Cuál de los cuatro?
Colegas: más allá del análisis futbolístico, aquí les comparto las razones que tengo o tendría para apoyar a cada uno de los cuatro semifinalistas.
Colegas: más allá del análisis futbolístico, aquí les comparto las razones que tengo o tendría para apoyar a cada uno de los cuatro semifinalistas.
1-
De los cuatro semifinalistas, el único que tuvo un
camino de rosas, despejado y facilitado al máximo, fue Argentina. Cuestión de
ver los rivales. Inglaterra enfrentó a Croacia (posición 13 del ranking, tercer
lugar en el Mundial 22, Subcampeón en el 18) a México en el Azteca y a Noruega,
la selección revelación. España enfrentó a Uruguay, a Portugal y a Bélgica,
mientras que Francia enfrentó a Noruega y a Marruecos (sexto lugar en el
ranking, cuarto lugar en el pasado Mundial y campeón de África). Argentina en
cambio enfrentó a Argelia, a Austria, a Jordania (lugar 73 del ranking) a Cabo Verde (lugar 64 del ranking) y a Egipto.
Hasta ahora su único rival dentro del top 20 ha sido el bastante discreto Suiza
(lugar 14). Algunos caminos diseñados por FIFA fueron hostiles y pedregosos.
Por ejemplo, mi amado Japón no tenía otra salida más que enfrentarse a Brasil,
a Marruecos o a Francia en dieciseisavos. Quedara primero, segundo o tercero Japón
estaba condenado. Empezando por ahí,
Argentina llegó a semifinal con un camino planchado y despejado, un lecho de
rosas, pues salvo una catástrofe o un muy mal juego, habría sido imposible que
no fuera primer lugar de su grupo.
2- La
plancha con tacos por delante que comete Messi contra Argelia cuando iban 0-0
era expulsión inmediata. Si lo expulsan, no había anotado los tres goles contra Argelia y tampoco
los dos goles contra Austria, pues habría estado suspendido. Cinco goles menos
no es poca cosa.
3- ¿La FIFA
no es sionista? Rusia lleva dos mundiales suspendido y congelado por invadir
Ucrania, pero Israel comete un genocidio y masacra niños con la absoluta complacencia
de Infantino, pues si Israel no está en el Mundial es porque su selección es
una basura en lo deportivo, no por estar suspendida como debería estarlo desde
hace mucho. Y claro, si a ello agregamos que Argentina es la actual embajada
del sionismo genocida en Latinoamérica, pues creo que tenemos derecho a pensar
mal. A México amenazaron con quitarle la sede por gritarle “puto” a los arqueros,
pero Estados Unidos puede masacrar niñas en Irán y ni en sueños se consideraría
ponerle en duda la sede.
1- La selección de Suiza es la prueba de que se puede triunfar en la vida nadando de muertito y pasando desapercibido. Es uno de esos equipos en los que absolutamente nadie piensa, ni para bien ni para mal. ¿Quién habla de Suiza? ¿Hay alguien fuera de su sobrio país que se ponga su camiseta y les eche una genuina porra? No es una potencia, pero tampoco un equipo exótico, pintoresco y ni siquiera humilde o ceniciento como Cabo Verde o Congo. Es el ni fu ni fa por excelencia, pero así, nadando de muertito, ya está entre los ocho mejores del mundo. Ni Brasil, ni Holanda ni Alemania ni Uruguay pudieron llegar ahí y los suizos tan campantes. Fuera de Xhaca, que lleva no sé cuántos mundiales, no tiene un jugador insignia. Entonces pienso que en la vida hay gente así, que no te explicas cómo carajos llegaron a donde están, pero llegan y triunfan sin ningún atributo especial. ¿Celtic Frost? ¿Samael? ¿Coroner? ¿H.R. Giger? ¿Relojes y chocolates? No olvidemos que Jorge Luis Borges descansa bajo tierra en Suiza. En fin, a veces los nadadores de muertito, los mosquita muerta, son los más difíciles de derrotar.
Hace exactamente una década publiqué
un ensayo llamado Bajo la luz de una estrella muerta, que aborda lo que
significa ser lector en una era en donde todo parece conspirar contra la
lectura de largo aliento. El manuscrito se ganó el Premio Sor Juana que convocaba
el Estado de México y me lo publicó el FOEM. Este día me entero que se acaba de
publicar un ensayo llamado La luz de las estrellas muertas, del italiano
Massimo Recalcati. El título es casi idéntico, pero el tema es distinto. Yo
hablo de la extinción de los lectores y Massimo del duelo y la nostalgia.
