Eterno Retorno

Thursday, July 23, 2026

España es, ante todo, una filosofía futbolística


 

Ganó la nación que inventó la lengua romance más hermosa del mundo, la lengua que por segunda vez en 92 años es hablada por los 22 jugadores en la cancha. La lengua que es odiada a muerte por el repugnante tipo que gobierna el país sede. Ganó el equipo que practicó el mejor fútbol asociación en todo el torneo, el que hizo del juego una ceremonia colectiva de once, sin depender de individualidades despampanantes ni genios extraterrestres. Once obreros, cada uno entregado a su labor. España es, ante todo, una filosofía futbolística, una idea plural, una manera de practicar la colectividad, porque españoles somos todos 

Vamos a tomarnos la del estribo. Ahora sí colegas: la última y nos vamos



1- Al final queda la sensación de que el Mundial tuvo un final feliz. Contra todo pronóstico ganó el fútbol y la pelota no se manchó al premiar al conjunto que mejor jugó. Ganó la labor de equipo, la colectividad, el engranaje perfecto de una filosofía futbolística plasmada en cada minuto del partido y en cada rincón de la cancha. Ganó España y eso es una excelente noticia para el mundo del fútbol y para quienes amamos este deporte.
2- Pienso en quiénes han sido los jefes de estado más repugnantes en entregar una Copa del Mundo. Pienso en Mussolini en 1934, en Videla en 1978 (Díaz Ordaz no entregó la del 70). Para mí Trump está inscrito en esa impresentable galería y tengo fe en que más temprano que tarde la memoria colectiva lo coloque en el basurero de la historia donde le corresponde estar.
3- Es obvio que Trump no quería darle la copa a una nación no subordinada como España contra la que ha despotricado una y otra vez. Como sus caprichos son órdenes sagradas para Infantino, llegué a pensar en que veríamos un robo de antología y una cuchillada por la espalda contra los españoles. El problema es que para inventar un penal al menos hay que pisar el área rival y Argentina ni siquiera se acercó, pues estuvo arrinconado 120 minutos. Pensé que Trump haría algún desplante a la hora de entregar la copa, pero se tragó el orgullo.
4- Hoy reparo en que lo más admirable de Argentina, lo que siempre he amado de ese gran país, es justamente lo que Milei está destruyendo a paso veloz. El sólido sistema de educación pública, ejemplo para toda América, sus universidades, sus librerías, sus editoriales, la cultura que puede respirarse en cada rincón. Es injusta la manera en que están juzgando y satanizando al pueblo argentino, pero en el fútbol se refleja el estado de ánimo de un país. Los valores de Milei son la soberbia, los gritos, el insulto, el despotismo, el triunfo a costa de lo que sea, el escupitajo del mal perdedor. Es la ética del capitalismo motosierra, el credo de los que prostituyen la palabra libertad, de los predicadores de basura estilo padre rico, padre pobre. El letrero de protesta no debió ser “las Malvinas” son argentinas”. Debió ser la educación pública es argentina, las universidades son argentinas, la seguridad social es argentina. Recuperen eso. Las islas de nada les sirven. En todo caso larguen a los gringos y a los israelíes de la Patagonia e impidan que su ridículo presidente se arrodille ante el sionismo genocida.
5- Qué gran milagro es España como país. Qué improbable fortuna es que tú y yo nos expresemos y entendamos en esta hermosa lengua tantos siglos después. La España de los reinos de Taifa, la de los guerreros almogávares. La de los aragoneses, navarros, leoneses, castellanos, catalanes que ya cargaban un milenio de sangre y cultura fenicia, cartaginesa, romana, celta, visigoda y magrebí. Hace mucho que dejé de leer a Pérez Reverte como novelista, pero como periodista y estudioso de la historia me encanta. Una historia de España es irreverencia pura, divertida, realista e irónica. Y es por esas divinas contradicciones, por ser esa caótica licuadora de razas, lenguas e ideales que amo tanto a España. Su triunfo es el triunfo de la Nación plural e incluyente en donde cabemos todos. El Mundial tuvo el final más feliz posible.

