La casa de los Milmo es esencia pura Them. Welcome Home. Alguien me
contempla desde otro lado de la barda.
Recuerdas
el vinilo de Mercyful Fate sonando en el tornamesa. ¿Era Come to the Sabbath o Melissa? At the Graves o
Never Ending Hill? Sonaba el vinilo. Los alcahuetos espectros cumplían con ser arena entre los dedos, sombras de
duermevela.