Eterno Retorno

Sunday, September 27, 2026

Campeonazas mundiales


 

Femenil o varonil, juvenil o mayor, en Varsovia o en Nueva York y en cualquier rincón de este mundo, la Furia Roja Española da cátedras futbolísticas. Cuando levantar copas es la costumbre en todas las categorías, la única conclusión posible es que el mejor fútbol del planeta es el que juega España 

🇪🇸. Es hermoso ver a la Selección Femenil Sub20 coronarse campeona mundial destronando a una potencia cómo es Corea del Norte 🇰🇵.
Bella es la Madre Patria!
Non Plus Ultra!!!
Santiago y Cierra España 🇪🇸!!!

Saturday, September 26, 2026

El escándalo Harwicz o la pestilencia del Zeitgeist encarnada

 


Si tuviera que explicar con bolitas y palitos la pestilencia que corroe a ese ente llamado “mundillo literario”, ahí está el escándalo Harwicz como ejemplo perfecto. Si quieres sintetizar la podredumbre del espíritu de la época, ahí tenemos ese ridículo sainete como prototipo. Está que ni mandado hacer.  Como ocurre tantas veces, yo acabo concluyendo que están el moretón pal chingazo, el sapo pa la pedrada. Ni cómo ayudarlos.

Resulta que una escritora argentina llamada Ariana Harwicz fue desinvitada a un festival cultural en Granada por sus supuestas posiciones sionistas y su negacionismo frente al genocidio israelí en Palestina.

El asunto desató algo así como una guerra mundial entre escritores, un zipizape de proporciones mayores. Tras la desinvitación, un grupo de escritoras firmó un manifiesto redactado con las patas (la neta, un becario preparatoriano de servicio social lo habría escrito mejor). Dicho manifiesto tan mal redactado, pretendía validar la exclusión de la argentina sionista, pero horas después, otro grupo de 350 escritores firmó otro manifiesto de apoyo a Harwicz e incluso el irlandés John Banville, que también estaba invitado a Granada, canceló su participación en solidaridad con Ariana. Ya entrados en gastos,  ooootra pinche horda de unos 500 sinquehacer irrumpió como enjambre de moscas en la suculenta basura para echar montón y validar la tarjeta roja a Harwicz. Haga usted de cuenta que levantaron una piedra y brotaron 500 alacranes (entre ellos la siempre aburridísima Cristina Rivera Garza).  Eran algo así como una turba de aldeanos medievales armados de picas y palas apedreando a una mujer acusada de brujería.  Así las cosas, ahí tenemos a 850 o 900 personajes que sin duda no tienen nada más interesante en sus vidas que pelearse por la invitación o desinvitación de una tipa a un pinche evento culturoso.

Miren colegas, las novelas que yo he leído de Ariana Harwicz no se me hacen nada del otro mundo, pero la salva un ensayo muy chingón llamado El ruido de una época. Y es que Ariana es de las pocas personas que se atreve a denunciar a las inquisiciones de lo políticamente correcto, los intolerantes tribunales que en nombre de los valores bien pensantes del “lado correcto de la historia”, condenan arte sublime acusado de sexista o racista.  Solo por eso Ariana me cae bien, porque no cualquiera se atreve a denunciar esos tribunales del santo oficio que controlan el Zeitgeist actual. Ojo colegas, no se me confundan: a mí Netanyahu y su política me dan asco. El genocidio israelí es moralmente indefendible, pero como yo soy hijo de Voltaire y del espíritu de la Ilustración, defiendo a muerte el derecho de cualquier persona a pensar distinto y a envolverse en banderas de causas políticamente incorrectas aunque a mí me repugnen. Sí, los hijitos bastardos del colérico Yahvé me generan arcadas, pero también siento ganas de vomitar cuando veo a una turba de 500 hipócritas pidiendo linchamiento y exclusión contra una sola persona que se atreve a pensar distinto. Es el equivalente a un coro de mojigatos del pensamiento único pidiendo hoguera para la hechicera o lapidación para la adúltera. Del asco. Hay mucha, muchísima contradicción en la superioridad moral de quienes se envuelven en banderas de Palestina. Me gustaría ver a alguna de esas acomplejadas aborteras de pañuelo verde eructando sus alharacas histéricas en un país islámico a ver cómo les va. Y luego los ves escribiendo  NOSOTRXS en mayúsculas y redactando su patético comunicado con ese ridículo lenguajito puñetero. Vomitivo es poco. Y para acabarla, Harwicz la caga espantosamente con su respuesta y opta por recurrir a la perorata básica del manual del perfecto sionista: “son antisemitas y me excluyen por ser judía”. Putísima madre, ¿neta no se saben de otra?  Los sionistas no entienden que no entienden. Ni cómo ayudarte Ariana.  En fin colegas: el moretón pal chingazo, pero aunque el Israel über alles me parece el non plus ultra de lo abominable, en este caso particular soy Team Harwicz. Puro espíritu de Voltaire.  

