Nietzsche. Su música- Seine musik
El
pasado 30 de abril, deambulando por el centro queretano, fui a dar a una
galería de antigüedades. Aquello era en verdad un museo. Espadas, uniformes militares
de la Guerra de Reforma, óleos decimonónicos, muebles porfirianos, parafernalia
de choznos y tatarabuelos. Por momentos me sentí inmerso en una historia estilo
Aura de Fuentes. De pronto, desde una mesa de chucherías me sonrió un librito: “Nietzsche.
Su música- Seine musik”. No costaba más de cien pesos y lo pepené. Me di cuenta
entonces que el librito era el complemento o el acompañante de un disco de 16
piezas tocadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM al final del
homenaje Cien Años sin Nietzsche celebrado en el 2000. El disco brillaba por su
ausencia en la galería. El librito, que viene en español y alemán, lo leí en el
trayecto entre Tequis y Querétaro. Confieso que aunque en mi juventud leí
muchísimo al buen Fede, nunca me había adentrado en su faceta de músico. “La música
nos habla a menudo más profundamente que las palabras de la poesía en cuanto
que se aferra a las grietas más recónditas del corazón”, escribió Nietzsche a
los trece años de edad y nada errado que andaba. Lo interesante es que el
filósofo no se limitó a hacer de la música una categoría filosófica fundamental
y a obsesionarse con Wagner, sino que él mismo se dedicó a componer música. Creó
al menos 70 piezas que incluyen coros a capella, música sacra e incluso
fragmentos de una misa. Hoy recibo el último amanecer de primavera escuchando
en Youtube el disco que debió acompañar al librito. Las piezas nietzschianas
son ejecutadas por Gustavo Rivero Weber y Natasha Tarasova al piano, con
Lourdes Ambriz como soprano, Encarnación Vázauez mezzosoprano, Leonardo Villeda
tenor y Jesús Suaste barítono. Confieso que imaginaba una música desbordada e
intensa como la prosa del Fede, pero sus composiciones musicales son calmas, melancólicas,
por momentos dulces. Sus primeras composiciones son infantiles y las concluyó a
los doce años inspirado por El Mesías de Händel. La filia musical fue herencia
paterna. Karl Ludwing Nietzsche, dicen, fue un virtuoso pianista con una
notable facilidad para improvisar variaciones. Creo que el único ejemplo anterior
de un filósofo que incursionara en la música es el de Rousseau, cuya ópera, El
adivino del pueblo, llegó a estrenarse.
La última
mañana de primavera arrastra el coro de los pichones que se niegan abandonar el
nido (o los nidos) que yacen en nuestra enredadera mientras leo los poemas de
Fede en Hiperión.
¡Sí! ¡Sé
de dónde procedo!
Insaciable
cual la llama
quemo,
abraso y me consumo.
Luz se
vuelve cuanto toco
y carbón
cuanto abandono:
llama soy
sin duda alguna







