Georgie, Obras incompletas
Soy tan compulsivo, tan descaradamente
voraz y tan de no tener llenadera, que veo las Obras completas de Borges recién
publicadas por Alfaguara y se me antoja seriamente pepenarlas, aunque siendo
brutalmente honesto no aportarían absolutamente nada (nadita de nada) a mi
colección borgeana. Ni un triste parrafito que no esté ya en mi biblioteca.
Vaya, cada obra incluida la tengo repetida dos o hasta tres veces, ya sea en
las Obras completas de editorial Emecé o en volúmenes individuales o en el
compilado de la Real Academia o el volumen de Poesía completa en Lumen. No, no
hay nada que no posea, pero aun así se me antojan, por puro enfermizo
coleccionismo. La única novedad es el
criterio de compilación, pues las Obras completas de Emecé y Sudamericana tienen
un orden estrictamente cronológico y las de Alfaguara se basan en género:
cuentos, ensayo y poesía. Ya Lumen publicó volúmenes de Poesía completa y
Cuentos completos. La única novedad que ofrece Alfaguara es que hasta donde
tengo entendido nunca se habían publicado juntos los ensayos.
Como bien apunta Federico Guzmán en
Letras Libres, las Obras completas de Borges podrían formar una biblioteca (yo
diría que son un subgénero en sí mismo) aunque irremediablemente estén condenadas
a ser obras incompletas. Para empezar, cada tentativa de Obras completas marca
alguna diferencia con la anterior, aunque todas se hermanan en que nunca están
completas. De entrada (bien nos lo advierte el Fede Guzmán), fue el propio
Georgie el primero en desear que sus obras estuvieran incompletas, pues él
mismo quiso dejar fuera Fervor de Buenos Aires, El tamaño de mi esperanza, El
idioma de los argentinos e Inquisiciones, por considerarlas juveniles e inmaduras,
aunque después de muerto esas obras volvieron a ver la luz (extraño que Kodama
no se opusiera). Pero además, hay cantidad de textos borgeanos que no aparecen
nunca ni por casualidad en sus Obras completas y las de Alfaguara no son la
excepción. Por ejemplo, las dos piezas borgeanas más antiguas de mi colección, son
Leopoldo Lugones, en Troquel ediciones, escrita en colaboración con Betina
Edelberg (la tengo en primera edición de 1955) y Literaturas germánicas
medievales, escrita en colaboración con Delia Ingnieros y María Esther Vázquez.
Ambas las pepené en el Parque Rivadavia de Buenos Aires y nunca han aparecido
en las Obras completas, como tampoco aparecen los Textos cautivos (que es la
antología de colaboraciones publicadas en El Hogar entre 136 y 1939 y que yo
poseo en Alianza) o el Prólogos con un prólogo de prólogos, (publicado por
primera vez por Torres Agüero Editor y que poseo también en Alianza). Ni hablar
de las clases sobre literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires
complidas por Lumen en Borges profesor, o sus cuatro conferencias sobre tangos
y tangueros compiladas por Lumen en El tango o El aprendizaje del escritor, con
sus charlas en Columbia. Ni hablar de los libros de diálogos con Sábato, con
Osvaldo Ferrari o con Roberto Alifano (Borges y Shakespeare o Borges y la
Divina Comedia no tienen desperdicio). Me dirán que las conferencias o clases
no cuentan como obras completas, pero si a esas vamos toda la obra tardía de
Borges es oral, pues su ceguera le impedía escribir, así que le dictaba a Alifano
o a Manguel.
La reedición de las obras completas
ahora en Alfaguara se da en el marco del 40 aniversario de su muerte. Su eslogan
es “del laberinto se sale leyendo”, pero yo creo que la frase es errónea,
porque una vez que se entra al laberinto borgeano ya no hay salida posible.
Vaya, yo entré en la adolescencia y a la fecha ahí sigo dentro. A estas
alturas, ya me quedó claro que no voy a salir nunca.