PD- Tanto amo a Granada, que como pueden constatar mi foto de perfil es en la Alhambra.  

Thursday, September 24, 2026

Otoñalidad otoñalizante

 


 

Cierto, tal vez en nuestro árido ecosistema no haya lechos de hojas rojas cubriendo las veredas, pero les juro que el otoño hace sentir su presencia. ¿En qué? En el brillo de la luz, en la forma en que el viento acaricia nuestra cara, en la forma de las nubes al caer la tarde, en los silencios e intuiciones. Aun suponiendo que careciéramos de reloj y calendario, uno podría leer en el horizonte la espiral del giro. No necesitas saber que es 24 de septiembre para respirar la esencia del otoño que lentamente se derrama sobre nosotros. Es todavía un otoño tímido que la juega de discreto, pero su presencia es ya innegable. Es el vaivén de los ciclos, una cuestión de atmósfera, de reingeniería hormonal, Eterno Retorno de fantasmas que nunca duermen.

Friday, September 18, 2026

se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio

 


 

A lo largo de la vida he sido siempre un lector insomne. De una forma u otra me he acostumbrado a despertar siempre de madrugada y a tener una suerte de medio tiempo de lectura en la cama a las tres de la mañana. A veces el sueño regresa pronto y la lectura se limita a diez o quince minutos antes de volver a dormirme, pero otras la lectura se prolonga ininterrumpida hasta el amanecer. Para este tipo de viaje insomne, el compañero ideal es el Kindle, pues se ilumina a sí mismo y no hace falta encender la lámpara del buró, lo cual podría alterar el sueño de Carolina. Así las cosas, leo en la total oscuridad. En el insomnio de anoche, concluí la lectura de una descomunal novela: Claus y Lucas de la húngara Agota Kristoff. De verdad colegas, es un librazo. En realidad Claus y Lucas es una trilogía integrada por las novelas El gran cuaderno, La prueba y La tercera mentira.

Esta es de las más crudas novelas que he leído narradas desde la óptica infantil, al menos la primera de la trilogía, donde Claus y Lucas son dos hermanitos pequeños dejados por su madre al cuidado de una abuela monstruosa en medio de la guerra mundial (acaso un antecedente podría ser Arrancad las semillas, fusilad a los niños del japonés Kenzaburo Oé). Se narran cosas terribles y desgarradoras  desde una óptica de aparente inocencia o indiferencia. La historia transcurre en un pueblo fronterizo dentro de un país que nunca se nombra, pero que asumo es Hungría, primero bajo el fuego nazi y después bajo la ocupación soviética, aunque los ejércitos y banderas políticas nunca son nombrados. Las dos primeras novelas parecen alineadas entre sí, mientras que la tercera intenta distorsionarlo todo y hacerte dudar si todo fue una mentira (no spoilers, please). A mi juicio puedes prescindir de la última parte, pero las dos primeras son un chingazo al alma. Simplemente demoledoras. Y bueno colegas, en estas insomnes lecturas me siento cada vez más hermanado con Alonso Quijano cuando dice Cervantes que “se enfrascó tanto en la lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”. Y lo peor es que tenía más o menos mi edad don Alonso.

Tuesday, September 15, 2026

Leamos al Miguelón de la Montaña

 


 

Nunca he militado ni militaría en un partido político y tampoco soy feligrés de alguna religión. No tengo dios ni tengo líder.  Vaya, ni siquiera he pertenecido nunca a una asociación, club, fraternidad o cosa parecida. Mi único clan es mi nido familiar que se limita a Carol e Ikercho. Cuando el ruido de una época se torna demasiado nocivo y a tu alrededor sobran predicadores de “verdades absolutas” no queda más remedio que retornar a los Ensayos de Michel de Montaigne.

