Eterno Retorno

Saturday, January 17, 2026

Alephsónico

 


Si alguien me lo hubiera dicho en 1991 me habría parecido un sueño de ciencia ficción salvaje para un melómano: llegará un día en que cargarás el equivalente a mil sucursales de la Tower Récords en un telefonito. Navegar por la vida diaria teniendo a tu disposición  las 110 millones de canciones en calidad HiFi que te ofrece Tidal podría parecer a priori un paraíso para quienes amamos explorar música nueva, pero hoy que lo vivo descubro lo mucho que extraño la antigüedad.

Yo no sé si a ustedes les pase lo mismo colegas, pero pese a que todos los días descubro propuestas musicales muy interesantes, me es imposible establecer relaciones duraderas, pasionales e intensas con algún disco o alguna banda nueva.

Soy y he sido un melómano incurable desde la preadolescencia. Escucho música todos los días y a toda hora: mientras hago ejercicio, mientras manejo, mientras trabajo, mientras paseo al Pappo

Todas las semanas descubro una o varias bandas nuevas y muy a menudo encuentro cosas que me gustan, pero el problema es que las olvido a la media hora. Música muy creativa, de buena calidad, excelentemente producida, pero con la cual me es imposible establecer un romance.

Y claaaaro, es aquí cuando podría brotar la insoportable perorata de viejo nostálgico: es que en mis tiempos sí había buena música, es que antes las bandas sí tocaban de a deveras, es que hoy hacen puro mugrero artificial, bla,bla, bla.

Yo creo que hoy como ayer hay buena y mala música, pero la relación que establecíamos en el pasado con determinado disco o determinada banda, era mucho más profunda. Las circunstancias provocaban que uno le dedicara muchísimo tiempo a un solo disco e irremediablemente acababas aprendiéndotelo de memoria y enamorándote de él

Vaya, a mis 15 años de edad yo tenía clarísimo cuántos discos y casetes había en mi inventario, incluidos los grabados. Si prestaba o perdía uno inmediatamente lo echaba en falta. Comprar un disco era todo un acontecimiento y una vez que lo tenías lo escuchabas una y otra vez. Hay discos que descubrí a finales de los ochenta o principios de los noventa. Los escuché entonces cientos o miles de veces y a la fecha los sigo escuchando casi cuatro décadas después. Pero en esa época, un álbum tenía un peso específico y jugaba un rol clave en tu vida. Para empezar ocupaba un espacio físico. Cuando viajaba, tenía que elegir cuáles eran los cinco o seis casetes que me acompañarían con el Walkman, pues no había espacio para todos, así que con esos cinco o seis casetes te pasabas varias semanas o meses hasta que la cinta se enredaba. Incluso a principios del milenio, en la era de los iPods, el inventario era limitado, con todo y que eran miles de canciones.

Hoy, Tidal o Spotify son el equivalente a cargar el Aleph de Borges a cualquier lugar. Son el Todo en materia musical. Lo que se te venga en gana lo puedes escuchar aquí y ahora. Y tal como en El Aleph o en Funes el memorioso, el olvido acaba por sentar sus reales. “Nuestra mente es porosa para el olvido” dice Georgie. Es imposible sostener el Todo en una red neuronal.

 

Aclaro que en materia musical mi Aleph se reduce al Rock o más específicamente al Metal y sus múltiples derivados, pero este universo es vastísimo, rayano en lo infinito y no deja de sorprenderme como este submundo tiene cientos de nuevas propuestas. Bandas de Post Metal Core Progresivo, Black Metal Atmosférico, Avant-garde Post- regresivo, Retro Sludge Sinfónico, PreJarcor melódico JazzMetal etc, etc, etc. Que si Spiritbox, que si Sleep Token, que si Agriculture, Architects, Erra, Slaughter to Prevail, Imperial Triumphant, etc, etc, etc. Los escucho, algunos los desecho al instante, pero otros me parecen interesantes, curiositos, divertidos y me prometo ponerles más atención, pero a los 20 minutos los olvido.

Hay propuestas que me gustan bastante como HellRipper, Blackbraid, Blood Incantation, Crypta, pero apenas les dedico el 1% de la atención que dediqué (y sigo dedicando) a Sabbath o a Motorhead. Los monstruos sagrados siguen sacando nuevo material discográfico y algunos son muy buenos. Anoche, por ejemplo,  me puse a escuchar entero el nuevo disco de Kreator,  Krushers of the World,  y mi conclusión es que está chingón, es un discazo, pero sé que no le dedicaré el tiempo que en su momento dediqué a Coma of Souls o Extreme Aggresion. Hoy en la mañana desayuné con la nueva rola de Immolation, The Adversary, pero sé que la olvidaré.  

