Thursday, October 08, 2026
Wednesday, October 07, 2026
Esperando a Estocolmo
Yo sé que el Nobel lo va ganar algún hermético autor de nombre impronunciable atiborrado de consonantes o alguna extraña oriental (sin duda Can Xue) cuyos libros en Hermida Editores son inconseguibles en México, pero que verás expuesta en la FIL tapatía debidamente cooptada por el voraz e insaciable pingüino que mañana mismo se agandallará los derechos.
Tuesday, October 06, 2026
Mi gallo para el Nobel se llama Horacio Castellanos Moya
El
verdadero “clásico de otoño” es que todos empiezan con sus gallos y sus
quinielas para el Nobel de Literatura. Pues bien colegas, este es el mío. Por
supuesto, Horacio Castellanos Moya nunca aparecerá ni remotamente considerado
en las quinielas de Estocolmo, pero sí puedo decirles que este salvadoreño es
de los poquísimos narradores contemporáneos de los que he leído absolutamente
tooodo (al menos todo lo que se ha publicado en forma de libro, impreso o en
Kindle) y nunca, lo que se dice nunca, me ha defraudado. Sin recomendación de por
medio empecé en 2001 con El arma en el hombre y de ahí pal real. Mi primera impresión
fue que Castellanos Moya era el más crudo exponente de la ultraviolencia latinoamericana,
pero pronto descubrí que su narrativa explora profundidades ontológicas mayores. La saga de la familia
Aragón es un portento y no es fácil mantener la coherencia y el equilibrio en
la historia de un árbol genealógico de tres generaciones que se ha ido publicando
en riguroso desorden cronológico. Creo que si quieres entender y dimensionar la
herida eternamente abierta y sangrante que significa ser centroamericano,
tienes que fundirte en los relatos de los Aragón. Aunque tiene extraordinarios personajes
femeninos (la abuela hondureña de Erasmo, la reportera Rita Mena o la pija de
La Diabla en el espejo), creo que la mayor fortaleza de Horacio son los
diálogos internos de hombres solos de mediana edad. Tipos que dentro de su
perpetua paranoia y su lacerante ansiedad, están siempre poseídos por sus
pulsiones sexuales y alcohólicas.
Es
obvio que el escritor austriaco Thomas Bernhard es una influencia fundamental
en la narrativa de Castellanos y por lo que puedo leer, el homenaje del
centroamericano a su padrino literario no se ha limitado a su novela-
tributo El asco. Thomas Bernhard en San Salvador.
El ritmo Bernhard, marcado por repeticiones compulsivas de frases y
monólogos obsesivos y paranoides, es el sello de su prosa.
Durante el verano leí de un jalón las dos
novelas que me faltaban, La diáspora y Cornamenta, la primera y la última,
separadas por casi 40 añ0s. Cornamenta podría ser una precuela de La sirvienta
y el luchador, una secuela de Tirana memoria y un lado B del Desmoronamiento.
Ahora le toca ser personaje principal a Clemen Aragón, que aparecía como secundario
en las novelas arriba mencionadas. Vaya manera de retratar la psicología de un
líder del Alcohólicos Anónimos. De verdad Clemen es un personajazo, de los
mejores que ha construido. Además, según he leído, es la real la historia de
que en los años setenta, generales golpistas y gobiernistas de San Salvador coincidían
en las reuniones de AA. Alguna vez me tocó ir a una presentación suya en la FIL
Guadalajara y como suele suceder con la mayoría de los escritores, en persona
me pareció parco y aburrido, pero sus libros, que es lo verdaderamente
importante, son Jarcor en estado puro.