¿Existe riesgo de que la ficción sobre crimen organizado termine normalizando ese fenómeno o ya sucedió?

 

1.     


Por supuesto que ya sucedió. Forma parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra narrativa costumbrista. Sería imposible no reflejarlo. Tampoco es algo nuevo. El México de 1850, por ejemplo, también era profundamente inseguro. El camino de México a Veracruz estaba infestado de gavillas de bandoleros integradas muchas de ellas por militares en desgracia o caudillos derrotados en los múltiples cuartelazos y rebeliones que asolaban la naciente República y eso lo vemos reflejado en la literatura.  Por ejemplo, El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, tiene como personaje principal al jefe de una sanguinaria gavilla de bandoleros de Yautepec que seduce a Manuelita, una joven de alta sociedad. El Zarco representaba al crimen organizado de entonces y el propio Altamirano refleja cómo muchas veces los bandoleros acababan integrando tropas de liberales o conservadores por igual. En la novela de la Revolución vemos lo mismo. El Rodolfo Fierro de la Fiesta de las Balas de Martín Luis Guzmán o los personajes descritos por Nellie Campobello en Cartucho no le piden nada a cualquier capo de los Zetas o el CJNG. En algún momento también fueron muy populares las novelas de piratas, pero aunque Emilio Salgari los romantizó, los modelos de Sandokán, el Corsario Negro o el Pirata Morgan eran tipos bastante sanguinarios que no solían tocarse el corazón.

Wednesday, July 15, 2026

La argentinidad al palo o Selling England by the Pound


 

1- Casi 180 años antes de la guerra de las Malvinas, cuando Argentina todavía no era Argentina, el Imperio Británico intentó apoderarse del Virreinato del Río de la Plata y arrebatárselo a la Corona Española. Envalentonados por Trafalgar, en 1806 y 1807 los ingleses entraron a sangre y fuego en Buenos Aires. Las tropas virreinales se rindieron, pero el pueblo rioplatense se defendió arrojando ollas de aceite hirviendo y cacerolas de mierda desde las ventanas. Finalmente, William Beresford se rindió ante Santiago de Liniers. Los ingleses habían sido derrotados y los argentinos descubrieron que podían solos y para nada necesitaban a los españoles

