Eterno Retorno

Thursday, June 18, 2026

Recuerdos de Corea

 

 


En cada país del mundo que visito hago siempre lo posible por ir a ver el futbol y Corea, por supuesto, no fue la excepción. Hace dos años fuimos a ver al Suwon FC contra el Daejeon Citizen. Los visitantes ganaron 1-2. Suwon es una ciudad ubicada a una hora de Seúl en donde se ubica la descomunal Fortaleza de Hwaseong. El futbol coreano es rapidísimo. Tal vez no tengan una depurada técnica individual, pero ello lo suplen con una endiablada velocidad. Desde 1986 los coreanos no han faltado al Mundial, pero creo que en los últimos años Japón los ha rebasado. Hace muchos años, en enero de 2002, Carol y yo fuimos a ver un México vs Corea en el Rose Bowl de Pasadena. Los coreanos, que se preparaban para ser coanfitriones del mundial, fueron invitados a la Copa Oro. Aquel partido se jugó bajo un helado diluvio invernal. Acabamos empapados y Corea ganó en penales 4-2. El Tricolor, por cierto,  era dirigido por Javier Aguirre.

Corea es sin duda un país admirable, aunque si nos dan a elegir, Carol, Ikercho y yo preferimos mil veces a Japón. A Corea lo perjudica su excesivo materialismo, su obsesión con la belleza artificial y con las marcas caras. No es casualidad que la narrativa femenina coreana, hoy tan de moda gracias a Han Kang, horade tan profundamente en la inclemente presión social machista a la que son sometidas las mujeres, esclavizadas por inflexibles cánones de belleza.

Eso sí, las bibliotecas de Seúl ya las quisiéramos en México. Impresionante la biblioteca Starfield en Gangnam, pero también las bibliotecas ambulantes en parques, donde dejan sombrillas y canastas con libros para quien quera echarse en la hierba a leer. Bellísima la playa de Gwangalli en Busan y su barrio de Gamcheon.

Veo que los coreanos están felices en Guadalajara, entrándole con fe a las tortas ahogadas. Como son guapos para el picante y para los caldos feroces rebosantes de ajo, le entienden a las mil maravillas al menudo y al pozole.

Este es el único partido de la primera ronda que trae consigo un grado de dificultad para el Tri, pues checos y sudafricanos son unos tristes troncos. Aquí se define el primer lugar del grupo y algo me dice que acabará en empate.

Tuesday, June 16, 2026

Lio en Bloomsday


 

También era Bloomsday cuando Lionel Messi anotó en Gelsenkirchen su primer gol mundialista. El rival era Serbia y Montenegro y Lio entró de cambio al minuto 74 cuando el marcador estaba 2-0. Entonces los goles cayeron en racimo, cuatro en doce minutos y el sexto fue de Messi, de pierna derecha al minuto 88. Vi el juego con Carol en la vieja tele de nuestro cuarto, la única que hasta entonces habíamos tenido desde que nos casamos en el 99. Estábamos a diez días de festejar nuestro séptimo aniversario de bodas y faltaban tres años y medio para que naciera Ikercho

Eran las 7:00 de la mañana y yo debía irme a mi junta matutina en la redacción de Frontera. Salí de prisa y en el camino, en plena carretera Escénica, a unos metros del Colegio del Frontera, tronó la trasmisión de nuestra vieja camioneta Jimmy. Por primera y hasta ahora única vez, fui auxiliado por la grúa de Capufe a la que tienes derecho como usuario de la carretera federal. Ese Bloomsday murió mi viejísima camioneta. Arreglarla me salía demasiado caro así que la vendí como chatarra.
Ese mismo verano, dos meses después, vi a Messi en vivo cuando el Barcelona visitó a los Tigres en San Nicolás en la fiesta por el centenario de Cemex. Esa vez no se me hizo verlo jugar, pues Frank Rijkaard no le dio minutos, pero lo vi trotar y pelotear, pues los culés abrieron al público su entrenamiento en la cancha Tigre. Ronaldinho era la máxima estrella de aquel Barcelona y Messi era todavía una joven promesa.
Dos años después, el 4 de junio de 2008, vi a Messi jugar a nivel de cancha. Se jugaba un México vs Argentina en el Qualcomm de San Diego a donde yo entré acreditado como fotógrafo sin serlo. Un día antes me habían sacado dos muelas del juicio y esa semana se estaba celebrando la Feria del Libro de Tijuana en la Revu. Para entonces Messi ya era Messi. Argentina goleó 4-1, Lio anotó el tercer gol y yo estaba atrás de la portería. Fue la única vez en mi vida que vi jugar a nivel de cancha y a pocos metros un superdotado, un genio de otra galaxia. Lio mete goles de fantasía y lo increíble es que los hace ver como algo tan fácil, como si fuera lo más natural del mundo. Que 20 años no es nada, dijo el Zorzal Criollo y conforme envejezco cada vez le creo más. 20 años después me deleito viendo a Messi anotar sus goles 14, 15 y 16 en la Copa del Mundo. También estoy con Carol y estamos en la mismita casa, pero no en la recamara sino la sala. Ikercho duerme siesta en el sillón. Es Bloomdsay pero por su ausencia ha brillado la Guiness, los riñones fritos y el whisky irlandés. Eso sí, yo cumplí con arrancar el día leyendo un pasaje del Ulises (Hamlet ou Le Distrait, página 314) al amanecer. El futbol suele marcar la cronología de mi vida. Hace 20 años, que fueron un suspiro, vi en esta misma casa el primer gol mundialista de Messi y hace 40 años, en el Bloomsday de 1986, veía al Brasil de Sócrates y Josimar destazar a Polonia y ahora escribo esto mientras Jordania juega el primer partido mundialista de su historia. A veces me aterra recordar con tal precisión los detalles exactos de lo que estaba haciendo cuando se jugó un partido histórico.
¿Habrá tiempo para recordar el 26 cuando los días de esta ingrata copa sean remotos ayeres?