Monday, October 05, 2026
Quien no conoce a Aguilar a cualquier Gredos se le hinca
A ver colegas, ilústrenme: ¿qué onda con el repentino auge de Gredos? ¿Me estoy perdiendo de algo? ¿Es realmente la octava maravilla editorial? ¿Qué es lo que hace especiales a esos libros? Desde hace unas cuantas semanas mis contactos chilangos traen un furor con la pepena de los Grandes Autores de la Literatura en editorial Gredos que venden en los puestos de revistas y periódicos. Me he enterado que los acaparadores los ocultan y luego los andan ofreciendo al doble o al triple de su precio oficial. Como dice mi colega Iván Farías, ya se los agarraron como si fueran las roscas del Costco en 6 de enero o el bolillo de fin de año, un producto que se pone de moda y de un día a otro es la última coca cola del desierto. Yo aquí en Baja California me la pelo, porque ni siquiera llegan esas colecciones y por eso les pregunto: ¿qué hace tan deseable a Gredos? Luego me dicen que quema mucho el sol, pero yo en varias publicaciones les he comentado que quien no conoce a Aguilar a cualquier Gredos se le hinca. Miren colegas, con ciertos libros se vale ser lo más austero posible, pero yo creo que a las obras imprescindibles vale la pena invertirles y tenerlas en una edición clásica y pimpolla. Por ejemplo, veo que ofrecen Tragedias de Shakespeare en Gredos y la neta, sin que me quede nada, no creo que supere a las Obras completas en Aguilar. Dos tomos, más de 2 mil 350 páginas, papel biblia, doble columna, un estudio preliminar de 130 páginas que es un libro en sí mismo y absolutamente tooodo el desparramadero escritural del Bardo de Avon. Cierto, hoy mis ojos demandan una letra un poco más grande, pero Aguilar sigue siendo el clasicazo insuperable. Por ejemplo, veo que hay una alta demanda del volumen de Cuentos de Poe en Gredos, que cumple con ofrecer la traducción de Julio Cortázar, lo cual está muy bien, pero francamente no creo que supere al Cuentos completos de Páginas de Espuma, que incluye 67 relatos, cada uno con un comentario de un autor distinto (y con traducción de Cortázar, of course). Tengo a Poe también en Porrúa, Alianza y Bruguera, pero el Espumoso es el mejor. Ni hablar de Dostoyevski donde sin duda el campeón son las obras completas en Galaxia Gutenberg, papel biblia con un ensayo introductorio de Augusto Vidal de 180 páginas. Eso sí, las del Dosto en Alianza también rifan. Quijotes tengo varios, pero mi consentidazo es el que me regaló mi abuelo en Ediciones Castilla, con pasta y caja de cuero. Pero bueno colegas, en cualquier caso y sea como sea, siempre es una grata noticia saber que en estos tiempos hay tanta gente disputándose un Shakespeare o un Cervantes y voceadores haciendo negocio con el néctar de la mejor literatura.
Friday, October 02, 2026
Los mandamientos de una dedidad celotípica y posesiva contaminando y afeando las playas de Ensenada
Parece
ser que las playas de la Cenicienta del Pacífico han sido afeadas y
contaminadas con unos adefesios que citan los diez mandamientos del antiguo
testamento. Me ha sorprendido gratamente la reacción de no poca gente que aboga
por el Estado Laico y al parecer (solo al parecer) el Ayuntamiento de Ensenada
los retirará. Francamente nunca he entendido ese enfermizo aferre de los
cristianos por machacarnos y embarrarnos a su dios hasta en la sopa. Ellos
dicen que los ateos no tendríamos que molestarnos, que se trata únicamente de
compartir nobles preceptos de conducta que son universales. ¿Neta? No creo. ¿Ya
leyeron sus diez mandamientos? Los cuatro primeros nada tienen que ver con la sana
convivencia entre seres humanos. Nada de eso. Para el siempre celoso y posesivo
dios de los hebreos la prioridad de prioridades es asegurar su contrato de exclusividad.
El primer mandamiento dice “no tendrás otros dioses delante de mí”.
El
segundo dice “no te harás ídolos ni imágenes”.
El
tercero dice “no tomarás el nombre de dios en vano” y el cuarto “guardarás el
día de reposo para santificarlo”
Cuatro
mandamientos en los que esa odiosa criatura imaginaria se limita a exigir
adoración y sumisión y yo me pregunto ¿qué carajos aportan esos preceptos en
una playa ensenadense? ¿En qué nos benefician? ¿Acaso me convierto en mejor
ciudadano por someterme a un ente ficticio inventado hace tres mil años por los
hebreos?