Recalcati, por lo que leo, es un psicoanalista y aborda en este libro la
relación de la vida humana con la experiencia traumática de la pérdida. Me
llama la atención que la misma imagen o concepto – el de un cuerpo muerto que
sigue irradiando luz- nos haya inspirado a ambos para tratar tópicos distintos.
La estrella murió hace millones de años, pero la luz que irradia aún nos
ilumina. Para Massimo ese destello es el recuerdo del ser querido que se ha ido
y para mí, la estrella muerta es la cultura de la palabra escrita que todavía alumbra
aunque en realidad esté bien muerta. Confieso que nunca tuve dudas sobre el
título. Mientras escribía el ensayo en 2015, tenía claro cómo se llamaría. Tal
vez porque en aquel entonces la luz de la muertísima estrella todavía me iluminaba
con todo. Eso sí, al más puro estilo de Topo Giggio, tengo derecho a proclamar:
¡lo dije yo primero! Por cierto, Bajo la luz de una estrella muerta se puede
leer íntegro en la red. Aquí está la liga https://foem.edomex.gob.mx/sites/foem.edomex.gob.mx/files/catalogo/BLEM.pdf
Pd- Ya echándome un clavado en
internet, me entero que también existe una novela juvenil llamada La luz de las
estrellas muertas, del escritor español Alfredo Gómez Cerdá, que trata sobre el
atraco a un banco en un pueblo serrano y la posterior fuga de los ladrones entre
montañas plagadas de misterios. No cabe duda que la luz de las estrellas
muertas destella de formas contrastantes y cada quién la interpretamos como nos
da la gana.
Leyendo El ejército ciego de David Toscana, me puse a pensar en una serie de novelas que de una u otra forma se hermanan o dialogan con ella. Me refiero a El cuarto jinete, de Verónica Murguía; Galaor, de Hugo Hiriart; El caballero inexistente, de Italo Calvino; Iconostasio del mundo conocido, de Goran Petroviç: El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro y Las lágrimas de Pascal Quignard. El punto en común más evidente, es que todas narran pasajes del medioevo. El libro de Quignard y el de Calvino, por ejemplo, se sitúan en tiempos de Carlomagno, el de Verónica Murguía en la Peste negra, el de Hiriart es una suerte de ucronía del Amadís de Gaula, mientras que Toscana y Petrovic narran pasajes del Imperio Bizantino. Sin embargo, más allá de la obviedad cronológica, creo que todas estas novelas se hermanan en el tono que en todos los casos es de fábula. Sería un error llamarlas novelas históricas, porque si bien transcurren en la época medieval, me parece que ningún autor busca dar verosimilitud historiográfica a su relato. Como el mismo Calvino explica en su prólogo, es una Edad Media ajena a cualquier verosimilitud histórica y geográfica, típica de los poemas caballerescos. Son, más bien, fábulas, versiones contemporáneas de los relatos que obsesionaron a don Alonso Quijano. Tal vez el más realista es El cuarto jinete, mientras que Petrovic, Ishiguro e Hiriart juegan con elementos fantásticos. El del humor más negro e ingenioso y al mismo tiempo más creativo es el de Toscana y el gran juego que emprende a partir de la imagen de los ojos sacados.
Portugal fue uno de mis primeros amores futbolísticos, pues fue la primera selección a la que alenté desde una tribuna. En el Mundial 86 a los lusos les tocó jugar en canchas regias y como mi abuelo era el cónsul honorario de Portugal en Monterrey, le correspondía recibirlos y darles la bienvenida oficial. En aquella selección jugaban estrellas hoy olvidadas como el veterano portero Manuel Bento, Joao Pinto, Carlos Manuel Correira y un jovencísimo Paolo Futre. El equipo (lo supe después) estaba fracturado e inmerso en una conspiración contra sus directivos. Contra todos los pronósticos le ganaron a Inglaterra, pero luego perdieron contra Polonia y Marruecos y quedaron eliminados. Pasaron 16 años antes de volver a un mundial.