Sunday, June 14, 2026

El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo: 40 años sin Borges

 



El 14 de junio de 1986, minutos antes de la s ocho de la mañana, Jorge Luis Borges falleció en Ginebra. Había entrado en coma el día anterior. Las únicas personas que estuvieron a su lado fueron María Kodama y el escritor Héctor Bianciotti, que viajó de urgencia desde París. Semanas Borges antes había estado internado en el Hospital Universitario Cantonal de Ginebra por un enfisema pulmonar. Tras recibir el alta, se hospedó temporalmente en el Hotel L'Arbalète, pero al momento de morir estaba en un departamento rentado en el casco viejo de Ginebra en la calle Gran Rue 28.

Los últimos meses de Borges siguen siendo un gran misterio. Para muchos de sus amigos, empezando por Bioy Casares,  resultó sorpresivo y extraño que Borges y María Kodama decidieran repentinamente irse a Europa a finales de 1985 sin avisarle a nadie, máxime tomando en cuenta la deteriorada salud de Georgie y su deseo, muchas veces expresado, de morir y ser enterrado en Buenos Aires.  Extraño resultó que se fuera sin despedirse. El 27 de noviembre vio por última vez a su amigo Bioy en una exposición de sus primeras ediciones. Roberto Alifano me contó que esa mañana todavía trabajó con él como era su costumbre, dictándole poemas y haciendo correcciones en el departamento de la calle Maipú. También desayunó con su hermana Norah. A ninguno de los dos les dijo que horas más tarde volaría a Europa para no volver jamás. ¿Por qué?

Los meses pasaron y mucho más extraño resultó a sus amigos enterarse por rumores, que Borges y María Kodama se habían casado el 26 de abril. De acuerdo con la biografía escrita por Lucas Adur, fue el abogado Osvaldo Vidaurre quien se encargó de gestionar una extraña licencia matrimonial en Paraguay, pues Borges no estaba oficialmente divorciado de su primera esposa, Elsa Astete Millán.  Más sospechoso aún fue que esa misma semana, el mismo Vidaurre, con un supuesto poder firmado por Borges, iniciara las gestiones para vender su departamento en la calle Maipú y trasladar su biblioteca a Ginebra. También estaba gestionando un permiso de residencia permanente en Suiza.

La cofradía anti Kodama es numerosa y radical. Roberto Alifano me dijo que aquel matrimonio no fue legalmente válido y que Borges estaba ya demasiado enfermo como para tener plena conciencia. Él piensa que Kodama arregló todo a sus espaldas. Sin embargo, Lucas Adur anota que después de la austera y disimulada boda, Borges afirmó: “Ahora sé que existe el paraíso porque me casé con María”. A sus casi 50 años, Kodama era dueña de una elegante y enigmática belleza. Entiendo que Borges se haya enamorado de ella, pero como albacea literaria fue una inflexible tirana. De hecho, la inflexible tiranía de Kodama tuvo efectos en mi humilde camino de vida escritural. En 2018 yo gané un premio en Argentina llamado Fundación El Libro. Mi amigo Oche Califa me dijo que la idea original era llamar a ese galardón Premio Jorge Luis Borges, pero Kodama, por supuesto, no lo autorizó. Habría sido hermoso tener en mi hoja de vida un premio con el nombre del escritor que más admiro. Horas después de que el mundo conociera la noticia de la muerte de Jorge Luis Borges, la selección de Argentina estaba sentada en las gradas del Estadio Azteca viendo el partido Paraguay vs Inglaterra de donde saldría su próximo rival. Lineker despedazó a los guaraníes y ese día la albiceleste se enteró que le esperaba la guerra de las Malvinas en Santa Úrsula. La Pérfida Albión estaba lista. No creo que nadie en la concentración argentina haya tenido tiempo para pensar en la muerte de Borges. Asumo que el único que lo habría leído era Jorge Valdano. Cuando a Maradona le preguntaron qué pensaba de Borges, preguntó que en qué equipo jugaba.

