Dos novelucas venezolanas
Para no abonar cacareo a un
debate de sordos en donde sobran “expertos” en derecho internacional, qué les
parece si mejor les recomiendo un par de novelucas venezolanas
Hoy es un buen día para releer
Patria o muerte, del caraqueño Alberto Barrera Tyszka y Malasangre de la
también caraqueña Michelle Roche Rodríguez. Patria o muerte la leí hace
exactamente diez años y la disfruté muchísimo. La historia transcurre en Venezuela
en el momento en que Hugo Chávez ha entrado en agonía y muestra la polarización
de la sociedad venezolana en donde el oncólogo Miguel Sanabria vive entre el
furioso radicalismo antichavista de su esposa y la fe bolivariana de su
hermano, funcionario de gobierno y para su desgracia, debe custodiar y ocultar
un teléfono celular que contiene una grabación con lo que parece ser el
testamento de Chávez. En ese escenario, nos encontramos con el colega reportero
Fredy Lacuna que investiga los detalles sobre la enfermedad del presidente ante
el hermetismo del gobierno sobre su verdadero estado de salud y nos encontramos
con María, una niña de nueve años cuya madre muere en un asalto. Es un retrato
tragicómico y no exento de sentido del humor de la Venezuela bolivariana
Malasangre es una novela harto
diferente. A Michelle Roche la han llamado la Mariana Enríquez venezolana. Su
historia transcurre en la Venezuela de 1921 gobernada por el dictador Juan
Vicente Gómez En la superficie es una novela vampírica en donde Diana, la hija
adolescente de una acomodada familia, hereda la hematofagia de su padre. Sin
embargo, más allá de narrar los góticos romances de una Carmilla de Caracas,
Malasangre es también una novela política que retrata por una parte la opresión
religiosa y patriarcal que padece una joven de buena familia, pero por otra, la
red de traiciones y conspiraciones en la era del dictador. Mientras Diana chupa
la sangre de sus amantes, las compañías extranjeras chupan el petróleo
venezolano.
¿Qué pienso de lo que ocurrió
esta madrugada? Lo resumo en una expresión de rancho: el moretón pal chingazo,
el sapo pa la pedrada. Miren colegas, no hay dictadores buenos ni dictadores
malos. Todos los dictadores apestan, sean de izquierda o de derecha. ¿Qué
sucedió? Una basura humana fue secuestrada por otra basura humana infinitamente
más poderosa, y como el fin justifica los medios, se pasaron el derecho
internacional por el arco del triunfo. Es mi bitácora