En buena
onda colegas, creo que sería mejor, más terrenal y sobre todo más útil escribir
“quiere, cuida y limpia a esta playa como a tu propio hogar”.
Ya en
serio, ¿quieren compartir códigos de conducta? Escriban los Principios
Generales del Derecho o la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Si tú
te limitas a cumplir los mantras laicos que nos heredó la Revolución Francesa
puedes asegurar una perfecta convivencia con la humanidad en lugar de estar
promoviendo la humillante postración ante un dios tiránico que lleva más de
tres milenios haciéndonos daño.
Qué tal
si en lugar de tus anacrónicos mandamientos ponemos estas palabras:
“Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como
están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los
otros”.
No sé
ustedes colegas, pero yo creo que eso se escucha mucho mejor y abona a una más
sana convivencia.
Escriban:
“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,
opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
¿Qué necesidad
de ensuciar una linda playa con los exabruptos coléricos de un odioso ente imaginario?
Miren
colegas, yo soy un ateo muy democrático y detesto a todos los dioses
monoteístas por igual, ya sea el inventado por los judíos, los cristianos o los
musulmanes. Para mí es la misma porquería nociva.
Sin
embargo, creo que a la hora de las competencias, la representación más odiosa y
cagante de dios es el del antiguo testamiento. Ese diosesillo celotípico y
posesivo que disque le dictó los mandamientos a Moisés, es el mismo hijo de
puta que mató primogénitos, que ahogó a miles de egipcios en el mar, que
derrumbó las murallas de Jericó y que en nombre de su “pueblo elegido” sigue
justificando atrocidades modernas, pues a la fecha los sionistas suelen invocarlo
para justificar las matanzas de niños palestinos (de la misma forma que los
terroristas musulmanes invocan a Alá para matar israelíes).
De verdad cristianos, si quieren ocupar los
espacios públicos, yo les doy ideas. Qué tal unos botes de basura, unas bolsas
para recoger las cacas de los perros, unos bebederos para migrantes o gente en
condición de calle. Unas bancas, unas sombrillas, una biblioteca ambulante para
que la gente pueda sentarse a leer en la playa. Cualquier cosa nos es más útil
que la perorata de su ficticia bestezuela exigiendo miedo, adoración y sumisión.
Búsquenme
para más ideas.
Que la
paz sea con ustedes
Thursday, October 01, 2026
Rest in Power Cronos...Die like a Devil!
Le apodaban Cronos, como el implacable dios del tiempo que se tragó a sus hijos, y la infernal criatura que parió sembró corazones en tinieblas que encontramos redención en la blasfemia. Lo conocimos como Cronos pero se llamaba Conrad y su nombre, por cierto, fue la inspiración para el personaje principal de de Días de whisky malo. Tengo tan presente el día en que siendo un quinceañero pepené el casete de Welcome to Hell en McAllen, la primera vez que irrumpió su voz en mi grabadora y yo dije “qué carajos es esto que estoy oyendo?” Entonces me di cuenta que el infierno suena con crudeza, rabia y suciedad, sin adorno alguno. Ahí no hay virtuosismo ni limpieza, pero con esa rabia descarnada fueron capaces de inspirar a miles. Para mí hay una Santísima Trinidad que definió el sonido, el rumbo y la temática del metal extremo en todos sus subgéneros. Me refiero a Motorhead, Mercyful Fate y Venom. No habría Thrash, Death, Black y derivados sin esa tercia. Paradójicamente la canción que más he escuchado en las últimas dos semanas es la versión de In League with Satan que grabó Behemoth con Shagrath, aunque si tuviera que elegir una rola eterna para que suene en mi funeral me quedo con Countess Bathory. En fin colegas, hoy se nos murió Cronos y como dicen los Redondos, el Infierno debe estar encantador esta noche.
Wednesday, September 30, 2026
Bajo la regadera mi mente viaja al pasado reciente
En estos casos
el café tiene que ser tan negro como helada debe ser el agua en la regadera.
Aquí no caben medianías. Creo que no alcancé a dormir más de dos horas y mi
cuerpo lo sabe, pero el chorro frío que cae sobre mi cabeza opera milagros. Aún
en los peores momentos el baño cumple con desamodorrar las ideas.
