Les presento un par de librazos que acabo de leer en Kindle (lástima que no los tengo impresos). El ruido de una época de Ariana Harwicz y Bad hombre de Pola Oloixarac. El primero es un breve ensayo que se lee en una tarde y el segundo un híbrido novelístico testimonial, pero ambos hermanados por un tema: los excesos y las injusticias cometidas por la cultura de la cancelación, el nuevo tribunal del santo oficio que manda a la hoguera a los herejes que no aceptan al pie de la letra sus dogmas de fe. Oscilando entra la disertación filosófica y el aforismo, Ariana habla de la literatura domesticada y censurada para no ofender sensibilidades.
“Me pregunto cómo hacer para señalar la violencia de quienes sí adaptaron su diccionario y su lengua a este tiempo, de quienes impugnan los usos de la lengua que no se adaptan a su ideología”. Yo al igual que Ariana también me lo pregunto, porque hoy en día la sola idea de poner en tela de juicio a la nueva teocracia nos convierte en culpables.
“Veo muchos periodistas y escritores con temor a trastabillar, a eliminarse ideas. Y entonces salen malos libros, todo por miedo a que te digan que sos racista u homofóbico, a que te cancelen del mundo. Hoy se celebra tanto la diversidad pero en cuanto dos o tres piensen distinto, se los aniquila y se lo tira a la fosa”, escribe Harwicz y no puedo menos que coincidir con ella.
El libro de Pola Olaixarac es de lo más ameno, diría incluso que divertidísimo, aunque lo narrado es terrible precisamente por ser real y muy actual. Pola narra en forma testimonial cómo fue involucrada en linchamientos y cancelaciones contra hombres acusados de violencia machista dentro del mundillo literario. Las anécdotas ocurren en Argentina, Francia y Estados Unidos, hermanadas todas por la sentencia acusatoria sin juicio. El no sumarse al linchamiento le costó a ella misma ser cancelada y expulsada. El libro se llama Bad hombre, porque la autora traza una línea entre la inquisición trumpista y el feminismo radical.
“Eran dos guerras culturales muy diferentes que, sin embargo, descargaban su furia contra el mismo sujeto y con un mismo objetivo: que un hombre fuera expulsado del sistema. Las militantes feministas y los seguidores de Trump no eran las mismas personas; estaban de hecho en extremos opuestos del arco ideológico. Eran dos guerras culturales muy diferentes que, sin embargo, descargaban su furia contra el mismo sujeto y con un mismo objetivo: lograr que un hombre, declarado culpable antes de todo proceso, fuera expulsado del sistema, sin reparos de ningún tipo”, escribe Pola
De Ariana Harwicz he leído dos libros previamente: Degenerado y Perder el juicio. De Pola es el primero que leo y la experiencia fue tan amena, que ahora mismo voy a pepenar sus anteriores obras. Un gran descubrimiento, de lo mejor que he leído en este año. Que bueno que sean dos mujeres, nacidas ambas en 1977, quienes ponen el dedo en la llaga sobre este tema. Tal vez la nueva inquisición las incluya en su índice de libros prohibidos y nos aplique la temida cancelación a todxs sus lectorxs.