Pobre David Silva Rojas: en toda metamorfosis, en toda revolución siempre hay un primer mártir.
1- Al menos me queda el consuelo de que el tiempo en que me dio por jugar en a ese juego de los premios literarios, la pendejencia artificial aún no se colaba a nuestras vidas y seguía formando parte de la ciencia ficción. Sí, en alguna época fui un gallero que llevaba mis gallos escriturales a pelear en los palenques. De puritito chiripazo gané nueve y llegué a dos finales, pero al menos me queda el consuelo de que todo ese desparramadero de infumables garabatos brotó de mi piradísimo tejido neuronal y no del algoritmo de un robot. La última vez que gané un premio literario fue en plena pandemia, en el verano de 2020 y chat gpt debutó en sociedad el 30 de noviembre de 2022, así que estoy libre toda sospecha. He publicado quince libros pero todos nacieron entre 2010 y 2020. Después simplemente me levanté de la mesa y me salí de la covacha literaria sin despedirme y sin dar portazo. Me alegro de haberlo hecho a tiempo. También he publicado varios cientos o acaso miles de notas y columnas periodísticas desde principios de los noventa hasta esta semana, pero todavía no me da por pedirle a la maquinal bestezuela que me sustituya.
2- Cada quien tiene sus motivos, sus anhelos y su manera de materializar sus aferres creativos. Ya en el Siglo XIX se hablaba de que un agotado Alejandro Dumas le pagaba a jóvenes escritores fantasma para que escribieran sus novelas. No sé ni me interesa saber si Isabel Allende en verdad escribió la secuela de La casa de los espíritus que “milagrosa y sorpresivamente” le dio el premio Planeta. Lo único que puedo decirles, es que aunque les parezca un tanto cursi, para mí la literatura es un fin sí mismo que puede llegar a ser medio, un viaje que casi siempre es destino. Escribo porque siento la genuina e irreprimible necesidad de hacerlo. Escribo por la mismita razón que juego solitarias retas de mano izquierda contra mano derecha en mi futbolito de madera: porque me abstrae, me relaja, me emociona y me vuela la cabeza. Así lo he hecho siempre y todo hace indicar que así lo seguiré haciendo, aunque en este momento no sienta prisa ni apuro alguno por publicar. No hay día que no escriba a mano al menos una página, de la misma forma que lo hacía de niño o adolescente sin que siquiera me pasara por la cabeza publicar o siquiera mostrarlo. La escritura se colma y se agota en sí misma. ¿Le voy a pedir a un robot que juegue futbolito o que beba vino en mi lugar? ¿Le voy a pedir a una máquina que vaya y viaje a una nueva ciudad o de un paseo por la playa porque a mí me cansa hacerlo? ¿Por qué le voy a requerir a un robot que me sustituya en aquello que me gusta hacer?3- Pobre David Silva Rojas. En toda metamorfosis, en toda revolución siempre hay un primer mártir. Así como hubo una primera víctima del sida en México en 1983 y una primera víctima del covid en febrero de 2020, este pobre peruano pasará a la historia como el primer mártir de la prehistoria de la IA. Y digo prehistoria porque esta chingadera está en pañales. En 2021 aún no era de uso público, en 2026 forma parte de nuestra vida y en diez años lo dominará absolutamente todo. No quiero ni imaginármela en el 2035 o el 2040. A nosotros nos tocó vivir esa transición. También me tocó vivir la transición de máquina de escribir a Word, de edición impresa a edición digital, de no tener siquiera teléfono en casa a no poder separarte del celular. Pronto tendremos varias generaciones de jóvenes que habrán nacido, crecido y vivido sus procesos epistemológicos primarios con la IA como compañera omnipresente y ni siquiera podrán imaginar que alguna vez hubo vida sin ella. Nosotros ya somos los neandertales que serem0s. Nuestra fecha de caducidad ha quedado atrás. Fue chingón vivirlo mientras duró y tuvo sentido.
4- En cualquier caso, tengo mis dudas de que el tal Pangram sea infalible. Bonita cosa: para detectar la influencia de un robot le transfieres el poder a otro pinche robot igual. Una pendejencia para rastrear a otra pendejencia. Estamos podridos. ¿Y si la hija de la chingada te condena injustamente de la misma forma que el VAR ha anulado tantos goles legítimos? Se van a cometer muchísimas injusticias y no sé si la del peruano es la primera. Además, la gran contradicción, es que cuando Pangram te detecta uso de inteligencia artificial, lo primero que te pregunta es: ¿Quieres que sea más humano? Págame y te lo convierto. Pinche robot extorsionador. Te hace mano de cochi el jijo de su roboputera madre. O sea, el truco está en que le pagues al pinche detector de IA para que te disimule y te oculte el uso de IA. Está muy buena la transa.
5- Por sí las pinches dudas, decidí debutar en Pangram para calarlo. Le compartí el primer capítulo de mi novela Vientos de Santa Ana y luego el primer capítulo de una novela inédita llamada 1991 y en ambos casos pasé la prueba: dijo que el 100% era escritura humana, aunque bien pudo decir que era escritura 100% animal y no estaría mintiendo. Me alegro. Parece que ningún robot escribe todavía tantísima piratencia desbarrancada.