2- La segunda invasión inglesa se produjo a finales del Siglo XIX. Por su ausencia brillaron los cañones y las cacerolas de mierda, intercambiados ahora por bombas de libras esterlinas. El Imperio Británico no necesitó disparar un tiro esta vez, pero para 1900 controlaba el 70% de la economía argentina. Tenía más de 33 mil kilómetros de tendido ferroviario construido por sus ingenieros; poseía hectáreas de pampa rebosantes de ganado y plantaciones; poseía los frigoríficos repletos de la mejor carne y controlaba el puerto por donde salía exportada. Poseía los tranvías donde se movían las familias porteñas, poseía los bancos donde la naciente clase media obtenía los préstamos y poseía unas islas desoladas en el Atlántico sur que nadie importaban un carajo. También poseía un naciente juego llamado futbol.
3- Los primeros balones que rondaron sobre lodo o pasto argentino, fueron pateados en el último cuarto del Siglo XIX por señoritos británicos que fundaron clubes como el St. Andrew's (ganador del primer torneo en 1891), Old Caledonians, Lomas Athletic, Flores Athletic y el célebre Alumni, de la English High School de Buenos Aires.
4- El 25 de junio de 1904 ocurrió algo histórico: un equipo de futbol británico, el Southampton, desembarcó en Buenos Aires para jugar una serie de partidos. El primer partido, entre el Southampton y el Alumni, se jugó ante 8 mil espectadores entre los que estaba el Presidente de la Nación, Julio Argentino Roca. En ese entonces, la mayoría de los jugadores eran británicos, pero pronto los criollos rioplatenses aprendieron a jugar ese juego de inglesitos y lo hicieron con su propia técnica y estilo, sin pedirle permiso a nadie. Frente a la fortaleza pusieron agilidad, gambeta y picardía. Pronto, los clubes barriales porteños rebasaron por la derecha y por la izquierda a las escuelas británicas.
5- Podría hablar del 9 de mayo de 1951 en Wembley cuando las selecciones de Inglaterra y Argentina se enfrentaron por primera vez en toda la historia (Argentina fue apenas la segunda selección nacional en visitar el pasto sagrado después de Escocia). Podría hablar de La Rancagua en 1962 y de Wembley en el 66 (y de la gran paradoja de que Ubaldo Rattín muriera justo el pasado 11 de julio, cuando un nuevo capítulo de la guerra quedó confirmado). Podría hablar un chingo por enésima vez de la Mano de Dios y del Barrilete Cósmico en Santa Úrsula, pero no diré nada que no haya dicho Andrés Burgo en su librazo. Podría hablar del Spice Boy en Saint Ettienne o en Sapporo, o de que Carolina y yo estábamos en Buenos Aires el día que se jugó el último Argentina vs Inglaterra antes de Atlanta (un amistoso jugado en Suiza en 2005 que ganaron los ingleses por 3-2), pero hoy no hablaremos más de futbol.
6- Un día, su maestra de primaria encargó al grupo de Mafalda que dibujaran las invasiones inglesas. Sus compañeritos (lo recuerdo bien, aunque no tengo el dibujo a la mano) dibujaron soldaditos con la Union Jack y reprodujeron la escena de las ollas de aceite hirviendo, pero Mafalda reprodujo la verdadera invasión inglesa de los 60: un disco de los Beatles sonando en la tornamesa.
7- Corríjanme si me equivoco colegas, pero creo que en ningún país de América la cultura británica ha arraigado tan fuerte y se mantiene tan viva como en Argentina. Por alguna razón, Argentina ha sido siempre el país más Stone y más Bealtlemaniaco del mundo. Hasta Keith Richards y Mick Jagger se sorprenden de ver la cantidad de bandas rolingas que hay en Buenos Aires, todo un subgénero del rock en sí mismo. Vaya, Ratones Paranoicos suena más Stone que los Stones. Pega el rock británico, pero también su literatura y su cine.
8- La gran paradoja es que la máxima joya de la literatura argentina sea alguien que odiaba al futbol y amaba a Inglaterra. Un escritor casi casi británico llamado Jorge Luis Borges. Porque aunque Georgie se clavó en Macedonio Fernández y Evaristo Carriego, lo suyo lo suyo, su verdadera obsesión, era Shakespeare, Stevenson, Kipling, Chesterton. Creo que ni el más erudito de Oxford, se avienta las conferencias sobre literatura británica que ofreció Borges en la Universidad de Buenos Aires.
9- Neta colegas, corríjanme si estoy diciendo una estupidez, pero creo que en Argentina están obsesionados con Inglaterra y tienen una relación bipolar con la Isla. Una pequeñísima muestra de esa bipolaridad es su sui generis reacción frente a Iron Maiden. Todos los Maidenlovers del mundo sabemos que el inalterable ritual de Bruce Dickinson a la hora de cantar The Trooper, es ponerse un traje de soldado de la Reina y ondear la Union Jack. Bueno, eso ocurre en tooodos los países del mundo menos en Argentina. Cuando a Bruce se le ha ocurrido sacar la Union Jack en Buenos Aires, de inmediato lo empiezan a abuchear y le gritan “Maradooo, Maradoooo”.
10- Ya fue muchísimo choro. Solo diré que más allá de filias y fobias, Argentina e Inglaterra encarnan las dos culturas futbolísticas más interesantes y profundas del mundo. Creo que las dos ciudades más tradicional e intensamente futboleras del planeta son Londres y Buenos Aires con sus respetivos suburbios. Más allá del color y el desmadre, lo más fascinante para mí es que en casi cualquier barrio hay una cancha o un estadio viejísimo y casi en ruinas en donde juega un club con más de 100 años de antigüedad que tiene una afición sufrida y fiel y una historia propia. No me refiero a Boca y River o a Arsenal y Chelsea, sino a Chacarita, Sportivo Barracas, Banfield o Quilmes. Me refiero a Millwall, Charlton, Queens Park Ranger o West Ham.
11- En fin colegas, disfruten este excepcional platillo, el clásico de clásicos del futbol universal. Será intenso, será único y se hablará de él cuando hayan pasado muchísimos años y de nosotros no quede ni el olvido que seremos. Mi único deseo es que sea un gran juego y que el equipo ganador, sea quien sea, pierda el domingo contra España y sea un digno subcampeón.