Vaya, me aterra derme cuenta que a todos los discos que Iron Maiden ha sacado en el Siglo XXI, desde Brave New World a Senjutsu, no les he dedicado ni el 10% de la atención que dediqué (y dedico) a Number of the Beast, Piece of Mind y Powerslave

Thursday, January 15, 2026

Sándor Márai en Rosarito

 


 

Últimamente he pensado en el destino del escritor húngaro Sándor Márai y en lo poco que los tijuanófilos hablamos de él, pese a que de una u otra forma es un escritor relacionado con nuestra ciudad. Vaya, vivió como exiliado en el patio vecino sandieguino por más de 20 años y ahí decidió morir en 1989. Márai vino varias veces a Tijuana e incluso nos dedicó una crónica viajera. Cierto, no son pocos los escritores que visitaron Tijuana y escribieron sobre ella, pero la verdad no recuerdo muchos literatos europeos que le hayan dedicado unas líneas a Rosarito. Sí, en los años 50 el exiliado magiar vino a visitar el pueblo en donde transcurren mis días e incluso se permite narrar la anécdota de una espectacular redada o asalto ocurrido un día antes de su llegada. Aquí reproduzco textualmente la crónica de Márai:

“El paisaje es desierto y ondulante. Una calle lleva, por treinta kilómetros, al balneario de Rosarito. El vehículo avanza a tumbos entre las rocas. Piedras muertas de todo tipo, montañas calizas de color óxido. En Rosarito el hotel es un grupo de edificios encalados que recuerda a una mezquita árabe, en medio de un jardín tropical con palmas y cactos. A la puerta hay vigilantes armados, soldados. Gritan con vehemencia, corriendo por allí. En una tienda cercana, parecida a una droguería, explican los propietarios —un obeso matrimonio mexicano— sin aliento, que la noche anterior llegaron a Rosarito militares armados a bordo de vehículos especiales, procedentes de la ciudad de México. Asaltaron el hotel y lo rodearon, y pusieron contra el muro a todos los que se hallaban en la sala de juego. A los jugadores y los huéspedes, a los turistas estadounidenses de Hollywood, les quitaron su dinero y sus cheques —unos 40 mil dólares— y emprendieron una ocupación militar en toda forma: ahora los huéspedes duermen sobre las mesas de bacará y esperan al agente del ministerio público de Tijuana, que deberá decidir sobre el destino de los detenidos, porque “el juego de azar está prohibido”. Esa noticia me divierte. Si hubiera llegado la noche anterior, como lo tenía planeado, también me hubieran encerrado a mí, como a las demás personas, incluyendo a los espectadores”.

¿A qué hotel se referiría Sándor? Asumo que al Rosarito Beach Hotel, porque en ese entonces no había otro. Tampoco es que se hable mucho de Márai en San Diego, pese a las dos décadas que vivió ahí. Asumo que nadie o casi nadie lo conocía. Sé, por sus diarios, que solía dar solitarios paseos por Balboa Park, pero no hacía ningún tipo de vida social ni se relacionaba con la intelectualidad sandieguina. Corríjanme si me equivocó, pero creo que no hay registros de visitas a universidades o charlas en bibliotecas. Vaya, ni en la Coronado Library, donde tienen una respetable galería con retratos de escritores, incluyen a Márai que yo recuerde ¿O sí? Sé que vivió por la calle Sexta en el centro y entiendo que fue ahí donde se suicidó, pero nunca he visto una placa evocándolo. Sé que a partir de la muerte de su esposa Lola se recluyó casi por completo y dejó de salir. Por cierto, el libro que sostengo en la foto tiene la firma de Rodolfo Pataky en la primera página. Rodolfo me lo prestó y yo no alcancé a devolvérselo.

Saturday, January 10, 2026

Reading Challenge


 

Good Reads me envía con entusiasmo su Reading Challenge 2026. Caray, supongo que a mucha gente le funciona leer así, como a mí me funciona ponerme retos de kilómetros trotados o kilos bajados.

