Ciudades de una sola noche
Hay ciertas ciudades o pueblos en el mundo en donde solo dormí una única noche de mi vida y nunca jamás retorné. Ciudades en donde por X o Y razón solo llegué de pisa y corre por unas cuantas horas, aunque por determinadas circunstancias, casi siempre inexplicables, son lugares que se quedaron a vivir en mi memoria. Por ejemplo, de los más de 18 mil 900 días que llevo respirando, depredando, jodiendo y cagando en este mundo, habré dormido unas 8 mil noches en Tijuana, unas 6 mil en Monterrey, unas mil en la CDMX y el Edomex, unas 200 en Groton, Nueva Inglaterra, unas 100 en Ensenada, unas 70 en las afueras de Fort Collins, Colorado, unas 65 en Japón, unas 50 en Argentina, peeeero….voy a echar un poco de memoria y trataré de recordar las ciudades en donde solo dormí una única noche. Sin duda se me va a pasar alguna, pero así de entrada me acuerdo de Jiménez, Chihuahua; Matehuala, San Luis; Rochester, Nueva York; Toronto, Canadá; Edimburgo, Escocia; Segovia, España; Zipolite, Oaxaca; Culiacán, Sinaloa; Phoenix, Arizona; Queens, Nueva York (Manhattan se cuece aparte); Gómez Palacio, Durango; Pisa, Italia; Mulegé, Baja California Sur; Hamburgo, Alemania; Biarritz, Francia; Changchun, China; Nanjing, China; Coimbra, Portugal; Porto, Portugal; Ostumago, Japón; Nakatsugawa, Japón; Aomori, Japón; Cholula, Puebla; Long Beach, California, y aunque sin duda estoy olvidando algunas, Córdoba, Andalucía, se ha agregado a la lista. Solo la noche del 4 al 5 de febrero de 2026 la habré pasado en esta joya del Al Andaluz. Y sin embargo, es única noche cordobesa, el Guadalquivir rugió como nunca. Pasamos una única noche en la joya del Al- Andaluz, pero les juro que ya presagia eternidad. La estampa que vimos del Río Guadalquivir furioso y al borde del desborde por la Borrasca Leonardo no la habían visto los mismos andaluces en varias décadas. Fue como si la única noche que una persona hubiera pasado en Monterrey en toda su vida fuera la del Gilberto y su única imagen en vivo del Río Santa Catarina fuera la del torrente chocolatoso arrastrándolo todo. Tras una noche de tormenta brava, el sol andaluz se abrió paso entre la sábana de nubes y nos regaló ráfagas que supieron a gloria. Además, la contemplación de la Mezquita-Catedral puede desatar un terremoto interior. El duelo y el romance de los dioses, Alá y Jesucristo amándose y acuchillándose, el palimpsesto teológico como una de las bellas artes. No, nunca olvidaremos Córdoba. Ojalá nos sea dado retornar.