Tuesday, July 14, 2026

Santiago y cierra, España. Duro contra los gabachos y mamelukos


 

El término gabacho no fue inventando en México para referirse a los estadounidenses, sino en España para nombrar a los invasores franceses. Napoleón invadió la Península Ibérica en 1808 y puso en el Palacio Real a su borrachín hermano, Pepe Botella, pero los españoles le respondieron con levantamiento popular y guerra de guerrillas. El 2 de mayo de 1808 fue un día rabia en Madrid, cuando el pueblo salió a las calles a enfrentar con herramientas de labranza a las tropas francesas de Murat, mientras que la guerra de guerrillas en los Pirineos y la Sierra Morena fue la táctica de desgaste con que la resistencia española pudo mantener a raya a más de 300 mil soldados franceses. Mi úlcera española, llamaba Napoleón a su fallida guerra ibérica. Esa táctica de guerra de guerrillas y operación desgaste es lo que tendrá que obrar hoy la Furia Roja si quiere resistir a la evidente superioridad francesa. Por cierto, yo no sé de qué se sorprende Rajoy con el origen étnico de Les Bleus. Ya en 1808, el grueso de las tropas napoleónicas que invadieron España estaban compuestas por Mamelucos, (mamlūk en árabe) una tropa mercenaria de esclavos libertos conformada en su mayoría por soldados musulmanes del norte de África o del Imperio Otomano. También la tropa napoleónica era tan diversa como la selección francesa y en la guerrilla española combatía el joven navarro Xaver Mina, que después lucharía por la independencia de México alentado por mi paisano Fray Servando. Yo no sé por qué los políticos derechistas están tan obsesionados con el origen étnico de los representativos nacionales. ¿Qué es un español? Un español es un fenicio, un cartaginés, un visigodo, un celtíbero, un romano, un mozárabe, un sefardí. Hasta yo, que soy una mezcla de mil sangres y chingadera y media, soy un español. ¿Qué es hoy en día un francés? Un galo celta, un arverno, un bretón, un normando, un magrebí, tan argelinos o tan franchutes como Camus o Zidane. En su novela Sumisión, Michel Houellebecq profetizó el triunfo democrático de un partido musulmán. Lo que el gran iconoclasta de la Isla Reunión no supo ver, fue que antes que el Palacio del Eliseo los hijos de Alá conquistarían algo mucho más importante: el idioma universal del futbol, porque hoy Les Blues son casi en su totalidad musulmanes. ¿Argumentarán que los valores franceses son cristianos? Yo, desde mi atea óptica, podría decirles que los dioses originarios de la Galia eran Tutatis y Belenos y antes de Notre Dame, los druidas oficiaban bajo los dólmenes con coronas de muérdago. En fin colegas, hoy toca morir con dignidad. Este 14 de julio no caerá la Bastilla ni sonará la Marsellesa. ¡Desperta Ferro! ¡Santiago y cierra, España!

Cuál de los cuatro?



 

Colegas: más allá del análisis futbolístico, aquí les comparto las razones que tengo o tendría para apoyar a cada uno de los cuatro semifinalistas.