Cuando murió Borges yo tenía doce años de edad y solo había leído un cuento suyo: Los dos reyes y los dos laberintos. Mi imagen infantil de Borges era la del escritor ciego al que le emocionan los laberintos. Tres años después leí El Aleph y desde entonces no dejé de leerlo y ya me hice a la idea de que lo leeré hasta el último día de mi vida.

Esta mañana, mientras veo a Curazao plantarle digna batalla al Panzer germano, leo al azar poemas de Los conjurados, su última obra.

Todos los ayeres un sueño: El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo. Interminablemente.


Friday, June 12, 2026

En qué momento dejó de emocionarme la Selección Mexicana?

 


¿En qué momento dejó de emocionarme la Selección Mexicana? En el Siglo XX un gol del Tricolor podía prenderme tanto como un gol de Tigres. Lo sentía como un equipo mío cuyo destino me importaba. El México vs Alemania del Mundial 86 se jugó el día de mi graduación de sexto de primaria. Fue un día feliz. Por la mañana me tocó dar el discurso a nombre de mi generación en el teatro Lope de Vega, celebramos a lo grande en un rancho, pero por la tarde la eliminación en los penales contra los germanos nos puso de luto a todos. Recuerdo la rabia por el gol anulado al Abuelo Cruz por el árbitro colombiano Jesús Díaz Palacio, los inocentes penales de Quirarte y Servín entregados a las manos de Schumacher, la hecatombe absoluta. Fue mi primera gran tristeza futbolística.  Ni hablar del 94 contra los búlgaros, el planteamiento ratonero de Mejía Barón en los tiempos extras y los infames penales contra Mihailov (que acaba de morir hace poco). La del 98 fue la última selección que me emocionó en serio. Yo era reportero de El Norte y estaba en la Macroplaza, cubriendo el ambiente del fan fest (que aún no se llamaba fan fest) frente a la pantalla gigante que había en la Explanada de los Héroes y recuerdo cómo gritamos eufóricos el gol de Matador Hernández y el coraje que hicimos con los goles de Klinsmann y Bierhoff.

En mis primeros años en Tijuana yo no faltaba cada que el Tricolor jugaba un amistoso en Los Ángeles o San Diego. También acudía gustoso a verlo en torneos moleros como la Copa Oro (me acredité para cubrir voluntariamente un par). Pero poco a poco la Selección me empezó a aburrir. Me encabronó la forma tan miserable en que los gringos nos eliminaron del Mundial oriental del 2002 (ni la pinche desvelada en lunes de madrugada) y la selección del 2006, pese a que calificó caminando, ya no me entusiasmaba. Los mundiales fueron pasando y cada vez me interesaba menos ver a México. Las fechas Fifa las veía como una odiosa interrupción a la liga. Dejé de ir a las copas Oro y a los amistosos moleros en Los Ángeles (desde 2008 no voy a uno, cuando antes iba a todos). La Selección se volvió ante mí como una expresión de lo tedioso y anodino, un producto artificial, prefabricado, forzado, un vil patrioterismo de escaparate impuesto por Televisa como un zapato a la fuerza, una versión futbolística de los grupitos pop que Raúl Delasco te chutaba en siempre en domingo. Yo sigo gozando y sufriendo con mis Tigres, el único equipo en la faz de la tierra capaz de involucrarme y afectarme emocionalmente, pero el Tricolor simplemente pasó a valerme madre y a serme absolutamente indiferente.

