Eterno Retorno

Wednesday, February 19, 2003


A veces me siento infinitamente extranjero

El sobresalto llegó cuando iba en el asiento trasero de un taxi y sintió una gran sorpresa por sí mismo y la improbabilidad de su propia existencia.
Aunque el instante era bastante ordinario e incluso tedioso, tuvo al menos por un solo segundo el don de ser enteramente extraño, desconocido y no necesitó imaginar que esas calles eran en sí lejanas y él, un extranjero misterioso, indescifrable, navegando en la imaginación de un hombre común que lo pensaba al otro lado del mundo.
Su cuerpo al moverse, sus manos al pagar, su voz al dar las gracias, eran simplemente extrañas, aunque eran las suyas y no las de otro. Era él, gozando el néctar del accidente de estar vivo, sin poder imaginar lo que se sentiría no estarlo, aterrorizado al pensar que realmente el universo no fue el producto de sus sueños y seguiría existiendo eternamente, aún cuando él no fuese siquiera polvo.
Sí, era algo escalofriante concebirse como usufructuário de una materia enteramente real, que lo antecedía por millones de siglos y lo sobreviviría hasta que fuera deshojado el infinito.
El entorno no era entonces el engendro de sus fantasías, ni un cuadro paisajista contemplado por unos ojos en un lugar remoto jamás imaginado. Estaba ahí, podía moverse y nombrarse aún mandando al sepulcro los sueños y fantasías de todos los hombres. Era tan real como el dolor y el hambre, mientras que él era solo un intruso, tratando de ser el único en depredar lo que todos depredaban.