Eterno Retorno

Thursday, September 10, 2009

Mis colegas de www.recolectivo.com han puesto la frase "a que no sabías" como tema de la semana. Carajo, creo que no me fijé bien y lo escribí basado en "a qué no sabes qué". En fin. Its the same. Esto es lo que se me ocurrió.

“A que no sabes qué”. Escuchar eso te hace parar antenas. Alguien posee una información que tú ignoras y la frasecita le inyecta una dosis de suspenso al asunto. Un mensaje recibirás que te hará reír, sorprenderte o cambiará en algo tu opinión, tu perspectiva, tu agenda o acaso tu vida entera. La vida diaria está llena de esos “a que no sabes qué” y las más de las veces son el preludio de un chisme.
Durante casi diez años escribí una columna política y eso me convirtió en receptor de toda clase de cizañas e intrigas palaciegas de la peor calaña. Secretitos de pasillo, racimos de orejas paradas, chascarrillos soeces. Era increíble como de la nada podía en un solo día llegarme tanta información de tan contrastantes emisores. Información cierta, falsa o, en la mayoría de los casos, con algo de cierto y algo de falso. Las verdades y mentiras absolutas son seres atípicos en este mundo. Tijuana también ha estado llena de “a que no sabes a quien mataron”: “no mames, mataron a Ortiz Franco”, “se chingaron a Delgado Neri”, “acribillaron a Alfredo de la Torre”. Algunas veces, la frase te llega a través del fatal 12-17 de la frecuencia policíaca.

Hay millones de “a que no sabes qué” perdidos en el olvido. Pero hay unos cuantos cuyos efectos son duraderos o acaso eternos en tu vida. Muchos de los aspectos más trascendentes de la existencia humana vienen precedidos de unas palabras. Salvo aquellos hechos en los que el chingazo o la evidencia avisan, como un accidente fatal, la atípica contemplación de un hecho insólito o el beso que vuelve absurda e innecesaria toda palabra, las más de las veces es de boca a boca como surge todo aquello que te ha marcado o te ha hecho cambiar. Alguien pronuncia una frase y después de eso nada es igual.

Trato de recordar las palabras exactas con que recibí aquellas noticias que han marcado mi camino. Siempre recuerdo las circunstancias, pero en muchos casos olvido la frase precisa. Alguien te avisa que ha muerto un ser querido ¿Qué palabras emplea? ¿Qué dices tú después?
Cuando murió mi Abuela fue mi Madre la que me dijo. Ocurrió hace 24 años y las palabras vinieron precedidas de mi terrible sospecha. También recuerdo que cuando llegaron a casa yo estaba leyendo Sandokán de Emilio Salgari.
Recuerdo las palabras que usó la directora del Liceo Anglo Francés el 10 de marzo de 1988: Me sacó de la fila y así, muy bajito, me dijo: “estás expulsado”, sin decir agua va, sin agregar nada más, sin poner un mínimo de emoción.
El 23 de marzo de 1994, alguien llegó a la cafetería de la escuela de Derecho y gritó: “ya valió madre, le dieron dos balazos a Colosio”.

Paradójicamente, creo que muchas si no es que la mayoría de las noticias más trascendentes me han llegado por teléfono y últimamente casi siempre por celular.
Una tarde de otoño de 1998 una persona me llamó a la redacción de El Norte y sin decir agua va me dijo: “¿Quisieras venirte a trabajar a Tijuana?”.

Una mañana de septiembre, un inoportuno amigo llamó a la casa a las 6:30 de la mañana: “Cabrón, prende la tele, se están quemando las Torres Gemelas”. En aquel momento ignoraba que tres días después yo estaría parado frente a los escombros de esas torres, pues la noche del 13 de septiembre recibí en casa una llamada del director del diario: “¿Cómo te sientes para irte mañana a Nueva York?”, me dijo sin mayores preámbulos.

Hay una persona que en cinco años sólo llamó dos veces a mi celular, pero ambas llamadas fueron lo suficientemente trascendentes en mi vida como para no olvidarlas. La primera llamada la recibí un día de primavera de 2004 cuando viajaba en el asiento de atrás de un taxi y fue para decirme que el jurado me había declarado ganador de un premio de periodismo en la categoría de reportaje. La segunda fue el 30 de enero del 2009 para decirme que tenía una plaza disponible e invitarme a trabajar con ella.

La tarde del 27 de diciembre de 2007, pisaba el acelerador por la Vía Rápida. Manejaba a toda velocidad luego de haber ido al hospital de especialidades del IMSS a conseguir un medicamento de contrabando para intentar salvar la vida de Morris. Escuchaba GBH y driblaba carros a 80 millas, cuando sonó mi celular: Era mi cuñada. Las palabras fueron escuetas: “ya falleció Morris”.
También fue por celular que mi padre me dio la noticia de la muerte de mi abuelo el 14 de enero de 2006. Recuerdo que veníamos regresando a la casa tras haber comprado una sala.

Pero la mayor bomba que he recibido en mi vida entera, la que me voló la cabeza y me ha hecho ver el Sol y el entorno entero de otro color a partir de entonces, me llegó a más de diez mil kilómetros de distancia el 2 de abril de 2009. Iba a bordo de un autobús que nos trasladaba de la ciudad de Kunshan a la ciudad de Nanjing en China cuando a través de un celular prestado, escuché a Carolina decirme que tendríamos un hijo. He olvidado las palabras exactas, la frase textual y sólo se quedó conmigo la emoción, la más absoluta emoción. Sólo recuerdo que ambos llorábamos y decíamos cosas y alrededor llovía o había llovido e intuía que la vida había cambiado para siempre.