Razones para apoyar a España- La principal razón es que España también es mi país. Mi hijo y yo tenemos pasaporte español, estamos orgullosos de ello y sentimos a España como una madre. Es el país de mi abuela y de toda una rama familiar, por lo que nada nos daría más gusto que ver a la Furia Roja levantar la copa.
Razones para apoyar a Argentina- La principal razón es que es el equipo al que tradicionalmente he apoyado desde 1986 y es un país cuya cultura ha influido tremendamente en mi vida. Además, tengo el honor de haber publicado un libro y recibido un premio en Argentina, lo que me ha permitido conocer extraordinarias personas en ese país.
Razones para apoyar a Francia- Dado que es un equipo que me tiende a caer mal, la única razón que tendría para alegrarme de su casi seguro triunfo, es que es el país en donde mi hermana Ana Lucía vive desde hace más de 20 años y donde nacieron mis sobrinos Victoria y Alex. También es el país del Ser de Luz André Pierre Gignac.
Razones para apoyar a Inglaterra- Ningún vínculo me une a la isla, pero su música me acompaña todos los días y además les agradeceré por siempre la creación del único deporte que me apasiona, la única religión universal, el único lenguaje planetario que se llama FUTBOL.
Si el parámetro fuera literario, el Campeón del Mundo sería Argentina, pues aunque España tiene a la madre de todas las novelas antiguas y modernas que les guste o no, sigue siendo el Quijote, Argentina es por mucho el país que más me ha influido y el que tiene más representantes en mi biblioteca (incluso más que México). Además, tiene al campeón de campeones que se llama Jorge Luis Borges, quien me diría que el campeón literario debe ser Inglaterra, pues nadie como él amó tanto la literatura británica. Si tuviera que elegir un solo francés, me quedo con el Padre del ensayo, Michel de Montaigne, aunque en tiempos modernos Houellebecq me ha sangrado con más de una novela navaja.
Claro, si el parámetro fuera musical el Campeón del Mundo sería Inglaterra pues nadie derrota a Iron Maiden, Black Sabbath, Motörhead y Judas, aunque España con Eskorbuto, La Polla, Barón Rojo y Ángeles del Infierno y Argentina con Charly, Fito, Flaco Spinetta, Hermética y La Renga forman parte del soundtrack de mi vida. En música el gran perdedor es Francia, pues no le ha aportado gran cosa al Rock o el Metal, aunque sin duda mi amigo PG Beas me dirá que Gainsbourg solito es el campeón del universo.
Otro tema a considerar serían los vinos y licores en donde la cosa sí está reñidísima entre los Ribera del Duero, los Burdeos o los Malbec de Mendoza, aunque en este veranito un refrescante vaso de Tanqueray London Dry los anda rebasando por la derecha y por la izquierda, a no ser que el Verdejo de Rueda diga otra cosa.
Por lo que a experiencias vividas se refiere, he tenido la fortuna de visitar los cuatro países. Al que más veces he ido es Argentina (cinco veces) y al que menos veces es Inglaterra (dos veces). Si tuviera que elegir uno de los cuatro para vivir, España gana por goleada, aunque Argentina no me molestaría. Eso sí, creo que me costaría poder vivir en Inglaterra y mucho más aún en Francia.
Y bueno, en cuanto a lo estrictamente futbolístico mi favorito sentimental es obviamente España, pero mi lógica elemental, cartesiana y analítica me dice que Francia está un escalón arriba de los otros tres y está condenado, quiera o no, a ser el Campeón del Mundo (ojalá me equivoque). Eso sí, el mejor partido, ni duda cabe, será Inglaterra vs Argentina.



Sunday, July 12, 2026

¿Teoría de conspiración?



¿Teoría de conspiración? Mmm. A ver. Empecemos por la ruta de rivales, en donde la mano de la FIFA tiene muchísimo que ver.

