Granada
Ahí está, asentada sobre dos históricas colinas -Alhambra y Albaicín-, Granada, la antigua capital del reino árabe. La serenidad comanda esta privilegiada región. Cielo claro y luz brillante. De lo hondo de la tierra parece latir, entresoñar, cantar y callar el perdido reino musulmán. Fuentes opalinas y romances de jardín. Gritos de niño, medias coplas y campanas. Estrellas menudas cintilean, sobre la vega granadina, lamentos ondulados. De pronto parece que va a surgir, desde los callejones de su barrio, Federico García Lorca, aquel hombre o mito a quien Juan Ramón llamara «de cinco razas: cobre, aceituna, blanco, amarillo, negro, como los anillos de cinco metales para el rayo, achaparrado en piña humana prieta...». Y acaso en la armonía y la eternidad de Granada evoquemos también -¿por qué no?- la presencia ausente del Manuel de Falla, sentado frente a su piano para interpretar, con hondo brío, el alma musical de Granada”.