• Track your progress: Watch your reading progress grow all year long.
• Celebrate wins: Earn achievements and seasonal milestones.
Chingón para la raza que agarra la lectura como otros agarran el gimnasio, pero para un lector hedonista y teporocho eso no funciona. Como lector soy vocacional y orgullosamente caótico.

Solo al lisboeta recuerdo. Los otros dos se aferrarán a su condición de enigma.

 


El rostro de Pessoa en la portada de Zeta. Sería una edición histórica, digna de enmarcarse. El mismísimo Pessoa en la tapa, libre como el viento e infiltrado sin duda en algún quehacer narcolépsico o de otra forma no se hubieran ocupado de él. El gran misterio tiene que ver con los otros dos rostros que ocuparían las otras dos portadas. Pessoa no estaba solo. Aquello era un trío. Tres personajes improbables. Tres. Solo al lisboeta recuerdo. Los otros dos se aferrarán a su condición de enigma.
Los monitos de plastilina cuyo acento degeneraba del pijo español al fresa regio. Supongo, sin conceder, que anunciaban un carro, o unas llantas o algo relacionado con la alta calidad y la estabilidad de un viaje en un vehículo confiable, pero aquellos gnomos ridículos usaban la marca equivocada. Quedaban tirados o acaso volcados y entonces brotaba su perorata minión con acento de youtuber madrileño que de inmediato mutaba en paseante del ángel de Garza Sada. Regios risibles e insoportables (y hacia ellos me dirijo ahora mismo, espeté desde una mal surtida librería antes de tomar ruta rumbo al aeropuerto con mis calcetines de colores arrastrándose percudidos por la calle corriente, donde yacía en plan pordiosero, proclamando las delicias de la mendicante elegancia). 

Wednesday, January 07, 2026

Si Galeano viviera...

 



De repente pude recitar, como si los estuviera leyendo en este instante, los sentidos párrafos que Eduardo Galeano habría dedicado a la caída de Nicolás Maduro. Sería un texto tan predecible, tan estereotípico, tan poco objetivo y sin embargo sería un texto entrañable. Galeano es un vicio atípico en mi vida. Casi nunca coincido con él y sin embargo me deleito leyéndolo. Fue un escritor militante y panfletario hasta la indigestión y sin embargo, construyó una prosa poética con una cadencia tan rítmica e imágenes tan bellas, que consiguió atraparme y hacerme leer su obra completa. Galeano es un extraño placer, la prueba de que en literatura a menudo me puede más la forma que el fondo.

Nunca he leído a Galeano con el ánimo de quien lee a un ensayista o a un historiador. Al uruguayo lo leo -ante todo- como un poeta y en esa dimensión ha sido por años uno de mis placeres irrenunciables. Se supone que Galeano escribe prosa pero no hay párrafo en donde no se le escape una ráfaga de poesía. Me imagino perfectamente, línea por línea, su apasionada y ridícula defensa del indefendible régimen bolivariano en Venezuela. Me parece estar leyendo el retrato heroico de Maduro y los soldados cubanos que murieron custodiándolo.
A ver, intentemos un Galeano style: “A Maduro no lo esposaron por dictador. Lo esposaron por desobediente. Que nadie más se atreva nunca a creer que el petróleo puede ser del pueblo y no del mercado.
Maduro cayó como caen los herejes que se atreven a cuestionar los dogmas de fe del capitalismo. Porque la Casa Blanca no perdona a quien se atreve a hablar de soberanía con acento caribeño ni a quien se envuelve en una digna bandera que no cotiza en Wall Street. Lo juzgan los mismos que jamás serán juzgados, los que bombardean y masacran pueblos con aviones humanitarios en nombre de la libertad y la democracia…bla, bla”
Bueno, sin duda Galeano lo habría hecho mucho mejor, pero el intento se hizo.
Galeano tiene mucha razón cuando habla de la hijoeputez del gringo, pero se ve ridículo cuando proclama la santidad de los dictadores comunistas con la cursilería propia de una rola de Silvio Rodríguez.
Galeano no vivió para ver el ascenso de personajes esperpénticos como Trumpas o Millei y sin duda estaría aterrado con el viraje a la derecha que experimenta Latinoamérica.
En fin colegas. Yo en literatura no busco nunca verdades absolutas ni mucho menos convicciones políticas. Borges podría cenar mil veces con Videla y llenar de loas a Pinochet y yo lo seguiré considerando por siempre uno de los acontecimientos literarios más extraordinarios que han ocurrido en mi vida. Algo similar aplico en el otro extremo de la cuerda con Eduardo Galeano. Es el perfecto idiota resentido latinoamericano y sin embargo disfruto taaaanto leerlo.

