¿Cuántos libros lees al año?
¿Cuántos libros lees al año? Esa
es una de las preguntas que más veces me han hecho y me siguen haciendo a la
fecha y creo que la gente se decepciona un poco cuando les digo que no sé, que
la verdad no los cuento. Tal vez en alguna época llevé un registro un poco más
preciso, pero con los años me torno cada vez más caótico y desordenado con mis
lecturas.
Creo que las personas quieren escuchar
récords escandalosos y estadísticas despampanantes. Por ejemplo, veo que en X
han hecho un pedo gordo porque un profesor español llamado Fernando Bonete dice
que lee un promedio de 140 libros año. Aventuró la cifra en respuesta a una
pregunta expresa (la misma pregunta que tantas veces me han hecho) y desató un
troleo inclemente. Parece que a la gente le molestó muchísimo saber que el
chico lee 140 libros al año. Vaya, lo
jodieron por leer mucho de la misma forma que a una tal María Pombo la jodieron
por defender su derecho a no leer nada y hacer un elogio de la no lectura.
Quién los entiende.
En buena onda colegas, es un poco
ridículo leer para tratar de batir récords olímpicos. Reducir o condicionar un
acto de pleno disfrute a una acumulación de números. Como quien reduce el amor
a cuántas veces eres capaz de venirte en una noche.
A ver, este año fui jurado en un
certamen de la UDLAP y me leí de Hidalgo más de 100 cuentos. Casi todos los
años me toca ser juez en algún concurso y por lo bajo me chuto unos 40 o 50
trabajos. ¿Cuentan como lectura para el récord? Súmale además a toooodos los coleguitas y esporádicos contactos
de redes que me mandan sus novelas o cuentos para que les de mi más “honesta mi
opinión” (te lo juro: no eres el único, hay decenas como tú. No hard feelings
please). Llegan antologías por aquí, antologías por allá y a eso agrégale las
compulsivas relecturas. A veces dedico más tiempo a releer libros que me
apasionaron que a las novedades editoriales. Por ejemplo, con los cuentos y poemas
soy vocacionalmente desordenado. Siempre los leo aleatoriamente (y por cierto, cada
vez leo más poesía).
Muy a menudo me releo al azar un
cuento de Borges, Gógol o Schweblin, una crónica mostrenca de Caparrós o Tomás
Eloy, un momento estelar de la humanidad de Zweig, una vida imaginaria de
Schwob, un sueño de sueños de Tabucchi, un poema de Gorostiza, Balam Rodrigo, Pancho Serrano o Pizarnik, unas cuantas
microficciones de la Antología de la Literatura Fantástica y eso por no hablar
de las toneladas de artículos, columnas, crónicas y ensayos que leo en línea. Vaya, navegando por la aún no extinta
blogósfera puedes todavía encontrar joyas. Por ejemplo, en el carro traigo
varios libros en el asiento del copiloto. Haciendo línea para cruzar a San
Diego o esperando a Ikercho a la salida de la escuela, me chuto dos o tres
cuentitos.
Para efectos del récord olímpico:
¿cómo carajos se supone que debo emprender mi conteo? ¿Por página, por palabra,
por caracteres, por kilo de papel? Releer La metamorfosis de Kafka te puede
tomar medio día, pero leer los dos tomos del Kafka de Reiner Stach te puede
tomar un año. ¿Cada uno cuenta como un
libro en el conteo? Vaya, me parece muy coherente registrar kilómetros en una
rutina de ejercicio, pero me parece una verdadera ridiculez emprender
ejercicios de contabilidad con las lecturas.
No soy ni he sido nunca un
académico y salvo por las veces en que he sido jurado, jamás en la vida he
leído porque sea parte de mi chamba. Nadie nunca me ha impuesto un programa de
lectura. Hay ocasiones en que he tenido la tentación de autoimponerme un método
o una rutina. A veces digo, este año voy a leer las obras completas de
Shakespeare o me voy a sumergir en clásicos grecolatinos o le daré la
oportunidad a desafíos tipo La broma infinita o El hombre sin atributos, pero
yo soy el primero en incumplir. Solo puedo leer por placer y el placer solo
conoce de libertad y libertinaje. Sí, lo confieso: soy un lector libertino y
cada vez lo seré más.