Les juro que ayer quise emocionarme, tenía la voluntad y las ganas de volver a sentirme prendido y motivado con el Tricolor, pero nomás no pude. Cuando cayó el gol de Quiñones pensé que podíamos vivir una jornada histórica. Desde los primeros minutos se notaba que Sudáfrica no traía nada, nadita de nada. Inocentones, torpes, cansadísimos, sin condición física. Le dije a Ikercho: me late que hoy se va a romper el récord de la mayor goleada de México en un Mundial, que a la fecha sigue siendo el 4-0 contra El Salvador en México 70. La mesa estaba puestísima. Sudáfrica jugando a nivel de equipo caribeño marca San Vicente o Martinica y con dos jugadores menos. Caray, tres puntos son tres puntos y se agradecen, pero ayer era para batir récords, era para que Quiñones y Jiménez se discutieran con un triplete que los llevara a pelear el título de goleo. No volverán a tener tan fácil. Corea los va a poner a parir chayotes y veo difícil que les ganemos y los checos, aunque son torpes y tozudos (me decepcionaron terriblemente anoche) son muy peligrosos a balón parado con sus saques de banda mortales.

Lo que más gusto me da es el debut de Gil Morita, pura hechura tijuanense, lo mejor que han hecho los Xolos y los Hank desde que existe la franquicia.

En fin, me quisiera volver a enamorar de la Selección, de verdad quisiera emocionarme, gritar un gol, pero en el amor no se manda.

Thursday, June 11, 2026

Puerca, trompuda, bellaca y culerísima



 En este mundo se vale ser puerco pero no trompudo. El problema es que la fifa es puerca, trompuda, marrana, corrupta, bellaca y lo que le sigue a hormonalmente culerísima. Una estafadora descarada que te roba sonriendo, la gran ramera experta en aliarse con lo más pestilente de la humanidad. El futbol es la religión universal y la fifa es su sucio sínodo.

Sí, a veces me apena aceptarlo, pero yo soy devoto y feligrés de esta gran religión universal. El futbol ha sido omnipresente en mi vida. Lo siento, no puedo evitarlo ni hay rehabilitación posible para este vicio. Para mí ese juego es una de las creaciones más sublimes de la raza humana. Sí, amo el futbol pero odio cada vez más a su iglesia, la fifa. Claro, no me chupo el dedo, yo sé que esto ha sido siempre un negocio, pero a estas alturas es ya un robo en despoblado, un asalto chido.
Si a mi me preguntas ¿pagarías 55 mil pesos para ir a ver un México vs Sudáfrica? La respuesta es NO. Punto. Ni aunque me sobrara ese dinero lo pagaría. Como diría el buen Georgie B, parafraseado por el Indio Solari: en todo lujo palpita un soplo de vulgaridad. Tirar 55 mil pesos en un boleto es algo sumamente vulgar, obsceno. Cada quién gasta su dinero como quiere, pero a mí me parecería sumamente irresponsable. Con 55 mil pesos pago más de un año de colegiaturas en la prepa de Ikercho. Con 55 mil pesos pago tres boletos de ida y vuelta a Japón y hasta me sobra para ir a ver unos cuantos partidos de la liga nipona. Con 55 mil pesos apoyarías a gente que se la está pelando por una cirugía de urgencia como mi amigo el Octa. Y más rabia me daría saber que ese dinero tan útil va a acabar en el sucio y corrupto bolsillo de la fifa. Me sentiría estafado, robado, defraudado. Carajo, yo acudí al Mundial 86 y les juro que no éramos ricos. Vaya, eran boletos un poco más caros que uno de Tigres o rayados, pero perfectamente costeables para una familia de clase media.
Además, más allá del “valor histórico” de acudir a la tercera inauguración en el Azteca, tenemos que aceptar que en lo meramente futbolístico un México vs Sudáfrica es un espectáculo menos que mediocre.
Miren colegas, yo practico y seguiré practicando el turismo futbolero. He acudido a partidos en once diferentes países, pues vivir el ambiente de un estadio en una ciudad lejana es una forma inigualable de adentrarte y fundirte en su cultura. El futbol es mi esperanto, mi lenguaje universal que me hace entenderme e identificarme con personas que en apariencia no tienen nada en común conmigo. A diferencia de la literatura y el metal que son pasiones bastante sectarias, el futbol es una enfermedad que comparto con millones de personas en el planeta.
Por unas cuantas semanas, decenas de millones de seres humanos pondremos un caudal de emociones en perfecta sincronía. En Tijuana y en Río de Janeiro; en Sydney y en Tokio; en Buenos Aires y en Argel; en Cabo Verde y en Viena, miles de personas estaremos haciendo exactamente lo mismo con la mirada fija en una pelota que cual Flautista de Hamelin, hipnotiza y enloquece a las masas. Yo soy parte de esa hipnosis y me da mucha pena aceptarlo, más ahora, pues al menos en ese campo de concentración llamado Estados Unidos, este mundial tiene la esencia y el espíritu de las olimpiadas de Berlín 1936. Es feo sentirse colaboracionista de una burda estafa, pero como dice el gran Diego Armando: la pelota no se mancha y el futbol es bello pese a las toneladas de basura que le rodean.

