Enfermo del Mal de Montano
Plantearse
escribir es adentrarse en un espacio peligroso, porque se entra en un oscuro
túnel sin final, porque jamás se llega a la satisfacción plena, nunca se llega
a escribir la obra perfecta o genial, y eso produce la más grande de las
desazones. Antes se aprende a morir que a escribir”, afirma el narrador catalán Enrique Vila Matas,
que hoy recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas.
Encasillar en un género a este obseso de la literatura sería una tarea harto difícil
por no decir un sacrilegio.
Creo
que para clavarte en Vila-Matas debes estar contagiado del Mal de Montano, es
decir de Literatosis, lo cual significa
estar bien pinche enfermo de literatura, como si sólo a través de ella nos fuese
posible pensar en la supervivencia o crear un sentido nuevo para la existencia
propia.
Quien padece el Mal de Montano, explica Vila-Matas, “está tan enfermo de literatura que la
ficción inicial acaba transformándose en una realidad cuando el autor decide
convertirse en carne y hueso en la literatura misma, encarnarse en ella,
transformarse en la memoria de la Biblioteca universal, entrar a formar parte
de una sociedad secreta de conjurados contra los enemigos de lo literario”.
Definitivamente, hace mucho que Vila Matas padece este “mal” y desde su
trinchera se ha transformado un defensor a ultranza de la de la literatura en
su estado más puro.
No
siempre estoy de ánimo y humor para leer a este catalán, pero en algunos
momentos de mi vida me he transformado en Shandy, lo que acarrea consigo temporadas
muy vilamatianas. Vaya, mi Réquiem por Gutenberg en 2010 estuvo profundamente inspirado
por Samuel Riba, el personaje de Dublinesca. Si tuviera que elegir, me quedo
con Bartleby y compañía, París no se acaba nunca, Suicidios ejemplares e Historia
abreviada de la literatura portátil. En 2015 me tocó estar presente en Guadalajara
en la ceremonia en que le entregaron el premio FIL en Lenguas Romances
“Los
callejones sin salida han sido el motor central de mi obra. Por eso no me
extraña que ahora quiera complicarme la vida y hablarles del futuro”, dijo en su
discurso
“Los
escritores somos tipos complicados, gente de un coraje tan antiguo como el
coraje mismo, gente zumbada, trastornada si ustedes quieren; gente
esencialmente obsesiva, fascinantemente obsesiva” .
Recuerdo
que en la mesa principal, junto con Raúl Padilla, estaba Jaime Rodríguez “El
Bronco”, quien recién se estrenaba como gobernador independiente de Nuevo León.
No le entendí ni madres, me dijo el Bronco al final de la ceremonia. Me estaba
durmiendo.
Yo
llevaba bajo el brazo mi ejemplar de París no se acaba nunca, pero obviamente
tras la ceremonia me fue imposible acercarme a Vila-Matas, sin embargo la
conspiración Shandy estaba de mi parte. Por la noche en el hotel Hilton me lo
tope de frente saliendo del elevador y ahí voy como vil groupie a pedirle una
dedicatoria. Para mi sorpresa no hubo palabras. Solo el dibujo de una silueta
con sombrero y un garabato como firma. A la fecha lo atesoro como si dijera Para
Paula de Parma.







