Eterno Retorno

Sunday, February 08, 2026

Granada


 

Ahí está, asentada sobre dos históricas colinas -Alhambra y Albaicín-, Granada, la antigua capital del reino árabe. La serenidad comanda esta privilegiada región. Cielo claro y luz brillante. De lo hondo de la tierra parece latir, entresoñar, cantar y callar el perdido reino musulmán. Fuentes opalinas y romances de jardín. Gritos de niño, medias coplas y campanas. Estrellas menudas cintilean, sobre la vega granadina, lamentos ondulados. De pronto parece que va a surgir, desde los callejones de su barrio, Federico García Lorca, aquel hombre o mito a quien Juan Ramón llamara «de cinco razas: cobre, aceituna, blanco, amarillo, negro, como los anillos de cinco metales para el rayo, achaparrado en piña humana prieta...». Y acaso en la armonía y la eternidad de Granada evoquemos también -¿por qué no?- la presencia ausente del Manuel de Falla, sentado frente a su piano para interpretar, con hondo brío, el alma musical de Granada”.

Estas palabras no son mías, sino de mi abuelo, Agustín Basave, que hace más de 60 años publicó su ensayo Visión de Andalucía en la Colección Austral. Hoy entiendo su fascinación por esta tierra. Entre la perfecta geometría del Palacio de los Nazaríes en la Alhambra y el barroquismo desbordado de la Basílica de San Juan de Dios; entre el Paseo de los Tristes, las Teterías y las heladas veredas de la Sierra Nevada, Granada se ha encargado de embrujarnos.