1-    De los cuatro semifinalistas, el único que tuvo un camino de rosas, despejado y facilitado al máximo, fue Argentina. Cuestión de ver los rivales. Inglaterra enfrentó a Croacia (posición 13 del ranking, tercer lugar en el Mundial 22, Subcampeón en el 18) a México en el Azteca y a Noruega, la selección revelación. España enfrentó a Uruguay, a Portugal y a Bélgica, mientras que Francia enfrentó a Noruega y a Marruecos (sexto lugar en el ranking, cuarto lugar en el pasado Mundial y campeón de África). Argentina en cambio enfrentó a Argelia, a Austria, a Jordania (lugar 73 del ranking)  a Cabo Verde (lugar 64 del ranking) y a Egipto. Hasta ahora su único rival dentro del top 20 ha sido el bastante discreto Suiza (lugar 14). Algunos caminos diseñados por FIFA fueron hostiles y pedregosos. Por ejemplo, mi amado Japón no tenía otra salida más que enfrentarse a Brasil, a Marruecos o a Francia en dieciseisavos. Quedara primero, segundo o tercero Japón estaba condenado.  Empezando por ahí, Argentina llegó a semifinal con un camino planchado y despejado, un lecho de rosas, pues salvo una catástrofe o un muy mal juego, habría sido imposible que no fuera primer lugar de su grupo.

2-  La plancha con tacos por delante que comete Messi contra Argelia cuando iban 0-0 era expulsión inmediata. Si lo expulsan, no había  anotado los tres goles contra Argelia y tampoco los dos goles contra Austria, pues habría estado suspendido. Cinco goles menos no es poca cosa.

3-  ¿La FIFA no es sionista? Rusia lleva dos mundiales suspendido y congelado por invadir Ucrania, pero Israel comete un genocidio y masacra niños con la absoluta complacencia de Infantino, pues si Israel no está en el Mundial es porque su selección es una basura en lo deportivo, no por estar suspendida como debería estarlo desde hace mucho. Y claro, si a ello agregamos que Argentina es la actual embajada del sionismo genocida en Latinoamérica, pues creo que tenemos derecho a pensar mal. A México amenazaron con quitarle la sede por gritarle “puto” a los arqueros, pero Estados Unidos puede masacrar niñas en Irán y ni en sueños se consideraría ponerle en duda la sede.

Saturday, July 11, 2026

Nadando de muerito a la helvética


 

1- La selección de Suiza es la prueba de que se puede triunfar en la vida nadando de muertito y pasando desapercibido. Es uno de esos equipos en los que absolutamente nadie piensa, ni para bien ni para mal. ¿Quién habla de Suiza? ¿Hay alguien fuera de su sobrio país que se ponga su camiseta y les eche una genuina porra? No es una potencia, pero tampoco un equipo exótico, pintoresco y ni siquiera humilde o ceniciento como Cabo Verde o Congo. Es el ni fu ni fa por excelencia, pero así, nadando de muertito, ya está entre los ocho mejores del mundo. Ni Brasil, ni Holanda ni Alemania ni Uruguay pudieron llegar ahí y los suizos tan campantes. Fuera de Xhaca, que lleva no sé cuántos mundiales, no tiene un jugador insignia. Entonces pienso que en la vida hay gente así, que no te explicas cómo carajos llegaron a donde están, pero llegan y triunfan sin ningún atributo especial. ¿Celtic Frost? ¿Samael? ¿Coroner? ¿H.R. Giger? ¿Relojes y chocolates? No olvidemos que Jorge Luis Borges descansa bajo tierra en Suiza. En fin, a veces los nadadores de muertito, los mosquita muerta, son los más difíciles de derrotar.