Monday, January 05, 2026

un poco de onírico surfeo en la cama

 




Un rancho agavero a la orilla de la carretera, una hacienda típicamente centro de la República, con su iglesia y su casa señorial. Kilómetros de baldío y descampado en donde furtivamente bajaba o bajábamos a la mitad de un camino. Al parecer nuestra presencia en el rancho era un asunto furtivo y yo era un huésped no invitado en aquel Cuadro colonial. Muchas horas de sueño aparente o al menos de onírico surfeo en la cama. De la hacienda me iría a otro sitio y al final la sensación es que los viajes duermeveleros no acaban de hacer ebullición.   

Qué tan ancho ye inabarcable es el océano donde moran todos esos sueños prófugos del recuerdo consciente, vastísima inmensidad del tejido neuronal siempre oculto. 

Un velcro de mar, parecido al de reloj monumental de Tijuana o algún adefesio por el estilo. Una pata metida en un mar claro con más pinta de Mediterráneo que de Pacífico. Anoche cierto decálogo grecorromano del buen borracho, la sensación de yacer en un permanencia voluntaria donde cada sueño es una película que se perderá para siempre entre la resaquita de un onírico whisky no tan malo.

Sueños póstumos, ráfagas de alba robadas al insomnio,  súbito pestañeo cuando la luz de enero ya se infiltra por la venta del baño (como la beatlesca chica). Hora y media de insomne medio tiempo leyendo el perfil de Idea Vilariño elaborado por Leila. Eso y unas imágenes de viking pagan metal se colaron al encore  duermevelero. Hubo un viaje, siempre un viaje, ahora al parecer en autobús, diez horas de carretera, solo para estar un par de días en una lejana ciudad que tal vez fuera Sacramento o  tal vez San Francisco (norte chaliforniqueano en todo caso). El camión te saca por donde arde la city en la noche roja. 


Sunday, January 04, 2026

Dictatorshit


 

A ver colegas, arrojemos un poco más de literatura al tema de moda del 26. Este domingo es un buen día para darle una repasada a este par de librazos: Bestiario tropical, del bogotano Alfredo Iriarte, y Hablando con el diablo. Entrevistas con dictadores, del colega reportero italiano Riccardo Orzio.

El libro de Iriarte, que pepené en la feria de Bogotá,  nos presenta los perfiles de ocho dictadores latinoamericanos de los siglos XIX y XX. Aquí aparecen el ecuatoriano Gabriel García Moreno; los bolivianos Mariano Melgarejo y Agustín Morales;  el venezolano Juan Vicente Gómez; el dominicano Rafael Leonidas Trujillo (inmortalizado por Vargas Llosa en su Fiesta del Chivo); el guatemalteco Jorge Ubico; el salvadoreño Maximiliano Hernández y cierra con la infausta dinastía de los Somoza en Nicaragua. Bestiario tropical es en verdad un agasajo de prosa. Iriarte es irónico, un tanto socarrón y derrocha malicia narrativa. Los retratos de los dictadores son tragicómicos y esperpénticos, como Calígulas o Nerones de los trópicos: mesiánicos, siniestros, megalómanos hasta la indigestión. Todos derrochan anécdotas a un mismo tiempo escalofriantes y ridículas. Acaso por eso mismo te acabas riendo, porque al final estos retratos reales son tragicomedias del más negro humor.

El segundo libro, Hablando con el diablo, es 100% periodístico. Lo pepené en un tenido del Fondo de Cultura a solo 60 pesitos. Como buen reportero de oficio, Riccardo Orizio permite que sean los propios dictadores entrevistados quienes se narren a sí mismos, mientras que él se limita a describir las circunstancias que rodearon a cada  entrevista y el contexto en que se realizó.

Riccardo entrevista a “Big Daddy”, Idi Amin Dada, dictador de Uganda; a Mengistu Hailé Mariam, el Mao de Etiopía; a Nexhmije Hoxha, la viuda del Stalin de Albania,  Enver Hoxha; el yugoslavo Slobodan Milosevic; el polaco Wojciech Witold Jaruzelsk y el haitiano Jean Claude Duvalier. Cierra con una carta del panameño Manuel Noriega que se negó a ser entrevistado cara a cara. Confieso que lo compré sobre todo por Hoxha y Milosevic (ya saben, mi filia balcánica), pero ninguna de las entrevistas tiene desperdicio.

