Eterno Retorno

Wednesday, November 16, 2022

la versión más patética del representativo nacional que he visto en 40 años

 


Un café descafeinado, una  cerveza sin alcohol, un vino barato de presentación literaria, un libro en kindle, una cancioncita reguetonera con playback.  A eso me sabe la selección mexicana de futbol. Para ser brutalmente honesto,  hace mucho tiempo que el tricolor dejó de emocionarme. Me prende y me involucra mucho más en lo sentimental  un juego de los Tigres que uno de la selección,  pero con todo y eso, debo decir que  este equipo del Tata Martino me resulta particularmente abúlico y apático,  la versión más patética del representativo nacional que he visto en 40 años. No son solo sus pocas posibilidades de trascender. Tal vez puedan empatarle o hasta ganarle a Polonia y quiero creer que vencerán a Arabia (ya sería el colmo si no) y tal vez podrán colarse a los octavos, pero eso no le quita lo descafeinado al equipo. Martino trasmite la imagen de un hombre fastidiado, harto, que parece solo contar los días para irse de una vez por todas de un país que desprecia y lo desprecia. No es un técnico tonto, pero me da la impresión de que está hastiado y ya actúa por vil terquedad o afán chingativo. Lo de aferrarse a llevar a Jiménez en muletas es la más descarada e insultante necedad mostrada por un entrenador mundialista que recuerdo en mi vida. A diferencia de lo que ocurría en mundiales pasados,  no  veo un solo jugador con liderazgo o carisma y tampoco con la genialidad, la picardía o la  irreverencia para cambiar el rumbo de un partido con una jugada individual. Tal vez un desborde del Chucky o un tiro libre de Vega pero no mucho más. Vaya, Cuauhtémoc Blanco podía ser odioso y cagante, pero trasmitía algo y daba la impresión de poder cambiar la historia en un destello genial. En cambio aquí no veo nada.  No hay defensas con el liderazgo y la personalidad de un  Rafa Márquez o un Claudio Suárez, ni creativos como un Ramón Ramírez o un Cabrito Arellano o un Benjamín Galindo ni delanteros matones como Borguetti, Oribe Peralta o el Matador Hernández. No hay cañoneros  como García Aspe o Marcelino Bernal.  Sobrevive algún tímido  vestigio de Andrés Guardado y la veteranía con más pena que gloria de Ochoa, pero no mucho más. Del técnico ni hablar. Martino tuvo un gran maestro en el Loco Bielsa, pero hoy me da la impresión de estar hasta la madre de todo. No tiene la chispa ni el manejo de vestidor de Aguirre ni la disciplina e innovación  táctica de Lavolpe. Vaya, con decirles que hasta se extrañan los huevos y los aspavientos de un motivador corriente como Piojo Herrera, que al menos le corría sangre por las venas. Y bueno, confieso que también me tiene un tanto indiferente y apático el entorno mundialista. Me asquea el descaro y la doble moral de la FIFA que multa y castiga por un grito de carrilla, pero que le pone la mesa a un régimen despótico, mojigato y dictatorial  como el qatarí que reprime las más elementales libertades individuales. Un mundial jugado en artificiales estadios para jeques multimillonarios  cuya construcción costó la vida de miles de esclavos. Sí, hace mucho que el futbol es un burdo negocio, pero Qatar ya es el vil descaro, un insulto a la injuria. La FIFA es cochi y además trompuda. Ya ni le disimula. Ojalá el mundial qatarí nos deje por herencia tres o cuatro pinceladas y algún juego memorable, pero no espero gran cosa

  PD- Mi mayor alegría futbolística del año sin duda fue el gran triunfo de Tigres Femenil que consiguió a lo grande su quinto título. En este juego cada vez más artificial y  mercantilizado, el futbol femenil me parece el último reducto de dignidad y autenticidad. Veo a las morras de Tigres y me trasmiten una honestidad y una real alegría por jugar que ya no veo en otras categorías.