2- En futbol (y en la vida) siempre he sido monógamo. Siempre creí que los amores futbolísticos eran para siempre. En futbol mi único amor ha sido, es y será por siempre Tigres, pero en el plano internacional, siempre he tenido una confesa filia por Argentina.
Como mi educación sentimental fue el Mundial 86 y mi primera imagen de un superhéroe futbolístico fue Diego Armando Maradona, desde los doce años de edad me volví aficionado a la Albiceleste.
Argentina era siempre mi gallo en mundiales y copas América. Aunque en México siempre ha habido una marcadísima preferencia por los brasileños y los argentinos tienden ser malqueridos, yo me mantuve fiel a lo largo de cuatro décadas y luego de tantísimos descalabros, me alegré genuinamente con el campeonato en Qatar.
Yo solía ser hincha de la albiceleste y eso era algo que nunca se ponía en duda, hasta que de pronto me vi celebrando con genuina emoción los goles de Cabo Verde y Egipto. Entonces me di cuenta que hay amores futbolísticos que pueden morir
Quisiera volver a enamorarme de la Albiceleste, gritar con la euforia que grité el gol de Caniggia contra Brasil en el 90 y emocionarme como cuando eliminaron a Italia en Nápoles con absolutamente todo en contra, con el himno abucheado y los árbitros tendenciosos. Sentir la rabia que sentí cuando Codesal le inventó ese penal a Alemania y solidarizarme con Maradona cuando el mundo entero leyó en sus labios el “hijos de puta” mientras el himno argentino era silbado en Roma. La misma rabia que sentí cuando la FIFA y los gringos acuchillaron al Diego y lo sacaron a la mala del McMundial 94.
Quisiera ver un jugador pura esencia de barrio como Carlitos Tévez, orgullo de Fuerte Apache. Quisiera que Messi hubiera tenido la humildad y la entereza de Ángel Di María que eligió retirarse con los Canallas de Rosario Central. Ojalá Messi se hubiera retirado con los Leprosos de Newells y jugaran el clásico en el Gigante de Arroyito, pero le tuvo miedo a las calles de Rosario y eligió comer de la mano de Beckham y ponerse una camiseta artificial, plástica y falsa llamada Inter Miami.
Siempre he hinchado por la Albiceleste, pero me cuesta horrores emocionarme con quien tiene la mesa puesta y absolutamente todo a su favor. Argentina llegará a la semifinal habiendo enfrentado a seis equipos medianitos o francamente limitados. Ni un solo rival ubicado en el top 20 de la FIFA. Un camino despejado, un lecho de rosas, un descarado y burdo favoritismo, pero eso no es lo peor.
Lo que más me hiere, lo que más me emputa es que he visto fotos de niños palestinos muertos que llevaban puesta la camiseta de Messi en el momento en que les cayó la bomba o la bala sionista. Lo peor es cuando pasan imágenes de los aficionados argentinos y los ves con banderas de Israel y lo único que me queda son genuinas ganas de vomitar. Después me acuerdo que hoy la Casa Rosada es la embajada latinoamericana del sionismo genocida y que el pueblo argentino, tan culto y educado, eligió a un soez payaso gritón como presidente que está destruyendo su noble e histórico sistema de educación pública y entonces me doy cuenta de por qué me cuesta horrores apoyarlos en 2026, aunque sé que millones de argentinos no validan semejante basura. En fin. Maradona jamás se hubiera prestado a darle la mano a Trump o a Netanyahu y no hubiera tenido pelos en la lengua para denunciar la corrupción de Infantino.
Messi es solo un starsystem, un colaboracionista sin conciencia, mientras mi Diego era el antihéroe por excelencia, el ángel caído, el mejor personaje literario posible. Qué triste es desenamorarse.