Si algo hermana a dictadores latinoamericanos, africanos y europeos, es que tooodos sin excepción se sentían redentores de sus respectivos pueblos, abanderados de una misión casi divina. Todos se llegaron a sentir todopoderosos e intocables y de una u otra forma se sintieron traicionados.

Aquí va una tercia de reflexiones finales:

La primera, es que aunque en teoría fue electo “democráticamente”, Donaldo Trumpas cabría perfectamente en estos esperpénticos perfiles por su personalidad narcisista y megalómana. Está que ni pintado para aparecer en estos bestiarios.

La segunda, es que las esposas de algunos dictadores son más cabronas que bonitas. Nexhmije Hoxha, Elena Ceausescu son ejemplos siniestros y bueno… parece que Cilia Flores no canta nada mal las rancheras y es el puño de hierro tras el bobalicón Maduro.

La tercera y última es que la caída de dictadores es tierra fértil para el empoderamiento de personajes absolutamente grises e improbables. Por ejemplo, en Dominicana nadie daba medio centavo por el presidente fantoche, el apocado Joaquín Balaguer, que fue el tonto útil y el gran ganón tras la caída de Trujillo y acabó sumando 26 años como presidente dominicano en tres periodos distintos. Pues bien, hasta el día de ayer ni tú ni yo habíamos escuchado el nombre de la tal Delcy Rodríguez, pero hasta ahora parece ser la tonta útil del Trumpas y la gran triunfadora de esta historia.

Pd- Sountrack recomendado para leer. Dictator de The Clash, Dictatorshit de Sepultura, Tyrant de Judas Priest, Los Dinosaurios de Charly García

Saturday, January 03, 2026

Dos novelucas venezolanas

 


 

 

Para no abonar cacareo a un debate de sordos en donde sobran “expertos” en derecho internacional, qué les parece si mejor les recomiendo un par de novelucas venezolanas

Hoy es un buen día para releer Patria o muerte, del caraqueño Alberto Barrera Tyszka y Malasangre de la también caraqueña Michelle Roche Rodríguez. Patria o muerte la leí hace exactamente diez años y la disfruté muchísimo. La historia transcurre en Venezuela en el momento en que Hugo Chávez ha entrado en agonía y muestra la polarización de la sociedad venezolana en donde el oncólogo Miguel Sanabria vive entre el furioso radicalismo antichavista de su esposa y la fe bolivariana de su hermano, funcionario de gobierno y para su desgracia, debe custodiar y ocultar un teléfono celular que contiene una grabación con lo que parece ser el testamento de Chávez. En ese escenario, nos encontramos con el colega reportero Fredy Lacuna que investiga los detalles sobre la enfermedad del presidente ante el hermetismo del gobierno sobre su verdadero estado de salud y nos encontramos con María, una niña de nueve años cuya madre muere en un asalto. Es un retrato tragicómico y no exento de sentido del humor de la Venezuela bolivariana

Malasangre es una novela harto diferente. A Michelle Roche la han llamado la Mariana Enríquez venezolana. Su historia transcurre en la Venezuela de 1921 gobernada por el dictador Juan Vicente Gómez En la superficie es una novela vampírica en donde Diana, la hija adolescente de una acomodada familia, hereda la hematofagia de su padre. Sin embargo, más allá de narrar los góticos romances de una Carmilla de Caracas, Malasangre es también una novela política que retrata por una parte la opresión religiosa y patriarcal que padece una joven de buena familia, pero por otra, la red de traiciones y conspiraciones en la era del dictador. Mientras Diana chupa la sangre de sus amantes, las compañías extranjeras chupan el petróleo venezolano.

¿Qué pienso de lo que ocurrió esta madrugada? Lo resumo en una expresión de rancho: el moretón pal chingazo, el sapo pa la pedrada. Miren colegas, no hay dictadores buenos ni dictadores malos. Todos los dictadores apestan, sean de izquierda o de derecha. ¿Qué sucedió? Una basura humana fue secuestrada por otra basura humana infinitamente más poderosa, y como el fin justifica los medios, se pasaron el derecho internacional por el arco del triunfo. Es mi bitácora