1-
El 4 de julio de 1776
era un día sumamente caluroso en Filadelfia. En salón de la Casa de Pensilvania
yacían sudorosos John Hancock, Samuel Adams (el que inspiró la deliciosa
chelita) Benjamín Franklin, John Adams y Thomas Jefferson. Era tal el bochorno,
que estos caballeros optaron por abrir las ventanas pero como a un lado estaban
unos corrales de vacas, la salita pronto se infestó de moscas panteoneras. Obligados
a optar entre el bochorno y el enjambre, eligieron darle fast track al documento y
firmarlo sin peroratas ni discursitos. El papelajo en cuestión había sido
redactado por Jefferson y entre otras verdades espetaba que todos los hombres
son creados iguales y tienen derechos inalienables. Los derechos en cuestión
son la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Por supuesto, lo de ser
creados iguales y tener derechos inalienables no aplicaba para los más de 500
mil esclavos de origen africano que trabajaban en aquellas colonias. Que ni lo
mande su protestantito dios tan blanco. Lo que realmente repateaba a estos señoritingos,
es que el rey británico Jorge III no los dejara comerciar y enriquecerse
libremente, pues la corona británica era más pinche cobrona y voraz que el SAT.
Por cierto, lo del 4 de julio fue una suerte de pre aprobación en comisiones,
pues la firma oficial y definitiva de la Declaración de Independencia en
pergamino por los 56 delegados, se dio hasta el 2 de agosto, pero todas las
mitologías nacionales están llenas de detalles como estos (por estos rumbos
tampoco se gritó un viva México el 15 de septiembre).
2-
Creo que de todos los
personajes de 1776, el que me parece más
admirable es Thomas Paine, el ideólogo más liberal y laico del movimiento. Inglés
de nacimiento, este incendiario gacetillero creó un panfleto llamado Common Sense
que encendió la antorcha libertaria y provocó que toneladas de té fueran
arrojadas al mar. Thomas Paine era de los míos, pues fue un radical del laicismo
y el libre pensamiento. Rechazó las religiones institucionalizadas y
exigió la separación estricta entre iglesia y Estado. Fue un crítico feroz de
la biblia y defendió el uso de la lógica y la ciencia, abogando porque la razón
guiara a la sociedad, buscando proteger la libertad civil del control
eclesiástico. Hoy, 250 años después, me pregunto dónde quedaron esas sabias
ideas expresadas en Common Sense porque si algo les falta a los gringos hoy en
día es elemental Sentido Común.
3-
¿Cuándo se jodió USA Zavalita?
Caray, creo que una parte ya nació jodida. Siempre han sido un país muy bipolar.
Sus valores fundacionales honran la libertad, la democracia, el albedrío
individualista, el progreso material, pero al mismo tiempo tienen un complejo
mojigato y persignado y un odioso delirio supremacista. Aunque el 4 de julio es
hijo de las ideas de la Ilustración francesa, al final acaba brotando el
espíritu de los puritanos misóginos que cazaban guajolotes y ahorcaban mujeres
en Salem.
4-
Yo mismo tengo una
relación contradictoria con esa nación. Mal que bien, me guste o no, es después
de México el país que más he recorrido y en donde he pasado más tiempo. Vaya,
incluso he vivido ahí en dos periodos de mi vida y confieso que fui feliz.
También fui becario de la Embajada para un viaje de estudios a Washington y
Arizona. He estado en la Casa Blanca y en el Capitolio, caminé los escombros de
las Torres Gemelas en septiembre de 2001 y subí a la cumbre más alta de las
Montañas Rocallosas. Soy norteño, fronterizo y ese pinche vecino a
veces tan odioso ha formado parte de mi vida, aunque muy a menudo lo deteste y
la verdad es que con el trumpismo lo detesto cada vez más.
5-
Claro, hay cosas suyas
que me agradan. Me gusta mucho Boston, me gusta todo Nueva Inglaterra, me gusta
Nueva York, me gusta Colorado y a fuerza de convivencia y vecindad le tengo
harto cariño a San Diego. Me gusta un chingo la cerveza Samuel Adams, adoro el
Jack Daniels y el Wild Turkey, las Barbecue Ribs del Phillies y la langosta
estilo Maine y el Clam Chowder. Adoro a Edgar Allan Poe y a Hermann Melville.
Me maman Slayer, Testament, Exodus y Pantera (aunque estos últimos sean unos
pinches rednecks). Me gusta un chingo Paul Auster, Philip Roth, Don de Lillo y
Cormac McCarthy. Me fascinan Social Distortion, Bad Religion y Dead Kennedys,
de la misma forma que me encanta Carson McCullers, Joyce Carol Oates, Lucia Berlin,
William Faulkner y Hemingway. La mejor música para hacer ejercicio es el Hard Core
neoyorquino empezando por Agnostic Front,
los Cro Mags y Sick Of It All, pero la mejor música para beber Jack Daniels es
Black Label Society, Johnny Cash, Down y todo el Southern Rock, que es la musicalización
del espíritu de Faulkner y Flannery O Connor. Me prende su Noir empezando por Chandler,
Hammet y hasta el Perro Ellroy (aunque sea un pinche redneck igual que Pantera)
y me gusta su ciencia ficción y su horror, empezando por Philip K. Dick y
Lovecraft (aunque también fuera un racista acomplejado).
