Osito Madroño
Entre estas dos fotografías se
interpone un cuarto de siglo. Podría parecer que ha transcurrido una eternidad,
pero a mí me sigue dando por sentir que es un soplo la vida. En 2001 aún se
utilizaban pesetas en España y se fumaba a placer en los bares. El osito, el
madroño y el letrero de Tío Pepe al fondo siguen idénticos a sí mismos. Tal vez
los han cagado un millón de palomas y han celebrado 25 cuentas regresivas de
año nuevo cantando la rolita de Mecano, pero esencialmente la Puerta del Sol
conserva su facha. Carol y yo estábamos en nuestros veintes y sumábamos dos
años de casados. Aquel era nuestro segundo mochilazo europeo en pareja y aún
faltaban ocho años para que Ikercho llegara a nuestras vidas. Un cuarto de
siglo ha transcurrido y les juro que la flama pataperrera sigue ardiendo en
nuestros corazones, pues nos seguimos emocionando con la misma intensidad al
subirnos a un avión o a un tren, al caminar por primera vez una ciudad, al
abrir la puerta de un nuevo cuarto de hotel y perdernos en alguna calle
improbable en más de una veintena de países diferentes. El 14 de febrero Carol
y yo celebramos 27 años juntos y solo puedo decir que nuestra vida en común es
y ha sido la aventura más fascinante. Si estoy a su lado, a mí el corazón me
late igual de fuerte, sea en Ensenada o en Tokio. Y lo más cabrón es que cuando
aún no concluye un viaje, ya estamos emocionados planeando el siguiente.