Friday, July 10, 2026

Luz de estrellas bien pinches mortas, muertísimas y moridas de muerte natural

 


 

Hace exactamente una década publiqué un ensayo llamado Bajo la luz de una estrella muerta, que aborda lo que significa ser lector en una era en donde todo parece conspirar contra la lectura de largo aliento. El manuscrito se ganó el Premio Sor Juana que convocaba el Estado de México y me lo publicó el FOEM. Este día me entero que se acaba de publicar un ensayo llamado La luz de las estrellas muertas, del italiano Massimo Recalcati. El título es casi idéntico, pero el tema es distinto. Yo hablo de la extinción de los lectores y Massimo del duelo y la nostalgia. Recalcati, por lo que leo, es un psicoanalista y aborda en este libro la relación de la vida humana con la experiencia traumática de la pérdida. Me llama la atención que la misma imagen o concepto – el de un cuerpo muerto que sigue irradiando luz- nos haya inspirado a ambos para tratar tópicos distintos. La estrella murió hace millones de años, pero la luz que irradia aún nos ilumina. Para Massimo ese destello es el recuerdo del ser querido que se ha ido y para mí, la estrella muerta es la cultura de la palabra escrita que todavía alumbra aunque en realidad esté bien muerta. Confieso que nunca tuve dudas sobre el título. Mientras escribía el ensayo en 2015, tenía claro cómo se llamaría. Tal vez porque en aquel entonces la luz de la muertísima estrella todavía me iluminaba con todo. Eso sí, al más puro estilo de Topo Giggio, tengo derecho a proclamar: ¡lo dije yo primero! Por cierto, Bajo la luz de una estrella muerta se puede leer íntegro en la red. Aquí está la liga https://foem.edomex.gob.mx/sites/foem.edomex.gob.mx/files/catalogo/BLEM.pdf

 

Pd- Ya echándome un clavado en internet, me entero que también existe una novela juvenil llamada La luz de las estrellas muertas, del escritor español Alfredo Gómez Cerdá, que trata sobre el atraco a un banco en un pueblo serrano y la posterior fuga de los ladrones entre montañas plagadas de misterios. No cabe duda que la luz de las estrellas muertas destella de formas contrastantes y cada quién la interpretamos como nos da la gana.

Thursday, July 09, 2026

Fábula medieval contemporánea


 

Leyendo El ejército ciego de David Toscana, me puse a pensar en una serie de novelas que de una u otra forma se hermanan o dialogan con ella. Me refiero a El cuarto jinete, de Verónica Murguía; Galaor, de Hugo Hiriart; El caballero inexistente, de Italo Calvino; Iconostasio del mundo conocido, de Goran Petroviç: El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro y Las lágrimas de Pascal Quignard. El punto en común más evidente, es que todas narran pasajes del medioevo. El libro de Quignard y el de Calvino, por ejemplo, se sitúan en tiempos de Carlomagno, el de Verónica Murguía en la Peste negra, el de Hiriart es una suerte de ucronía del Amadís de Gaula, mientras que Toscana y Petrovic narran pasajes del Imperio Bizantino. Sin embargo, más allá de la obviedad cronológica, creo que todas estas novelas se hermanan en el tono que en todos los casos es de fábula. Sería un error llamarlas novelas históricas, porque si bien transcurren en la época medieval, me parece que ningún autor busca dar verosimilitud historiográfica a su relato. Como el mismo Calvino explica en su prólogo, es una Edad Media ajena a cualquier verosimilitud histórica y geográfica, típica de los poemas caballerescos. Son, más bien, fábulas, versiones contemporáneas de los relatos que obsesionaron a don Alonso Quijano. Tal vez el más realista es El cuarto jinete, mientras que Petrovic, Ishiguro e Hiriart juegan con elementos fantásticos. El del humor más negro e ingenioso y al mismo tiempo más creativo es el de Toscana y el gran juego que emprende a partir de la imagen de los ojos sacados.

Eso sí, prosísticamente todos son disfrutables y se dejan leer.
Tal vez podrían integrar un nuevo subgénero: Fábula medieval contemporánea
Pd- No sé por qué pensé hoy en estos libros y por qué escribí esto.
Pd- Siempre me ha gustado cómo suena el nombre Galaor. Se lo he puesto a dos personajes, aunque ninguno de ellos habita en la Edad Media