Eterno Retorno

Wednesday, June 29, 2022

Aguilar, el auténtico clásico de los clásicos

 


Dentro de mi fructífera pepena efectuada en la pasada Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, mi adquisición más entrañable fueron sin duda los tomos con las obras completas de Shakespeare y Oscar Wilde en la mítica Editorial Aguilar. Me los vendió el siempre noble Martín García de Ágora a un extraordinario e inmejorable precio.

Si hablamos de libro objeto, los de la Biblioteca Aguilar están entre mis piezas más apreciadas de todos los tiempos. Es el auténtico clásico de los clásicos y habitan en la zona profunda de mi nostalgia. Su delicado papel Biblia, sus páginas en doble columna, sus ilustraciones y estudios preliminares son un agasajo.

Creo que si eres lector aferrado y creciste en un país de habla hispana durante el Siglo XX, tuviste altas posibilidades de acercarte a algún clásico a través de esas ediciones. Eran los que había en casa de mi Abuelo. Para no ir más lejos, mi primer acercamiento a Shakespeare, con la guía de mi madre, fue leyendo el Hamlet de las obras completas en Aguilar, las mismas que acabo de pepenar.

Exceptuando la omnipresencia de la colección Sepan Cuántos de Porrúa, que forman parte de la educación sentimental de todo lector mexicano y que fueron fieles compañeros en los días de estudihambre cuando era preciso estirar cada centavo, creo que la biblioteca emblemática de nuestra lengua cuando hablamos de obras completas de autores clásicos, es y será Aguilar.

Su fundador, el valenciano Manuel Aguilar Muñoz (1888-1965), fue uno de los editores españoles que marcó pauta y camino en la configuración del mundo editorial del Siglo XX. Hijo de un maestro rural, Manuel Aguilar trabajó desde los doce años de edad en la editorial Sempere de Vicente Blasco Ibáñez. Fue repartidor de periódicos en Barcelona y después periodista. Después de rodar de acá para allá (siendo de todo y sin medida) inició su aventura editorial en 1923. El primer libro que publicó fue La muerte y su misterio, del astrónomo francés Camille Flammarion, del que logró vender 9 mil ejemplares. Después concretó las primeras traducciones al español de HG. Wells y Bernard Shaw, además de publicar la primera edición íntegra en español de El Capital de Marx. Su esposa, Rebecca Airé, de origen israelí, fue clave en el crecimiento de la editorial, pues ella llevaba todo lo administrativo y fue fundamental en la expansión del sello a Latinoamérica, que a mediados de los cuarenta tenía ya oficinas en Buenos Aires, México, Montevideo, Bogotá y Caracas.

Por ejemplo, en las obras de Shakespeare publicadas en 1932, tan solo el estudio introductorio a cargo de Luis Astrana Marín consta de 29 capítulos y 130 páginas. Un libro en sí mismo, un ensayo con valor propio.

Creo que así como los francoparlantes tienen su mítica Bibliothèque de la Pléiade de Gallimard y los ingleses sus Penguin Classics, los discípulos de Cervantes tenemos nuestra entrañable Aguilar.

Así la materia de mi hedonismo bibliófilo. Sweet dreams (are made of this).