Bajo la regadera
mi mente viaja al pasado reciente y de pronto estoy reviviendo detalles de mis rutinarias caminatas matutinas por el bajo
Manhattan. Hace menos de seis años Rosalía y yo vivíamos en la Gran Manzana en
un pequeñísimo piso cuya renta impagable pagaba papá. Un piso ubicado no muy
lejos de distrito financiero, cuyas calles hoy deben estar sumidas en el
terror. Yo estudiaba un rimbombante diplomado en Columbia y jugaba a empaparme
de cosmopolitismo, preparándome para el momento en que elevaría las alas para
alcanzar la inalcanzable altura sin imaginar que mi cumbre profesional sería la
conducción de un noticiero municipal.
Por ahora debo
concentrarme en coordinar la cobertura
especial con enfoque local. Desde aquí puedo irla dimensionando en todo su
predecible patetismo, pero en cualquier caso el derrumbe de las torres aparenta
ser lo más cabrón que me ha tocado cubrir, aunque sea indirectamente. Recuerdo
a Plinio Carrizales, un veterano reportero sesentón que hasta hace poco todavía
trabajaba en el canal. Todas las veces que compartía un cigarro con él
recordaba con sublime nostalgia el momento en que le tocó transcribir para el
periódico el telex donde se informaba sobre el asesinato de John F. Kennedy. No
firmó la nota, por supuesto y tampoco se puede decir que haya fungido como
redactor. Plinio fue solo un copista, pero él lo narraba con la emoción y la
adrenalina de quien hubiera estado en Dallas parado a unos metros del lugar en
que la bala de Oswald hizo blanco en el presidente. En casi 50 años de carrera
periodística, transcribir el cable con la noticia de la muerte de Kennedy era
lo mejor que le había pasado al pobre Plinio que se mamó medio siglo tecleando
olvidables redundancias, tales como las que yo peroro noche a noche frente a la
cámara
Claro, si me
dieran a elegir, mi deseo sería estar a 3 mil 414 kilómetros de aquí, parado justo en el sitio donde arde la
historia de la humanidad y donde el mundo entero tiene puestos sus ojos.
Conozco exactamente la distancia entre Monclova y Nueva York porque cuando
vivíamos allá, la siempre añorante Rosalía no paraba de repetirla: estoy a 3
mil 414 kilómetros de casa y cada kilómetro me pesa en el alma. Vivir en Nueva
York podría haber sido el sueño de cualquier veinteañera, pero a Rosalía le
podía más lo mucho que extrañaba a su mamá y a sus amigas.
Vuelvo a echarme
en cara que si retornamos a Monclova fue por la terquedad de Rosalía. Debí
haber tenido el carácter y los huevos para ir a probar fortuna a la Ciudad de
México y tal vez a estas alturas, luego de haber picado piedra, ya podría estar
peleando en la media tabla de la primera división periodística, lo cual es más
meritorio que la tabla alta de la tercera.
Me gustaría
estar entrevistando a los heroicos bomberos que emergen entre el humo y a los
aterrados ocupantes que alcanzan a evacuar los edificios. Sería fascinante que
mi imagen saliera a cuadro y atrás de mí el distrito financiero ardiendo en
llamas, pero tendré que conformarme con entrevistar al obispo de Coahuila, al
presidente municipal de Monclova y al dirigente de la Coparmex como si lo que
ellos vayan a decir le pueda importar un carajo a alguien. Creo que podría
quedarme una hora bajo el agua fría,
pero los 30 minutos que me puse de plazo
están por cumplirse. Un nuevo grito de
mi suegra me hace apagar de golpe la regadera. Imagino que algo malo ha
sucedido con las bebés, pero cuando salgo envuelto en la toalla y escurriendo
veo a la señora aterrorizada frente a la pantalla. Al parecer una de las torres
se ha derrumbado. Me visto a toda prisa y reparo en que mi celular marca dos
llamadas perdidas de José Inés, el jefe de información, quien sin duda quiere
consultarme para asignar las órdenes de trabajo.








