Eterno Retorno

Thursday, August 20, 2026

Georgie, Obras incompletas

 


Soy tan compulsivo, tan descaradamente voraz y tan de no tener llenadera, que veo las Obras completas de Borges recién publicadas por Alfaguara y se me antoja seriamente pepenarlas, aunque siendo brutalmente honesto no aportarían absolutamente nada (nadita de nada) a mi colección borgeana. Ni un triste parrafito que no esté ya en mi biblioteca. Vaya, cada obra incluida la tengo repetida dos o hasta tres veces, ya sea en las Obras completas de editorial Emecé o en volúmenes individuales o en el compilado de la Real Academia o el volumen de Poesía completa en Lumen. No, no hay nada que no posea, pero aun así se me antojan, por puro enfermizo coleccionismo.  La única novedad es el criterio de compilación, pues las Obras completas de Emecé y Sudamericana tienen un orden estrictamente cronológico y las de Alfaguara se basan en género: cuentos, ensayo y poesía. Ya Lumen publicó volúmenes de Poesía completa y Cuentos completos. La única novedad que ofrece Alfaguara es que hasta donde tengo entendido nunca se habían publicado juntos los ensayos.

Como bien apunta Federico Guzmán en Letras Libres, las Obras completas de Borges podrían formar una biblioteca (yo diría que son un subgénero en sí mismo) aunque irremediablemente estén condenadas a ser obras incompletas. Para empezar, cada tentativa de Obras completas marca alguna diferencia con la anterior, aunque todas se hermanan en que nunca están completas. De entrada (bien nos lo advierte el Fede Guzmán), fue el propio Georgie el primero en desear que sus obras estuvieran incompletas, pues él mismo quiso dejar fuera Fervor de Buenos Aires, El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos e Inquisiciones,  por considerarlas juveniles e inmaduras, aunque después de muerto esas obras volvieron a ver la luz (extraño que Kodama no se opusiera). Pero además, hay cantidad de textos borgeanos que no aparecen nunca ni por casualidad en sus Obras completas y las de Alfaguara no son la excepción. Por ejemplo, las dos piezas borgeanas más antiguas de mi colección, son Leopoldo Lugones, en Troquel ediciones, escrita en colaboración con Betina Edelberg (la tengo en primera edición de 1955) y Literaturas germánicas medievales, escrita en colaboración con Delia Ingnieros y María Esther Vázquez. Ambas las pepené en el Parque Rivadavia de Buenos Aires y nunca han aparecido en las Obras completas, como tampoco aparecen los Textos cautivos (que es la antología de colaboraciones publicadas en El Hogar entre 136 y 1939 y que yo poseo en Alianza) o el Prólogos con un prólogo de prólogos, (publicado por primera vez por Torres Agüero Editor y que poseo también en Alianza). Ni hablar de las clases sobre literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires complidas por Lumen en Borges profesor, o sus cuatro conferencias sobre tangos y tangueros compiladas por Lumen en El tango o El aprendizaje del escritor, con sus charlas en Columbia. Ni hablar de los libros de diálogos con Sábato, con Osvaldo Ferrari o con Roberto Alifano (Borges y Shakespeare o Borges y la Divina Comedia no tienen desperdicio). Me dirán que las conferencias o clases no cuentan como obras completas, pero si a esas vamos toda la obra tardía de Borges es oral, pues su ceguera le impedía escribir, así que le dictaba a Alifano o a Manguel.

La reedición de las obras completas ahora en Alfaguara se da en el marco del 40 aniversario de su muerte. Su eslogan es “del laberinto se sale leyendo”, pero yo creo que la frase es errónea, porque una vez que se entra al laberinto borgeano ya no hay salida posible. Vaya, yo entré en la adolescencia y a la fecha ahí sigo dentro. A estas alturas, ya me quedó claro que no voy a salir nunca.