Tuesday, June 09, 2026

sublime y hechizante como una galaxia fumada


 

Lo escribí hace algunos años, cuando aún no intuía la irrupción del infanticide IA: La cómoda apuesta por la escritura automática del poseso. Un demonio se apropia de mi mano y mis ideas. La narrativa fluye en torrente, como una catarata. Yo soy solo un médium, un cable trasmisor.  Al final del desvarío el demonio en cuestión me cede los derechos de autor. En la portada yace mi firma y no la suya.  Cada maldito párrafo me resulta hechizante, sublime como una galaxia fumada, alucinante como las palabras que mi mente ordinaria jamás podrá parir. 
Me gustaría afirmar que cada maldito párrafo del Grok o el GPT me resulta sublime y hechizante como una galaxia fumada (sabes cómo es exactamente una galaxia fumada?), pero son ordinarios, patéticos, pretenciosos, predecibles, pero están ahí y para mil lectores utilitarios cumplen con ser efectivos.

Friday, June 05, 2026

El infierno está encantador, lleno de pájaros de la noche que oímos cantar y nunca vemos


 

Empezamos a dimensionar el tamaño y la trascendencia del culto en la primavera porteña del 2005, la primera vez que Carol y yo viajamos a Argentina. Nos quedábamos en un hotel llamado Mayflower en pleno centro, en la calle Paraná y en el lugar se estaba quedando un road crew algo grande. Son los músicos y los técnicos del Indio Solari, nos dijeron. Nosotros ya habíamos escuchado Patricio Rey y los Redonditos de Ricota en un canal argentino llamado Much Music, pero no le habíamos puesto demasiada atención. En ese mismo viaje, acabamos pisteando Quilmes en un lugar llamado Don Satur, en plena calle Corrientes, que era el equivalente ponerte a beber en un Oxxo con rockola. Ahí conocimos unos cordobeses que esa noche nos presentaron a La Renga (desde entonces no dejo de escucharla) pero también pusieron bastante música de los Redondos y de los Ratones Paranoicos. Después descubriríamos a las Viejas Locas y al Pitty Álvarez. Fue en ese primer viaje cuando empezamos a dimensionar la profundidad del rock barrial porteño en donde el Indio Solari funge como sumo sacerdote. En Argentina la banda Ricotera es el equivalente a una gran iglesia cuyos feligreses viajan cientos de kilómetros y acampan para poder ver a sus ídolos. Creo que necesitas ser argentino para dimensionar la profundidad litúrgica de sus conciertos, pero con todo el dolor del ego de Cerati y Soda Stéreo, el récord absoluto de los recitales de rock en español con mayor asistencia en toda la historia lo tienen los Redondos y el Indio Solari. Este fenómeno del rock argentino lo veo como el equivalente literario a lo que en los años 30 fueron los grupos Florida y Boedo. En el grupo Florida estaban la revista Sur de las hermanas Ocampo, Bioy, Borges y todos los fresitas exquisitos, mientras que en el Boedo estaban los proletarios callejeros discípulos de Roberto Arlt y Elías Castelnuovo. En rock argentino el grupo Florida sería Spinetta, Cerati, Fito, mientras que el Boedo tiene como sumos pontífices a los Redondos y al Indio, pero sus cardenales son la Renga, los Ratones, Viejas Locas, la 25 y una vastísima pandilla de rollingos que en México nunca sonaron, pues aquí nos fuimos de nalgas con Soda y los Enanos. En fin, todo este chorote viene al caso porque hace unos minutos me acabo de enterar de la muerte de Carlos Alberto Solari, El Indio, el patriarca mayor de la Iglesia Ricotera. Casualmente y contra todo pronóstico hace unos días sonó en el gym la Bestia pop. “Voy a bailar el rock del rico Luna Park y a atomizar la butaca y brillar, como mi héroe la gran bestia pop”

Veremos si el infierno está verdaderamente encantador esta noche y si vas a robarle el gorro al diablo así… adorándolo… como quiere el… engañándolo mientras vas en la oscura multitud desprevenido… tiranizando a quienes te han querido. Y se escucharán los pájaros de la noche, que oímos cantar y nunca vemos y seremos como ese diablo que mea en todas partes y en ningún lado hace espuma, pues en el camino a la cueva del perico todos somos tipos que no duermen por la noche.