“Los acontecimientos de este mundo nada pueden contra ti mientras te niegues a tomar parte en ellos; el desvarío de una época no es una calamidad real mientras conserves tu claridad de ideas”

Mi red neuronal vive en permanente estado ensayístico, alimentada por un crónico signo de interrogación, paseando por el voltaireano jardín de las dudas. Nada más ajeno a mí que el dogma de fe o las verdades absolutas. Lo mío es desentrañar, destripar, despanzurrar conceptos.

una mente que camina con la pregunta abierta en la mano en lugar de con la conclusión guardada en el bolsillo. Montaigne lo describía como “ensayar” en el sentido literal: probar, experimentar, poner a prueba las propias ideas como quien prueba un arma o un caballo.

Esa actitud genera, casi por necesidad, un método: el de avanzar escribiendo sin saber exactamente a dónde carajos vas a llegar, dejando a las benditas contradicciones dialogar entre sí.

En fin colegas, leamos al Miguelón de la Montaña y desafiemos a este Zeitgeist con complejo de guillotina.

Friday, September 11, 2026

Dios nos odia a todos

 

La alucinante inspiración retornará con el nuevo milenio. No se trata de imitar descaradamente la obra cumbre del 86 pero sí de emular su espíritu rabioso con una esencia (si esto es posible) aún más blasfema. La energía fluye en el estudio. Hay furia y oscuridad pero también harta precisión. La portada elegida es una biblia ensangrentada y la introducción son versículos del Antiguo Testamento. La censura no se hace esperar y en algunos países el disco deberá salir con una funda blanca. Será su casi White álbum.   El título elegido  no puede ser más contundente: Dios nos odia a todos.  La fecha para la salida al mercado de su nuevo disco ha quedado marcada: 11 de septiembre de 2001. La expectativa es enorme.

Aquel martes no son muchos los que tienen cabeza para dedicar su atención a la salida de un disco metalero. Las Torres Gemelas son derrumbadas por la mañana antes de la apertura de las tiendas de discos. Las letras del disco parecen ser el soundtrack de aquel Apocalipsis, la musicalización perfecta para el Armagedón neoyorkino. El coro de la canción Disciple es un grito de guerra demoledor y pegadizo

God Hate us All,

God Hate us All

You know it's true God hates this place
You know it's true he hates this race
Homicide, suicide…

La canción retumba en mis audífonos a un volumen brutal (diría Barón Rojo) mientras escribo a marchas forzadas en mi cuartucho del Herald Square Hotel en Nueva York. ¿Otra vez he vuelto a inmiscuirme en este relato? Imposible no hacerlo. Ahora soy un reportero de 27 años de edad que ha sido enviado de urgencia a la Gran Manzana a  cubrir las secuelas de los atentados terroristas.

Compró el disco en una Tower Records de Manhattan el 16 de septiembre. Durante el día me doy a la tarea de pepenar historias con la comunidad mexicana y al caer la noche me encierro a escribir en mi hotelucho. El God Hate Us All revienta mis tímpanos y envuelve mi tejido neuronal. Todas las notas que escribí y publiqué están contagiadas por el alma negra de ese disco. A la fecha cada que  lo escucho imagino el vuelo mortal de Mohamed Atta, las torres cayendo, los escombros por donde caminé en plena Zona Cero gracias una apócrifa credencial de rescatista que me consiguió un integrante tijuanense del grupo Topos México. Gracias a esa credencial pude cruzar por un territorio vedado para periodistas. Por primera vez en mi camino de vida como reportero estaba parado en el centro neurálgico de la historia, en el punto exacto donde ardía la humanidad.

¡Waaaaarrr, Waaaaarrrr WAAAARRR!!!

El grito retumba desde la misma noche de los tiempos. En mi cabeza retumban tus riffs mientras voy pisando piedras chamuscadas y fierros retorcidos. Huele a muerto a metal quemado.

Mis neuronas tocan tu guitarra y reescriben una prosa afiliada como mil navajas. Este odio venía de lo más lejano y lo más bárbaro. Era el odio de Dios. ¿Te has dado cuenta?  God Hate Us All tiene la pura  esencia de José Revueltas pero el barbón de Papasquiaro, Durango, escribió Dios en la tierra 65 años antes de que ustedes grabaran ese disco.

Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre de Dios. Dios de los ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y terrible, hostil y sordo, de piedra ardiendo, de sangre helada. La voz profunda y ciclópea de Dios que había pasado por la tierra y nos dejaba por herencia dos fálicas torres hechas mierda. ¿Leíste alguna vez a José Revueltas? Por supuesto que no. Leías sobre todo historias de guerras, de criminales nazis, de asesinos seriales pero nunca a Revueltas.

Dios nos odia a todos Jeff, en eso estamos de acuerdo pero quedamos en que esta es tu historia, no la mía ni de la de Revueltas. Esta es tu historia Jeff, pero a punto de cumplir 40 años estás un poco aburrido y harto de todo. Salir de gira, tocar las mismas putas rolas, ver a cientos de tipos demenciales matándose en un moshpit asesino y después la solitaria noche, los tragos de Jack Daniels que apenas cumplen con embotarte, la puntualidad del insomnio. El cubano retorna para tocar la bataca en la gira y grabar el siguiente álbum. Por primera vez cierran el concierto tocando íntegros los 29 minutos y medio de Reign in Blood y el acto final es una lluvia de sangre que no es sangre.

Cuando 17 minutos después un segundo avión se impactó sobre la torre sur...

 

La mañana del lunes 10 me fui al canal sin haber pegado un ojo y por la noche en el noticiero debí usar una doble capa de maquillaje para intentar disimular mi rostro de derrumbe.

Llegando a casa me esperaba un campo de batalla. Pilas de pañales, cobijitas vomitadas y biberones a medias desfilaban desde el comedor a la recámara. Rosamar y Marisabel parecían competir por ver quién lloraba más fuerte mientras mi madre y mi suegra se enfrascaban en una estéril discusión y Rosalía lloraba en silencio con el rostro pegado a la almohada. Fue la peor noche de todas y cuando estaba decidido a emprender la fuga e irme a refugiar a un hotel, sobrevino el milagro de tener a las dos gemelitas dormidas poco después de las cuatro de la mañana. Cedí a la tentación de tomar media pastillita que me hizo caer despatarrado sobre el sillón para conseguir mi primer sueño profundo desde el día del parto. Fue entonces cuando el Boeing 767 de American Airlines se estrelló contra la torre norte del World Trade Center.

Cuando 17 minutos después un segundo avión se impactó sobre la torre sur,  los gritos de mi suegra retumbaron en mis pesadillas. Instantes más tarde, una llamada urgente del dueño de la televisora acabó de despertarme y aquí estoy, dispuesto a atascarme de Apocalipsis frente a las cámaras.

América entera podría arder bajo un enjambre de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar

 

Ni la paternidad ni el Apocalipsis resultan ser tan potentes como la modorra inducida que te aplasta esta mañana. Acaso tus recién nacidas gemelitas  podrían  dejar de respirar en sus cunas y América entera arder bajo un enjambre de aeronaves suicidas sin que tú dejaras de roncar. Cuando el Boeing 767 de United Airlines impacta en la torre sur del World Trade Center, yaces despatarrado en el sillón de tu sala, inmerso en tu primer sueño profundo de septiembre.

Cediste a la tentación de tomar medio barbitúrico poco antes del amanecer, cuando las dos bebés dejaron por fin de llorar y consumaron el milagro de un sueño compartido. La pastilla cumplió con noquearte y para cuando la primera torre fue impactada, tú estabas en un estado parecido a la total inconciencia. Pasados 17 minutos, cuando el segundo avión se estrella, los gritos de tu suegra y el ring del teléfono taladran alguna zona de tu cerebro.

Wednesday, September 09, 2026

Hoffenheim y Hoffenhaim

 

Hoffenheim, una improbable ciudad alemana que en mi duermevelera red era el non plus ultra del futurismo. Primero era la visión de la duermevelebrya a través de un germánico prófugo o renegado de Hoffelhaim, poblaco al que no quería volver por orpesivo y deshumanizado. Lo que ante nosotros había eran lloanuras, estepas, un abierto campo sudamericano (cuando de repente,  detrás de un árbol me aparezco yo, mezcla rara y linyera y ya sábanas, diría la piazzolana balada para un locuaz goyenechero). Pero no, ese de pronto o de repente y el árbol y el yo es un constructo subterfugiado. No, de repente la llanura sudaquera en Hoffenheim y Hoffenhaim o heim era un gran tubular, un tren al aire libre con esencia de montaña rusa en carritos individuales y separados, un incredycoaster en pleno que iba a esa velocidad sobre un tubo cilíndrico de color azul elevado sobre la galáctica llanura.