Un verdejo con forma de pez espada
A
veces un libro inesperado que no estaba en tus planes ni en tu radar puede
resultar una gratísima sorpresa y desbancar a aquellos en los que tenías
puestas tus expectativas. En esta casa el cartero no llama dos veces. El ladrido
puntual de Pappo nos indica cuando alguien se acerca al jardín. Así ocurrió la
semana pasada cuando llegó un mensajero con una caja de la editorial Océano. Nunca
pido libros en línea, pero cada cierto tiempo llegan sorpresas a casa. Le di
las gracias, abrí el paquete y ahí dentro estaba Principio, medio, fin, el
nuevo libro de Valeria Luiselli. La verdad es que yo difícilmente habría
comprado ese libro por mi iniciativa. De Valeria yo había leído Los ingrávidos hace
unos doce años y me quedé (parafraseando al Santi Motorizado) con un “más o
menos bien”. No es que me molestara, pero no sentía que conectara conmigo. Tal
vez demasiado millenial y demasiado intelectualita para mis estándares. Vaya,
habiendo tanto que leer, difícilmente la volvería a poner en mi ruta de lectura.
Sin embargo como su nuevo libro llegó a mi puerta, empecé a leerlo y de pronto,
sin darme cuenta, ya llevaba 50 páginas y
la obra dejándose leer muy bien. Como esos vinitos blancos suaves que los
sirves con el frescor adecuado en el momento exacto y te caen de maravilla. No sé si es, como dice
Samanta Schweblin, “un animal del futuro con cinco corazones latiendo a la vez”,
o si es, como dice Enrique Vila-Matas, “asombrosa, genial, conmovedora destinada
a ser un clásico instantáneo”. Para mí es un como una copa fresca de Pinot
Grillo o Verdejo que hace química en tus entrañas. Y sí, Valeria Luiselli es bastante
vilamatiana pensándolo bien. Su libro, al que cuesta trabajo encasillar como
novela, tiene ese rejega esencia de pez enmantequillado que resbala entre las
manos de quienes quieren clasificarlo. Y a todo esto ¿de qué trata el libro? De
una madre y una hija que por aleatoriedades de un divorcio y unos cuantos
quebrantos emocionales acaban en Sicilia bajo el acecho del Etna y sus
fumarolas, entre furtivos vestigios grecorromanos y la cabeza de un pez espada
que apenas cabe en su refrigerador. Subrayé algunas frases: “Nuestros cuerpos
son casas, espacios físicos en donde los rastros de quienes vinieron antes
siguen viviendo y rebotando”; “bajo la sombra de un árbol con ramas como trapos
exprimidos vemos una estatua borbónica descabezada”; “una danza afantasmada,
extraña, un encuentro de dos en absentia”. El libro, por cierto, lo edita
Feltrinelli, el sello italiano que le compró Anagrama a Herralde. Yo pensaba
que Feltrinelli solo publicaba en italiano y que para el mercado de habla
hispana estaban los anagramos, pero al parecer ya le van a entrar con fe a la lengua
cervantina y su trío debut, además de Luiselli, lo completan El doctor Zhivago de Borís Pasternak, En
palabras sencillas del gringo Richard Ford y el mega clásico Doctor Zhivago
de Boris Pasternak (que yo tengo en la bellísima edición de Galaxia Gutenberg).
Como detalle coqueto, los italianos incluyen una linda postal que funge como
separador con la imagen del pez espada. El principio cayó bien. Yazco en el
medio y veremos qué tal el fin.