6-
Me gusta todo eso y
muchas cosas más, pero también hay demasiadas cosas que detesto, empezando por
esa sensación de estar entrando a la Alemania nazi de 1936 cada que cruzo la
garita o llego a un aeropuerto, sabiendo que estás a merced del mal humor de un
migra para que tus derechos y garantías se vayan al carajo. Detesto su brutal
ignorancia, su rampante incultura, su actitud de llegar a todas partes creyendo
que todos estamos obligados a hablarles en perfecto inglés y hacer las cosas a
su manera. Detesto su nula hospitalidad y cultura de servicio, su vulgaridad
absoluta, su miedo, su desprecio o su caricaturización de todo lo que es foráneo
(un Alien es para ellos un freak, una aberración incomprensible). Su visión del
mundo es tan ñoña como el Small World de Disney. Detesto sus odiosos deportes
con mención honorífica a la nfl, pero sobre todo detesto su manera de vivir el
deporte como un show y detesto sobre todas las cosas que le digan soccer al
FUTBOL. Detesto su cultura del espectáculo, su ceremonia de los óscar, sus mil
y una figuritas de bisutería marca taylor swift o las kardashian y otras
tantísimas basuras por el estilo. Pero sobre todo detesto su mojigatería
hipócrita y su aferre a masturbarse con las biblias y las armas (siempre he
sospechado que utilizan las ametralladoras como consoladores). Ante mí todas
las religiones monoteístas son dañinas y nocivas, pero si hay una que me parece
particularmente destructiva es el protestantismo gringo (que se lleva de cachete
y nalgada con el sionismo israelí, pues son la misma cosa). Y lo peor de todo
es que sus fuerzas progresistas, quienes deberían enarbolar la bandera de resistencia
en estos tiempos oscurantistas, son unos pinches wokes. El wokismo es el cáncer
de las luchas libertarias. El Partido Demócrata se pudrió cuando se infestó de
wokes y en lugar de luchar por derechos sociales, se obsesionaron con el
lenguaje incluyente y consideran un gran triunfo que Helena de Troya sea negra
en una película. Nunca podrás derrotar al fascismo desdela trinchera de la ñoñería
woke.
7-
Más que el Fuck the USA de Exploited yo pronuncio
el I'm So Bored With The USA de The Clash. Me aburren profundamente. Creo que
hoy en día lo mejor que tienen para ofrecerme es que de sus aeropuertos puedes
brincar a lugares muy lejanos y muy diferentes, mucho más divertidos e interesantes
que ese aburrido país que hoy celebra 250 años de libertad.
En fin
colegas, estos son mis sentimientos hacia el vecinito. Feliz 4 de julio.
Hace cien años, el día de San Pedro y San Pablo, nació mi abuela en Málaga. Emilia Benítez Jiménez vino al mundo en una España en ebullición que estaba a punto de desangrarse. Se fue muy pronto, pero los diez años que alcancé a estar con ella fueron suficientes para quererla muchísimo. Ya no me falta tanto para tener la edad a la que murió. Muchas cosas han cambiado, pero en 1926 el azul del Mediterráneo y los muros del Gibralfaro ya eran idénticos a sí mismos. Su recuerdo nunca ha dejado de estar presente, pero en este centenario se cierran ciclos. Fuimos a Málaga, visitamos su casa en la calle Horno y la Catedral donde se casó con mi abuelo. También este año le ha heredado la nacionalidad española a su bisnieto y por si fuera poco, Málaga CF acaba de ascender a Primera Tiempo de escuchar Nací en el Mediterráneo.
De toda la colección de 24 enlistada en el menhir de Obélix, Astérix y los Normandos es posiblemente mi historia favorita. Con un desfase cronológico de nueve siglos, Goscinny y Uderzo nos narran el encuentro entre los galos y los hombres del Gran Norte que no conocían el miedo. Lo cierto es que los nietos de Carlomagno se tragaron la humillación de mirar una flota de 120 barcos vikingos navegando por el Sena. Sometido, el pobre rey Carlos El Simple tuvo que ceder ante el gran Rollo y regalarle grandes extensiones de tierra al norte de Francia y la mano de la bella princesa. A la fecha esas tierras, llenas de güerejos de rancho, se llaman Normandía y por ahí vive mi colega Iván Farías.